¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

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21 mayo, 2008

DE LEYES Y VENGANZAS 28

El hijo pródigo II

“Fue preciso algo siempre
y no fue porque tú
tenías lazos blancos en la piel
tú, tenías precio puesto desde ayer
tú, valías cuatro cuños de la ley
tú sentada sobre el miedo
de correr.”
“La familia, la propiedad privada y el amor”, Silvio Rodríguez


El auto cruzó las rejas de la residencia y el joven del asiento trasero suspiró de alivio, le día había sido una lata.

Los amigos de Harry lucían inquietos, la ausencia del moreno les había dejado sin guía. Todas las clases habían estado mirando a las ventanas, en tensión, como si esperasen ver aparecer a su amigo a cada minuto. Pero, en los pasillos, cuando se reunían con el resto de la pandilla para intercambiar noticias, había una persona con actitud de certeza. Ginebra no miraba a los rincones, lo miraba a él, con una mueca de molestia en su rostro pecoso que lo incomodaba profundamente.

Eso había hecho la jornada especialmente desagradable. Bueno, eso y saber que Harry estaba en su mansión, tal vez semidesnudo frente a la piscina, mientras él escuchaba la monótona voz de Binns hablando de las rebeliones irlandesas del siglo XIII. ¿A quién le importaba el destino de Irlanda? No a él, seguro. Él solo deseaba alejarse de la chica Weasley –¿cuándo se había teñido su roja y horrible cabellera de ese aún más horrible rubio platino?– y regresar a los brazos de Harry.

Bajó del auto con premura, seguro ya Jaime estaba cruzando el recibidor para abrirle. Se detuvo al sentir pasos a su espalda. Giró, pestañeó, abrió la boca.

–Es un placer verte, Draco –sonrió Sirius Black.

El rubio no dijo nada, estaba asustado, francamente asustado. Por lo que entendiera de las medias palabras de la jornada anterior, ese hombre era un… asesino. A Draco no le importaba que Black estuviera cazando a alguien que había dañado a su familia –aunque la manera en que amenazaba a Harry y Remus nadie se la había aclarado–, no era idiota. En su familia, salir de cacería significaba lo mismo hablando de zorros, que hablando de judíos en 1340. El padre adoptivo de su novio era eso, un asesino. Ni siquiera deseaba pensar en lo que podía ocultar la dulce sonrisa del lánguido Remus.

Draco dio un paso atrás, debía penar con racionalidad. No, no podía. Ese hombre mataba, matar estaba mal. Así de simple. Harry… ¿Harry sabía que su padre mataba? Por supuesto idiota, ¿no recuerdas cómo se conocieron? Salvador, dos disparos, dos yonquis muertos, ¿te conozco?, ve con Dios. ¿En qué se había metido? En un lío, vaya noticia.

–También es un placer verle de nuevo, señor Black –se obligó a decir con una sonrisa de presentador televisivo.
Luego volvió a andar hacia la entrada de la mansión, donde Jaime esperaba por ambos, sin mostrar sorpresa alguna.
–Señor Black, es un placer su visita –saludó el mayordomo cuando cruzaron el umbral.
Draco bufó, incómodo con la familiaridad. Sirius no había puesto pie en esa casa en veinte años y todo lo que Jaime decía era “Es un placer su visita”. Pero lo mejor estaba por llegar.
–El señor Malfoy lo espera en su despacho.
Black no se mostró sorprendido, solo sonrió, asintió y giró hacia Draco.
–No le digas a Harry que llegué ¿vale? Quiero darle una sorpresa. No te preocupes, Jaime, recuerdo el camino.
Y se perdió en los corredores de la mansión.
–El señor Potter está en el jardín –informó Jaime con voz neutra.
Pero Draco ya no quería correr a sus brazos. Prefería pensar por un rato, a ver si lograba conciliar de alguna manera el hecho de que se había enredado con un asesino a sangre fría, cuyo padre adoptivo era gay, y asesino también.
–Gracias –repuso distraído.
¿Qué hacer?
–Y el señor Severus en la biblioteca –agregó el mayordomo al punto porque, como buen mayordomo, sabía leer la mente de los adolescentes atormentados.
Si, era una buena idea.
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Sirius tocó dos veces la puerta de madera oscura, luego giró el picaporte. Estaba abierto y avanzó para encontrarse de frente a un imponente buró de nogal tras el cual le esperaba Lucius Malfoy, con su sonrisa cínica de siempre.

–¿Fue buena la caza? –saludó el rubio cuando la puerta estuvo cerrada.
El recién llegado asintió en silencio, ocupado en observar la habitación.
–No ha cambiado nada –comentó cuando estuvo seguro del ambiente y fue a sentarse en una de las butacas ante la mesa.
–¿Por qué habría de cambiar? –Lucius se levantó y caminó hacia el mueble bar. –¿Whisky?
–Coñac.
El rubio sirvió una generosa cantidad en la copa, se escanció un whisky triple para él y regresó a la mesa.
–¿De qué quieres hablar? –preguntó Sirius tras el primer trago.
–De nuestros hijos.
–No te preocupes, ya tu delicado heredero está buscando otra manera de romper con Harry.
–No creo que logre espantarlo, los Potter son testarudos.
–No te voy a ayudar.
–¿Ni aunque te ofrezca dote?
Sirius frunció el ceño, ¿Lucius estaba insinuando que…? Decidió acercase tangencialmente.
–Creí que los Brocklehurst aún estaban interesados.
–Lo están, pero yo podría romper el contrato si recibiera… una oferta mejor.
–No suelo comprar personas –decidió aclarar el moreno.
A Lucius casi le pareció divertido que alguien como Sirius se ofendiera por semejante cosa.
–No ¡claro! Demasiado bien sabemos cuánto aprecias la vida humana –Sirius ni se inmutó. –Pero no me importa, no soy quien para dictar cátedras de moral, seguirá sin importarme, siempre y cuando incluyas a mi hijo en la escasa lista de personas a las que no matarías. A cambio, yo podría incluir al tuyo en la lista de los que están a la altura de la familia.

El último de los Black contempló atónito al último de los Malfoy. Hacia veinte años que no pisaba esa casa, ni ninguna de las propiedades de la familia, pero antes había pasado otros veinte años oyendo conversaciones como esta. Incluso, alguna vez, había fantaseado que sus padres y los de James negociaban su matrimonio. Creyó haber escapado de todo eso, pero no, nunca puedes correr tanto, tan rápido y por tanto tiempo: el pasado siempre te alcanza. Conocía la frase “está a la altura de la familia”, Lucius sabía que él sabía.

Trató de imaginarse la cena de esa noche. Lucius hacía algún comentario inane y mencionaba que, a pesar de los distanciamientos circunstanciales, un Potter siempre sería un Potter y que “estaba a la altura de la familia”. Draco dejaría caer el tenedor y miraría a su padre sorprendido; Harry lo miraría a él, tratando de saber si debía sentirse halagado u ofendido; Remus también lo miraría, pero como Remus sabía, su mirada probablemente sería de reclamo; Snape… como siempre, miraría el rubor de su hijo y arrugaría la nariz, fingiendo que nada le sorprendía o interesaba.

–Por supuesto que está a la altura de la familia –repuso al tiempo que alzaba la copa, invitando al brindis y sonreía a su primo.
Lucius imitó el gesto y terminó su whisky de un trago.
–Creo que tu esposo y tu hijo están en el jardín. La comida se sirve a las siete.

Sirius tomó nota mental de cómo Lucius llamaba a Remus, terminó su bebida y se marchó. Sería una cena divertida.

En algún lugar del infierno, Narcissa Black–Malfoy, Arcturus Black y Augustus Rookwood, sintieron que la intensidad de sus tormentos aumentaba.

TBC…

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