¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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14 mayo, 2007

EL SEGUNDO REGRESO DEL REY 26

LA LIMPIEZA DE LA COMARCA (II)

Frodo había estado presente en la batalla, pero no desenvainó el espada, preocupado sobre todo en impedir que los hobbits, exacerbados por las pérdidas, matasen a aquellos adversarios que ya habían depuesto las armas. Una vez la batalla concluida, y encomendadas las tareas que seguirían, Merry y Sam se reunieron con él, y cabalgaron de regreso en compañía de los Coto. Comieron un almuerzo tardío, y entonces Frodo dijo con un suspiro:

—Bueno, supongo que es hora de que nos ocupemos del «Jefe».
—Sí, y cuanto antes mejor —dijo Merry—. ¡Y no seas demasiado blando! El es el responsable de haber traído a la Comarca a esos rufianes, y de todos los males que han causado. El granjero Coto reunió una escolta de unas dos docenas de hobbits fornidos. Se pusieron en camino, a pie. Frodo, Sam, Merry y Pippin encabezaban la marcha.

Fue una de las horas más tristes en la vida de los hobbits. A medida que se acercaban a la vieja aldea en la margen opuesta del Delagua, entre la doble hilera de sórdidas casas nuevas que flanqueaban el camino, veían las cicatrices de los árboles que habían sido talados a lo largo del camino.

— ¡Lo han derribado! —gritó Sam de repente—. ¡Han derribado el Árbol de la Fiesta!

Señaló conmovido a Frodo el lugar donde estaba el árbol a cuya sombra Bilbo había pronunciado su Discurso de Despedida. Un pedazo del tronco yacía en la tierra, seco y triste, acentuando la desolación. Como si aquello fuera la gota que colmaba el cáliz, Sam se echó a llorar. Una risa acabó con las lágrimas. Un hobbit de expresión hosca holgazaneaba recostado contra el muro del patio del molino.

—¿No te gusta, Sam? —dijo, burlón—. Pero tú siempre fuiste un corazón tierno. Creía que te habías ido en uno de esos barcos de los que tanto hablabas, a navegar, a navegar. ¿A qué has vuelto? Ahora tenemos mucho que hacer en la Comarca.
—Ya lo veo —dijo Sam—.Escuche, señor Arenas, yo tengo una cuenta que ajustar en esta aldea, y no venga a alargarla con burlas, o le resultará demasiado salada para su bolsillo.
Ted Arenas escupió por encima del muro.
—No puedes tocarme. Soy amigo del Jefe. Pero él te tocará a ti, te lo aseguro, si te atreves a abrir la boca otra vez.
Sam fue a lanzarse contra él, pero Frodo le detuvo por la muñeca.
—¡No pierdas más tiempo con ese tonto, Sam! —y en su voz había más dolor que odio—. Espero que no sean muchos los hobbits que se han convertido en esto. Sería una desgracia mucho mayor que todos los males que han causado los hombres.

Siguieron hasta Bolson Cerrado, en lo alto del sendero todos se detuvieron, y Frodo y sus amigos siguieron solos: por fin llegaban a aquel lugar en un tiempo tan querido. Por todas partes había pilas de inmundicias. La puerta estaba cubierta de grietas y de cicatrices; la cadena de la campanilla se bamboleaba, suelta, y la campanilla no sonaba. Golpearon, pero no hubo respuesta. Por último empujaron, y la puerta cedió. La casa apestaba, había suciedad y desorden por doquier, como si hiciera algún tiempo que nadie vivía en ella.

— ¡Esto es peor que Mordor! dijo Sam—. Mucho peor. Duele en carne viva, como quien dice; pues es parte de nosotros y la recordamos como era antes.
—Sí, esto es Mordor —admitió Frodo—. Una de sus obras. Saruman creía estar trabajando para él mismo, pero en realidad no hacía más que servir a Mordor. Y lo mismo hacieron aquellos a quienes Saruman engañó, como Otho.
Merry echó en torno una mirada de consternación y repugnancia.
—¡Salgamos de aquí! –dijo—. De haber sabido todo el mal que ha causado, le habría cerrado el gaznate con mi tabaquera.
—¡No lo dudo, no lo dudo! Pero no lo hiciste, de modo que ahora puedo darte la bienvenida.
De pie, en la puerta, estaba Saruman en persona, bien alimentado y satisfecho de sí mismo. Los ojos le chisporroteaban, divertidos y maliciosos. La luz se hizo de súbito en la mente de Frodo.
— ¡Zarquino! —exclamó.
Saruman se echó a reír.
—De modo que ya has oído mi nombre ¿eh? Así, creo, me llamaban en Isengard todos mis súbditos. Una prueba de afecto, sin duda. Pero parece que no esperabas verme aquí.
—No por cierto. Pero podía haberlo imaginado. Un poco de maldad mezquina...
Gandalf me advirtió que aún eras capaz de eso. Bueno. ¡Márchate de aquí inmediatamente y no vuelvas nunca más!
Los hobbits de la aldea, al ver salir a Saruman de una de las cabañas, se habían amontonado junto a la puerta de Bolson Cerrado. Cuando oyeron la orden de Frodo, murmuraron con furia:

–¡No lo deje ir!
–¡Mátelo!
–Es un malvado y un asesino.
–¡Mátelo!
Saruman miró el círculo de caras hostiles y sonrió.
–¡Mátelo! –repitió, burlón—. ¡Matadme vosotros, si creéis ser bastante numerosos, mis valientes hobbits! –se irguió, y los ojos negros se clavaron en ellos con una mirada sombría– ¡Mas no penséis que al perder todos mis bienes perdí también todo mi poder! Aquel que se atreva a golpearme será maldecido. Y si mi sangre mancha la Comarca, la tierra se marchitará, y nadie jamás podrá curarla.
Los hobbits retrocedieron. Pero Frodo dijo:
–¡No lo creáis! Ha perdido todo su poder, menos la voz que aún puede intimidaros y engañaros, si le prestáis atención. Pero no quiero que lo matéis. Es inútil pagar venganza con venganza. –volteó hacia el viejo mago– ¡Márchate de aquí, Saruman y por el camino más corto!
–¡Serpiente! ¡Serpiente! —gritó entonces Saruman; y de una de las cabañas vecinas, arrastrándose como un perro, salió Lengua de Serpiente—. ¡De nuevo a los caminos, Serpiente! Estos delicados amigos y señoritos nos echan otra vez a los caminos. ¡Sigúeme! –luego clavó los ojos en Frodo. Tenía una mirada extraña, mezcla de admiración, de respeto y de odio— Has crecido, mediano. Sí, has crecido mucho. Eres sabio y cruel. Me has privado de la dulzura de mi venganza, y en adelante mi vida será un camino de amargura, sabiendo que la debo a tu clemencia. ¡La odio tanto como te odio a ti! Bien, me voy, y no te atormentaré más. Mas no esperes de mí que te desee salud y una vida larga. No tendrás ni una ni otra.

Se alejó, mientras los hobbits se apartaban para que pasase; pero los nudillos les palidecían al apretarlos sobre las armas. Lengua de Serpiente titubeó y luego siguió a su amo.

— ¡Lengua de Serpiente! —llamó Frodo—. No es preciso que lo sigas. Que yo sepa, tú no me has hecho ningún mal. Podrás tener reposo y alimento aquí, por algún tiempo, hasta que estés más fuerte y puedas seguir tu verdadero camino.
Grima se detuvo y se volvió a mirarlo, casi decidido a quedarse. Saruman dio media vuelta y soltó su risa cruel.
—¿Ningún mal? —graznó—. ¡Qué esperanza! Cuando sale de noche furtivamente, es sólo para contemplar las estrellas. Pero ¿no oí preguntar a alguien dónde estaba escondido el pobre Otho? Tú lo sabes ¿no es verdad, Serpiente? ¿Se lo vas a decir?

Los cuatro amigos se quedaron mudos de asombro y dolor, habían comprendido demasiado bien el comentario. Los hobbits avanzaron hacia el antiguo Consejero del Reino, pero él se irguió de pronto, los labios pálidos y los ojos desorbitados de locura, sacó un puñal que llevaba escondido y, gruñendo como un perro, saltó sobre la espalda de Saruman. Tiró cabeza la desgreñada cabeza hacia atrás, para hundir la hoja en la garganta; luego, con un aullido, echó a correr sendero abajo. Antes que Frodo pudiera recobrarse ni pronunciar una sola palabra, tres arcos silbaron en el aire, y Lengua de Serpiente se desplomó sin vida.

Ante el espanto de todos, alrededor del cadáver de Saruman se formó una niebla gris, que subió lentamente a gran altura como el humo de una hoguera, mientras una figura pálida y amortajada asomaba sobre la colina. Vaciló un instante, de cara al poniente; pero una ráfaga de viento sopló desde el oeste, la figura se dobló, y con un suspiro se deshizo en nada. Frodo miró el cadáver con horror y piedad, de pronto le pareció ver en él largos años de muerte. El rostro marchito se contrajo, y se transformó en jirones de piel sobre una calavera horrenda. Levantando los faldones del manto sucio que se extendía junto al cadáver, Frodo lo cubrió, y se alejó un poco.

–Y he aquí el final –dijo Sam mientras contemplaba al tambaleante Frodo–. Un final horrible, y no desearía haberlo visto; pero es una liberación.
—Y el final definitivo de la guerra, espero —dijo Merry.
Frodo se volvió entonces, sus ojos mucho más claros que a lo largo de todo el viaje.
—También yo lo espero –dijo en un suspiro– El golpe definitivo, pero pensar que ha caído aquí, a las puertas mismas de Bolson Cerrado. En medio de todas mis esperanzas y todos mis temores, jamás imaginé nada semejante.

Poner orden en el desbarajuste les costó mucho trabajo, pero llevó menos tiempo del que había temido.

El cometido de echar del país a los últimos rufianes fue confiado a Merry y a Pippin, y cumplido rápidamente. Las pandillas que se habían refugiado en el sur, al tener noticias de la Batalla de Delagua, huyeron ofreciendo poca resistencia al Thain. Antes de Fin de Año los contados sobrevivientes quedaron cercados en los bosques, y aquellos que se rindieron fueron puestos en las fronteras.

Los trabajos de restauración a lo largo de la Comarca mantenían Sam estaba siempre ocupado. Los hobbits son laboriosos como las abejas, cuando la situación lo requiere y si se sienten bien dispuestos. Ahora había millares de manos voluntarias de todas las edades. Para el Año Nuevo no quedaba en pie ni un solo ladrillo de las Casas de los Oficiales, ni de ningún edificio construido por los «Hombres de Zarquino»; pero los ladrillos fueron todos empleados en reparar numerosas cavernas antiguas, a fin de hacerlas más secas y confortables. Se encontraron grandes cantidades de provisiones, y víveres, y cerveza que los rufianes habían escondido en cobertizos y graneros y en cavernas abandonadas, especialmente en los túneles de Cavada Grande y en las viejas canteras de Scary. Y así, en las fiestas de aquel Fin de Año hubo una alegría que nadie había esperado.

La pérdida más grave y dolorosa eran los árboles, pues por orden de Zarquino todos habían sido talados sin piedad a lo largo y a lo ancho de la Comarca; y eso era lo que más afligía a Sam. Sobre todo porque llevaría largo tiempo curar las heridas, y sólo sus bisnietos verían alguna vez la Comarca como había sido en los buenos tiempos.
De pronto un día, se acordó del don de Galadriel. Sacó la cajita y la mostró a los otros Viajeros y les pidió consejo.

—Me preguntaba cuándo lo recordarías —dijo Frodo– ¡Ábrela!
La cajita estaba llena de un polvo gris, suave y fino, y en el medio había una semilla, como una almendra pequeña de cápsula plateada.
—¿Qué puedo hacer con esto? —dijo Sam.
— ¡Echa el polvo al aire en un día de viento y deja que él haga el trabajo! —dijo Pippin.
—¿Dónde? —dijo Sam.
—Escoge un sitio como vivero y observa qué les sucede a las plantas que están en él —propuso Merry.
—Pero estoy seguro de que a la Dama no le gustaría que me lo quedara yo solo, para mi propio jardín, habiendo tanta gente que ha sufrido y lo necesita —meditó Sam.
—Recurre a tu sagacidad y tus conocimientos Sam —dijo Frodo–, y luego usa el regalo para ayudarte en tu trabajo y mejorarlo. Pero úsalo con parsimonia, no hay mucho y me imagino que todas las partículas tienen valor.

Entonces Sam plantó retoños en todos aquellos lugares en donde antes había árboles especialmente hermosos o queridos, y puso un grano del precioso polvo en la tierra, junto a la raíz. Recorrió la Comarca, a lo largo y a lo ancho, haciendo este trabajo, y si prestaba mayor cuidado a Delagua y a Hobbiton nadie se lo reprochaba. Y al terminar, descubrió que aún le quedaba un poco del polvo, y fue a la Piedra de las Tres Cuadernas, que es por así decir el centro de la Comarca, y lo arrojó al aire con su bendición. Y la pequeña almendra de plata, la plantó en el Campo de la Fiesta, allí donde antes se erguía el árbol; y se preguntó qué planta crecería.

Frodo no había olvidado la advertencia de Legolas, así que puso todo su empeño para que los trabajos de limpieza en Bolson Cerrado concluyeran pronto. Merry y Pippin llegaron desde Cricava con el antiguo mobiliario y todos los enseres de la casa, y la vieja cueva volvió a ser la misma de antes. Al fin todo estuvo en su sitio, pero vacío y una tarde que se reunieron a tomar el té Frodo dijo.

—¿Cuándo piensas venir a vivir conmigo, Sam? –Sam pareció un poco turbado.
—No es necesario que vengas en seguida, si no quieres —retrocedió cauteloso.
—No es eso, Frodo —dijo Sam, y se puso muy rojo.
—Y bien ¿qué es entonces?
—Es Rosita, Rosita Coto —dijo Sam—. Estuve tan ocupado estas semanas entre canteros y semillas que aún le debo una conversación. Cuando la vi en Los Gamos, la tarde de la llegada, dijo que luego hablaríamos, pero... Me preguntó si debo ir por ella.
—Comprendo —dijo Frodo—: ¿Quieres que vayamos a buscarla ahora?

Sam contempló al Portador del Anillo con ojos muy abiertos y alegres. Fue a decir algo, pero los labios de su pareja se lo impidieron. Después de un largo beso, ambos ensillaron y fueron en busca de Rosita a los Grandes Smials.

El padre de Merry, Saradoc Brandigamo, estuvo más que feliz por la visita, y les dejó un saloncito luminoso y fresco para que conversaran a su gusto los tres. Rosita se sentó en un ancho butacón, con su bebé en los brazos. Era una niña llamada Eleanor, de seis meses. Al ver a la bella Rosita con su tercer hijo en los brazos Frodo sintió que todas las grandes batallas de las que regresaba eran una terrible broma ante el valor cotidiano de esa mujer. Se hizo un silencio pesado en la estancia, ninguno de los tres sabía muy bien por dónde empezar. Al fin Rosita dio un suspiro y enfrentó a Frodo.

–Lo trajiste de vuelta. Te lo agradezco.
–No podía regresar sin él –admitió Frodo calmado–, le debo la vida.
Ella asintió y volteó hacia Sam.
–¿Y bien? –su expresión era demandante.
–Bueno, tú sabes. Cuando vine con el señor Merry dejamos una conversación pendiente. Ahora las reparaciones en Bolson Cerrado lo han dejado como nuevo, y Frodo me ha pedido que vaya a vivir con él.
–Eso está muy bien. –dijo Rosita, que sabía de la larga pasión de su primo por el sobrino de Bilbo.
–Si, pero no puedo. No puedo antes de que las cosas queden claras entre nosotros.
–Todo está claro entre nosotros desde hace años Sam –respondió ella con una sencillez exasperante– Somos amigos, nos divertimos a veces, no hay secretos entre nosotros. Me alegro de que te vayas a vivir con Frodo. Como ves, me va bien aquí, la señora Brandigamo está encantada con mis niños, dice que la recuerdan a Merry de pequeño.
Sam se estrujó las manos, nervioso, se esforzó porque su voz no mostrara su creciente nerviosismo.
–Si no hay secretos entre nosotros, me dirás el nombre del padre de Eleanor ¿verdad? Como siempre, para evitar malos entendidos y desgracias.
–No. –dijo ella y dio un paso hacia la ventana.
–Rosita, por favor. ¡No puedes dejarme así! Ya bastante me costó no bajarle un puñetazo a tu padre cuando me dijo, muy ufano, que te había golpeado para descubrir al responsable. Yo no soy como el resto de los idiotas de la taberna. No podría ser feliz con esa duda en mi interior.
–No podríamos ser felices –intervino Frodo y Sam le miró agradecido.
–¿Para qué quieren saberlo? –la voz de la hobbit sonaba temerosa.

Sam se quedó sin argumentos de repente. ¿Para qué quería saberlo? ¿Para dejar a Frodo y casarse como un correcto hobbit, para que los tres fueran infelices y miserables? ¿Para acariciar la cabeza de la ignorante Eleanor cuando fuera de visita a Los Gamos y empañar el resto de su vida junto a Frodo? Pero la solución llegó por boca del más razonable de los tres.

–Lo sepamos o no, queremos protegerte Rosita. Esto no se trata de Eleanor, sino de nosotros. Sam no será feliz lejos de ti, lo sabemos. Estoy muy orgulloso que un hobbit tan valiente me acompañara en mi largo viaje, pero cuando creímos estar ante la última puerta, fue tu nombre el que lo obligó a luchar por la vida. Todo mi dinero no cambiará eso.

Ambos lo contemplaban llenos de asombro, sus ojos arrasados de lágrimas. Sam se abrasó al Portador del Anillo y luego fue hacia Rosita, pero el cuerpo del bebé le impedía abarcar su cuerpo como lo deseaba. El jardinero tuvo una idea providencial: separó a Eleanor de su madre y la puso en brazos de Frodo. Los primos se fundieron en un largo beso.

Frodo se quedó pasmado ante su nuevo papel de niñero, pero se dijo que una bebé hobbit no sería más complicada que los acertijos de Gollum o las garras de Ella Araña. Fue a sentarse y acomodó en su regazo al bultico de pañales y carnitas rosadas. Se hundió en sus ojos color avellana, revolvió la suave pelusa castaña. No había dudas para él: Eleanor era hija de su Sam.

En ese momento, la señora Brandigamo entró con un servicio de té y se encontró a la Coto en brazos de Gamyi y a Frodo extasiado en silenciosa contemplación de su ¿hija? Carraspeó levemente, pero los amantes no la escucharon. El joven Bolson se levantó sonriente y avanzó hacia ella.

–Pero bueno, señor Frodo ¿qué significa esto? –preguntó divertida.
–Creo que deberá usted buscar una nueva empleada, señora –explicó el aludido.
–Es lástima, voy a extrañar a esos pillines hijos de Rosita.
Fue entonces que los enamorados repararon en que alguien más que Frodo les contemplaba.
–¿No te dije Rosita que tu primo te quería? Me alegro por ti, hija, ya era hora. –la doña de Los Gamos se puso en plan práctico enseguida, no deseaba perder con el matrimonio– ¿Dónde vivirán? En Bolson de Tirada no caben ustedes cinco, lo sé. ¿Sabes Sam? Mis jardines están muy poco cuidados, tal vez desees venirte para acá. Espacio hay.

Gamyi se quedó sin palabras de nuevo. Menos de tres horas antes, planeaba envejecer y morir junto a Frodo. Ahora... Pero Rosita le lanzó una mirada rápida a Frodo, él asintió y estrechó contra su pecho a Eleanor. ¡Se entendían a la perfección!

–Creo que no va a ser así, señora. Sam tiene mucho trabajo allá en Hobbiton y el Tío no puede pasarse mucho tiempo sin él, por supuesto. En mi casa es imperativa una buena ama de llaves. Yo estoy gruñón, me la paso oculto entre las notas de mi libro, creo que tres pequeños hobbits son lo ideal para mantenerme vivaz. Así que, mí querido Sam, cásate lo más pronto posible, y te vienes a casa con Rosita. Hay espacio suficiente en Bolson Cerrado para la familia más numerosa que puedas desear.

Y así todo quedó arreglado. Sam Gamyi se casó con Rosa Coto en enero de 1420, y fueron a vivir a Bolson Cerrado. Si Sam se creía favorecido por la suerte, Frodo sabía que él lo era todavía más: no había en la Comarca un hobbit que fuera cuidado con tanto celo y amor como él. Una tarde de enero, cuando todo estuvo en su sitio, se sentó a la puerta de su agujero, como Bilbo Bolson, solo que él no esperaba aun mago y a trece enanos, sino a un Rey.

TBC...

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