¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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04 mayo, 2007

EL SEGUNDO REGRESO DEL REY 22

INSTRUCCIONES PARA ATRAPAR A UN COLIBRI (II)

Ferebrim le miró con rabia, y abrió la boca para responder al reto, pero Thranduil fue más rápido.

–Por supuesto que no. El hijo de Elrond es rey ahora, no puede batirse a muerte, sería una actitud, bastante –se detuvo a saborear la palabra– irresponsable.

Aragorn miró a su suegro con dureza, pero el tacto del sedoso cabello de Legolas conjuró la borrasca de su espíritu. Optó por soltarle un sarcasmo a su oponente.

–Y tampoco es mi deseo causar dolor al señor Círdan con la pérdida de su amado sobrino, uno de los mejores espadachines de los Puertos Grises.

–Entonces será a primera sangre. –concluyó el Rey del Bosque, se levantó de su trono y avanzó hacia la salida– Vamos a la sala de armas para concluir este fastidioso asunto. –miró por un instante a la pareja y no pudo evitar la dureza en su voz– ¡Legolas! Todavía eres mi hijo y estás en mi palacio.

El Príncipe asintió y abandonó los brazos del esposo para caminar detrás de su padre por las galerías.

Los sirvientes corrieron el rumor de que habría un duelo por la mano del Segundo Príncipe, como en los tiempos antiguos, y en pocos instantes las gradas del vetusto salón estuvieron repletas de cortesanos, simples súbditos de paso por la fortaleza, soldados y sirvientes sin nada urgente que hacer. La belleza de Legolas era más que legendaria, así como su valor en el combate, por lo que ya más de uno había previsto fuertes pujas cuando su padre decidiera otorgarlo en matrimonio. Pero lo que nadie en Mirkwood pudo jamás imaginar fue que los contendientes serían el soso primo Ferebrim y el mugroso montaraz Aragorn, que tras la guerra se había revelado como heredero del reino perdido de los dúnedain.

La familia real se acomodó en los asientos centrales. Lord Elrond permaneció de pie, ayudando a su hijo con el ajuste de las armas en un extremo. Al otro lado del salón, Ferebrim se ajustaba una cota con la asistencia de uno de sus primos. Los contendientes estuvieron listos en breve tiempo y subieron al estrado donde, pocas jornadas antes, dos elfos disputaran un amigable torneo.

Aragorn buscó con los ojos a Legolas, cuya mirada estaba oscura y amenazadora, como si quisiera saltar contra alguien. Era esa capacidad bélica siempre latente uno de las cosas que más amaba del elfo. Ahora veía cómo sus profundos ojos azules taladraban al teleri con claras intensiones homicidas, para quien supiera leerlos, mientras su mano derecha vagaba por el vientre plano. Y es que Legolas estaba sintiendo agredida la vida que latía en sus entrañas.

"Auril" pensó el hombre de golpe "esto no se trata solamente de Legolas y de mi, se trata de la vida de nuestro hijo" Tal recuerdo le hizo apartar las ganas de dar una larga y cruel lección de esgrima real al estúpido Ferebrim, pues las emociones en nada beneficiarían a su pareja. "Debo acabar esto pronto, al fin y al cabo es a primera sangre. Solo tendré que cobrarme la pequeña trampa de la cacería."

Volteó hacia su padre y notó un brillo concentrado difícil de clasificar. ¿Qué ocurría? ¿Acaso dudaba de su capacidad para despachar al pichón de cortesano? No, la mirada de Elrond no reflejaba inquietud, sino advertencia. Por supuesto, el medio–elfo y su hijo coincidían en la preocupación por el pequeño heredero, su padre le recomendaba contención en sus acciones por el bien de su hijo nonato.

El Rey se puso en pie para dar la señal. Su porte, elegante y fornido, hizo que Aragorn recordara toda la oculta fortaleza de los elfos, esos seres que parecen de luz, pero hechos de materia tan dura como la oscuridad. El brazo del juez subió y bajó en un intervalo demasiado breve para el gusto del ex–montaraz, pero ya se esperaba algo así, por lo que detuvo con celeridad el primer golpe de su oponente y se movió ágil en busca de la carne.

El duelo pronto dejó de ser un leve intercambio de mandobles para devenir batalla campal. Los oponentes daban lo mejor de si en la lucha y la tensión de los espectadores fue tanta, que un silencio pesado se asentó entre ellos, por temor a desconcentrarles. Un observador atento, que pudiera liberarse del fascinante espectáculo que hombre y elfo daban, habría notado que la mayoría apoyaba callada y decididamente al mortal. No es que en Mirkwood sintieran especial afición por los hombres, pero muchos de ellos se habían cruzado en el camino de Segundo Príncipe y su amigo Trancos a lo largo de treinta años, reconociendo en sus miradas, gestos y palabras, sincero respeto y aprecio por su Hoja Verde. En cambio, Ferebrim era un desconocido, un advenedizo llegado para lanzar miradas lujuriosas sobre el dulce y valeroso príncipe.

Aragorn giró sobre si mismo por enésima vez y trató de alcanzar el brazo del teleri. Pero su enemigo se escurría a la velocidad que solo puede hacerlo un primer nacido. Resopló con fastidio y levantó la guardia, deseando que el otro atacase. Pero Ferebrim se detuvo en perfecta pose defensiva, esperando. Así había estado durante el combate: dando largas. Mientras amagaba un nuevo ataque lateral, El Rey de Gondor se preguntó acerca de los motivos del contendiente para usar semejante estrategia. Ferebrim ni siquiera había intentado quebrarle, tocarlo. ¿Planeaba cansarlo? Debía saber que su resistencia era alta, pues había estado a la par de Legolas a lo largo de un año, y ya antes, en Rivendel, sus compañeros de juego habían sido los elfitos de la comunidad. Y sin embargo, Ferebrim esperaba algo, sin dudas.

Un nuevo giro del elfo, esta vez para replegarse con retorcida elegancia, el borde de su chaquetilla ondeo muy cerca del rostro del rey y este alcanzó a adivinar la filosa arista de su bordado apenas con un parpadeo. Aragorn hurtó sus mejillas y dio un salto atrás que hizo levantarse a varios espectadores. Ferebrim se detuvo sonriente, y fue casi cómica la decepción de su rostro al ver indemne la faz del Rey de Gondor.

El hombre no perdió tiempo en su oponente. Con un breve intercambio de miradas consultó a su padre y comprendió su muda advertencia. ¡Qué clase de tipo pretendía a Legolas! Con un segundo giro de cabeza y una breve sonrisa tranquilizó a su esposo. Levantó de nuevo su espada y dejó caer las palabras lentamente.

–Creo que eres tú quien pretende algo mío. ¡Ven a buscarlo!

El elfo, ansioso y avergonzado, se lanzó sin control sobre el hombre, quien lo esperaba falsamente relajado. Una vez trabados en estrecho combate, Aragorn siseó breves comentarios solo para Ferebrim.

–¿De verás eres capaz de arriesgarlo todo por el trasero de ese rubio?... Pobre de ti... Aun cuando me ganaras, dudo que puedas tomarlo alguna vez... Tu noche de bodas será como enfrentar a un centenar de orcos... Por otro lado, los hijos de Maedros te harán picadillo en cualquier instante. Lo sabes, ¿verdad? Thranduil no los controla... Viéndote comprendo que los noldor hallan hecho la carnicería aquella en Alqualondë, simplemente, no había nadie que les aguantara... ¿Estás rojo Ferebrim? ¿Es de cansancio o de vergüenza?... Me preguntó que diría Cirdan de tus pretensiones con el Príncipe Consorte de Gondor... Me parece que fue amigo de Isildur... A tu tío no le gustará saber de tu truquito con la chaquetilla... El sí tiene sentido del honor...
–¡Cállate!
La sonrisa lobuna reapareció en los gastados labios del Rey.
–¿Por qué habría de callarme?... Yo puedo hablar y combatir al mismo tiempo... ¿Tú no?

Pero el elfo renunció a decir algo y se alejó unos centímetros, tratando de llevar la pelea a la media distancia, donde sus capacidades y las del hombre parecían equilibrarse. Aragorn le dejó: estaba más interesado en vigilar sus acciones que en controlar la distancia. Sus largos años de guerra le habían enseñado a combatir en las circunstancias más diversas, aunque por primera vez en medio siglo volvía a la esgrima, no se sentía especialmente retado. En verdad era más preocupante para él la tensión que todo el asunto generaba en Legolas. Así que obligó a su oponente a girar para poder verle sin descuidar el combate.

Legolas estaba ahí, sentado a la izquierda del Rey del Bosque. Sus manos apretando de manera convulsa el brazo de su asiento y sus ojos –por los Valar–, sus ojos estaban cerrados. Grande fue la sorpresa y el dolor para el Rey de Gondor al ver a su pareja en el último grado de la inconsciencia, pues un elfo no cierra los ojos a menos que desee protegerse al máximo de las agresiones externas. Era la segunda vez en cuatro días que Legolas se dejaba ir de manera absoluta, y siempre por culpa de Ferebrim.

Una fría ira se apoderó del hombre: sus ojos relucieron con vetas rojizas y una sonrisa demente fulminó al teleri. Para todos se hizo evidente que el ex–montaraz había decidido dejar de jugar y acabar el torneo sin mas trámites. Los golpes cayeron con fuerza casi élfica sobre Ferebrim, pero su terror era tanto que no podía mantener una defensa coordinada. Cuando la espada se levantó sobre su cabeza, en los que todos creyeron sería el último golpe, el elfo sacó de su cinto un pequeño objeto negro. Al verlo, el rostro del hombre cambio de nuevo y se hizo casi burlón. El acero descendió hacia el cuello, pero Ferebrim interpuso aquella desesperada defensa. Anduril cortó limpiamente el dedo pulgar y chocó contra el mango de un puñal que calló al suelo y rebotó de manera inaudita hacia Aragorn.

El hombre lo esquivó de un hábil giro y, ahora con asombro en los ojos, volteó a su adversario, que, de rodillas en el podio, apretaba su mano herida.

–¡Infeliz! –le gritó, y se lanzó a correr hacia el palco de la familia real diciendo algo, pero la algarabía era tal que no se pudo hacer entender.

Los espectadores estaban de pie, aplaudiendo, pero Legolas, sumergido en el desmayo aún, quieto en su asiento, era como una bella estatua del amor.

"Una estatua fatal", alcanzó a pensar el hombre. ¿Es que nadie más podía ver al puñal de Minas Morgul volando hacia su vientre, buscando la sangre de los reyes de Gondor? Maldijo una vez más a Ferebrim y saltó, tratando de interponerse en la trayectoria que la magia de Saurón marcara cientos de años atrás.

No lo logró.

Alguien le empujó ya en el aire y Aragorn calló, como un pesado fardo, sobre el piso de piedra de la sala de armas. Desde el suelo, vio a Elrond apretándose la muñeca y sonriéndole con cariño.

–Te dije que no podían saber de su verdadero poder.

Pero el hombre no pudo ya contener las lágrimas, pues Elrond el Medio–Elfo, su padre, la tercera persona allí que compartía con él la sangre de Melian, Berén, Tar-Minyatur e Isildur, había logrado detener el arma con la palma de su mano. ¿Acaso era digno él de tomar la vida del Señor de Imladris?

TBC...

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