¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

Todos los personajes reconocidos públicamente son propiedad de sus respectivos autores. Los personajes originales e historias son propiedad la autora. No se genera ningún beneficio económico por este trabajo, ni piensa por un instante en los derechos de autor.

14 mayo, 2007

DE LEYES Y VENGANZAS 26

Se solicitan cantantes

...Woman needs man
and man must have his mate
that no one can deny
it's still the same old story...
"As Time Goes By", Louis Armstrong


Percy saltó por sobre el charco y levantó los ojos. Se preguntó si allí vendieran todo lo que necesitaba. Antes de empujar la puerta de cristales notó que su celular emitía el tono de las llamadas de Penélope, con un gesto hábil lo puso en silencio. Salió quince minutos después, con la merienda de todo el equipo en una bolsa de papel king–size y su "encargo" en el bolsillo interior del abrigo.

Al llegar a la entrada del estudio, se fijó en un jovencito de palidez casi vampírica, que recibía el modelo de datos personales de la recepcionista. Estaba vestido con unas ropas anchas y oscuras, como sacadas de los almacenes del Ejército de Salvación. Sin dudas hacía un gran contraste con las chiquillas disfrazadas de Spice Girls y Madonna repartidas por los sofás de la recepción. Percy siguió su camino hacia la sala de sonido.

–Gracias, le llamaremos –cortó con voz seca Sam a la rubia de turno.

La chica se quedó mirando al cristal que separaba la cabina de la sala de grabaciones con expresión estúpida y Percy sintió un poquito de pena. No tuvo tiempo para que la pena se transformara en algo coherente, porque Mary, la siempre diligente secretaria de Sam, entró y la sacó del brazo.

El hombre se volvió entonces hacia el interior de la cabina –Percy ya ponía los almuerzos en la mesa de juntas– y soltó un gruñido alegre al reconocer su caja de canelones de carne. El equipo se sentó a la mesa y comenzó a devorar el almuerzo en silencio. Percy se apartó un poco y les contempló con ojo crítico: lucían hartos y no era para menos. Llevaban una semana buscando a alguien para la nueva grabación de God Save the Queen y aún no aparecía nadie que, por lo menos, diera una nota afinada. Claro, el que el Principe hubiera solicitado un cantante amateur menor de veinte años dificultaba las cosas, pero ¡diablos! ¿Es que nadie tomaba ya lecciones de piano en Londres?

Sin decir una palabra, el pelirrojo empezó a retroceder hacia la puerta, pero Sam lo notó.
–¿A dónde vas?
–Le diré a Cristal que entre a comer y me quedaré en la recepción un rato.
Sam le observó con extrañeza.
–¿Y tu almuerzo?
–Comí un sándwich en lo que preparaban el paquete –mintió Percy.

Sintió que los ojitos calculadores de Sam le taladraban, pero no pestañeo. El jefe dio un gruñido de aceptación tras lo que parecía una eternidad.

En la recepción, apenas reparó en la mirada agradecida de Cristal, solo se sentó y empezó a chequear mecánicamente los nombres de las audiciones siguientes, pero en realidad no veía los rostros y firmas, sino a Penélope. Su novia, su compañera de cama, la posible madre de su hijo.

¿Cómo habían llegado a ese punto? Percibal Martín Weasley no lo sabía. Desde hacía una semana solo sabían pelear y ahora Penélope le salía con lo del atraso... En el diminuto apartamento que compartían él no había sabido cómo reaccionar, solo pudo repetir muy despacio la frase "Creo que vamos a tener un bebé" y salir corriendo en busca del metro. No fue hasta tres horas después –quince llamadas de celular, doce chiquillas desafinadas y trece muchachos más gays que Freddy Mercury– que logró empezar a razonar.

–Disculpe...
Levantó los ojos, desorientado. El chico de ropas viejas estaba ante él.
–¿Si? –se obligó a decir.
–La muchacha que estaba aquí antes...
–¿Cristal?
El jovencito asintió. –Ella, ¿volverá pronto?
–Está almorzando –respondió Percy como un autómata.
Esa respuesta pareció desalentarle. Percy se pateó mentalmente por ser tan cruel con un desconocido.
–¿Puedo ayudarte en algo?

El otro le contempló por un largo instante, como calibrando su ofrecimiento y el pelirrojo se extrañó. El estaba ahí para decir exactamente eso ¿no? Al fin, la mano que sostenía el modelo dejó de temblar y se acercó a él.

–Ella, la muchacha...
–Cristal –completó Percy.
El jovencito asintió. –Ella dijo que le mostrara mi modelo para ver si lo rellenaba correctamente.

Percy asintió, tomó el papel con rapidez y sacó una pluma de su bolsillo interior. La letra con que habían rellenado el formulario era limpia y regular, la perfección de las curvas y delgadez de los trazos sugería a un amanuense femenino.

DATOS PERSONALES CONCURSANTE GRABACIÓN

NOMBRE COMPLETO Blaise Pierre Zabinny
EDAD 16

Levantó la vista para estudiar su rostro ¿16? Tenía estatura regular, pero carecía de barba o nuez de adán, a primera vista parecía un muchacho de doce o trece, demasiado alto.

NUMERO DE IDENTIDAD 80072499065
NACIONALIDAD Francesa
CIUDADANIA Británica

NOMBRE DE PERSONA CON CUSTODIA LEGAL Lucius Tiberius Malfoy

Esta vez no levantó los ojos, sino que se quedó muy quieto, procesando la información. ¿Malfoy? ¿Ese Malfoy? ¿Cómo encajaba la ropa de basurero en esa historia?

DIRECCION POSTAL Grimauld Place n. 12, segundo piso, apartamento 4, Londres
TELEFONO 472-86687
DIRECCIÓN ELECTRÓNICA no tengo

ESCOLARIDAD Profesores particulares

¿Particulares? Tratándose de Malfoy...

NIVEL DE ESTUDIOS MUSICALES Informal
EXPERIENCIA PREVIA Fiestas privadas
REPERTORIO Arias de operas románticas, algunas piezas pop del siglo XX

Esta afirmación dejó frío al pelirrojo. ¿Arias? De los numerosos adolescentes que habían pasado por ahí, seguro que ninguno conocía semejante palabra. Para todos ellos la música parecía empezar en Madonna o Michael Jackson, cuando no en los Baskstreet Boys.

COMPROMISO DE AMATEURISMO Nunca me dieron dinero por cantar

Bueno, sin dudas sabía qué significaba la palabra y eso le hizo sonreír (a los del equipo todavía le dolían las orejas por una madre ofendida que les acusó de corruptores de menores). La sonrisa no abandonó su rostro cuando devolvió el modelo al nervioso Blaise.

–Está bien –dictaminó amablemente. –¿Trajiste la música para tu audición?

Blaise asintió enérgicamente y empezó a buscar algo en una bolsa hecha de retazos que colgaba de su hombro. Sus manos temblaban de nuevo cuando extendió el montón de CDs sobre la mesa.

–Traje todas las de Verdi, son las que más me gustan, y un par de Puccini. Y, como el anuncio decía canción ligera, también traje "As Time Goes By", de Armstrong. Esto es lo más ligero –puso el dedo delgado y de uñas mordidas sobre un disco verde–: se llama "Piano Man" ¿la conoces? La aprendí en la radio y es...
Percy levantó una mano para detener la avalancha que preveía.
–Creo que "Piano Man" estará bien.
El jovencito le miró incrédulo.
–Pero...
–¡Ni una palabra! –le detuvo el pelirrojo y, para dar más autoridad a su orden, empezó a llenar un fragmento del modelo que corría por los del equipo de grabación. –Aquí he puesto que interpretas "Piano Man", de Billy Joel. Mi jefe no tendrá paciencia para escuchar de tus gustos por la ópera. ¿Entendido?

El tono autoritario debió quebrar algo dentro del joven. Sus ojos marrones se pusieron borrosos y el rostro se volvió gris por un instante, Blaise tragó en seco y apretó las manos contra su cadera antes de meter todos sus discos de vuelta al bolso e ir a sentarse. Percy juraría que, con una palabra más, se desplomaría envuelto en llanto.

Se encogió de hombros y palpó el paquete en su bolsillo, eso le devolvió algo de tranquilidad. Entonces buscó con los ojos a Blaise. Estaba en el fondo del salón, con los ojos cerrados y las manos apretadas sobre el bolso. Sus labios gruesos y rosados se movían a gran velocidad, ¿estaría repitiendo un mantra? Tal vez, no parecía tener mucho aplomo.

Las llamadas se sucedieron sin que Percy prestara mucha atención. Nadie más vino a inscribirse, así que de repente eran las tres de la tarde y estaba solo en el salón con Blaise. El teléfono interno sonó y lo levantó sin demora.

–Trae al último –ladró Sam y colgó.

Percy se levantó despacio y buscó a Blaise. El jovencito estaba sentado en el fondo de la salita con una revista de costura entre las manos.

–Tu turno Zabinni.
El chico le miró, luego sus ojos se desviaron a la galería con el membrete de "Estudio", parecía asustado.
–¿No vas a hacerlo?
Pero el moreno no respondió, solo resopló audiblemente y se adelantó con pasos cortos, moviendo demasiado las caderas. Percy contuvo la mueca a duras penas
"Estos maricones…"

Percy lo guió hasta la puerta de cristales que llevaba al estudio.
–Dame el CD de Billy Joel –Blaise obedeció en silencio. –Esta es tu puerta y esa es la mía –señaló a la entrada forrada en cuero azul de la cabina de audio–, nos podrás ver por el cristal, ponte los audífonos que están junto al micrófono para seguir las instrucciones –se detuvo para asegurarse de que no se le quedaba nada por decir. –¿Alguna pregunta?
–¿Pagan en efectivo?

El pelirrojo parpadeó varias veces, confundido por la inesperada seguridad que reflejaba la frase. Blaise no le dio tiempo a responder, ya se había colado en la sala de grabaciones. La confusión era evidente en su rostro, y Sam, cansado de otro día sin resultados, no pudo evitar burlarse.

–¿Amor a primera vista?

Weasley tampoco tenía energías para el combate verbal que su gordo jefe deseaba. La palabra amor le había recordado a Penélope y todo lo otro. Solo se dejó caer en una de las sillas y esperó a que el amanerado francesito se alistara. Quería alejarse de ahí, pero no quería ir a su departamento. Eso le dejaba solo una opción...

De repente, sus sentidos fueron inundados por algo suave, una voz que casi susurraba palabras ininteligibles a su oído, pero definitivamente confortantes. Percy sacudió la cabeza y tardó varios segundos en comprender que esa era la extraña voz da Zabinni a través de los altoparlantes. A pesar de que habían pasado años desde la última fiesta de "Amo los setenta" a la que le arrastraran Charlie y Hill, pudo recordar la melodía.

Como en respuesta a su recuerdo, la voz adquirió un tono bajo y duro, casi ronco, exactamente como imaginaba él a ese borracho que pide la primera canción de la noche:

"Son, can you play me a memory
I'm not really sure how it goes
But it's sad and it's sweet and I knew it complete
When I wore a younger man's clothes"


El susurro aterciopelado volvió, y la vocalización trajo de regreso esa extraña paz. Blaise no cantaba como hombre, o como mujer, cantaba como… ¿Cómo qué?

Giró en su asiento para verle: El muchachito estaba erguido, las manos aferradas a los audífonos y expresión concentrada. Sus ojos cerrados y frente arrugada hacían evidente que, dentro de su cabeza, el estudio y las paredes de cristal habían sido sustituidos por otra cosa.

Las palabras del mesero brotaron de sus labios con acento del bajo Londres y todo:

"Bill, I believe this is killing me."
As the smile ran away from his face
"Well I'm sure that I could be a movie star
If I could get out of this place"


Y de nuevo la caricia de la voz andrógina, profunda.

Oh, la la la, de de da
La la, de de da da dum


Los próximos versos fueron dichos sin detenerse, con toda la picardía necesaria para aligerar el ambiente y preparar el auditorio para la coda final, pero también sin tomar aire. Al terminar el But it's better than drinkin' alone, Blaise retrocedió un paso y se dobló sobre si mismo.

Percy recordó vagamente que en la recepción lucía débil, pálido y enfermizo. ¿De dónde sacaba las energías para todos esos detalles dramáticos?

Los compases del coro terminaron. Blaise se adelantó de nuevo y abrió sus luminosos ojos marrones hacia la pared de la cabina, donde se todo el equipo le contemplaba en asombrado silencio. Casi sonrió al atacar la penúltima estrofa y su voz regresó con dolor, un dolor tan íntimo que a Percy se le antojo demasiado personal para diez y seis años de vida:

It's a pretty good crowd for a Saturday
And the manager gives me a smile
Cause he knows that it's me they've been comin' to see
To forget about life for a while


Se detuvo. Los siguientes versos fueron cañonazos, llenos de ira, como si cada declaración fuera a romper un objeto, o peor, una persona:

And the piano, sounds like a carnival
And the microphone smells like a beer
And they sit at the bar and put bread in my jar
And say, "Man, what are you doin' here."


¡Dioses! ¿Cómo podía cambiar de actitud a esa velocidad? Ahora ¿lloraba?

Oh, la la la, de de da
La la, de de da da dum


Zabinni volvió a cerrar los ojos y se apartó del micrófono. Se volteó de espaldas mientras separaba los audífonos de su cabeza y Percy tuvo la impresión de que se encorvaba. Tomo su bolso de retazos y giró hacia Sam al tiempo que la expresión asustada volvía a su rostro. Esperó.

El gordo estaba pegado a la pared de cristales, quieto, tratando de ganar control de sus emociones. Percy aprovechó la demora para mirar a su alrededor y descubrió que todos permanecían inmóviles, como presos de un hechizo.

Por suerte, la voz del cantante los hizo despertar.
–Señor, disculpe… ¿tengo el trabajo?

Para cuando el tercer hijo de Arthur y Molly alcanzó la calle, le hechizo de la voz de Blaise Zabinni había perdido bastante fuerza. En la acera, mientras intentaba decidir a dónde iba, Percy sintió que la angustia de la situación volvía a envolverlo. No era capaz de ir a su piso ahora, así que tendría que tomar un taxi hacía la Madriguera. Podría decirle a su madre que deseaba saber cómo iba todo para el cumpleaños de su cuñado… Sacudió la cabeza, era la peor de las excusas que había inventado en años. Bueno, en lo que llegaba tal vez se le ocurriera otra…

Levantó los ojos para buscar un coche cuando reconoció la torpe figura de Zabinni en la acera del frente. Sus ojos tenían una expresión de miedo que… No lo pensó, cruzó la calle en pocas zancadas.

–¿Puedo ayudarte?
El chico casi pega un salto al oírle.
–¿Me conoces? –preguntó inseguro.
–Eres Blaise Zabinni ¿no? Cantante como un ángel allá dentro –señaló el edificio frente a ellos.
El otro no dijo nada, pero su expresión pareció aliviada.
–Perdí mi mapa –dijo de pronto con los párpados bajos.
–¿Tu qué?
–Mi mapa –repitió–, no puedo volver sin mi mapa.
–¿No conoces el camino? –inquirió extrañado.
–No lo recuerdo. Tampoco recuerdo dónde dejé el mapa –parecía al borde de las lágrimas.
–No hace falta, dile a taxista que…
–¡No puedo tomar un taxi!

El moreno pareció horrorizado por la idea y Percy desistió de preguntarle si era por el dinero o porque olvidaría cómo había llegado al interior del taxi, en primer lugar. Entonces recordó la tienda.

–Ven –señaló el toldo dos puertas más allá–, vamos a comprar un mapa.

La tarde fue rara.

Blaise no podía tomar un taxi o usar ropa de su talla, pero pagó el mapa y una botella de agua con una tarjeta de crédito dorada que surgió del fondo de su extraño bolso. Luego sacó unos comprimidos y se los tomó en seco, sonrió agradecido cuando el pelirrojo le acercó su propia botella para aplacar el sabor. Estaba loco de remate, ¿no?

A Percy no le fue difícil barajar la idea de que debía acompañarle a casa. En el mapa descubrió que Grimauld Place n. 12 estaba en camino a la Madriguera y eso lo decidió.

Hablaron mucho durante esos cuarenta minutos de marcha:

Blaise señaló que Oscar Wilde, gran poeta inglés, era irlandés, mientras que Joyce, el cronista de Dublín, había pasado mucho de su vida lejos de la isla.
Percy recordó que un francés había escrito sobre unas "Flores del Mal" que el creyó ver en los vestidos de Madame Sprout.
Blaise gustaba de las películas de Dysney, Percy de las canciones de Elvis Presley
Percy era bueno en química, Blaise en biología.
A Blaise le gustaba el chocolate, a Percy la vainilla.
Percy consideraba intolerable la pasta alemana, Blaise asintió, la leche iba mejor con las galletas.

–Las galletas de antes, decoradas con motivos de flores y pájaros eran más lindas que las de ahora –continuó el moreno. –Hay quien cree que se trataba solo de las cajas, pero no, la misma masa era prensada con modelos que hoy parecen alucinantes.
–Lo mismo pienso de las casas. ¿Te has fijado cuán iguales son los edificios modernos? En este barrio no, pero muchos sectores del Londres moderno son repugnantes. Oye, este edificio es bello…
Dejó de hablar porque Blaise se había detenido y lo miraba fijamente.
–Gracias.
El pelirrojo parpadeo desorientado.
–Gracias por traerme –explicó el otro y señaló hacia arriba. –Es aquí.
Percy asintió sin muchas ganas. No deseaba regresar a su vida.
–¿Estarás bien?
–Si, Pansy llegará en unos minutos y…
–¿Panzy?
–Mi… ¡hermana!
–Entonces supongo que… ¿puedo llamarte?
La idea pareció asombrar a Blaise.
–¿Llamarme? –repitió.
–Si, tú sabes, por teléfono, para hablar de los irlandeses que honran a Inglaterra.
–Pues –Blaise pareció ponderar la idea por varios larguísimos segundos. –Solo no llames después de las seis, ¿de acuerdo? Tendría que explicar dónde te conocí y…
Pero la demanda inquietó al pelirrojo.
–¿No vas a la escuela?
–Estudio en casa –de pronto el joven estaba muy apurado. –Bueno, me tengo que ir.

El muchacho se metió en el edificio casi corriendo y Percy suspiró, cansado. Ya tenía la excusa perfecta para ir a casa de su madre: dolor en los pies.

Pero no le molestaba…

TBC…

No hay comentarios.: