¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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14 mayo, 2007

DE LEYES Y VENGANZAS 24

Hacia el Laberinto del Merodeador


Permíteme que ahora
te diga, sin ofensa,
que le he jurado a un hombre
fidelidad eterna.
"Una mujer fiel", Tchan Tsi


Mayfair, Londres, marzo de 1984

–¿Remus?
–¿Si?
–¿Crees que entenderá?

Remus dejó de acariciar la pancita de Lily para mirar su rostro. El dormitorio estaba en penumbras, y la cara de su esposa era apenas un óvalo rodeado de un halo oscuro, en sus mejillas y frente bailaban las sombras de la ramas del fresno que estaba junto a la puerta principal.

–¿Qué tiene que entender, exactamente?
Ella chasqueó los labios, molesta.
–Tu sabes... Tu, yo, Siri, Jaimi, lo nuestro.
–Lo nuestro...

Remus se detuvo a pensar un poco antes de responder. No solo porque Lily estaba muy susceptible con el embarazo, sino porque sabía que esa pregunta era anterior al bebé, ella deseaba que alguna gente entendiera, que su familia entendiera.

–Entenderá que nos queremos, Lily, y que él o ella, y los hermanitos que lleguen después, serán queridos, aceptados y protegidos. ¿Qué más tiene que entender?
–Si, pero...
Ella se detuvo, Remus se movio con cuidado, tomó su mano y le besó la palma.
–¿Pero?

Lily suspiró. Después de todo, pensó, Remus era el más reflexivo de los cuatro. Su llegada a la vida de Sirius, y a la de Los Merodeadores, había cimentado definitivamente la hermosa relación que mantenían. Remus era serio, y ayudaba a equilibrar los temperamentos bromistas e irascibles de la otra mitad de la familia.

–Tengo miedo de lo que le pase fuera de nuestra vista, los niños son tan crueles Rem...
–¿Los Weasley? Vamos, Lily, no me imagino a Arthur y Molly diciendo "No puedes jugar con ese lindo vecino porque tiene dos papás, y un tio cojo". Por supuesto, crecerá, y en la escuela no todos serán sus amigos, pero ¿qué niño no recibe burlas en la escuela? Nosotros debemos ocuparnos de que, para cuando tenga edad suficiente para comprender por qué su familia es distinta, no se avergüence de ello.
–Y también pienso... ¿No estamos actuando como si esto fuera una vergüenza?

Remus arrugó la frente, eso no era mera sicosis de embarazada.

Tres meses antes, cuando Lily anuciara su embarazo, un frenesí legal se apoderó de Sirius y James. El argumento era que deseaban lo mejor para el bebé, pero él –y, por lo visto Lily– no estaba seguro de que el obligarla a cambiar su apellido por Potter e inventar una cobertura para el recién nacido fuera lo mejor a largo plazo.

–Ellos...

Lily se detuvo, pero Remus no la apuró, sabía que a la mujer le costaba decirlo, porque una duda mal manejada podía significar la muerte en su negocio. Sin embargo, ella había esperado a que se quedaran solos para confesarle sus temores. Remus se sintió menos hombre, casi una hermana de esta pelirroja maravillosa. "¿No lo somos?" Los cuatro eran hermanos, sí. Pero, como en todas las familias, las personas similares acaban acercándose. Lily y él eran la mitad "femenina" de Los Merodeadores. "¿Por qué me revuelco en mi miseria justo ahora? Ella trata de abrirme su corazón."

–Yo pensé que Siri y Jaimi se iban a alegrar con el bebé, pero apenas se ríen. Están todo el día discutiendo de costos, dietas, matrículas, fondos para la universidad... Están tan asustados, Remus. Y yo... yo no entiendo por qué. Es nuestro, de los cuatro –Remus fue a abrir la boca, pero ella lo hizo callar de un manotazo. –¡No me vengas con eso de nuevo! Tú también pusiste amor, así que eres tan padre como ese par de sementales. De hecho, pasas más tiempo conmigo que ellos dos juntos. Tú crees que... ¿que fue un mal momento? ¿que no debí...?
–Ni de broma digas eso, Lily. Ni de broma, ¿oíste? Terminar tu embarazo no era una opción y si ese par de idiotas llega siquiera a insinuarlo, me divorcio y te llevo conmigo –Remus la besó con fuerza, los labios de ella eran gruesos, cálidos. Le acarició la mejilla con lentitud y volvio a hablar con tono reposado. –Claro que tienen miedo, mi amor, pero es que no saben cómo ser padres. Ya conoces a la familia de Sirius, pura escoria envuelta en seda. El único que sirve es Lucius, y no lo dejan ni acercarse a su propio hijo. En cuanto a James, los Potter son buena gente, pero siempre de viaje. Al final se crió con las nanas. Además, es cierto que no tenemos mucho respaldo económico, vivimos de nuestros salarios.
–Qué tiene eso de malo? Nuestros padres vivían de sus salarios.
–Si. Pero James y Sirius no imaginan la infancia sin lujos, ellos quieren ser capaces de darle a nuestros hijos todo lo que les dieron sus padres, a la vez del cariño. Quieren probar que son verdaderos "padres de familia".
Ella soltó una risita burlona.
–Solo falta que empiecen a fumar en pipa.
–Ummm...–el tono del hombre se tornó pícaro. –Pipas angulares, gruesas, ¿te imaginas todo lo que se puede hacer con ellas?
–Remus John Black Evans Lupin Potter, ¿qué estás insiuando?
–Nada, nada –las manos de él ya bajaban a jugar con sus oscuros pezones. –Pensaba en el calorcito de la pipa, en su mango húmedo, donde los labios se posan una y otra vez...

Remus se movió despacio a lo largo del pecho y el vientre levemente curvado de Lily. Sus manos atraparon las caderas ya anchas y le impidieron apartarse. Ella gimió cuando la boca se pegó a su sexo, rojizo y húmedo.

–Re... mus.
–¿Si?
–Re... mus... por Dios... oh ¡Remus!

El siguió jugando con su lengua un poco más, dando tiempo a que su propia erección creciera. Cuando notó que ella estaba al borde del orgasmo se detuvo y buscó sus ojos. Lily era incapaz de articular palabras a estas alturas, apenas asintió y se giró, él puso un pequeño cojín bajo sus caderas y la penetró con fuerza desde atrás.

Lily gritó de placer. Remus tuvo que morderse los labios para no acabar en ese mismo instante. Empezó a moverse despacio, tratando de alargar el disfrute de su pareja. Por qué siempre duraba tan poco? Se inclinó y besó la nuca de su esposa.

–Lo siento...

Ella soltó un gruñido de asentimiento. El la ayudaría a terminar con las manos, como muchas otras veces. Aún en medio de su exitación, Lily estaba consciente de que Remus no era el más resistente de sus esposos, pero si el más considerado.

Entonces, una mano se deslizó entre las nalgas de Remus. Por instinto, el joven echó la cabeza hacia atrás y recibió con ansias los labios de James.

–Esto no se acaba... –advirtió Sirius con voz cantarina mientras penetraba a su esposo con un dedo.

Remus dejó que James lo apartara suavemente de Lily, giró para abrazar y besar a Sirius. Su esposo le enterró un segundo dedo y él gimió.

–Siri...
–Remsie...

El hombre lo dejó caer en la cama y separó más sus piernas, un tercer dedo y abundante crema lubricante casi lo cegaron.

–No puedo...
–Ssss –Sirius lo calló con un beso. –Míralos.

A su lado, Lily también estaba sobre su espalda. James le había puesto una almohada para elevar sus caderas y terminaba de dilatarle la entrada trasera con ayuda de sus jugos vaginales. Era una visión demasiado exitante y Remus se derramó con un estertor. James lo miró burlón.

–Remi, Remi, te pone a mil esta pelirroja.
–Y a mi también –admitió Sirius, que lamía con cuidado el semen translúcido de Remus–, pero esta noche tengo ganas de un francesito virginal.

Remus se sintió enrojecer. "Virginal", así lo llamaba porque con él había sido su primera vez. Parecía tan lejana aquella mañana a fines de 1978. "Cómo pudiste llegar virgen a los veinte?", "Esperaba por ti", fue su respuesta. El recuerdo de la manta de piel de ardilla junto a la chimenéa trajo nueva vida a su sexo.

James y Sirius penetraron simultaneamente a sus parejas. Los gritos de placetero dolor se mezclaron. Luego todo fue gemidos, el rítmico sonido de las caderas que chocaban... Sirius pelliscó uno de los pezones de James... James se inclinó para besar los labios de Remus... Remus y Lily se masturbaron mutuamente...

Remus sintió que una bola de luz blanca le golpeba el cráneo, alzó el torso y manoteó, tratado de respirar. Calló sin fuerzas en la cama. Apenas registró que el cuerpo de Sirius se agitaba entre sus piernas y, de un empellón más, le empaba las entrañas. Lily gritó algo que no alcanzó a entender. James –reconocería esos labios gruesos y frios en cualquier lugar– le besó en el pecho con dulzura. Su esposo empezaba a retirarse con cuidado, el semen le escurría ahora por entre las piernas, pero eso no era importante. A ciegas, buscó el cuerpo ancho y caliente de Lily. Pasó un brazo por sobre su barriguita y se dejó arropar por Sirius.

–Feliz aniversario –susurró James en su oído.
–Y prometemos ser más cariñosos –dijo Sirius con una mano sobre la estrecha cadera de Remus.
–Más les vale –Remus besó la frente de Lily, ya dormida. –¡Hombres!

Estaba tan cansado...

Círculo de Piedra de Hurlers, Cornualles, 17 de marzo de 1981

Dorcas había dibujado formar un triángulo isósceles en la tierra, los vórtices y el centro de la base eran hoyuelos de apenas diez centímetros, pero visibles bajo la luz agonizante del atardecer. Ellos estaban parados en los límites del círculo de piedra, James en el extremo oeste, Sirius en el este, Remus en el norte y Lily en el sur. Los cuatro esperaban, con sus ofrendas entre las manos trémulas, a que el sol acabara de ocultarse.

El cielo se volvió negro y alto de golpe, como suele ocurrir en primavera. Desde su puesto, James tuvo la impresión de que las estrellas surgían tras la cabeza de Sirius. Le pareció un excelente augurio.

Las antorchas se encendieron y la ceremonia dio inicio:

Primero entró al área iluminada la oficiante, cuando estuvo en el centro del círculo, alzó una mano y, tal como habían ensayado, los contrayentes avanzaron en dirección a los puestos señalados en las líneas del triángulo ceremonial. Lily fue la primera en alcanzar su sitio, en el centro de la base. Depositó con sumo cuidado la pesada copa de madera barnizada en el suelo, se sentó sobre sus piernas, y dedicó unos instantes a acomodar el ruedo de su ancha túnica. Al levantar la cabeza, vio que Remus le sonreía. Ella le devolvió una sonrisa tímida –en verdad estaba nerviosa– y bajó los párpados.

Dorcas giró su rostro en dirección a James.

–¿Eres un hombre de palabra?
Él separó las manos y descubrió su ofrenda. El pebetero lanzó una tímida luz azulosa que deformó sus rasgos. Caminó despacio en busca de Lily, receloso de que el viento apagara de llama, y dejó la lámpara junto a la copa, a la vez que recitaba la primera parte de su voto.
–Doy fuego al agua, sólo lo recibiré de quien sea mi esposo.

Cuando James estuvo de regreso en su extremo, Dorcas miró a Remus.
–¿Eres un hombre de palabra?
Remus se dirigió a Lily con pasos cortos y suaves, se agachó y, con reposados movimientos
circulares, derramó una ampolla de sangre frente a ella a la vez que anunciaba.
–Doy sangre al agua, sólo la recibiré de quien sea mi esposo.

Dorcas enfrentó entonces a Sirius.
–¿Eres un hombre de palabra?
Sirius clavó sus ojos en las otras ofrendas y se obligó a caminar, a no temblar, a no dejar quebrar su voz mientras alineaba cuatro piedras de sal en el lado opuesto a la lámparita.
–Doy sal al agua, sólo la recibiré de quien sea mi esposo.

–¿Quién eres tú?
–Soy el agua –afirmó Lily y tomó con fuerza la lámpara para sumergirla en su cáliz–, apago el fuego –recogió, con cuidado de no manchar su túnica, la tierra húmeda y pegajosa frente a ella para verterla al vaso–, limpio la sangre, –trituró entre sus palmas las piedras de sal y dejó caer el polvillo en la copa–, disuelvo la sal.

–La palabra es sentencia y nos ata, la palabra es voto, y nos libera, la palabra es empeño, y nos sostiene –enunció Dorcas en lo que se acercaba a Lily y levantaba la copa del suelo.

Luego se dirigió hacia James y le tendió la bebida. El apuró un trago y, tras mantenerlo por un instante en su boca, logró tragar. Dorcas anunció el Primer Deber en lo que alzaba la copa por sobre su cabeza:

–Porque el fuego significa guía. Quien te lo de, será tu luz en la oscuridad del mundo y sus caminos estarán unidos.
–Es nuestra palabra –respondieron a coro los cuatro.

La oficiante se dirigió a Remus, quien bebió su trago sin dudar. Ella anunció el Segundo Deber con la copa alzada:

–Porque la sangre significa vida. Quien te la de, entrega su cuerpo antes que el tuyo al dolor y la muerte.
–Es nuestra palabra –respondieron los cuatro.

Dorcas llegó a donde Sirius y le tendió la copa, el joven tomó su porción. Sus ojos azules se desorbitaron, como pidiendo ayuda, pero finalmente pudo pasar la pócima sin hacer un sonido. El Tercer Deber fue anunciado sin contratiempos.

–Porque la sal significa alimento. Quien te la de, ya no tendrá carne, pan ni vino sólo para si, sino para ustedes.
–Es nuestra palabra –respondieron a coro.

Dorcas completó el ciclo y le dio la copa a Lily, los tres hombres comenzaron a acercarse en lo que la joven recibía su amargo bautizo. La oficiante no recuperó la copa, sino que se apartó para que James, Remus y Sirius pudieran rodear a la pelirroja. Cuando el Anillo de la
Vida estuvo listo anuncio el Cuarto Deber.

–Porque el agua es la fuente eterna. Fuego, sangre y sal se unen en su oscuridad insondable. A ella se deben.
–Es nuestra palabra –respondieron a coro los cuatro.
–¿Dónde está el agua? –preguntó ella entonces.
–En ella nos encontramos –dijo James y besó a Lily en los labios.
–Nada puede detenerla –dijo Remus y la besó también.
–De ella nace la vida –completó Sirius y le dio un tercer beso.
–Así somos inmortales –anuncio Lily con voz jubilosa y esparció el resto de la mezcla por sobre sus cabezas.
–Es nuestra palabra –respondieron.

Remus liberó sus manos y sacó la ampolleta con restos de sangre. James y Sirius entrelazaron sus dedos con Lily para rodearlo y dibujar el Anillo del Dolor.
–¿Dónde está la sangre? –preguntó Dorcas.
–En cada uno de nosotros –dijo James, y besó a Remus en los labios.
–Cada gota es sagrada –dijo Lily y le besó también.
–Nos mantiene unidos –completó Sirius y le dio un tercer beso.
Remus mojó su índice en los restos de rojo líquido y trazó una línea horizontal en la frente de James, Lily, Sirius y él mismo.
–Así somos uno solo –concluyó.
–¿Es vuestra palabra? –insistió Dorcas.
–Para siempre.

Hospital de la Escuela Nacional de Medicina de Gales, Cardiff, 1 de mayo de 1979

Lily masticó con cuidado su emparedado y se forzó a tragar. "Espero que la comida de los enfermos sea mejor que la de la cafetería." Levantó los ojos: Sirius caminaba hacia la pared norte de la sala, su paso mecánico y equilibrado era totalmente ajeno. Esa era la vuelta número ¿cien? de esa mañana, no lo sabía.

–Deberías comer –le dijo cuando pasaba por delante de su asiento, motró el paquete de papel de aluminio. –Traje para ti.
Sirius detuvo su macha, pestañeó varias veces con el rostro vuelto hacia su amante pelirroja. Sus ojos azul claro no se animaron.
–No tengo hambre –respondió tras casi diez segundos de meditación.
–No puedes vivir de café, Siri.

Pero él ya no la oía. James estaba en la puerta, sudoroso, con manchas rojizas en las mejillas y el cuello. Ambos corrieron a su encuentro.

–¿Y?
–Es imposible localizarlos –informó y sacudió la cabeza. –Están en algún sitio de la planicie. Dice el abogado que, sin hablar por teléfono con mis padres, no me deja mover una libra del banco.
James se dejó caer en uno de los asientos y mordisqueó sin ganas el sandwich de Lily.
–Pero la embajada... –comenzó a decir la pelirroja.
–Telefoneé al embajador en Pekin, casi me quedo sin voz, porque la comunicación era infame. Me repitió lo que dijeron los de la Embajada China en Londres: a donde fueron no hay electricidad, menos aún teléfono. Si se arriesgara a pedir enlace, que no lo hará, tardarían semanas en dar con ellos.

Sirius se sentó al lado de James y pasó los dedos por entre sus largos y desordenados cabellos. Inspiró profundamente.

–¿Cuánto nos darán por la moto?
–Ya hablamos de eso –le increpó la mujer. –¡No puedes vender a Blade! Es...
–Es una moto Lily, un objeto. Si alguien cree que ese pedazo de acero con caucho vale más que Remus lo...
–No se trata de eso Sirius –James puso una mano sobre el hombro de su amante para calmarlo. –¿Cuánto te darán por Blade? 8, 10 mil libras. Con eso podremos pagar la operación, pero aún tenemos por delante semanas de internamiento y no sabemos cuánto tardará en recuperarse, ni qué tipo de rehabilitación necesita.
–Igual la vendo. También tengo algunas joyas, y el reloj...
Lily se puso de rodillas ante Sirius y le sacudió los hombros.
–Siri, escúchame. Todas esas cosas no van a darnos más de 50 mil libras. No es suficiente.
–¡¿Entonces qué voy a hacer?! –estalló Sirius. –¿Dejarle abandonado aquí, convertido en un vegetal?
Ella le limpió las lagrimas y sonrió con miedo.
–Yo pensé... abuela me dejó una granja en Escocia, buena tierra. Podemos hipotecarla...
–¿Y con qué pagará la hipoteca?

Los tres miraron hacia la entrada. Un hombre de ojos grises y cabellos rubios, casi blancos, estaba apoyado en el marco de la puerta. Llevaba entre sus manos un bastón de madera con puño de plata.

Sirius fue el primero en reaccionar.
–Malfoy –estuvo junto al recién llegado casi de un salto. –¿Qué haces aquí? ¿No te vastó con lo del cumpleaños de Narcisa?
El rubio sonrió, pero sus ojos permanecieron impasibles.
–¿Narcisa? Ah, si. Tu prima, mi prometida, la futura Condesa de Slyterin. No deja de hablar de ti, ¿sabes? Y yo que creí que nada podía conmoverla –hizo oscilar su bastón. –Bueno, dicen que para eso es el noviazgo, aunque no estoy seguro de agadecerte por lo que aprendí en esa fiesta. No me ha contestado, señorita Evans.
Lily dio un violento taconazo y se mordió el labio inferior.
–Eso supuse. Es increíble cuánta gente se mete en deudas sin tener ni la menor idea de cómo amortizarlas. En fin, discúlpe mi indiscreción, señorita Evans. Después de todo, ¿qué sería de los economistas, contadores, auditores, tazadores, subastadores y prestamistas, si las personas no hipotecaran sus pocas pertenencias?
–Ya corta Malfoy. Toxicología es en la planta de abajo, ve allí para que te extraigan el veneno.
–No vine a librarme de la saliba de tu prima, Black. Busco a los Lupin.
Los tres jóvenes intercambiaron miradas de incomodidad.
–Ellos... –James no sabía cómo decirlo. –Salieron.
Lucius pestañeó, algo parecido al asombro brilló en sus claras pupilas.
–Creí que lo estaban operando.
–Llevan tres horas en el salón –admitió Lily.
–Y que es una intervención bastante delicada.
–¿Cómo lo sabes? –exigió Sirius asustado de que esa información llegara a sus padres.
–Tengo mis fuentes –repuso Lucius. –¿Dónde están los padres de Remus? –volvió a preguntar con los dientes apretados.
–¡Fueron a la marcha por el 1 de Mayo! –informó Sirius con rabia. –Les importa un comino que Remus esté entre la vida y la muerte. ¿Satisfecho? Y puedes decirle al señor Duque de Gryffindor que ellos creen que merece todo lo ocurrido. Estoy seguro de que votará por el Partido Comunista de tanta alegría. Ahora, lárgate.

Pero, en lugar de irse, Lucius pasó por entre ellos y tomó asiento en una de las butacas de la sala. Muy despacio, masajeó sus sienes y cuello. Levantó el rostro tras casi un minuto.

–¿Cuánto deben?
–¡¿Pretendes comprarme?! –Sirius se lanzó contra él, pero Lucius le clavó la punta de su bastón en el vientre y el moreno calló al suelo entre quejidos.
–No eres mi tipo, Black. Tengo una incurable debilidad por los pechos femeninos. Potter, ¿cuánto deben?
–¿Para que quieres saberlo? –demandó James en lo que ayudaba a Sirius a sentarse.
Lucius sacó de un bolsillo interior su talonario de cheques y lo agitó.
–Para hacer lo que todos los Malfoy, por supuesto.
–¿Cuáles son tus condiciones? –preguntó Lily antes de que Sirius soltara otro sarcasmo.
–Tengo una: discreción.
–¿Solo eso?
–¿Y qué esperabas, Potter? ¿Que confesara que amo a la señorita Evans y no soporto que se vuelva enfermera de un semivegetal?
–Pero...
–La operación de hoy cuesta 9 mil libras –intervino Lily antes de que alguno de sus amantes lo estropeara. –Además, debemos tres días de internamiento y uno del hotel donde paramos.
–¿Y a partir de hoy?
Lily arrugó la frente, contó con los dedos y resopló. No sabía cuánto pedir.
–En realidad no lo sabemos –admitió James, ya convencido de que la cosa iba en serio. –En el mejor de los casos, serán tres meses para que suelden sus brazos y piernas, luego comienza la rehabilitación. Tampoco se descartan otras operaciones.
–¿Ustedes se van a quedar aquí en Gales todo ese tiempo?
–Pues...
–¡Lo sabía! Actuán como adolescentes. Hay que moverlo a Londres, allí ustedes podrán seguir estudiado en lo que él se recupera. Mientras tanto –Lucius rellenó un cheque y lo extendió–, espero que esto sea suficiente.
Lily y Sirius miraron por sobre el hombro de James.
–Pero... –balbuceó Sirius.
–Me voy –le interrumpió el rubio–, mi masaje debió terminar hace quince minutos.
–¡Espera! –Sirius atrapó su codo casi por instinto. –¿Por qué lo haces?
Lucius no se volvió a mirarlo, apenas usó el bastón para golpear con suavidad los nudillos de su primo.
–Me molesta que la gente muera por amor, va contra mis principios.

TBC…

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