¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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14 mayo, 2007

DE LEYES Y VENGANZAS 23

De las diversas razones por las que un pollo cruza la carretera

Siempre a tu lado… Aún cuando te halles lejos
Me encuentro junto a ti…
"Proximidad de la amada", Joann Wolfang Goethe

Harry dejó caer la mano que sostenía el teléfono y se levantó con dificultad. El espejo le devolvió el rostro pálido y ojeroso que los últimos acontecimientos le dibujaran. Se mordió los labios y apoyó la frente en el cristal, el frío tacto del objeto fue como un bálsamo para sus sentidos. La verdad es que estaba bastante nervioso. ¿Qué clase de relación tenían Remus y Lucius? ¿Tenia razón Sirius para estar celoso? ¿Por qué había corrido a meterse en la cama de esa tipa? ¿Lo de Remus era solo un chock, seguro?

Finalmente recordó que debía arreglar todo para que los Malfoy llegaran sin contratiempos a la visita, así que se lavó el rostro y salió del baño con pasos torpes.

En la habitación, una enfermera terminaba de revisar los signos vitales y el suero de su padre. La mujer levantó los ojos al sentir la puerta y le sonrió.
–Su padre estará bien, señor Potter –afirmó con una sonrisa patentada que casi le produjo nauseas.
–Gracias –se obligó a contestar.
Obviamente, la frase que emitieron sus labios resecos no fue la mejor, porque en los felices ojos de la enfermera apareció un brillo de inquietud.
–¿Necesita usted algo?
–Es solo que dormí un poco incómodo –aseguró con tono más amigable. –¿Cuándo podremos irnos?
Ella la dedicó una mirada de profesional ternura y comprensión.
–La doctora Pomfrey vendrá a revisarlo a las diez y, si no detecta complicaciones, le dará el alta esta tarde.

El joven asintió e hizó un gesto vago con la mano, indicando que deseaba estar solo. La chica comprendió y les dejo solos si dejar su sonrisa patentada. ¿Le enseñarían eso en la escuela de enfermería? Harry decidió dejar tan estúpidas reflexiones para sus fantasías sexuales y se acercó al lecho. Remus Lupin le miraba en silencio desde las almohadas.

–¿Quieres que te suba la espalda?
El hombre asintió y él manipuló los controles, luego se sentó en el borde de la cama y aún ajustó el borde de la frazada que abrigaba el cuerpo yaciente. No sabía como decirlo.

Remus movió lentamente una mano y la puso sobre la suya, le presionó los nudillos en gesto amigable. Los ojos verdes se alzaron, inseguros.

–¿Harry?
El chico tragó en seco.
–Lucius viene para acá, dijo que llegaba en quince minutos.
Remus no dijo nada, cerró los ojos y movió la cabeza de un lado a otro.
–No te reocupes por Sirius ahora –suplicó Harry, inseguro de cómo consolarle–, tardará hasta la tarde en regresar, te manda su amor.
–Mientes mal –respondió el castaño sin abrir los ojos.
–Si –admitió el chico.

Estuvieron callados un rato, hasta que Harry tuvo que formular la pregunta que le quemaba las entrañas.

–¿Se van a separar?
Remus abrió los ojos y le sonrió con dificultad.
–Si se divorcian, me voy a quedar contigo, Papa Remus. No puedes vivir solo con todas esas medicinas que tomas. Además, se que te dan miedo las tormentas. Yo estaré contigo, Remus, no importa lo que pase –repitió al borde de las lágrimas.
El hombre le hizo callar poniendo un dedo sobre sus labios.
–Está con una mujer, ¿verdad?

Harry asintió sin dejar de llorar, la vergüenza de Sirius se le antojaba propia. Pero Remus suspiró y giró el rostro hacia la ventana, sus facciones se relajaron.

–No nos vamos a separar, Harry. Estoy acostumbrado a esos ataques. Volverá.
Aquella actitud escandalizo aún más al muchacho, que se levantó y dio unos pasos para tratar de serenarse.
–Pero... ¡Esta con otra! –arguyó al fin.
Remus volvió a mirarlo, sus ojos reflejaban seguridad.
–Tu lo has dicho, con <i>otra</i>.
Harry dejo de hipar al tiempo que las ideas tomaban orden dentro de su cabeza. Su expresión se tornó ofendida.
–Ustedes son una pareja. El dijo en el juicio que te ama, que ya no mira a nadie más, dijo que sueña con vivir contigo hasta que sean viejitos. ¿Acaso mintieron? ¿Acaso solo fingen?
Remus no dejó que su voz se alterara, a pesar de la vehemencia del joven.
–¿Te parece que miento cada vez que lo beso, o cuando me toma de la mano al salir del mercado? Simplemente eres joven, hijo. Te falta mucho por aprender acerca de la convivencia. Sirius pasó la noche con una jovencita, lo sé, debe tener menos de veinticinco años, ojos azules o verde esmeralda, cabello castaño, cuerpo andrógino, y grito en francés al llegar al orgasmo.
Harry volvió a sentarse en el borde de la cama, incrédulo.
–¿Cómo lo sabes?
–Es su fantasía –declaro simplemente el hombre. –La realiza para evadirse, todos tenemos alguna ¿no?
La mirada serena de Remus hizo atragantarse al joven. Si, él también tenia fantasías, algunas bastante...  Sacudió la cabeza.
–Creí que Sirius era...
–¿Homosexual? –le interrumpió Remus. –No, siempre ha sido bi, y extremadamente promiscuo, por cierto. Le cuesta darse por satisfecho con lo que puedo ofrecerle.
Harry frunció el ceño.
–Hablas como si no fueras suficiente para él.
–Soy lo suficientemente hombre para Sirius –repuso Remus con voz calmada. –Pero no pretendo ser una mujer.

Harry se quedó sin palabras ante esta declaración. No estaba seguro de que fuera justo que Remus soportara los celos de Sirius, a la vez que sus infidelidades ocasionales. Abrió la boca para decir algo más, pero unos toques suaves en la puerta le hicieron cambiar de idea.

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Sirius miro con odio a Tonks. La chica, cuyo cuerpo apenas cubierto con una camisa se encogía de frío, retrocedió asustada hacia la habitación.

El hombre giró en redondo y trató de llenar sus ojos con el horizonte de Paris. El ruido del aguacero y la altura impedían que los ruidos típicos de la ciudad llegaran hasta el balcón y pensó que sería el lugar ideal para comenzar a reconciliarse con Remus. ¡Mierda! Jamás contó con Harry, malinterpretando la lluvia, ni con esa torpe mujercita gritando que el desayuno estaba listo. ¿Por qué se había acostado con ella? Bueno, tampoco era tan difícil entenderlo, especialmente recién duchada y con el cabello de color natural.

–Lily...

Como extrañaba ahora a la pelirroja, siempre tan lista y diplomática. En alguna habitación como esa habían pasado muchas jornadas juntos, estudiando, discutiendo, amándose... Si. Los cuatro se amaban con pasión y a Sirius jamás se le ocurrió sentir celos de James, muchísimo menos de Lily. ¿Qué había cambiado? Vaya pregunta idiota: ¡todo! Para empezar, la mitad de su hermosa familia estaba muerta y tenía un hijo. Un hijo cuya infancia se había perdido por culpa de Voldemort y su pandilla de ladrones. Ahora solo le quedaban Harry y Remus y nadie, nadie los apartaría de su lado.

¿Nadie?

Vamos, estaba solo con sus pensamientos, ese nadie tenia nombre, por lo menos en el caso de Remus. Ese nadie era su primo Lucius Tiberius Dante Malfoy, el vigésimos sexto Conde de Slytering, el esposo de Narcisa, el hermano de Rabastan, el padre de Draco, el dueño de Obscure Books, el marica vergonzante que se citaba en un restauran con una chica para besar los labios de algún jovencito en el reservado. El muy cobarde lo había negado, pero se le caía la baba por Remus desde siempre y aprovecho sus años de cárcel para acercarse. ¡Maldito!

Remus aseguraba que Lucius era su amigo, que había sido su apoyo en los momentos más descorazonadores de su prisión y que nunca, nunca, nunca intento un acercamiento físico. Era para morirse de la risa. Su tierno Remus, tan ingenuo, tan confiado fuera del ambiente profesional. ¿Cómo no veía que Lucius era una maldita serpiente con paciencia casi infinita? Cada gesto, cada aparente sonrisa era una trampa tendida a sus pies.

La tarde anterior, cuando los de seguridad le habían mostrado la recurrencia del número de Malfoy, corrió a confrontarlo, solo para oírlo hablar de Harry con el cerdo de Lucius. ¿Cómo podía estar hablando sobre su vida personal con él? ¡¿Como?! Y lo peor era que Remus se había negado a explicarse.

¿Qué pasó después?

No estaba seguro. Su ropa estaba hecha un asco al salir de la cocina, un montón de salsa y restos de comida en su pelo, en sus bolsillos. Tiró la muda al incinerador, se duchó y partió a Francia. No regresó a la cocina, no se preocupó por Remus. Tampoco contestó las llamadas. Solo se fue a trabajar y luego... luego se dio cuenta de que Tonks era castaña.

¡Dios del cielo! ¿Que manera de amar era la suya?

El sabía mejor que nadie las terribles secuelas que el accidente había dejado en Remus. El había jurado estar a su lado por siempre y protegerle. El era el culpable de que intentaran matarlo... Maldito Rookwood, maldito su padre, malditas Narcisa y Bellatrix, maldito Lucius…

¡No! Lucius le advirtió dónde lo había tirado Rookwood, Lucius prestó dinero para el hospital. Incluso, Lucius le había dejado a Remus el pequeño apartamento de Grimauld Place por diez años, sin cobrar alquiler. Y después decía que no estaba enamorado, si, ¡claro! Enamorado como un tonto, como un estúpido, enamorado como para –y las palabras surgieron lentamente en su cerebro– convertirse en amigo de esa persona y estar ahí para el, por siempre.

Sacudió la cabeza, asustado de sus propias conclusiones.
–Tú eres listo, cuando la sangre te fluye hacia la cabeza de arriba.
Las palabras de su amante pelirroja tenían un sabor agridulce en los labios. No, no era el recuerdo lo agridulce, sino sus lágrimas.

Sirius se dobló sobre si mismo en el balcón y lloró sin miedo. Harry tenía razón, debía hallar una excusa mejor que una hoja de registros telefónicos para casi matar a su pareja. Debía aprender a ceder, aunque ya tuviera más de cuarenta años.

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Harry se apresuró hacia la puerta, deseando fervientemente que no fuera ningún Weasley.

Tenía la certeza de que a ninguno de ellos le haría gracia coincidir con los Malfoy. Después de todo, eran como familia y sería engorroso explicar quienes eran los Malfoy y por qué nunca antes se habían portado por la casa. Al menos si solo viniera Draco… pero esa tampoco era una opción válida, deseaba cortar los acercamientos de Ginny antes de hacer pública su relación con el rubio. No tanto por la salud de la menor de los pelirrojos, como por su relación con Ron, quien no soportaría la idea de que alguien hubiera jugado con su "inocente" hermana.

Su primera impresión al abrir fue que, de alguna terrible manera, el tiempo había acelerado su curso. Ante él se encontraba Draco Malfoy. Pero el adolescente que besara con pasión la tarde anterior era ahora un hombre fornido de cuarenta y tantos años, cabello cortado en capas por sobre las orejas, traje informal de color arena, fresco al tiempo que elegante, y zapatos de gamuza marrón. Este Draco adulto le miraba desde arriba –desde unos diez centímetros por encima de su cabeza– con una frialdad absoluta, mientras hacía girar en su mano izquierda un bastón de madera oscura cuyo puño representaba una serpiente.

–Potter –había pronunciado su nombre con el mismo acento despectivo de Snape.
–¿Señor Malfoy? –su anonadado cerebro sugirió a duras penas la única respuesta lógica.
–Diría que es un gusto conocer el hijo de los Merodeadores, pero no suelo mentir de forma tan descarada –comentó Lucius mientras le apartaba para pasar.
El chico se mordió los labios ante la frase y reunió toda su sangre fría para responder con urbanidad.
–Para mí si es un placer, señor.
Lucius detuvo su marcha para mirarle de soslayo. Apenas hizo un gesto de sus muy expresivas cejas para que Harry comprendiera que no le creía.
–No te esfuerces –recomendó una voz a espaldas del moreno. –A falta de Sirius, descargará en ti todo su mal humor.
Harry volteó para encontrar, aliviado, los afables ojos grises de su novio.
–Draco…

El joven Malfoy entró y cerró la puerta. Tomó el rostro moreno entre sus manos y le besó sin recato. Harry se dejó llevar. Estaba tan cansado, tan asustado. Entre los labios de Draco, con sus brazos sosteniéndole, el mundo parecía adquirir algún sentido. Una risa burlona le arrancó de su éxtasis. Harry giró para encontrarse con la mirada divertida de Remus y calculadora de Lucius. Se sonrojó.

–Lucen adorables –comentó su padre adoptivo con tono ligero.
–Si uno de los dos cambia de sexo, será el matrimonio del año –predijo el rubio con voz aburrida mientras se sentaba en la cama.
–¡Lucius! –regañó Remus.

Malfoy se encogió de hombros y le tomó una mano con afecto. Ese gesto no le gustó a Harry, quien estuvo a punto de acercarse, pero Draco le abrazó por la espalda.

–¿Celoso? –susurró junto a su oído.
El moreno tembló, la voz de su novio era un ronroneo sensual.
–No lo se.
–Entonces déjalos –sugirió el otro mientras le arrastraba hacia el sofá. –Te aseguró –insistió al notar la expresión insegura de su pareja– que mi padre es el hombre más escandalosamente heterosexual que pisa el Reino de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

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Detuvo con dificultad sus sollozos y se levantó. Dejó que el contaminado aire de Paris secara su rostro y se dio la oportunidad de pensar. Había algo que le molestaba… Con repentina rapidez, Sirius regresó al interior de la estancia y comenzó a vestirse.

–Acerca de lo de anoche… –comenzó a hablar Tonks insegura.
El hombre levantó los ojos, asombrado de hallarla todavía ahí.
–¿Anoche? –inquirió con expresión extrañada.
Ella bajó los ojos y suspiró.
–Olvídalo.

Terminó de atarse los zapatos y se plantó ante el espejo para lidiar la corbata. Construyó el nudo inseguro, Remus siempre estaba ahí para ese tipo de cosas. El reflejo de la joven a su lado le hizo fruncir el ceño. ¿Qué hacía aún ahí?

–Hay unos cables, tal vez quieras verlos antes de que salgamos para…
–Regreso a Londres –le interrumpió.

Ella tuvo la decencia de no decir nada incoherente, solo abrió y cerró la boca varias veces. Sirius le dedicó una mirada despectiva desde el espejo. Nimphadora Tonks nunca podría ser una agente de campo.

–Le encargué el helicóptero a Dupon –arguyó débilmente.
Sirius se apartó del cristal, la maldita corbata no colaboraba, y se puso a recoger sus cosas por la habitación.
–Ve tú sola, lo dedujiste todo ¿no? Solo me llamaron para cumplir el pacto de colaboración –se metió bajo la cama y sacó el maletín.
–Si, pero…
Sirius se acercó a la mesita donde ella dejara la carpeta de cables y observó rápidamente los encabezamientos.
–Es tu operación. Abajo firmaré el documento donde certifico que me parece todo muy bien y que no te vas de picnic a Aquitania con el dinero de los contribuyentes.

Sirius se detuvo en una de las notas e ignoró el ofendido gruñido de la francesita. Arrugó el ceño. ¿A las 23:14? Una salvaje mezcla de alegría y miedo se adueñó de sus sentidos, aunque su rostro permaneció impasible. Pasó sobre dos o tres cables más antes de levantar la vista. Fingió asombro al ver a la mujer aún ante él.

–¿No enseñan autonomía en tu curso? Baja y tenme la papelería lista –hizo un gesto despectivo con la mano, como si espantara un sirviente.
Tonks le miró con ojos vidriosos y él sintió algo cercano a la vergüenza, pero se contuvo.
–¿Qué esperas? –demandó con voz helada.
–Es usted aún más insufrible de lo que dicen –le acusó ella. –Pero déjeme decirle que ya no es tan bueno en la cama, digo, si alguna vez lo fue.
Sirius a duras penas contuvo la carcajada, todo sentimiento de solidaridad hacia la joven desapareció. ¡Que persistencia!
–Tendré en cuenta el comentario. Ahora has algo útil con tu trasero y baja a decirle a Dupon que regreso a casa, anda –soltó la última palabra con deliberada dureza– niña.

Ella no resistió más, salió corriendo. El hombre supuso que no tomaría el elevador, sino que trataría de recuperar la compostura en las escaleras. ¡Perfecto! Sacó el celular y envió un corto mensaje.

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Harry se apartó de los brazos de su novio al sentir el persistente sonido del teléfono. Draco gruñó molesto al ver sus intenciones de romper la competencia de pequeñas caricias.

–Debo hacerlo –se disculpó el moreno. –Podría ser algo del bufete de papá.
Extrajo el pequeño aparato y descubrió con alegría que se trataba de un mensaje de texto de Sirius. Se acercó a la cama, feliz de poder interrumpir la charla entre Lucius y Remus.
–Es para ti –tendió el artefacto al hombre con una gran sonrisa, sin inmutarse ante la helada mirada de su ¿suegro?

Remus tomó el objeto con interés, tal vez su pareja le había escrito alguna tontería sentimental. No estaba seguro de si esto le alegraría o no, en general, Sirius no era bueno con las disculpas, menos por escrito. Sus ojos se deslizaron por la pantalla y su rostro tomó una tonalidad grisácea.

–Mierda.
–Eso pienso de los intentos literarios del pulgoso –apoyó Lucius.
Remus no se detuvo a reclamarle, apartó las mantas con celeridad.
–Harry, mi ropa.
–¿Qué? ¡Papá, la doctora viene en veinte minutos!
–Y no me quedaré a esperarle –repuso en lo que comenzaba a sacarse la bata del hospital por sobre su cabeza. –Trae mi ropa. ¡Ahora!

El chico fue al armario donde la enfermera había puesto la ropa la noche anterior, tras un alto imprescindible en la lavandería. Desde allí escuchó la voz de Lucius.

–¿Qué pasa?
–No tengo tiempo para explicaciones –la voz de su padre sonaba agitada–, ¿tus hombres están abajo?
–Sabes que no salgo sin guardia.
–Bien, necesito desaparecer junto a Harry por veinticuatro horas.

Las otras tres personas en la habitación contuvieron el aliento. Harry regresó con lo pedido casi corriendo, sus ojos oscuros por el miedo. Remus le acarició el pelo y respondió a su callada pregunta.

–No temas, tu papá va a descubrir a quien sea –pareció recordar algo y volteó hacia su amigo. –Deberías avisar a Severus.
Lucius buscó su propio teléfono y fue a componer un mensaje, pero se detuvo y miró dubitativo a Remus.
–¿Tienen algo previsto?
El otro sacudió la cabeza.
–Por supuesto, es que estas medicinas me tienen… escribe: "El hecho de que estés preocupado porque el pollo cruza la carretera revela tu inseguridad sexual" Sigmund Freud

Draco y Harry no pudieron contener la risa. ¿Eso era un mensaje de emergencia entre agentes? Hasta Lucius dejó sus labios curvarse en lo que tecleaba el aviso.

Los dos jóvenes recogieron los pocos objetos personales de Lupin en lo que el enfermo terminaba de vestirse. Tardaron unos diez minutos más en salir del ala de las habitaciones privadas y mezclarse con los muchos visitantes de esa mañana de domingo.

Ya a bordo del Rolls Roice de los Malfoy, Remus calló en una somnolencia pesada, debido al esfuerzo. Harry tomó su mano y la beso.

–Estaremos bien –le aseguró Draco.

Harry asintió, inseguro. Deseaba mucho ver a Sirius.

TBC…

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