¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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04 mayo, 2007

DE LEYES Y VENGANZAS 21

Nunca antes tuve novio

Dejad el ceño en casa, que ahora vienen
algunos versos más desvergonzados
XIVb, Catulo


Draco se soltó del agarre con dificultad, sacó un cigarrillo de una gaveta y lo encendió, aspiró el humo con avidez antes de decidirse a comenzar.

–Cuando tenía ocho años, mi madre me atrapó jugando con su maquillaje. Recuerdo que yo estaba de rodillas sobre el taburete frente al espejo y unos manchones rosados marcaban mis mejillas. Giré al sentir los pasos de ella y le sonreí con el creyón de labios en alto. Su mirada de desprecio fue... No hicieron falta palabras para que huyera a mi habitación a lavarme el rostro y rezar. Yo no entendía por qué no era correcto que usara sus pinturas, pero ya sabía que cuando me equivocaba debía rezar y pedir el perdón de Dios Nuestro Señor porque Narcisa se esforzaba por darme la mejor educación y…

Segunda calada, 0,5 cigarros consumidos.

–Tú no lo sabes, pero en un chico de círculo tan exclusivo como el mío se crece ignorante de muchas cosas. A Lucius solo le veía en cumpleaños, Navidad y Semana Santa y nunca demasiado cerca. La mayor parte del tiempo la pasaba en casa, rodeado de sirvientes y tutores, sin demasiado contacto con otros chicos de mi edad o con fuentes de información "indebidas". El personal de la casa apreciaba lo suficiente sus puestos para mantener las estrictas reglas de no TV, no radio, no libros de adultos y no comentarios sexuales en mi presencia. De modo que esa noche recé para que mi involuntario error fuera perdonado, sin saber el nombre del pecado. Supongo que por eso Dios no me escuchó.

Tercera calada, 1 cigarro consumido. Draco Malfoy continúa hablando en lo que enciende el siguiente.

–Cosa de dos meses después ya no podía contenerme: me las arreglé para robar un lápiz labial viejo de la basura, y jugué a que era una princesa. Me parecía lógico porque era rubio, delgado, de ojos plateados y vivía solo en un gran castillo. Era evidente que un hechizo pesaba sobre mi y que en realidad Narcisa era una bruja que se vengaba de mi padre, el buen Rey Lucius, por no dejarle tener un dragón. Decidí que era imperativo apurar al príncipe que venía al rescate, por lo que escribí una carta en la que relataba mi desdichada vida y la promesa de mi padre de entregar mi mano y la mitad del reino (esperaba que no fuera solo un tercio o tendría problemas) al apuesto caballero que se enfrentara a la bruja y deshiciera el hechizo con un beso de amor. La carta concluía con la marca de mis labios impresa en rojo sangre y el nombre de Aurora, como la Bella Durmiente.

Caladas cuatro, cinco y seis, 1,8 cigarros consumidos.

-No salió bien: La carta llegó al buzón, pero yo pensé que a los príncipes encantados no les hacía falta estampillas y el cartero que las cartas sin franqueo debían ser devueltas. Narcisa decidió recurrir a su asesor espiritual quien la remitió a la amable Carlotta Pinkstone, una ex–monja salesiana que curaba niños descarriados con trabajos acordes a su "rol natural". La buena señora me internó en su bella clínica de los campos de York, ordenó un electroshock con advertencias gráficas y yo comprendí que debía curarme. Buen método, ¿verdad?

Calada siete, 2 cigarros consumidos. Draco aguanta el humo en su pecho y no expulsa hasta encender el tercero. Continúa.

–Oye Harry, a esa edad, uno no sabe muy bien qué es la muerte, pero yo estuve seguro de que podía morir antes de los diez años si no hacía lo que los adultos deseaban, fuera lo que fuera. No lo dudé, tenía que sobrevivir. Dios había desconectado la línea para las princesas en apuros, así que estaba por mi cuenta. Ya sabía ocultar mis sentimientos, eso es algo que se aprende sin esfuerzo entre los Malfoy y los Black, ahora debía aprender a mentir y manipular a personas que sabían mejor que yo qué buscaban. Por supuesto, todo eso te lo puedo decir con palabras ahora, hace nueve años solo supe que tenía que mentirles muy bien para poder regresar a casa. ¿Y adivina qué? ¡Dios se acordó de mí! Hizo que mi padre regresara antes de tiempo Londres para organizar el compromiso con Mandy Brocklehurst, una vizcondesa de Bélgica pariente de los Ravenclaw. Ella tenía cuatro años de edad y cuarenta millones libres de impuestos.

Calada ocho, 2,3 cigarros consumidos. Draco nota que a Harry se le dificulta la respiración y activa el potente extractor de aire del auto.

–Regresé a casa, podía sentir los ojos de Narcisa en mi espalda, evaluando cada movimiento de cabeza, cada parpadeo, cada objeto que tocaba. Comprendí que no estaba –nunca había estado– en ese sitio que ciertas personas llaman casa, nunca tendría más hogar que esa cárcel de inmensos jardines donde, a veces, podía perderme. Las pesadillas comenzaron y también las pastillas: ritalin, valium, y otras muchas. A los seis meses Narcisa se cansó de los métodos químicos y optó por las acciones: mandó insonorizar las paredes de mi cuarto. Para cuando cumplí los once años, dormía unas dos o tres horas cada noche, solo con la ayuda de somníferos y era un adicto a la música para ballet.

Calada nueve, 2,6 cigarros consumidos. Draco sonríe por primera vez.

–Entonces entré a Howgarts. Fue... no hay palabras para describir lo que sentí al ver a tantos niños, tanto espacio, tanta gente ocupada en otros asuntos. Alguien había abierto las compuertas de mis sentimientos, de mi espíritu competitivo, de mis pasiones y cuando regresé a casa la tarde del primero de septiembre, decidí que nadie me sacaría de esa escuela, costara lo que costara.

Calada diez, 3 cigarros consumidos. Draco se pone serio de nuevo y da fuego el cuarto.

–Soy un Malfoy, así que enseguida me incorporé al Club de Esgrima, el espacio ideal para sudar –literalmente– todos mis calmantes. Me asombró descubrir que, si me cansaba mucho en los entrenamientos, podía dormir hasta cuatros horas en la noche, ¡sin interrupciones! Martín Flint era el capitán en esa época, él y Madame Hoch hicieron del Club mi primer hogar. Marcos y yo nos hicimos amigos por entonces y supe lo que era ser niño. Esa familia era tan distinta, no eran menos ricos o de menor abolengo, pero Martín y Marcia se habían casado por amor, eran católicos fervientes y honestos, gente "sentimental y débil" según mi madre, pero feliz. Las pesadillas se fueron, la gente me quería, podía pasear con mi prometida y posar para las revistas de sociedad sin usar maquillaje. Creí que estaba curado y fui feliz Harry, muy feliz, hasta que llegué a tercero y el mundo se derrumbó.

Calada once, 3,2 cigarros consumidos.

–Ese curso, me invitaron a unas competiciones de nivel nacional y obtuve excelentes resultados. Yo era el más joven del equipo, pero Martín decidió que merecía ir también a la fiesta en su apartamento. Me gustaba ese apartamento, Martín tenía una gran colección de filmes en animados para cuando sus padres y hermanitos iban a visitarle, así que yo me fui al cuarto a ver –por enésima vez– la Bella Durmiente. Allí me encontró Evan Rosier, el proveedor de hierba de Martín.

Calada doce, 3,5 cigarros consumidos. Draco pone cara de tristeza.

–Ahora se que Evan supo quién era desde el primer vistazo, pero en ese momento me asombró que adivinara mis gustos. Cuando Martín propuso llamar a una chica para "inaugurarme", él lo desalentó con tacto y se ganó mi admiración. Me dejó su tarjeta. Yo estaba inseguro, pero era consciente de que algo en mi interior se resquebrajaba al oír hablar de chicas y mi compromiso con Mandy Brocklehurst era una excusa agónica. Casi todos mis condiscípulos tenían un compromiso oficial y una persona que amaban, era –es– lo habitual en nuestro medio. Antes de acercarme a Evan quise probar suerte con Martín, pero él...

Calada trece, 3,8 cigarros consumidos.

–Se que los Flint me habrían apoyado, ahora me apoyan, y se culpan un poquito por todo lo que ocurrió, pero no es culpa de ellos. Yo tenía demasiado miedo. Martín se limitó a advertir que Evan era un tipo peligroso, porque era marica y, bueno, que esa gente no era como nosotros. Fue como lanzarme a sus brazos ¿no? Llegué a la casa una tarde de noviembre, con la coartada de que Marcos se quedaba conmigo y yo con él. Allí fumé mi primer pito de marihuana, leí sobre Set y Horus, Niankhkhnum y Khnumhotep, Adriano y Antinoo, de Pan Xhang y Wang Zhongxian, leí El Banquete de Platón y al Marqués de Sade. Si, muchas lecturas, pero ni una palabra acerca de salir del armario, eso era peligroso, me explicó. Había muchos "hermanos" en nuestro medio, gente poderosa, que demostraba la ventaja de tener una fachada y vivir, a puertas cerradas, de otra manera. Luego me prestó De profundis, de Oscar Wilde, y la idea de romper con Mandy y gritar a los cuatro vientos la verdad quedó sepultada.

Calada catorce, 4 cigarros consumidos.

–Una noche, como tres semanas después, Evan, propuso llamar a una chica para que me "entrenara". Siguió un desastre que me sumió en la depresión. Imagínate, tenía 13 años y estaba seguro de que me matarían si la noche de bodas no era capaz de cumplir con mi papel. El muy hipócrita me abrazó y consoló, dijo palabras de aliento y aseguró que, con un poquito de polvo, yo sería un semental de marca. Le creí, no había nadie más a quién creer.

Calada quince, 4,3 cigarros consumidos.

–Funcionó, pero me llenó de asco. Apenas terminé de eyacular salí corriendo a devolver la cena y ducharme. Al salir, la chica se había evaporado, solo estaba Evan en la recámara, con su batín color oro, abrazado a una almohada.

Draco se detiene, su mano temblorosa es casi incapaz de llevar el cigarrillo hasta sus labios. Caladas dieciséis, diecisiete y dieciocho. Antes de que el rubio saque su sexto cigarro, Harry atrapa sus manos y el otro tiene que levantar sus ojos arrasados de lágrimas. El moreno levanta los brazos y atrapa su torso, obligándole a acercarse. Lo mantiene abrazado. Quiere decirle que no quiere saber más, que no le interesa quién fue mientras Evan e Igor reinaban en su vida, pero Draco saca fuerzas de esa muestra de apoyo para seguir adelante.

–Lo filmó. ¡El muy cerdo filmó mi primera vez! Creí que me quería, que aprendería a amarlo, pero yo no era más que un objeto. Uno de los tantos chiquillos que entrenaba y obligaba a prostituirse. Luego conocí a Blaise, un huérfano que había comprado en Francia y a Panzy, una chica de mi círculo a la que había enganchado con la droga, como a mí. Me convertí en una estrella ¿sabes? el Bello Zeanmi. Llegaron a pagar dos mil euros por mi trasero, y el alquiler de mis videos porno no bajaba de veinte la hora. Sus contactos "convencieron" a Narcisa de que me dejara ir a vivir a un apartamento en el centro de Londres. El sitio estaba tapizado de cámaras ocultas que alimentaban el morbo de los más encumbrados sodomitas de Europa Occidental. Llevé allí a mis conquistas de la escuela, en un vano intento por fingirme "normal", pero ninguna chica lograba excitarme más de una noche. Siempre acababa con Evan o alguno de sus "amigos" en mi interior, tratando de drenar el dolor con cocaína e intensísimos entrenamientos.

El rubio vuelve a callarse. Parece tratar de ordenar sus recuerdos. Harry acaricia sus suaves mechones y la frente sudorosa.

–Ya está bien Draco, no quiero saber...

–¡Pero yo quiero que lo sepas! Aunque, en realidad, no hay mucho más que saber. Mis amigos se dieron cuenta de que algo no marchaba y trataron de darme quehacer en el equipo, para alejarme de Evan. Fue así como llegué a capitán. ¡Dios! Éramos un equipo de sueño, yo solo tuve que pulir y ajustar y llegamos a las finales nacionales. Entonces hubo un examen antidopaje sorpresivo. Sabía que era mi final, pero no me dejé ganar por el pánico: arreglé las listas para que, aunque le quitaran al equipo los puntos por mi participación, el título se quedara en el Salón de Trofeos de Howgarts y me batí... Dioses, esa tarde el florete era parte de mi. El escándalo estalló tres días después y Narcisa no pudo, o no quiso, ocultarlo de Lucius. A Evan lo desaparecieron del mapa, pero se negaron a admitir que yo era un adicto. Fueron meses infernales, en los que caí cada vez más bajo: sacaba fuerzas de los colocones para enfrentar a mi familia; me vendía en la calle para obtener polvo y trataba de redimirme escondiendo a Blaise de los agentes de inmigración. Los muebles, los cuadros, la porcelana y el cristal, todo se vendió. En mi cumpleaños dieciséis, recogí lo poco que quedaba y huimos a la Bretaña francesa. Luego hicimos autostop hasta París, ahí me encontró Lucius.

Draco se enjuga una lágrima rebelde y se aparta de Harry. Le mira a los ojos con temor.

–Ese soy yo, nada que ver con tu vida, ni con tus valores. No quiero...
–¿Te gusto?
El rubio parpadea sin comprender la pregunta formulada en tono impetuoso.
–¿Qué?
–¿Yo te gusto Draco, así como soy, ignorante, amargado, explosivo?
–Pues si, claro. ¿Qué clase de pregunta es esa?
–Entonces ¿qué clase de pregunta es la tuya? Llevo tres semanas luchando contra la atracción que siento por ti, pretendiendo que solo eras un fantasma, uno de tantos con los que choco en Soho. Luego llegas a salvarme como un príncipe de cuento de hadas para decirme que, en realidad, no eres un príncipe, sino un demonio. ¿Acaso crees que me importa?
–Debería importarte con quién sales –repone el rubio.
Harry hace un gesto de exasperada impaciencia.
–Me importa quién eres ahora. Importa que me ayudaras en el proyecto de química y que entraras a salvarme de Dudley. ¿Entiendes?

Draco se queda callado, escruta con detenimiento la expresión decidida, un poco fiera de Harry. Por pura inercia, sus manos van hacia el cajón de los cigarrillos, pero es detenido por el moreno.

–Me gustarías más si dejaras de envenenarme.

El rubio se queda sin saber qué decir. Escruta de nuevo esos ojos verdes que se le antojan infinitos, deseables.

–Estoy… tenso –arguye débilmente.
–Conozco otros recursos para aliviar la tensión. Ven.

Obliga a Malfoy a darle la espalda y comienza a masajear sus hombros por encima de la camisa. El rubio gime ante los primeros contactos con sus tirantes músculos, pero poco a poco se relaja y deja escapar suspiros de satisfacción más y más subidos de tono.

–Tu chofer va a pensar que tienes el polvo de tu vida –le regaña divertido Potter.
–Mi chofer debe estar feliz de que al fin ligara algo más que entradas para ballet y una rubia con moretones –repone Draco con voz soñolienta. –Estos masajitos, ¿solo los das en la espalda?
–La primera vez. Sino, podrías pensar que soy un chico fácil.
Draco sonríe.
–Créeme, se reconocer un chico fácil a kilómetros de distancia. Tú no lo eres.
–¿Entonces puedo ser tu novio? –inquiere Harry en tono casual.

A pesar del efecto de las fricciones sobre la espalda, Harry puede sentir bajo sus yemas como parte de la tensión regresa. Draco parece meditar la respuesta por unos segundos.

–Si nos hacemos novios, ¿me das masaje en los pies?
El moreno no responde, se inclina a sellar la respuesta con un beso.

TBC…

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