¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

Todos los personajes reconocidos públicamente son propiedad de sus respectivos autores. Los personajes originales e historias son propiedad la autora. No se genera ningún beneficio económico por este trabajo, ni piensa por un instante en los derechos de autor.

03 mayo, 2007

DE LEYES Y VENGANZAS 17

La ocupada noche de Lucius Malfoy

"Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón"
J. L. Borges


Draco entró a la casa y se dirigió automáticamente al salón azul. Su expresión absorta congeló el saludo del mayordomo. Manos erráticas dejaron caer el abrigo a medio centímetro del perchero. Pasos ciegos chocaron con un par de escalones antes de conducirlo a la habitación que conjuraba sus miedos.

Se dejó caer en un butacón reclinable y echó la cabeza hacía atrás.

¡Maldito Potter!

Lo poco que comiera en el Pettit Eiffel pesaba como piedras en su estómago y la jaqueca se apoderaba de nuevas zonas de su cráneo por segundos… En buena lid no podía culparlo por todo. Esa mañana, la idea de coquetear con el hijo de Sirius era divertida. ¿Coquetear? El ya no coqueteaba con hombres. Esa mañana, la idea de ser amigable con el hijo de Sirius era divertida.

Sonrió a la nada.

Para ser amigable había invertido treinta minutos en elegir su ropa, demasiado tiempo cuando las opciones eran camisas negras y sweaters negros ¿no? Y el dolor… la decepción que le mordió hondo cuando el Chico de Oro de Howgarts admitió que solo le interesaba por el pasado de Sirius.

¡Maldito Potter!

El ruido de la puerta y el tintineo de metales cada vez más cercanos obligaron a Draco a enfocarse en la realidad. Se incorporó algo y abrió los ojos: a su derecha, el mayordomo acomodaba la bandeja del te en una mesa de roble blanco estilo rococó.

–Jaime –saludó con voz suave.
–Buenas tardes, joven Draco.

El hombre, de unos cincuenta años y pelo color caoba surcado de hilos blancos, giró hacia él con una taza entre sus manos. La ofreció con una leve reverencia.

–Manzanilla, limón y una cucharadita de azúcar, lo mejor para las digestiones lentas.
Draco tomó un sorbo y sonrió cuando el sabor de la infusión llenó sus sentidos.
–Gracias.
Dio un segundo trago, más largo, y sus ojos se aclararon. Movió el rostro hacia la ventana, desde donde se veía el lado este del jardín, cuajado de flores tempraneras.
–¿Y mi padre?
–El señor Conde está en la biblioteca, reunido con el señor McNair y Lady Lestrange.
El rostro del joven se endureció de inmediato. ¿Es que no se librarían nunca de ellos? La jaqueca regresó y tuvo que cerrar los ojos.
–Creo que voy a bajar las cortinas –comentó Jaime.
Draco movió la cabeza en un casi invisible asentimiento y no alzó los párpados hasta que el parque quedó oculto por la pesada pantalla de terciopelo azul. Terminó de beber. Se reclinó de nuevo.

–¿Desea otra cosa el señor?
–No ver a los visitantes de mi padre –contestó con voz lánguida. Llámame cuando se sirva la cena, si ellos se marcharon.
–Como desee el señor.

Los pasos eran inaudibles en la mullida alfombra, pero el clic de la puerta fue nítido y corto. Entonces abrió sus ojos a la acogedora oscuridad y trató de ordenar las ideas:

1. Potter era simpático y gay.
2. Salvador era un tipo muy peligroso
3. El no le gustaba a Potter, solo le interesaba como fuente histórica
4. Los Black y los Malfoy no se llevaban
5. Los Malfoy no son gays
6. Su vida estaba llena con Panzy, Blaise, el entrenamiento y su padre.

Por tanto, lo correcto era olvidar ¿no? Olvidar que había estado celoso de Weasley los breves instantes que les creyó pareja, olvidar sus coincidencias en reacciones y gustos, olvidar su espontaneidad, sus ojos verdes, ingenuos y brillantes, sus labios rojos y carnosos. Concentrarse en la esgrima, Panzy y Blaise. Siempre podría evitarlo, la escuela era bastante grande.

Potter no tenía nada especial. Era un asunto terminado porque a Draco Malfoy NO le gustaba el famoso Harry Potter.

De hecho, no le gustaba nadie.

Sonrió a la nada, satisfecho de sí mismo.

Jaime llegó cuarenta y cinco minutos después y se lo encontró mirando por la ventana, el rostro despejado, casi alegre.

–¿Ya se fueron?
–Si señor, su padre lo espera en el comedor pequeño.
–Muy bien.

Mientras se dirigía al encuentro de su padre, Draco no dejó de mirar el jardín desde las ventanas de la galería. La difusa luz del crepúsculo deformaba los macizos de flores y los árboles. La misma tierra, negra y mullida, parecía un ser extraño, tendido a la espera de la caricia de un gigante. Draco no pudo evitar imaginarse a un gigante de ojos verdes inclinado sobre el pétreo animal.

Lucius lo esperaba de pie, mientras fingía mirar el ala sur del parque. En realidad, toda esa belleza le era indiferente, a Lucius Tiberius Dante Malfoy solo le gustaban los gatos de angora y las novelas de capa y espada, dos pasiones cuidadosamente ocultas en el fondo de su alma. Empezaba a estar harto del vacuo vagar de sus ojos por los oscuros parterres, cuando escuchó la puerta, luego le alcanzó el suave perfume de su hijo. Suspiró con alivio y volteó hacia el interior de la estancia.

–Buenas tardes, Draco –saludó con voz fría y se dirigió a la mesa.
–Padre –saludó brevemente el joven.
Jaime hizo una seña y Dobby presentó la crema.
–He tenido un día largo y aún debo presentarme en el club.
–¿Debo culpar a los japoneses?
Lucius asintió.
–Sin dudas son una raza cruel. Espero que vender esas horribles historietas para adultos resulte.
Draco separó sus manos de la mesa. Mientras Dobby retiraba la taza de crema y servía el pescado, sus ojos volvieron al exterior. Una lluvia menuda empapaba la tierra. ¿El gigante leía a John Donne?
–Tal vez no debes ir a club –señaló vagamente los ventanales empañados–, podrías sufrir un resfrío en ese viejo edificio y el viernes debes viajar a Moscú.
–Oh si. Las novelas rusas siempre causan problemas.
Lucius pareció meditar la propuesta de su hijo en lo que el sirviente le presentaba la carne con zanahorias.
–Es imperativo. Lord Bracknell espera mi opinión sobre la Fiesta del Dragón. Esas decisiones son impostergables.
–Faltan siglos para la fiesta –protestó Draco con aburrimiento.
–Solo tres meses –rectificó Lucius–, y aún no se ha decidido el tema. ¡Lord Bracknell tiene los nervios destrozados! Todo porque parece que este año vendrá el Viudo Alegre.
El joven alzó las cejas con incredulidad. Lucius asintió, alegre de haber captado su atención.
–Hay señales bastante elocuentes –tomó su copa y saboreó el vino blanco. –¿Irás?
Draco tuvo la delicadeza de mostrarse confundido. –¿A la fiesta dices?

Evitó los grises ojos de su padre con un estudio detallado de la inclinación que el viento provocaba en los frutales del jardín, dejó la investigación cuarenta segundos después, por la insalvable dificultad de la ausencia de luz. Volvió a mirar Lucius y negó suavemente.

–No tengo con quién ir.
–Por favor, de aquí a Julio podrías convencer a… ¿Cómo se llama la rubia de las teorías de la conspiración?
–Luna, Luna Lovenwood.
–Precisamente.
–Pasará el verano en Bélgica. Harán vigilas para el avistamiento de OVNIS y discutirán sobre el impacto del petróleo en la cultura culinaria del lejano oriente.
Lucius tuvo la delicadeza de sonreír –Suena interesante.

Draco sintió con desgana y trató de descubrir el sabor de sus vegetales. Lucius hizo una seña a Dobby para que repitiera su ración de carne. El sonido de plata contra porcelana de Cebres predominó.

–Estás desganado, hijo. ¿Comiste mucho con el chico Potter?
Draco se tensó interiormente ante la pregunta. No levantó los ojos al hablar.
–No mucho, en realidad. El Pettit Eiffel no es un restaurante de mi agrado.
El sonido de plata contra porcelana de Cebres fue violento esta vez. Draco sintió el cambio en la voz de su padre como un golpe en pleno pecho.
–¿Antuan sigue allí?
–Si. Se alegró de verme.
–No lo dudo.

Hubo un largo silencio entre ambos. Draco deseaba correr hasta su habitación y poner la música bien alta. O mejor, tomar su deportivo y llevarse todas las rojas de Londres hasta el piso de Blaise y dormirse abrazado a él, pero reprimió hasta el ligero temblor de sus dedos.

La voz de su padre le llegó ahora preocupada y, por lo mismo, extraña.
–¿Todo fue bien?
–Pues…
Aún dudó un poco, pero decidió mantener su parte del trato que firmaran al regresar a la mansión en enero. Logró enfrentar los ojos de su padre.
–Sé que me desmayé y mencioné a Evan. Cuando recuperé el sentido Potter estaba raro.
–¿Raro cómo?
–Envarado, no me miraba a los ojos, dijo creer que Evan era inspector de alimentos –sonrió ante el absurdo.
–Eso lo aprendió de Lupin –comentó el hombre.
–¿Perdón?
–Eso de mentir para evitarle humillaciones a la gente –aclaró Lucius–, es un recurso típico de Remus Lupin. Cuando no está en la corte, ¡por supuesto!
–Sabes demasiado de Lupin –comentó Draco.
–Lupin no siempre fue novio de Sirius –repuso con frialdad y regresó a lo que le importaba. –¿Por qué aceptaste entrar ahí?
Draco jugó a mirar a través de su copa.
–No recordaba…
Los dedos del Conde tamborilearon sobre el fino mantel.
–Hemos hablado de eso. Te ahorrarías estas situaciones si…
–No quiero –le interrumpió el joven con voz reposada–, no quiero recordar –suspiró y dejó la copa a un lado, volvió a mirar a su padre, ya sin miedo. Se que mi mente es un pantano, que me meto en líos como los de esta tarde, pero Severus cree que poco a poco recuperaré todo y que es mejor no forzar el proceso. Duele bastante ahora ¿entiendes? Si los recuerdos se agolparan yo –volvió a dudar, deseaba encontrar las palabras correctas. Si los recuerdos se agolparan, se que no podría seguir adelante.
Lucius le miró con algo parecido a la sorpresa y cubrió la mano con la suya.
–Como tú quieras, Draco.

El muchacho se sonrojó ante tal muestra de afecto y su padre cambió la vista para no avergonzarle aún más. Sus ojos cayeron en la esfera plana de su reloj.

–Lord Bracknell me espera.
El joven tragó en seco y recompuso su expresión.
–Por supuesto, si vas a ir, que no te esperen demasiado o provocarás la ira de Tía Augusta.

Lucius se levantó y caminó hacia la salida, solo entonces reparó Draco en que los sirvientes se habían retirado en algún punto de su charla. Cuando ya tocaba el tirador de la puerta, el padre giró con expresión divertida.

–Draco, ¿qué sale de cruzar una serpiente con un león?
El aludido parpadeó, desorientado.
–¿Un dragón, una esfinge, una quimera?
Su padre se encogió de hombros.
–En realidad yo tampoco lo sé, pero estoy seguro de que Lord Bracknell estará encantado con la idea de usar un animal mitológico para la fiesta. Otra cosa, deberías encargar ya tu disfraz.
–Pero ya te dije que no…
–Se lo que me dijiste, muchachito, pero es obvio que tu no me oíste a mi. Buenas noches.

Draco subió a su habitación murmurando incoherencias sobre leones, cuevas, París y la comercialización de la fe. Apenas cerrada la puerta de su recámara, activó el control remoto del equipo de sonido y los suaves acordes de El lago de los cisnes le envolvieron.

–¡Leones y serpientes! –bufó por enésima vez antes de meterse en la cama.

Durmió inquieto.

TBC…

No hay comentarios.: