¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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30 abril, 2007

SECRETOS DE FAMILIA 9

El consejo de un viejo amigo

"Sopla el viento helado del norte.
Me mira y sus ojos son fríos.
Mira y sonríe, y luego se va.
Mis penas envejecen."
Harén del Palacio Wei, Dinastía Chou (1046 – 771 a. C.)


La pesada puerta de piedra se cerró a sus espaldas y Harry pensó que en ese instante era muy vulnerable. Estaba sin varita, en un cubículo de piedra de unos cinco metros cúbicos, junto a un auror desconocido y en el fondo de uno de los edificios más seguros del mundo mágico. Sin embargo, desechó esos pensamientos con un gesto que agitó su larga y oscura cabellera.

La pared frente a él empezó a moverse y no pudo evitar recordar que Hermione, Tonks y él habían discutido ese proyecto muchas veces. Nunca pensó que, tras diez años, sería el único de los tres capaz de entrar por su propio pie. Al cabo de interminables segundos la galería que daba a las celdas del pabellón de endemoniados de San Mungo estuvo libre y Harry se dirigió sin dudar a la número 5.

Antes de autorizar su entrada, el medimago de guardia chequeó sus signos vitales y el auror que le acompañaba fingió leer su permiso. Luego entró en funcionamiento el segundo sistema de puertas dobles y él se encontró solo.

–Vaya, vaya, vaya –chilló una voz aguda y burlona. –Cuanto tiempo sin visitarnos querido Potty.

Harry levantó los ojos hacia la esquina, donde la criatura se balanceaba colgada del techo. El sabor de la bilis ganó sus labios al reconocer la larga cabellera roja toda enmarañada y sucia, pero se obligó a sonreír.

–¿Serás un mal conversador?
La criatura se apartó de la esquina, dio unos pasos en su dirección caminando por el techo. Sus ojos comenzaban a ser visibles.
–Mis amigos siempre opinaron que mis chistes de exorcismos fallidos eran excelentes.
–Los cuentos sobre exorcismos pasaron de moda hace tres siglos.
La voz se tiñó de falsa amargura. –Nada permanece.

Harry asintió en silencio y cruzó los brazos sobre el pecho. Esperó a que la curiosidad se impusiera. Aunque Yezabel no reinició el diálogo, se acercó dando pequeños rodeos y pudieron estudiarse con calma.

El hombre buscó sus ojos con deseo bien disimulado. Si, allí estaba el contrapunto de amarillo y azul. En otras circunstancias, casi diría que eran unos ojos bellos, con pupilas amarillo claro e irises azul oscuro. Habían pasado ocho años, pero el azul todavía ocupaba más del cincuenta por ciento de su área original. No estaba seguro de que eso fuera bueno o malo. ¿Importaba? Su vida estaba jalonada de víctimas.
Yezabel contempló con codicia la túnica negra con bordados de plata, los botones de coral rojo, como el forro del cuello y los puños. Sabía que Potter no se había vestido con su color preferido por gusto... la boca se le humedeció con anticipación.

–¿Es de estreno? –preguntó señalando con dedo trémulo la pieza.
El hombre fingió desinterés.
–¿Esto? No, es un trapo viejo que saqué del baúl de Draco. Creo que alguna vez follamos sobre ella –ignoró con cuidado el jadeo lascivo del anfitrión y arrugó la frente, como si recordara. –No... un par de veces. ¿Te gusta?

Yezabel abrió la boca, sacó la lengua y la dejó así por larguísimos minutos, hasta que un fino hilo de saliva empezó a escurrir y alcanzó el suelo. Potter mantuvo los ojos fijos en la cara deformada por la exagerada mueca sin pestañear.

–Es bonita –dijo el ser, antes de darse vuelta y caminar a su rincón con el trasero bien parado.
Harry consultó su reloj para ahorrarse el espectáculo de esas nalgas cubiertas de cicatrices. Comenzó a contar los segundos: uno, dos, tres, cuatro, cinco... seis...
–Tal vez me interese ese trapo –admitió Yezabel.
–Perfecto –convino Potter.
Sonrieron sin pizca de dulzura.
–¿Quieres hablar con tu amigo?
–Y no tengo mucho tiempo ya, así que...

El hombre señaló con el dedo una estrella de cinco puntas dibujada en el centro de la estancia. Cada punta estaba llena de runas, mientras el área central, definida por un círculo de pintura dorada había sido especialmente pulido, de modo que contrastaba con el resto de las paredes, de piedra opaca.

Yezabel se encogió de hombros. Para cualquier lego, era un sacrificio pequeño dejar hablar su hospedero a cambio de esa túnica, pero Harry sabía que, tras ocho años de posesión continua, al demonio le costaba separarse de ese cuerpo. Podría haber pedido más –él se lo habría dado sin pestañear–, pero su orgullo le impedía admitirlo.

El cuerpo cayó en el centro del círculo y una niebla pardusca se condensó a pocos centímetros del techo. Harry deseó saltar y abrazarle, pero sabía que entonces quedaría expuesto a Yezabel y... todo el esfuerzo habría sido inútil. Hubo un gemido y el hombre movió despacio sus brazos, luego levantó la cabeza. El rostro amable y cansado de Ronald Weasley fue visible a través de sus enmarañados cabellos rojos.

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Draco terminó de firmar los documentos y los pasó a su secretaria. La mujer los acomodó en el file correspondiente y permaneció a la espera de instrucciones. El rubio empezó a hablar sin siquiera mirarla, con sus ojos concentrados en el paisaje campestre que alegraba el ventanal.

-Quiero una reunión con los jefes de todas las filiales y subsidiarias dentro de diez días. Que envíen por adelantado cortes del balance de su gestión hasta agosto y las perspectivas de crecimiento para los próximos 18 meses. Esos informes deben ser remitidos en una semana a los supervisores de nuestra casa matriz en Londres, para que ellos rindan informe de sus áreas en la reunión que te indico.

Se hizo una pequeña pausa. Catherine aprovechó para salvar la información de su block digital y serenarse. Aún tuvo tiempo de espiarle antes de que volviera a hablar y comprobó que el jefe lucía más joven y a la vez más preocupado que nunca. Que convocara a todos los actores de su vasto imperio y dudara al impartir órdenes eran elementos más que elocuentes, razonó, pero la siguiente instrucción acabó por descolocarla.

-Manda reservar una suite en algún hotel discreto de Londres. Que tenga una oficina apta para reuniones de hasta cuatro personas, tantas líneas de teléfono como estimes y una buena despensa de comida sana. Debe estar cerca de Malfoy Corporation.

Draco se levantó y dirigió sus pasos al ventanal. En el complicado código que crearan a lo largo de diez años eso significaba "Es todo, pregunta tus dudas o ve a trabajar".

Catherine hizo girar su silla, ahora podía ver la espalda del jefe y sus finas manos enlazadas por detrás, a la altura de la cintura. Antes de hablar, la joven no pudo evitarse un nuevo bufido interno por el hecho de que un hombre con tanto dinero y belleza fuera gay. Por un instante pensó que su pregunta era ridícula, pero luego recordó que ya era bastante raro que el jefe anunciara un viaje a Londres para inicios de septiembre.

-¿Habitación matrimonial?

Esperó. El único tema que el señor Malfoy no toleraba era mencionar su orientación sexual, solo Catherine podía mencionarlo de manera oblicua.

Era su trabajo preguntar porque, a pesar de las leyes, algunos locales se amparaban en complicadas objeciones de conciencia para no recibir a las parejas del mismo sexo.
No que ella lo considerara a los homosexuales sub-gente –solo era frustrante en el caso de Malfoy y su esposo-, pero la habían contratado para mediar ¿cierto? Y para mucha gente el matrimonio Potter-Malfoy y sus tres hijos eran de lo más atípico –a ella solo le parecía raro el hijo mayor, pero se callaba muy bien ese detalle.

-Pide una cama grande, si. Por si te ligas a alguno de mis gerentes.

Catherine apartó los ojos de su block y levantó el dedo, como si fuera a aclarar que ella no era de esas. Luego decidió que era mejor cerrar los labios en lo que la idea penetraba en su interior. Volvió a abrir la boca, pero vio que el jefe giraba para taladrarla con sus bellos ojos grises y no emitió sonido alguno.

-Están limpiando nuestra casa de Londres –explicó él en lo que regresaba a su mesa. –No es la más querida de mis posesiones, pero Harry y yo la ocuparemos este invierno. Esa dirección es reservada, por supuesto. Oficialmente estaremos solo tu y yo en la suite que te ordené reservar. Así que pide dos habitaciones sencillas y sala de reuniones. ¿Algo más?

Eso era un claro "Lárgate" y Catherine, que en diez años había visto más de una explosión de furia de su jefe, asintió de prisa y se levantó.
-Por cierto –la voz la detuvo casi en la puerta de la oficina. –Llama a Blaise, recuérdale que su proyecto para la alcaldía de Lyon tiene tres semanas de retrazo.

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Ron se irguió despacio, mientras se acomodaba el cabello para que cubriera la mayor parte de su maltratado cuerpo. Adoraba las visitas de Harry, pero le avergonzaba profundamente su desnudez.

-Me alegra verte, compañero.
El moreno asintió y se balanceó hacia delante y atrás, inseguro. A pesar de llevar tiempo sin demasiado contacto humano, Ron era capaz de reconocer este lenguaje extraverbal.
-¿Cómo están Mione y los niños?
-Bien, bien. Ella trabaja ahora en la legislación para adopción de medidas contra la contaminación mágica ambiental. Los conjuros mal hechos o no anulados se acumulan, ¿puedes creerlo?
Ron movió de un lado a otro la cabeza, sus ojos adquirieron un tinte de orgullo que suavizó sus afilados rasgos.
-Solo ella podría haberlo notado.
-Arthur promete como bateador, ¿sabes? Este año debe entrar al equipo. William, por otra parte…
-¿Hay algo mal con él?
-Depende de cómo te lo tomes –evadió Harry.
-¡Dime lo que sea!
-El… sacó las mejores calificaciones de su curso en Pociones.
Ron frunció el ceño y soltó un suspiro.
-Severus debe estar furioso…
-¡Al contrario! Dice que Joshua le ayudó con tutoriales, así que el mérito queda entre serpientes.
-¡Ese no cambia! Hablando de serpientes, ¿cómo están las tuyas?

Harry dejó caer su máscara de divertido cotilleo. Ahí estaba el tema. No servía de nada que fingiera estar en una visita social. El pelirrojo sabía que no se sometería a la tortura de negociar con Yezabel si no hubiera problemas, verdaderos problemas.

-Malfoy Corporation tiene demandas por prácticas monopolistas en siete países.
Ron asintió.
-Siempre supe que el hurón tenía madera para exprimir a los otros.
-Oye… -advirtió Harry a su amigo, el pelirrojo sonrió.
-De acuerdo, tiene talento para los negocios. Eso no te parece ofensivo, ¿verdad?
-No, en especial porque fui víctima de su… innata habilidad hace unas semanas.
Ron alzó las cejas, la soledad te obliga a detenerte en los detalles.
-Ya… ¿Cuándo la explosión en la vecindad de los cerebros?
El moreno asintió. No iba a preguntar sobre las fuentes de información de su amigo justo delante de cierta nube marrón que no perdía una palabra.
-Su innata habilidad –continuó- acabó restaurando cierto antiguo dibujo que creímos perdido para siempre.
-Entonces ha empezado –sentenció Ron.

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Blaise separó las manos de la mesa de dibujo y escuchó con atención el mensaje que Catherine dejaba en su contestadora. Nada significativo en apariencia, pero las palabras cifraban un código personal y que, alguna vez creyó, no volvería a escuchar.

Se levantó despacio y cojeó hasta la puerta de su estudio, pasó cerrojo a la puerta. Luego caminó hacia un estante de estilo rococó barnizado en rojo y oro que ocupaba la pared norte de la estancia.

-Colmillo blanco –susurró.

El mueble se movió a un lado, dejando paso a una escalera de piedra que parecía perderse en las entrañas del planeta. Pura ilusión, por cierto. En realidad la galería era recta y se adentraba en la colina donde se apoyaba la casa. Era un hechizo simple pero eficiente para atrapar a intrusos que robaran la contraseña, pero no supieran qué iban a encontrar al otro lado del rococó griffindor.

El hombre sonrió con tristeza, palpó su varita en el bolsillo interior de la túnica y cruzó el umbral. Por un instante, consideró la posibilidad de pedir ayuda a su pareja, pero la desechó. De todos modos, solo necesitaba avanzar dos o tres metros para que las barreras le dejaran desaparecer. Ya habría tiempo para contarle, en la noche. Su antebrazo ardió levemente, pero el dolor de su cadera era tan intenso esa mañana que fue sencillo ignorarlo.

Maldijo un par de veces a Nott para entretener el paso, hasta sentir el pulso particular que anunciaba el traspaso de las barreras mágicas de Hura Manor. Se apareció directamente en el mejor butacón de la oficina de Draco.

-Ese Gryffindor te ha hecho olvidar lo útil de las cenas coordinadas.
Draco siguió redactando unas notas en su agenda en lo que contestaba.
-Las cenas incluyen a las parejas de los amigos, y tu manía por fingirte recién casado puede enfermarnos de diabetes, querido.

Blaise soltó una risita y esperó a que su amigo terminara de escribir, fuera hasta el bar a servirle un tequila y se sentara frente a él. Paladeo despacio la amarga bebida y soltó un gruñido de satisfacción cuando el alcohol comenzó a amortiguar la punzada de su cadera.

–¿Mejor? –inquirió el rubio.

El otro asintió y dejó el vaso a un lado, se dedicó a estudiar el semblante de su antiguo compañero de escuela. Las señales de la tensión estaban ahí, para quien supiera verlas, y razonó que, por suerte, no muchos podían acercarse a Draco. El cabello hechizado para lucir un corte militar, labios apretados, ojos extrañamente concentrados en la decoración, manos entrelazadas y codos apoyados en los brazos del butacón, ropa griffindor. Todo él gritaba que ese día no deseaba ser en absoluto un Malfoy.

Por su parte, Draco no estaba muy seguro de cómo abordar el tema, ahora que Blaise estaba frente a él. Torció el cuello, inseguro, y sus ojos tropezaron con el ejemplar matutino del Profeta.

–Hubo reportes de magia oscura en Escocia este fin de semana.
–Me invitaron.
El rubio puso los ojos como platos.
–Es evidente que quieren tantear el terreno –comentó Blaise con un encogimiento de hombros. –No me presenté, pero tampoco los denuncié.
–¿Te declaras neutral?
–Para ellos...

Draco se levantó y dio un par de vueltas por la oficina. No había manera de que le gustase el gesto.

–Ya no estás para esos trotes –le recriminó desde detrás de su butaca.
–No estoy para ningún trote –rectificó el otro en lo que señalaba su cadera deformada–, pero no dejaré que ustedes jueguen a la niñera conmigo. Después de todo, yo no busqué el contacto.
Draco asintió, y volvió a sentarse. Blaise se alegró de que hubieran pasado rápidamente por encima de ese punto.
–¿Quién fue?
–Martin Edgcombe –Draco soltó un corto silbido de asombro. –Yo tampoco podía creérmelo, pero, bueno, siempre está el precedente de Marietta.
El rubio asintió.

Marietta había sido una de las mejores informante de Voldemort en la Segunda Guerra. Perfectamente camuflada por su traición a Harry, todos la creyeron por años demasiado pusilánime para ser una mortifaga. De hecho, técnicamente no lo era. Su aguzado oído y estratégica posición como despachadora de insumos básicos ayudaba a predecir la orientación y magnitud de los golpes del ministerio. Su sentencia de muerte fue ejecutada por Cho Chang y, aunque la mujer no lo supo nunca, la seguridad con que degolló a su amante permitió apartar las sospechas sobre su fidelidad a la causa de la luz. Veinte años después, Draco se alegró de esa decisión, ahora sabían que el enlace de Marietta y Nott era su hermano, el pacífico vendedor de objetos de cuero Martin Edgcombe.

–¿No te parece que se apresuran? Solo han pasado tres semanas desde que la marca regresó.
–Quien sea que esté al mando, tiene prisa. Hay rumores sobre una profecía que el Lord dijo en el campo de batalla.
Draco soltó un gruñido. Por supuesto, todos esos infelices deseosos de ser pisoteados recordaban cada desquiciada palabra del Amo. Prefirió desviar el tema.
–¿Por qué tu? Casarse con un Weasley es casi traicionar la sangre ¿no?
–Percy y Ginny hicieron lo posible por "limpiar" el buen nombre de la familia –repuso Blaise, ignorando el estremecimiento que recorría a su amigo. –Supongo que en algunos círculos interpretaron mi matrimonio como un movimiento lateral.
Si, tenía sentido que imaginaran a Blaise pactando con los Weasley a cambio a conservar sus propiedades, en vez de sospechar toda la melosa y sentimental realidad.
–Y estoy cerca de ti...
La oración quedó flotando en el aire, como una advertencia de las turbias aguas donde se adentraban.

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Harry apartó los ojos de la figura de su amigo y leyó mecánicamente las inscripciones del suelo. Le embargó la vergüenza. Era un cerdo egoísta, y lo sabía. Podía dar paz a su amigo de la infancia y lidiar con lo que se le venía encima por si mismo, con los recursos de este especio, este tiempo y estos seres de carne, hueso y magia que eran ellos. Pero era ventajoso tener a Yezabel a mano, aunque eso destrozara una familia.

-Deja de torturarte –le ordenó Ron tras leer el súbito abatimiento en sus facciones. –Estoy aquí por voluntad propia.
-Tengo miedo por ti –admitió el moreno.
-Como están las cosas, soy el que menos peligro corre. Mi posición asegura a un montón de pelirrojos. Tú eres el que me preocupa, no creo que te dejen seguir en el ministerio si se descubre el pastel.
-¿Crees que sea una pérdida? –ironizó el otro.
-Admítelo, no puedes ganarte la vida como mesero y eres demasiado viejo para el nudismo. ¿Alguna otra opción?
-Siempre puedo seguir escribiendo junto a Joan.
Ron se carcajeó.
-¡Qué mujer! ¿Cómo pudo convertir nuestras vidas en esa ridícula historieta? Quiero decir, yo odio a Snape, pero decir que vivía con Colagusano fue…
-¿Y cómo iba a cotejar sino los testimonios de que otra persona habitaba la casa? –rebatió el moreno. –De todas formas, Severus ya está acostumbrado a que la gente imagine cosas horribles de su vida.
-Si, pero con él la realidad siempre supera la ficción.

Estuvieron en silencio por unos minutos más, hasta que Ron volvió a la carga.

–Cuatro es un bonito número.
–Creo que también estoy demasiado mayor para eso –se quejó Harry con un suspiro.
–Pues yo estoy listo para volver a empezar.

Harry le miró incrédulo. ¿Ron planeaba realmente...? Se asombró de que el encierro apenas le afectara, aunque tal vez fuera esa la mayor prueba de que en verdad esos años de reclusión no habían sido infructuosos, desde el punto de vista de Yezabel.

–Le diré...
–¡No le digas nada! –interrumpió el pelirrojo con una sonrisa segura. –Ya le diré yo todo, solo procura entrenar duelo y bajar la panza. ¿Vale?

Harry sonrió y asintió. Sabía que casi era hora de irse. Se deshizo la túnica y la dejó en el suelo, luego la empujó hacia Ron. El pelirrojo comenzó a ponerse la pieza con dificultad, sus manos temblaban y le costaba cerrar los botones en lo que echaba miradas inseguras hacia el techo.

–Vete –dijo mientras le daba la espalda. –No quieres verlo.
No, no quería verlo, pero sintió que sería mejor amigo si...
–¡Vete! –ordenó con apuro y dureza.

Harry dio unos pasos hacia atrás y salió del perímetro de la estrella protectora, cuando la nube se precipitaba contra su amigo. Ron calló al suelo con un golpe seco y gimió. Yezabel era ahora la silueta de un hombre tendido a su lado... Cerró los ojos con fuerza y recorrió la distancia hasta la puerta a tientas. Se esforzó por no oír las palabras de cariño que el demonio susurraba. La pared de piedra que lo aislaba del universo por diez segundos fue una bendición.

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Draco asintió ante la sencilla declaración.

No era la primera vez que recibían órdenes de espiarse uno a otro. De hecho, el contrachequeo mutuo les había permitido mantener en pie sus fachadas. Todo fue bien hasta que a Nott se le metió en la cabeza que quería el trasero de cierto trigueño de ojos café y empezó a detenerse en detalles... personales.

Saber que un miembro de los batallones de combate calentaba el lecho del amante oficial de Voldemort podría ser un buen elemento de negociación, pensó Theodore. Draco y Blaise consideraron, en cambio, que haberlos "descubierto" era una sentencia de muerte. Nott fue acusado de espiar para Potter e intentar sonsacarle información Zabinni. Murió como merecía, en opinión de todos, pero tuvo tiempo de destrozar la cadera de Blaise con su último movimiento de varita.

El rubio apartó los recuerdos y se concentró en la persona frente a él. Tras la guerra, Blaise se había dedicado a la arquitectura con bastante éxito. Vivía entre Bristol y los campos de dragones de Rumania, disfrutaba de escandalizar a conocidos y desconocidos con su desbordante pasión por Charlie Weasley y enfrentó con calma inaudita la posibilidad de que su bebé tuviera deformaciones congénitas por las maldiciones que Charlie –el gestante- y él mismo habían recibido durante la guerra.

No, la vida del francés no había sido fácil, pero entró en esta nueva confrontación sin molestarse en consultarle.¡Qué tipo este Blaise!

–¿Notas algo distinto en mi? –preguntó de pronto el rubio.
–¿Aparte de tu disfraz de Griffindor? –bromeó el otro mientras ponderaba su respuesta. –Creo que luces bello, y eso es extraño. Tu parte veela se ha ido opacando con los años...

Blaise se calló de repente, las implicaciones de su propia reflexión le golpearon: la herencia veela, una explosión en el Departamento de Misterios, reaparición de la Marca, Tomas alcanzando los fatales diez y seis, una profecía sobre un heredero.

–¡Por Merlín!
Draco le dedicó una sonrisa triste.
–Eso es lo que obtiene Harry por casarse con un animal salvaje.
–¡Tu no eres un animal! Solo, solo... –Balise se volvió a quedar callado, en realidad no tenía palabras para consolar a su amigo sin faltar a la verdad.
–Solo soy un mestizo –terminó el rubio. –Y nuestro Amo contó hace diecisiete años con que mis instintos tomarían el control un día cualquiera.

TBC...

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