¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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30 abril, 2007

SECRETOS DE FAMILIA 7

Es difícil decirlo

"El corazón distante crea la soledad."
Tao Ch'ien


estoy fuera de combate y esto se publica vía e-mail. que me
perdonen los que esperan el rescate de legolas en el segundo regreso, el
reencuentro de harry y draco en "de leyes y venganzas y el paseo por esa
Minas Tirith contemporánea "en busca de un sueño. yo escribo !nada más puedo
hacer en estas circunstancias. pero faltan dos semanas para que me
reincorpore al trabajo y, por ende, a la web.

Tomas estaba en el jardín. Acababa de recibir vía lechuza la confirmación Eli sobre su séptima cita, apenas podía contener la alegría y la preocupación. Alegría porque pronto estaría junto a él de nuevo, preocupación porque ignoraba cuál sería la actitud de su amado esta vez.

Con gesto algo sombrío, giró su silla de ruedas y se encaminó hacia la casa. Cuando apenas estaba a cinco metros de la entrada, sintió el estrépito de varios objetos de porcelana que estallaban y la esencia del veela furioso. ¿Qué diablos ocurría? Se apresuró a través de la gravilla negra y verde.

Ya a mitad de la galería trasera, tomó un respiro para orientarse. Pasos, podía oír pasos demasiado fuertes por sobre su cabeza, en el despacho de sus padres. Se dirigió a la escalera, pero antes de pronunciar el conjuro para levitar su silla y subir, Joshua y Louis bajaron corriendo hacía él. Sus expresiones le inquietaron aún más.

–¡Ni te atrevas! –le advirtió Joshua al ver la varita en su mano.

El rostro del gemelo Slythering era impasible, pero sus ojos estaban arrasados de lágrimas que contenía a duras penas. Louis, en cambio, tenía el horror reflejado en sus delicados rasgos. El Griffindor cubrió de un salto los dos últimos escalones y tomó el control de su silla.

–¡Hay que avisar a papá!

Sin darle más explicaciones, sus hermanos le condujeron hacia el saloncito de las visitas, cerraron la puerta tras de ellos, sellaron el local con un par de hechizos y se dirigieron a la única chimenea de la mansión conectada a la red flu. En ese momento, Tomas decidió que era mejor dejar a sus hermanos en la tarea de contactar con el Ministerio y regresó a la puerta para inspeccionar los hechizos. Estaba seguro de que la persona que les amenazaba era Draco, pero las débiles invocaciones de sus hermanos no le detendrían más de cinco minutos.

Mientras se exprimía el cerebro en busca de un conjuro más fuerte y compatible con la magia de su casa, razonó que tal vez ese tiempo alcanzara para que Harry tomase las riendas de su desbocado esposo. ¿Pero qué había causado tal descontrol en el frío y calculador rubio? Tenía que ser algo bien terrible y ninguno de sus negocios le afectaría de esa manera. ¿Alguien que intentaba seducir al Ministro?

No. Tomas sabía demasiado bien que, tras la traumática relación prematrimonial que compartieran, Harry jamás se había permitido la más mínima intimidad con personas en las que Draco no confiara. En veinte años, solo un joven y ambicioso mago había traspasado el límite –merced de increíbles malabares–, y terminó muerto por la misma mano de Potter, quien no escatimó este acto de crueldad como voto de fidelidad a su hermoso veela.

¿Entonces? De acuerdo a sus recuerdos y el despliegue de poder que percibía, esto solo se equiparaba al día que Tomas regresara triste de la escuela porque le habían llamado "tullido" –diez años atrás. Episodio que no se repitió hasta que se encontraron a la familia Parkinson en el Callejón Diagon y Panzy (ex–novia de Draco, quién lo diría) trató de tocarle: el poder del veela la mandó rodando unos diez metros y tuvieron que ingresarla en San Mungo por un par de días. Entonces, se trataba de él ¿no? Por eso sus hermanos habían corrido a su encuentro e invocaban ahora a la única autoridad verdadera para el último de los Malfoy: su Elegido.

¿Qué había hecho? Mejor dicho: ¿qué había hecho para desatar la furia de su padre? Era imposible que se tratara de un asunto de dinero. No había gastado con Elihaj tanto como para… ¡Elihaj! Por Merlín, Draco estaba furioso porque cortejaba a Elihaj.

Se movió hacía Louis, que se estrujaba las manos mientras contemplaba como su gemelo intentaba comunicar con el Ministerio.
–¿Cómo supo lo de Eli?
Louis le miró con indecible horror, obviamente incapaz de comprender cómo Tomas sabía eso. ¡Era tan Gryffindor su hermanito!
–Por la Corazón de Bruja –explicó al fin. –Todo el número está dedicado a ustedes dos, aunque hablan también del resto de la familia. ¡Dicen cosas horribles de él!

Joshua logró meter la cabeza en el fuego por fin y sus palabras dejaron de ser audibles. Otro sonido atrajo la atención de los dos hermanos: la puerta estaba cediendo.

–¿Qué hace? –casi gritó Louis al percibir el flujo oscuro como un latigazo.
–Ejercita viejas habilidades –explicó Tomas con un dejo de alegría.

No estaba seguro de cómo, pero el hecho de que Draco estuviera usando magia negra para abrir la puerta le producía cierta satisfacción. Un cosquilleo se extendía desde sus pies deformes y hacia arriba por las piernas…

No duró mucho, la puerta acabó de saltar hacia el interior y un muy enfadado Draco Potter–Malfoy accedió a la estancia. En ese momento, su hijo terminó de hablar por el fuego y volteó hacia él con ojos duros. Joshua reunió todo su valor y corrió a plantarse entre su hermano mayor y el padre, Louis le secundó.

–¡Fuera! –siseó Draco.
Los gemelos temblaron, pero permanecieron firmes.
–Esto es un asunto entre Tomas y yo –insistió a la vez que les apuntaba con la varita.
–Papá viene en camino –la voz reposada del pequeño Slythering contradecía abiertamente su mano sudorosa.
Draco hizo una mueca, mezcla de sonrisa y desdén que extrañó a los gemelos, pero más aún les extrañó su respuesta.
–Tu padre... ¿Acaso me interesa lo que diga tu padre?

Tomas abrió mucho los ojos a la vez que la luz se hacía en su cerebro. Ciertamente, Harry no contaba. El no tenía ni pizca de sangre Potter, y el veela ofendido se apresuraba a tomar la justicia por sus manos en medio de la ofuscación. Lo miró de nuevo.

Draco llevaba una túnica negra ligera y pantalones del mismo color, la varita estaba firmemente asida en su mano derecha, mientras el estrujado ejemplar de Corazón de Bruja pendía de la izquierda, al descuido. Los cabellos estaban recogidos en una cola de caballo que dejaba libre solo un mechón en la sien izquierda, este le caía sobre la frente y hasta la mitad del torso. Sus ojos, por Merlín, sus ojos eran duros y se movían constantemente por toda la habitación, controlando cualquier movimiento. La magia pulsaba de manera casi visible, adueñándose del sitio y asimilando el poder de todos los objetos a su alrededor, lista para robar la magia de las personas en su proximidad, de ser posible. De alguna extraña manera, Tomas supo que esa era la imagen que por años amaran Riddle y Potter, la imagen del mejor mortifago de Gran Bretaña.

–Eres bello –se le ocurrió decir con voz ronca.
Tal declaración le valió un par de miradas pasmadas y otra cargada de repentino temor.
–Bello y letal –aclaró y se echó a reír. Asustado de si mismo, notó como un tercer calificativo escapaba de sus labios –Mi dragón.

¿Desde cuando le parecía "bello" su padre? Porque la inflexión dada a la palabra no dejaba lugar a dudas. Había notado una profunda sensualidad en Draco, la sensualidad que emana del peligro. Aquello era demencial. ¿Acaso no amaba a Elihaj? Si, y mucho. Sin embargo, la violenta irrupción de Draco había despertado en él algo… una añoranza difícil de controlar. Ese sentimiento novedoso había dictado las palabras. No recordaba haber sentido antes esto. ¿Cómo se puede añorar lo que no se conoce?

Draco dio un paso atrás y su rostro, naturalmente pálido, se tornó gris. Tomas dejó de mirarle para inspeccionar la salita, que lucía algo ajada tras el despliegue de furor del rubio. Frunció el ceño al notar que un pequeño jarrón chino se había pulverizado.

–Era bello –comentó con voz triste.

Draco asintió en silencio. Tomas giró el rostro y sus ojos se encontraron de nuevo: gris con gris, temor contra extrañeza. Los labios del rubio comenzaron a temblar, el joven hizo un leve gesto de asentimiento y Draco calló de rodillas.

–No…
–¿No qué? –demandó una voz dura a espaldas de Tomas.
Draco corrió como una flecha a hundirse en los brazos de su esposo. Empezó a disculparse con balbuceos incoherentes.
–Lo siento… no lo volveré a hacer… me asusté… yo lo leí y… las palabras empezaron a bailar… ellos siempre… los odio Harry… los odio tanto…

Harry escuchó sus deshiladas disculpas con paciencia. Estrechó el delgado cuerpo contra su pecho, masajeó la nuca con movimientos tiernos y firmes, dejó que su hombro se mojara, suspiró.

Barrió con los ojos el lugar: los gemelos asustados, mirando a Tomas y Draco alternativamente; Tomas que giraba lentamente en su silla y le enfrentaba, logrando enmascarar casi toda su inquietud; los muebles y adornos repentinamente envejecidos, elocuente prueba de la furia de su esposo; el ejemplar de Corazón de Bruja olvidado en el suelo. No hacía falta mucho cerebro para comprender.

Sin dejar ir a Draco, dio unos pasos hasta alcanzar un amplio butacón. Se sentó allí y acomodó al rubio en sus piernas. Ahora el veela solo hipaba bajito y frotaba su nariz contra el pecho del hombre.

–¿Alguien me va a decir cómo lograron enfadar a su padre?
Louis dio un paso hacia ellos. Harry sonrió para alentarlo.
–Fue culpa nuestra. Compramos la revista para burlarnos de Tomas, pero papá Draco la vio y se indignó. No nos dio tiempo a decirle que Elihaj no es como dicen ahí.
Harry asintió y extendió una mano.
Accio Corazón de Bruja –murmuró y el ejemplar saltó a sus manos. –Reparo –las hojas se alisaron para hacer nítidos a los dos jóvenes de la portada. Miró a su hijo mayor. –¿Es con quién has salido estás semanas?
El chico asintió en silencio.

Harry comenzó a hojear el número. Había fotos de los dos jóvenes en sitios diversos: reconoció al primer vistazo el palco familiar en el Teatro del Ballet Ruso, la Galería Tate, el club VIP 14 de Londres. En todas las imágenes el tal Elihaj lucía una cara de innegable disgusto y Tomas unas miradas de arrobamiento escandalosas. El conjunto era humillante, por decir lo menos, y comprendió el ultraje que significa todo eso para Draco. Más adelante una crónica sobre el Ministro, su esposo, sus tres hijos y las singulares circunstancias del matrimonio. Revisó con cuidado la información. No, no habían dicho más de lo permitido, aunque lo permitido siempre bastaba para sulfurar al rubio.

Un dossier acerca de sus amistades, y personas cercanas. Fotos y resúmenes biográficos de los Weasley sobrevivientes (al menos tuvieron el decoro de callarse lo de Ginebra), Hermione y su fracasado matrimonio con Ron (por suerte él ya no leía Corazón de Bruja), la doble vida de Severus Snape y Remus Lupin (aquí tampoco habían llegado demasiado lejos), los Lovenwood, los Zabinni, Tonks y sus amantes, Hanna Habbot, Terry Boot… Nada del otro mundo en general.

¡No podía faltar! Varias páginas para las familias Malfoy y Black. No solo el dinero, aunque eso se mencionaba, sino la tradicional afición a las Artes Oscuras y la discriminación. Retratos de Lucius, Narcissa y Bellatrix (nada sobre de Sirius y no supo si alegrarse de ello) e informes acerca de los "trágicos" finales de cada uno. Se regodeaban especialmente en la muerte del patriarca Malfoy, al que Harry ultimara en una batalla cerca de Bristol. También "olvidaban" mencionar la labor de Draco como espía durante la Segunda Guerra ("No hay pruebas de eso, señor Potter. Entréguenoslo mientras investigamos" habían sido las palabras que aún le dolían). No estaba explícito, pero remachaba en el lector la extrañeza ante el posterior matrimonio.

Casi al final, un material sobre la familia Suchowljansky y sus negocios. A pesar de estar lleno de errores y ridiculeces que ilustraban el total desconocimiento del mundo muggle, el mensaje era claro: Elihaj era un chico de la clase media cuyo erario se estaba multiplicando a ojos vista desde hacía dos semanas, las mismas que llevaba dejándose ver junto al hijo mayor del Ministro y el ex–teniente de Voldemort. El reportero se preguntaba cómo este "joven bello y emprendedor" (el mismo Harry no pudo evitar apretar los puños ante el ofensivo eufemismo) había logrado acercarse tanto a una persona naturalmente retraída como Tomas Potter–Malfoy, condenado a una niñez solitaria por las medidas de seguridad que le rodeaban y su extraña enfermedad.

Cuando terminó su apresurada lectura, Harry se volvió hacia Tomas con interés. La dura mirada que lo recibió despertó fantasmas en su alma…
–¿Es cierto que le has pagado por salir contigo?

Tomas demoró un poco ante la pregunta. Consciente de que la respuesta equivocada enervaría de nuevo a su padre. Recordó el acuerdo de las escaleras "¿Me concederás una cena por cada cliente que te envíe, y gaste cuatro mil?" y la descarnada conclusión "¿Pretendes alquilarme, Tomas Potter–Malfoy?". Lo había hecho, si, pero se sorprendió de no arrepentirse ni un poquito. Su Elihaj valía cualquier estratagema.

–Indirectamente –admitió al fin.
–Entonces es cierto –gruñó el rubio.
Una mirada de su Elegido bastó para hacerle callar.

Harry citó un fragmento del artículo: "No deja de llamar la atención que la modesta joyería se vea repentinamente asediada por famosos de diverso origen, todos relacionados de un modo u otro con la familia Potter–Malfoy". Luego miró preocupado a Tomas.

–¿Acaso no encontraste otro modo de llamar su atención?
El muchacho ladeó la cabeza y soltó una risa amarga.
–¿Cómo llamó la atención de alguien tan bello? En Howgarts todos le rodean, incluso muchos suprematistas, pregúntales –señaló vagamente a los gemelos. –El es perfecto y yo... –sintió que estaba al borde de las lágrimas. –Los dioses me permitieron encontrarlo en esa horrible tienda. Vi la oportunidad y la tomé. ¡¿Qué me reclaman?!
–El egoísmo, Tomas –explicó Harry. –¿Te has preguntado qué siente cada vez que lo obligas a salir contigo? ¿Has pensado qué hará cuando lleguen a la escuela y lo humillen por esto?
–¡No se atreverán! –afirmó Tomas con mal contenido horror.
Draco giró para mirar a su hijo a los ojos, se daba perfecta cuenta de que el chico no había pensado en las repercusiones de su desesperado intento de seducción.
–Si lo harán. Cuando des la espalda y trate de hacer valer su propio poder, se reirán en su cara. Le van a preguntar qué se siente venderse, qué se siente dejarse tocar por unas manos que le repugnan, dejarse besar por unos labios que detesta...
–El no me detesta –siseó Tomas.
Pero Draco no se detuvo, mantuvo sus ojos clavados en los del chico y siguió con voz fría sus admoniciones.
–Luego le ofrecerán más galeones por una noche de lo que tú has gastado en estas semanas. Nadie va a creer que no lo forzaste, que es inocente aún y acabará entregándose al menos desagradable en un desesperado intento de reivindicarse. Intento estéril, por supuesto. Luego te odiará para siempre.

Para cuando la palabra "siempre" fue dicha, los ojos de Tomas era puro pánico. El chico logró tranquilizar su respiración a duras penas y volvió a enfrentar la mirada gris del rubio, ahora de pie, a la espera de su respuesta. Tomas no se dio cuenta de ese detalle, su propia y desesperada mente apenas registraba el mundo exterior. Las imágenes de Elihaj asediado, prostituido por despecho hacia él, ardían en su corazón. Tal vez por eso, su reposta fue tan escandalosamente acertada.

–Él no es como tú.

Harry abrió la boca, pero un gesto de Draco le detuvo. El rubio sonrió apenas, y entonces percibió su hijo, en una leve caída de ojos, que había dicho justo lo que de él se esperaba. No era la mirada mezcla de temor y orgullo de siempre, sino la más dolorosa victoria.

–No hace falta que lo sea, porque tú eres como tu padre.

Draco paseó sus ojos extraviados por la habitación. Nadie se movía, el impacto de sus palabras era demasiado como para reaccionar. Se odió por saber tanto de la maldad, tanto de cómo prevalecía la sangre. Dio un par de pasos hacia la puerta, pisadas oscilantes, de persona al límite de sus fuerzas. El hechizo le retuvo y habló bajito, con los ojos bajos, sin girar hacia su esposo.

–Voy a mi habitación.

No necesitaba verlo asentir. Las ataduras se transformaron en una senda tenuemente iluminada ante sus pies. Antes de continuar recordó al jarrón.

Ese pequeño objeto era el primer regalo que Harry le enviara a San Mungo cuando la caída del Oscuro. Tenía un hechizo contenedor selectivo, de manera que absorbía magia del entorno y la cedía a Draco cada vez que lo tocaba. La magia de Harry Potter, de ese hombre que lo amaba a pesar de que su cuerpo estaba manchado con algo más que sangre inocente. A pesar de Tomas.

Reparo.

El mareo nubló sus ya exhaustos sentidos mientras efectuaba el conjuro. Se balanceó peligrosamente y solo evitó la caída al sostenerse en el marco de la puerta destrozada. En verdad era patético. Dedujo que Harry percibía por sí mismo su tremenda debilidad, porque el lazo dejó de ser un camino para envolverle, y lo hizo desaparecer.

Harry no dijo una palabra hasta que su esposo se esfumó. De hecho, no dijo una palabra mientras daba tres cortos pasos hacia su hijo mayor y le cruzaba el rostro de una sonora bofetada. Tomas no necesitaba un espejo para saber que la marca de los cuatro dedos estaba allí, roja sobre su piel levemente bronceada, ni un examen de conciencia para saber que lo merecía.

El padre cerró los ojos en un desesperado intento de contener las lágrimas, su voz fue un gruñido ronco que no debía aclarar su destinatario.

–A sus cuartos.

Los gemelos tardaron en reaccionar. Toda la pelea les había dejado descentrados, presas de un asombro y miedo tremendos. Ellos sabían que papá Harry era muy poderoso –gracias a ello estaban haciendo el cuento– y que papá Draco había sido un hechicero terrible –segundo del malvado Lord Voldemort– algo que aún se notaba a pesar de las restricciones, si te fijabas bien. En cuanto a Tomas, por algo estaba en Ravenclaw ¿no? y ambos sabían de su intransigencia en el tema de Elihaj. Sin embargo, todo este despliegue de poder y resentimientos era algo que los superaba, que los estremecía en lo más profundo. No era el asunto de quién estaba mejor dotado en poder, sino de quién dejaba escapar de modo más violento sus pasiones sepultadas.

Louis tiró de la mano de su gemelo. Ambos se fueron casi de puntillas, sin atreverse a mirar de frente a su padre o a su hermano.

–Estarás contento –espetó Harry cuando se halló solo con Tomas en la habitación.

El chico no contestó. Como tres semanas antes, los golpes eran preferibles a las palabras. Podía lidiar con el odio, con el dolor, pero no con los razonamientos. Apretó los labios.

–Aunque te extrañé, debes saber que Draco está muy contento ahora, a su retorcida manera. Le acabas de demostrar que no tienes nada que envidiar a tu abuelo Lucius o a su queridísimo Amo –se inclinó hacia él y apoyó las manos en los brazos de su silla. –¿Es eso lo que pretendes? ¿Acabar con la poca cordura que le queda? ¿Recordarle en qué miserable estatus se encuentra por culpa de las mismas personas que debieron protegerlo, darle una niñez feliz y una adolescencia tranquila? ¿Castigarlo por defender la vida de quienes amaba usando algo más que maleficios y escudos? –Harry alejó su rostro un poco y sonrió de manera malvada. –Tal vez no. Acaso piensas en provocarme hasta que te eche de la casa, entonces podrás vagar por ahí, lleno de autocompasión y decirte que lo mejor era poner distancia entre tu padre y tú, ahorrarle la tortura. Pues te diré algo: NO LE VOY A HACER EL JUEGO AL CERDO DE TU DIFUNTO PADRE.
–Te van a oír –gimió Tomas todo encogido.
–¿Ahora te preocupa que me oigan? –rió Harry y chasqueó los dedos.

Ante los ojos asombrados del chico, se hizo visible una fina red azulada, cubría las paredes, el cielo raso y el suelo, aislándoles del resto de la casa. El hombre se le acercó de nuevo, esta vez las señales de la ira casi ausentes de su rostro.

–A ver, en la conversación que tuvimos después de lo del pensadero, ¿qué parte de "se siente culpable" no entendiste?
–Yo... Si entendí todo, pero es que papá dijo cosas muy feas sobre Eli. ¡Nadie puede hablar así de él!
–Entonces deberías meditar mejor tus planes de conquista –el muchacho fue a interrumpirlo, pero el padre le detuvo con un gesto. –No hace falta que me digas que eso no es una simple conquista, se te nota por encima de la capa. De lo que se trata es de que te estaba diciendo la verdad Tomas. La revista es solo una muestra de lo que puede desatarse sobre ese chico al que quieres tanto. Para ti no será nada terrible, solo habrás actuado como hacen los Malfoy desde hace siglos: comprando lo que desean, pero ¿y él? Es cierto que Draco lo dijo de modo descarnado, pero lo hizo porque le importas, porque estaba narrando sus propias experiencias. No puedes esperar que, además de compartir algo tan complicado, lo haga con florituras verbales.
–No quiero florituras –repuso Tomas, fastidiado por no poder argüir nada serio–, quiero respeto para mis sentimientos.
–¡Entonces respeta los de las personas que te rodean! Por ejemplo: Draco y Elihaj. No va ser provocado escándalos y poniendo el dinero de puente, que te acercarás a ellos.
–¡Eli no me hace caso de ninguna otra manera!
–¿Debo suponer que no hablan durante esas interminables citas? Si no tienen nada en común ¿para qué lo quieres? Ajá, sonríes, pues dejarás de sonreír ahora. ¿Eres tan cobarde que no confías en tu propia capacidad para que deje plantados a ese montón de admiradores?

Tenía razón, la sonrisa se congeló en los labios del chico al recordar las miles de veces que se apartó del camino de Eli en la escuela, o fingió ignorarlo, o cortó sus escasos intentos de conversación con unos monosílabos dictados por la torpeza.

–Yo... –Tomas se abrazó a si mismo y dejó vagar los ojos hacia la revista. En la cubierta, Elihaj tenía una media sonrisa absorta, lejana.

Estaban ambos frente a una marina del Mediterráneo. El profundo mar ocupaba tres cuartos de la imagen, el resto reflejaba una costa áspera, y numerosos desvencijados botecitos. El conjunto realzaba el caballo castaño oscuro –como la madera de los botes que oscilaban con la marea– y el azul profundo de sus ojos –como el inalcanzable horizonte acuático del lienzo. Tomas sintió que algo se quebraba en su interior y las palabras brotaron incontenibles de su pecho.

–Recuerdo cuando lo vi en la tienda de Madam Malkin, asombrado de todo; y cuando abordó el Expreso. Luego el sombrero gritó "Griffidor", y lamenté tanto no estar en su casa... Desde el principio fue el favorito de muchos, pero rechazó todas las invitaciones con una palabra que tuve que buscar en el diccionario "sodomita". El no era un sodomita, declaró y no pensaba dejarse engatusar por corruptores pervertidos. Tenías que haber visto su cara cuando se topó de bruces con Víctor Krum y su esposo, que ya andaba por el sexto mes de embarazo. ¡Se pasó una semana en la biblioteca! Tengo sus gestos grabados en las pupilas, y sus gustos, y sus miedos, y sus sueños. Pero es tan bello y yo...
–Eres inválido, tienes la columna vertebral como la línea de la costa de Noruega y el dedo meñique más largo que el anular –completó su padre.
Tomas asintió, derrotado. Harry siguió adelante.
–Y como no puedes decirle que lo amas, lo chantajeas, pero, convencido de que no es su culpa, lo defiendes ante tu padre de la peor de las maneras posibles –nuevo asentimiento.
El hombre tomó delicadamente su barbilla y le obligó a alzar el rostro.
–Eso debe cambiar. Para empezar, vas a disculparte con Draco –casi podría haber reído con el horror en las facciones de Tomas, de no estar en el aprieto en que estaban. –No ahora, por supuesto, pero si esta tarde. Supongo que para la cena lo habré calmado lo suficiente.

Harry se irguió y respiró hondo. Chasqueó los dedos y el hechizo de privacidad desapareció, luego movió ambas manos a su alrededor y la habitación quedó restaurada. Dejó salir el aire de sus pulmones y sonrió al hijo.

–Voy a ver a Draco, pero puedes empezar a ganar su simpatía buscando a tus hermanos para cocinar, dice Severus que Joshua y tu son muy buenos en pociones.
Tomas asintió, pero no lo dejó ir.
–¿Y Eli?
–De eso hablaremos luego, cuando te hallas enfrentado a los demonios del secreto arte culinario. ¿De acuerdo?

El muchacho asintió y Harry se fue escaleras arriba, si lo que sospechaba era cierto... Se estremeció al recordar el rostro gris del veela, al borde de un ataque de pánico. Entró a la habitación despacio, concentrado en no alterarle más aún, pero Draco soltó un respingo y se acurrucó en el lecho hasta volverse una bolita temblorosa. Era así en los primeros meses de su matrimonio, cuando esperaba que le agredieran a cada gesto.

Se acercó y tomó una mano del rubio entre las suyas. Draco ni siquiera le miró a los ojos, su voz fue un susurro desesperado.
–Mátame.
Harry casi se echa a llorar. Creyó que nunca regresarían a ese punto. Se alegró como pocas veces de que el enlace le impidiera a Draco atentar contra su vida.
–Mátame... por favor.
El moreno desestimó sus palabras con una negación de cabeza.
–Duerme –ordenó muy suave.

Para aliviarlo, susurró unas palabras y tomó para si los sentimientos y pensamientos dolorosos. Era un proceso agresivo, pero cuando Draco se perdía, no tenía más remedio que meterse a deshacer los retruécanos de su atormentada alma. El rubio gimió al sentirlo irrumpir en su mente, pero no se reveló, dejó que el dolor fluyeran mientras su esposo le penetraba.

Harry desenfocó totalmente los ojos y perdió contacto con el mundo físico. Supo que se hallaba en ese sitio que Draco y él compartían, donde los secretos dejaban de existir. No le gustaba ir allí, donde era evidente cuán a su merced estaba su esposo. No deseaba este enlace, nunca la había deseado, pero... Allí estaba el recuerdo de minutos antes, cuando Draco apareció en la habitación y se tumbó en la cama, tembloroso, débil, asustado de comprobar que sus peores pesadillas estaban tomando forma.

Tal vez Tomas tenía razón, pensó. Tal vez él también se había vendido una y otra vez, aún sin saberlo. Se había vendido a la Orden a cambio de la seguridad de Severus; luego a Potter, por su estúpida herencia veela; luego al Voldemort y todo el Círculo Interno, a cambio de información para mantener con vida a Potter –porque esa era su única esperanza de sobrevivir; y finalmente...

Cuando despertó en esa sala de San Mungo, supo que algo diferente al amor le mantenía con vida. ¿Era culpable por haber deseado que viviera? Ya nada quedaban de su orgullo o su valor, apenas podía reconocer al hombre de ojos asustados y rostro lleno de cicatrices que le miraba desde el espejo. Quería que lo dejaran en paz, huir muy lejos y olvidar la magia, los veelas y esa horrible poción que el cerdo de Voldemort le administrara.

Entonces Harry le ofreció la salida: solo debían enlazarse, él lo protegería de todo y todos. Ya no creía merecer su amor, pero recordó vagamente que era un Malfoy. Aceptó. El honor de este Griffindor había demostrado ser resistente. Todo pasó a las mismas manos que le acariciaran con reverencia: las haciendas, las cuentas de banco, las colecciones de armas, la acciones en empresas de medio mundo. Las herencias Potter, Black y Malfoy se unieron en un matrimonio arquetípico entre magos pura sangre: sin elecciones, sin contacto físico, pero con ataduras eternas y sagradas. Para su sorpresa el Honor Griffindor resistió la prueba del poder absoluto.

Deseó estallar, bajar esas escaleras que por años se le hicieron interminables para gritarle a Tomas que si, que se había vendido por él. Por traerle al mundo y seguir vivo. Para acunarle, vigilar sus primeros pasos, llevarlo a la escuela, regalarle su primera escoba, secar sus lágrimas. Pero no podía. Estaba vivo porque era un Malfoy, y los Malfoy no confiesan sus debilidades ante nadie. Solo sonríen y siguen adelante, eliminando obstáculos sin resentimientos, recordando las ofensas y sin perdonar a quienes los ofenden.

A veces era débil ante Harry, porque lo amaba más allá del raciocinio y la cordura.
¿Amaba así a Tomas?

¡No y mil veces no! El no podía, no debía amar al hijo de Tom Marvolo Riddle, un sucio mestizo paranoide genocida con delirios de grandeza. Ese ser lo había violado durante ocho años, había asesinado a su madre, había enviado a morir a su padre, había enfangado el nombre de su familia. Ese desgraciado que rompió en pedacitos su alma al mantenerlo apartado de su Elegido. Nunca sentiría por Tomas más que el deber de la sangre. Eran su sangre y la sangre del bendito Salazar Slythering las que corrían por ese cuerpo tan parecido al de... Lo dejó vivir porque no tenía la culpa, por elemental sentido del deber para con ese legado que solo pudo mantener a flote –deliciosa ironía– a costa de venderse.

Harry rompió el contacto, y comprobó, satisfecho, que Draco se había rendido al cansancio. Resopló con resignación en lo que arropaba a su rubio, ¡por Morgana! Su familia no era normal ni para los cánones mágicos.

¿Acaso cuesta tanto decir "Te quiero"?

TBC...

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