¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

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23 abril, 2007

SECRETOS DE FAMILIA 5

En las escaleras

Irving mantuvo la puerta abierta hasta que Tomas y Elihaj llegaron al pequeño rellano de la escalera para emergencias. El lugar estaba vacío y tenuemente iluminado.

–Y bien –dijo Tomas como si tuvieran todo el tiempo del mundo–, ahora que estamos solos podemos hacer presentaciones formales. Irving, te presento a Elihaj Suchowljansky, va para sexto año de Griffindor. Eli, él es Irving Yeats, un viejo amigo de la familia, en un año más estudiará medimagia.
El joven castaño extendió su mano y sonrió. A pesar de la penumbra, Tomas tuvo la certeza de que el agobio no abandonaba sus ojos.
–Mucho gusto, Elihaj –Irving estrechó la suave mano que se le ofrecía.
–El gusto es mío, señor Yeats. –Elihaj miro impaciente a Tomas– ¿Ahora podemos bajar?

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Draco dio un paso hacia arriba, se detuvo para consultar el título de cierto grueso volumen empastado en verde, sonrió y lo extrajo del librero. Incorporó el libro a un montón de volúmenes que levitaban a su lado. Suspiró satisfecho y comenzó a bajar las escaleras despacio. No que le costara mantener el equilibrio –aunque estaba en el último nivel de la biblioteca, a unos diez metros del suelo y no convenía dar un paso en falso–, pero el conjuro que mantenía los libros cerca de él sin la guía de su varita tenía la desventaja de hacerle sentir todo su peso.

Gruñó y se enjugó la frente.
–Creo que esta escena me recuerda algo –dijo una voz juguetona desde el suelo.
Draco ni siquiera movió las pestañas, siguió bajando y habló sin volver la cabeza.
–¿Y los chicos?
Harry sonrió pícaro.
–Se fueron con Ben a lo de Ron. ¿Quieres que te ayude?
–¿Le preguntaste alguna vez eso a uno de tus aurores? –espetó el rubio en su mejor tono Malfoy.

No hubo respuesta, pero la ligereza se apoderó de su cuerpo cuando Harry tomó el control de los volúmenes y los condujo hasta la mesa de trabajo. La voz pasó de burlona a insinuante.

–Mis aurores no gruñen de manera tan conmovedora.

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Tomas asintió al pedido y su silla fue inclinada para empezar el descenso. Al caer hacia atrás, su campo visual fue ocupado por el rostro y pecho del joven Suchowljansky. Expresó su satisfacción con una amplia sonrisa.

–Entonces –su tono de viejo amigo inquietó al castaño– ¿A tu padre no le gusta la magia?
–Para nada. Ha dicho a los que preguntan que estudio en Eton. Durante el verano trabajo en la tienda para tener más tiempo a su lado.
–Y tu madre ¿qué opina?
Elihaj lo miró sorprendido, luego aflojó el rostro y habló con un ligero aire aleccionador.
–Madre no dice nada, por supuesto, es una buena esposa judía.
–Woddy Allen es judío –repuso Tomas.
Irving soltó una carcajada breve, pero Elihaj respondió impasible.
–Mi madre es más conservadora que Allen. De hecho, es hija de un rabino hasídico y, para mi abuelo, los Suchowljansky nos mezclamos demasiado con los gentiles.
Se detienen en el descanso del séptimo piso y el castaño decide atacar.
–¿Qué te trajo a Desires? No te conocía la veta consumista.

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Libre del peso bibliográfico, Draco llegó al piso en instantes, giró para enfrentar a su esposo.
–Tus aurores carecen de elegancia.
Harry estaba recargado en una butaca, se acercó a él con pasos cortos y los brazos cruzados sobre el pecho.
–Debemos dar gracias a Merlín por ello, supongo, o me los habría follado a todos.
Dracó alzó una ceja.
–¿Tan caliente eres, Potter?
–Tan caliente me ponen los gruñidos –rectifica el moreno.

Se ha detenido a menos de un metro y adelanta una mano hacia la pálida mejilla. Lo hace muy despacio, dando al otro la oportunidad de alejarse si lo desea. Su esposo le mira a los ojos, asiente de manera muy leve y Harry suelta al aire que retenía sin notarlo.

La parte más difícil es esta, pues siempre corre el riesgo de que Draco tenga uno de sus tantos deja vu y rechace el contacto. Por supuesto, no lo culpa. Nadie que conviviera por seis años en calidad de lugarteniente y amante de Voldemort podría incorporarse a la vida cotidiana sin cicatrices. Pero Harry a veces se cansa. Por ejemplo, si hoy Draco lo rechazara no podría fingir indiferencia, los dolorosos episodios de la tarde–noche anterior se agolpan en su sangre y necesita saberle suyo y sentirse de él. Que la entrega borre de nuevo sus años de separación, de odio supuesto.

Se acerca un poco más y eposita un suave beso en los finos labios, acaricia con la lengua su parte inferior y presiona un poco, a la espera de respuesta. La reacción del rubio le asombra: no solo abre su cálida boca, también extiende su brazo tras la espalda del moreno.

Harry sonríe interiormente: la tarde promete.

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–¿Acaso eres de los que leen los gustos de mi familia en el Pluma de Aguila? –se burló Tomas.
–No, pero me he fijado en tus escasas compras cuando bajas a Hogsmeade.
–Es distinto, ese pueblo está muy enfocado al mercado adolescente –sonríe con suficiencia– y yo no encajo en ese modelo.
Le parece que Elihaj se ruboriza, pero tampoco podría asegurarlo, el sitio no está bien iluminado. Sigue hablando.
–Desires es distinto, siempre busco y encuentro, pero tu tienda es nueva.
–Tiene dos semanas –admitió el castaño– y harán falta más clientes como tú para recuperar la inversión.
Irving no pudo evitar la sonrisa. ¡Ese Eli no sabía el valor de sus palabras!, pero Tomas sí.
–He gastado cinco mil libras en estas chucherías. ¿Me concederás una cena por cada cliente que te envíe, y gaste cuatro mil?
Eliaj no pestañeó para replicar.
–¿Por qué no cinco mil?
–Porque no todos son Malfoy. –replicó con voz sedosa el de ojos grises– ¿Aceptas?

Los ojos del muchacho brillaban de ansia y Elihaj se sintió perturbado. Había en ese reto algo más que un juego, podía sentirlo. Miró al rubio en busca de consejo, pero Irving observaba los escalones con sospechosa concentración. Una pregunta surgió dentro de si con celeridad: ¿Qué son cuatro mil libras para un Malfoy? Cuatro mil, nada, pero diez y seis mil, son algo, incluso para...

–¿Pretendes alquilarme, Tomas Potter–Malfoy?

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Harry jadeó. Draco estaba muy, pero muy apasionado. Las delgadas manos del aristócrata zafaban cada botón de su camisa y lo sustituían por un beso. Las uñas, finas y cortas, le rasguñaban levemente, aumentando la excitación.

Sus ojos vagaron por la biblioteca, en busca de un asidero para anclar su cordura y topó con la pirámide que recién dejara sobre la mesa del esposo. Uno de los títulos era legible: “Ser un medio veela feliz IV: Cómo seguir viviendo tras fallarle a tu pareja”.

El rubio ya estaba abriendo sus pantalones, ahora le besaba la cintura y las cicatrices que le dejara el embarazo de los gemelos.

¿De dónde conocía ese libro? ¡Claro! Draco lo consultaba en la Biblioteca de Hogwarts desde principios de séptimo, tras haber descartado miles de manuales sobre humanos con herencias de diversas criaturas mágicas, en el segundo semestre de sexto. El moreno tardaría unos cuatro meses en comprender por qué vigilaba cada paso del agente secreto de la Orden y decidirse a hablarle. Notaba triste y agotado al joven Malfoy, para noviembre no lo soportaba más, quería verlo feliz.

Un tirón en la piel de la entrepierna le regresa al presente. Ahora está desnudo y el rubio yace en el suelo con cara de cachorrito. Mete un dedo por dentro del cuello de su túnica y gime.

–Tengo calor.

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Tomas simuló una extrañada sorpresa ante la idea de su condiscípulo.
–¿Por qué haría una cosa así? ¿Crees que me gustas?
Elihaj sacudió la cabeza ante el hábil giro, era los bastante Griffyndor para saber cuándo capitular.
–De acuerdo, una cena por cada cuenta de cuatro mil libras. Pero hay un límite: si salgo más de dos veces en la semana, mi padre va a desconfiar.
–¡Valla amigo! Eso te deja a siete millonarios para tu apuesta –Irving palmeó el hombro de Tomas en afectuosa burla– ¡Pan comido!
–Conozco a más de siete personas con dinero y buen gusto ¿sabes? –repuso el aludido con voz fría.
El rubio ocultó su expresión divertida en la sombra que proyectaba la esquina del quinto piso. Tomas volvió a concentrarse en Elihaj.
–¿Te gustaría ir a un sitio mágico o muggle?
–Mágico, por favor. –respondió el chico sin demora.
La sola posibilidad de que algún conocido le viera y advirtiera al padre le aterraba.
–De acuerdo.
Irving se detuvo en seco y giró, dudaba de sus oídos: ¡Tomas odiaba los restaurantes mágicos! Los otros dos ni lo notaron.
–¿Dónde nos vemos?
–En el Caldero Chorreante, por supuesto.
–Demasiado público. Será como anunciar nuestra relación en El Profeta.
–Tú y yo no tenemos una “relación” Tomas, soy víctima de un chantaje. Parece mentira que estés en Ravenclaw.
–El Sombrero estaba dudoso ¿sabes?
–No dudo que dudara... –Eli lo pensó durante cinco escalones– Bueno, yo tampoco quiero ser portada de Jóvenes Hechiceros o Corazón de Bruja. ¿Nos vemos en Trafalgar Square?

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Harry gateó despacio hasta la pequeña alfombra donde yacía el objeto de su deseo. Empezó a zafarle los zapatos y su memoria derivó hacia la primera vez que hicieran el amor, en un aula abandonada de la Torre Oeste.

Draco había preparado la estancia con esmero y, a pesar de la nieve en el vano de la ventana, era la noche más cálida sus vidas. Corría noviembre, los ataques se multiplicaban y el joven Malfoy pronto sería reclamado por el Lord, pero no podía –ni quería– resistir su herencia veela. Para Harry era complicado entregarse a alguien que podía morir en cualquier momento, como Sirius, pero era conciente de que este amor le daría fuerzas para seguir adelante cuando la oscuridad le rodeara. Por diez horas dejaron de ser el Héroe y el Espía, fueron solo dos jóvenes que sellaban su entrega.

El moreno desechó las medias y subió hacia las caderas, comenzó a tirar de los cordones que cerraban la túnica en complicada trama. Era delicioso ver aparecer la pálida piel del vientre y lamerla, rozarla con los dientes y dejar una estela rosada de efímera vida.

–Hazlo despacio. –pidió el rubio en un susurró que le detuvo en seco.
Enseguida, Harry se tendió junto al esposo, le atrajo pasando un brazo por debajo de su espalda y le miró a los ojos.
–¿Todo está bien? –consultó suavemente.
–Si. –pero los ojos grises eran esquivos– Es solo que... –¿cuántas personas han visto a un Malfoy indeciso?– ¿Me llevas al cuarto?
El otro asintió, gentil y al instante yacían sobre la amplia cama con doseles de su recámara.
–¿Mejor?

Ante el asentimiento de su esposo, el Chico que Vivió terminó de desnudarlo y se apartó un poco, para poder contemplar el glorioso cuerpo de su pareja. El torso firme y delineado, la cintura sin gota de grasa, los muslos duros y casi lampiños. Repartidas de modo anárquico por el pecho, y los brazos había pequeñas muescas blanquecinas, recuerdos de las inevitables heridas tras ocho años de guerra. ¡Merlín! Esa con forma de hoz sobre su ombligo la había echo él mismo en los campos de Gales.

Besó la cicatriz con reverencia.
–Perdóname, amor.

Draco cerró los ojos y dejó correr sus lágrimas en silencio. Los Malfoy no lloran, es cierto, pero años atrás había decidido que bien podría dejar de serlo algunas horas al día, para su Harry. ¡Por el Dragón de Arturo! Que deliciosa tortura sentir esa boca cerrarse sobre su erección y lanzar ligeros latigazos de placer a todo su ser. Ver aquel dios de ojos verdes inclinado sobre él, como su fuese todo el universo, aunque, en verdad, ahora sus dos cuerpos eran todo el universo.

Con un poco de esfuerzo, obligó a su esposo a separarse lo suficiente para mirarle a los ojos.
–Tómame.
Harry le contempló incrédulo por varios segundos.
–Tómame. –insistió, y guió una de las manos hasta su nalgas.

Dedos temblorosos acariciaron la zona. En Harry pugnaban ahora el deseo y la inquietud. Llevaban mucho sin intercambiar roles, ¿seis meses?, acaso más. Era una de esas convenciones que marca la convivencia, una huella incómoda de su pasado con los mortifagos. Al Ministro no le molestaba ceder el control en la cama –total, fuera de ella todo le caía en los hombros–, pero hoy era uno de esos raros días en que Draco necesitaba entregarse, sentirse amado y protegido.

–Ven –ronroneó a la vez que frotaba sus nalgas de manera sugestiva contra la virilidad del otro.

Harry le dio un beso largo y posesivo, mientras sus dedos, ya seguros, reconocían la zona de entrada al cuerpo amado. Draco se relajó y disfrutó de las caricias exploratorias. Escuchó la invocación del hechizo lubricante, una cálida humedad surgió entre sus piernas. Entonces Harry comenzó a recitar el segundo, sin meditar las razones de al acción, el Slytherin puso en juego sus sentidos de buscador y giró para sellar su boca con ambas manos.

–¡No!

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–¿Trafalgar Square? –fingió meditar Tomas– Si, supongo que es mejor que Picadilly Circus.

Los tres rieron, la redacción de Corazón de Bruja estaba a dos manzanas de la conocida esquina.

En el descanso del cuarto piso apareció una sombra, que Irving notó antes que sus compañeros. Presionó el brazo de Elihaj para que se detuviera y se adelantó tres escalones con la varita firmemente asida. La sombra se adelantó un poco más y habló con voz reposada.

–En Yorkshire crecen las lilas.
Irving soltó un largo suspiro y respondió de prisa.
–Creo que se dan mejor los dientes de león.
El auror asintió, satisfecho, y transmitió el mensaje.
–Señor Potter, señor Yeats, les esperan a tomar el té en casa de los Weasley.
Tomas contestó.
–Programe el trasladador para que se active en cinco minutos, por favor. –volvió su atención hacia Eli– ¿Nos vemos mañana?
El Griffindor asintió, extrañado por la intervención del auror. Miraba su túnica verde oscuro con temerosa fascinación.
–¿A las ocho? –precisó el de ojos grises.
–A las ocho, de acuerdo.
–Creo que yo tomaré la silla ahora –intervino el rubio–. Fue un placer conocerte, Eli.

Elihaj asintió, su atención estaba de nuevo en el hechizo que realizaba el auror. Por eso no reaccionó a tiempo para evitar que Tomas le besara una mano. Quiso protestar, pero ya los otros tres tocaban una linterna rota de color fucsia.

Un remolino de luz estalló y se consumió a si mismo.

Elihaj Suchowljansky estaba solo en la escalera de servicio del centro comercial Desires.

Sacudió la cabeza, como si apartara de si una extraña idea. La sensación de sus invisibles rizos rozándole las mejillas fue reconfortante. Se dirigió hacia la puerta a la vez que extraía un pequeño celular de su chaqueta.

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Harry le contempló lleno de sorpresa.
–¿Estás loco?
Draco negó con fuerza.
–Nada de conjuros hoy, solo tú, yo y la sangre.
–¿Y si...? –pero unos labios sellaron los suyos y su erección casi lanzó chispas al rozar con la del esposo.

La pasión nubló sus sentidos y estrechó el pálido cuerpo que se le entregaba. Con ansias de años se adentró en aquella carne cálida, estrecha y dispuesta. Los gemidos del rubio ante su invasión enervaron su sangre. Su era ritmo lento y fuerte, con la seguridad y ternura que habían cimentado casi veinte años de amor.

Buscó los ojos de Draco. Sus pupilas eran plata líquida, un libro abierto de renuncia y confianza. Esa visión era solo suya, lo sabía, esa visión era el abismo entre Voldemort y él. Arremetió con mayor intensidad y sintió brotar la humedad del sexo aprisionado bajo su vientre. Jadeó, deseoso de prologar el placer un poco más.

–Harry –le llamó una voz desde el otro lado de la felicidad.
Todo perdió nitidez.
–Draco –le reencontró en un último suspiro.

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Elihaj marcó un número en su móvil mientras se incorporaba a la galería principal del cuarto piso, en busca de los ascensores.

–Hola Levi... Si hermano, sabes que yo no paro nunca... cosas de familia, ya sabes... Déjalos perderse, te llamó para pedirte un favor.

Las puertas del ascensor se abrieron y Eli se acomodó entre una gorda vestida de rosado y un señor de vestido tejano.

–Esta noche, como a las ocho, ¿puedes llamarme a casa?... Me vas a invitar a ver un filme mañana... ¿Qué importa? Basta con que sea permitido por el rabino...

Las puertas se abrieron. La gorda fue sustituida por dos chicas de verde chillón y el de sombrero tejano por un hombre de turbante amarillo.

–¡Hey! ¿Recuerdas a Jessica? ¿Quién le enseñó esos versos de la Torá para impresionar a Miriam?

Nuevo reflujo de personas. El del turbante cedió su puesto a un elegante trasvesti. Las chicas rieron bajito.

–No sabes de mí hace tiempo y deseas que vayamos a charlar. ¿Copias?... ¿Cuánto? ¡¿Acaso me pasas factura de la gasolina también?!... Apuesto a que es más de una....

Las chicas de verde salieron y un tipo con piercings, tatuajes y cuero muy ajustado le empujó contra el trasvesti.

–De acuerdo... Recuerda que debes ser educado... ¡Por supuesto! Mi padre es el que contesta el teléfono...

El tatuado, parapetado tras el joven mago, miraba inquisitivo al hombre de labios pitados, Eli hizo un gesto con los hombros para que se apartara algo.

–Una última cosa, ¡no menciones al primo tuyo que está trabajando en Gaza!... Chao.

La puerta se abrió. Eli se apresuró a evadir la multitud que ya invadía el cubículo a la vez que guardaba el teléfono. Un empujón le hizo girar y alcanzó a ver que el tatuado y el de los labios rojo sangre estaban en forzado abrazo tras su partida. Mantuvo sus ojos en la inesperada pareja hasta que las puertas se cerraron. Si: ambos sonreían ante la repentina intimidad.

–¡Que mundo!

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Harry acarició con la yema de los dedos la espalda de Draco, el contacto estremeció el cuerpo a su lado.

–¿Y si ocurre? –demandó el moreno, ya sereno tras el arrebato de pasión.
Draco se estiró como un gato y posó unos ojos dulces y cansados en su pareja.
–Seguiremos adelante. –dijo simplemente.
–¡Tienes cuarenta y dos años! –se escandalizó el otro.
Un beso volvió a detener sus protestas.
–Y el mejor esposo del mundo.

Tras esta declaración, el rubio volvió a recostarse sobre el pecho de Harry Potter, el hombre más feliz del mundo, y se durmió con el sueño de los justos. Harry jugó con sus mechones plateados un poco más antes de ceder al agotamiento, no sabía por qué, pero sentía los cambios en el aire.

TBC...

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