¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

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23 abril, 2007

SECRETOS DE FAMILIA 3

Visitas

La mañana trajo un cielo azul y brillante, inusualmente brillante para Londres. Como de costumbre, Tomas se despertó con los pasos de su padre en la escalera. Al principio temió que todo lo vivido la noche anterior fuera un sueño, que Draco lo rechazaría, como había estado haciendo de manera manifiesta en el último año, pero se equivocó.

En la cocina, al usual olor a pan recién horneado y leche se sumó la leve caricia del rubio al pasar a su lado para sentarse comer. Fue solo un roce, pero el chico lo agradeció profundamente y le devolvió una sonrisa. El rostro de Draco se sonrojó levemente por uno segundos, apenas los necesarios para que su esposo y su hijo mayor reconocieran el gran esfuerzo que le costaba acercarse y cuánto apreciaba aquellos gestos “infantiles” que desvanecían sus temores de enfrentarse a un clon de Voldemort.

La primera comida del día casi termina en paz. Cuando iban por la segunda taza de chocolate, una lechuza negra se coló por la ventana y se detuvo ante Harry tan solo el tiempo imprescindible para ser liberada de su mensaje. Al desenrollar el pergamino el moreno frunció levemente el ceño y se lo pasó a Draco, intercambiaron miradas cargadas de preocupación.

–¿Puedo saber de qué se trata? –preguntó Tomas bajito, aprovechando que los gemelos se entretenían en hacer surgir patas de sus cucharas.
–Jane. –gruñó Harry por toda repuesta.

El joven asintió y se concentró en sus propios pensamientos. Si recibían un informe sobre Jane era porque esperaban la visita de Ben e Irving y, aunque no deseaba el dolor que estaba por sentir el pobre hombre, la perspectiva de encontrarse con su amigo le alegraba. No era seguro confiar los últimos acontecimientos a pergaminos y lechuzas, pero deseaba compartir sus encontrados sentimientos con alguien. Deseaba compartirlos con Irving.

Los dos magos llegaron para el almuerzo, con un portal que les dejó en el recibidor. Los esposos y su hijo mayor les esperaban, los gemelos estaban en el jardín, ajenos por la costumbre de recibir visitas inesperadas e importantes a toda hora. En cuanto logró apartar de si el vértigo, Benjamín fue a fundirse en un estrecho abrazo con Harry, luego se acercó a Draco y le estrechó la mano calurosamente, giró hacia Tomas y tuvo que apartarle del apretón que Irving y el chico se estaban prodigando.

–Deja algo para mí, por favor. –le recriminó Ben a su compañero de viaje, mientras tiraba de su hombro para poder ver a Tomas de frente.
–Por favor, Ben. Tienes al ministro de magia para ti y te pones celoso. –repuso Irving con un puchero de niño.

Los esposos rieron. Desde el principio, Benjamin Shaklebolt, y sus dos hijos se habían distribuido los afectos de la familia Potter–Malfoy: Ben era el camarada de Harry y el reposado asesor de Draco, Irving era el confidente de Tomas y los gemelos tenían en Jane a la perfecta cómplice para sus travesuras. Tal vez por eso Louis y Joshua habían perdido interés en las visitas de los últimos dos años, siempre signadas por la tristeza y la ausencia de la alegre chica.

Shaklebolt estrechó con ternura a Tomas y se volvió hacia los adultos.
–¿Alguna noticia?
Harry asintió levemente, pero su rostro lucía contrariado.
–Vamos hasta el despacho para hablar con calma. –propuso.
El hombre asintió, giró hacia su acompañante, ya concentrado en un diálogo de miradas con el joven Potter.
–Irving, ¿me disculpas?

Un observador atento habría visto en sus ojos el contradictorio interior de Irving ante semejante pregunta. Por un lado deseaba quedarse con Tomas, ponerse al día de la vida en esta casa que era casi el centro de la política mágica europea, por otro, un ligero sentimiento de ofensa pugnó en su interior al entirse excluido de la discusión que venía, Ben le relegaba de manera delicada, unilateral y definitiva.

No le quedó otra que asentir.

Tomas tiró de él hacia las escaleras y subieron a encerrarse en la recámara del joven. Ya dentro, Irving se quitó la túnica y los zapatos con gestos precisos, acostumbrados. Y fue a sentarse en la ancha cama, donde le esperaba Tomas. Los oscuros ojos resbalaron por la piel expuesta con expresión evaluativa.

–¿Sigues haciendo ejercicios?
–Para nada –explicó el otro, mientras tiraba de Tomas para ubicarlo entre sus piernas–, mis músculos son la prueba irrebatible de que cuidar niños menores de 11 años desarrolla tu fuerza física, tus reflejos y tu resistencia.
–Cuidarlos sin magia –rectificó Tomas, divertido. Y me permito recordarte que fuiste tú quien eligió el empleo.
–¿Qué otra cosa podía hacer? –Irving se encogió de hombros, esa era una discusión antigua– ¿Dejar solo a Ben? De todos modos necesito un trabajo hasta que matricule en la Escuela de Medimagia.
Tomas resopló, un poco molesto por la tonta mentira de su amigo. Si bien era cierto que el joven estaba trabajando para completar el costo de su matrícula, también lo era que podría haber optado por otros empleos mejores, pero ¡claro!, en otro empleo no viviría con Ben.
–¿Sabes que esa justificación caerá por su peso si tu hermana...?
–¡Ella no es mi hermana! –interrumpió Irving airado y Tomas se mordió el labio inferior de rabia.

¡¿Cómo podía ser tan descuidado?! Él, mejor que nadie, sabía el dolor que le provocaba a Irving ser considerado el hijo adoptivo de Benjamín Shaklebolt. Le molestaba que Jane le considerase su hermano y automático confidente, le molestaba que en el Ministerio alzaran las cejas al leer su documentación y descubrir que era hijo de mugles, y –especialmente– le molestaba que Ben le viera como a un sustituto para su propia hija, en vez de un joven –atractivo, soltero y dispuesto– vecino.

Era su culpa, sin dudas. Los acontecimientos de las últimas veinticuatro horas le habían dejado exhausto, a tal punto que olvidaba ser gentil. Decidió poner a su amigo al tanto, de modo que cambiaran de tema y llegasen al objetivo de su reunión.

–Olvídalo, por favor, sabes que no quise decir eso.
–Lo se –Irving suspiró y le acarició la cabeza–, es que no puedo dejar de estar enfadado con ella.
–No creo que Jane merezca ni tu enfado.
El joven sacudió la cabeza y sus rizos color oro viejo hicieron cosquillas en la nariz de Tomas. Habló de nuevo en un tono brusco y de falsa alegría.
–De acuerdo, haz tu parte y cuéntame algún chisme que aparte a Jane de mi mente.
–Ayer descubrí el misterio.
–¿De veras? –el rubio estaba genuinamente interesado– Eso sí es noticia. ¿Cómo lo lograste?
–Hallé el pensadero. –dijo simplemente.
El pensadero –para ser exactos, su localización– había sido el motivo de varias noches en vela para los dos jóvenes.
–¿Y?
Tomas dejó caer los ojos, fingiendo inocencia.
–¿Y qué?
–¿Me vas a decir que todo salió bien? Te metiste en el pensadero de tu padre y descubriste uno de los secretos mejor guardados de Gran Bretaña sin problema, con un chasquido de dedos.
–Bueno, en realidad, si hubo un pequeño problema... papá Draco me descubrió –los brazos de Irving se tensaron alrededor de su torso–, pero después llegó papá Harry y lo arreglamos todo –el rubio soltó el aire que estaba reteniendo–. Creo que vamos a mejorar a partir de ahora. –concluyó esperanzado.
–Menos mal, por un momento temí...
–¿Si?
–Que tuviéramos que llevarte a casa por el resto del verano.
Ambos estallan en carcajadas y se relajan, la risa desaparece poco a poco.
–Entonces –indaga el visitante–, ¿no estás castigado ni nada así? –el chico niega– Pues vámonos de compras, porque vine sin regalo de cumpleaños para tu padre.
–¿Al Londres mugle?
–Por supuesto, ¿dónde sino hallaremos algo interesante a los ojos de nuestro Ministro?
–Perfecto –Tomas se arrastra hasta el borde de la cama–, aprovecharé para comprarle algo a papá Draco también. ¿Me alcanzas mis vaqueros y una camisa de lino?

TBC...

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