¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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30 abril, 2007

SECRETOS DE FAMILIA 15

Adaptándose 3

Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
Federico García Lorca


Martes

Severus Snape odiaba leer informes, pero odiaba todavía más no enterarse de las cosas que se relacionaban con su escuela. Desde que tenía 11 años, Hogwarts era su hogar, y de mil maneras defendía al viejo castillo, como todo lo que consideraba su responsabilidad. Al apartar su mirada del pergamino con el membrete de la Oficina de Atención a Licántropos y estudiar al mago que le habían mandado, ponderó la posibilidad de que, en realidad, fuera un espía del Consejo Escolar.

Aunque era poco probable que, si tenían un agente infiltrado en el puente entre el Ministerio y el Consejo Licano, lo expusieran a sus ojos y los del Castillo. Sin embargo, había algo en Adrian Ross Duncan que lo inquietaba.

–¿Dice usted que desea entrevistarse con Alexander Smith?
–Después de que usted y el señor Kruger den su autorización, por supuesto –se apresuró a aclarar el joven.

Snape resopló y volvió a mirar el informe sobre la visita que Duncan realizara el día anterior a Marcia Smith, la madre de su alumno. El investigador había descubierto que la muggle maltrataba al cachorro y ahora deseaba obtener elementos testimoniales de Alex, para completar el reporte que debía elevar a varios comités del Ministerio y al Consejo Licano.

Si, así debía ser, pero no era lógica la premura con que se daban las cosas. Kruger había mandado su queja sobre el estado de salud de Alex el domingo, con la esperanza de que la investigación se pusiera en marcha el martes, con buen tiempo, y… ¿Por qué le miraba Duncan con esa fijeza?

–Kruger tarda –comentó Snape sin saber por qué.
Duncan lo miró con miedo, pero asintió despacio.
–El colegio es grande –argumentó con una sonrisa forzada.
Volvieron a caer en un incómodo silencio.

Snape no entendía su comportamiento. Jamás se le habían dado las conversaciones banales y nunca antes le importó que un funcionario del Ministerio esperara en su oficina, ¡era especialista en ignorar! Con todo, decidió que, si Duncan era espía, era muy malo, porque le seguía mirando con intensidad, pero tampoco era un simple burócrata, ¡se olía a millas!

La puerta del despacho giró para dejar pasar, ¡por fin!, a Kruger, y Snape dio gracias a los dioses por ello.

–Lamentó la demora profesor –se disculpó al Alfa–, su mensaje me alcanzó en el bosque.
–No hay problema –aseguró Snape y señaló con un gesto al visitante. –El es Adrian Ross Duncan, de la Oficina de Atención a Licántropos. Vino por el informe sobre Alex.
El licántropo rubio ofreció su ancha mano al joven y este sonrió.
–Es un placer conocerle, Sr. Kruger.
El Alfa le dedicó una sonrisa amable, ocupó una butaca casi de frente a Duncan y cruzó una pierna sobre la otra en gesto relajado.
–Usted dirá.
–Ayer lunes temprano recibimos su queja sobre el estado de salud de Alexander Smith. Tras una breve consulta con los representantes del Consejo Licano, me ordenaron viajar a Exeter y entrevistarme con su madre. Se que a ustedes les parecerá raro que una orden de intervención en el mundo muggle se diera así, con menos de dos horas de debate, pero es que nosotros vigilamos a los Smith desde el incidente en Bedale –Snape hizo un gesto de incomodidad, Duncan se pateó por su falta de tacto. –Entre el Consejo y el Ministerio surgió una profunda división respecto a cómo manejar el caso Smith, que actualmente es el único menor de edad con Licantropía por contagio en Europa. Hasta ahora, los que opinaban que Alex debía crecer con su familia se impusieron, pero sus quejas revivieron el debate.
Duncan se detuvo para buscar en su carpeta un largo pergamino. Tendió el documento a Kruger.
–Este es el reporte de mi entrevista con Marcia Smith, me pareció adecuado traerle una copia.
El lobo observó con cautela el sello de la Oficina y luego fijó sus ojos ambarinos en el investigador.
–¿Me da un resumen?
Duncan carraspeó incómodo.
–El libro de referencia para tratar a Alex todos estos años fue Paseos con los hombres lobo, de Gilderoy Lockhart, la madre cree que los Licántropos son animales de los cuales su hijo debe ser protegido, justificaron sus desapariciones mensuales con ataques de esquizofrenia y ahora todos creen que está en una institución educativa para niños con problemas siquiátricos. De hecho, la señora Smith creyó que llegaba a anunciarle el regreso de Alex, dio por sentado que no se adaptaría.
–Si –comentó Kruger–, a mí también me preguntó si lo mandaría de regreso.

El Alfa dejó con cuidado su ejemplar del reporte sobre la mesa del director y se frotó las sienes. En su interior, Freke deseaba lanzarse a correr y no parar hasta que la sangre de Marcia Smith le mojara las encías. "La luna tiene un polizón de nardos…" repitió tontamente por un par de segundos. Alex, Alex era lo importante. Freke se calmó un poco y él pudo volver a dirigirse a Duncan.

–¿Cuál es el próximo paso?
–Los Smith están en evaluación. Antes del viernes recibirán bibliografía actualizada y un cronograma para incorporarse al Grupo de Familiares. Le advertí a ella que, si no coopera, Alex pasará las Navidades aquí, o en Taunton, y luego iremos a juicio.

Kruger asintió, el Grupo de Familiares de Licántropos había ayudado a muchas personas a lidiar con la condición de sus seres queridos.

–Respecto a Alex –continuó el mago–, me ordenaron entrevistarme con él y determinar con ayuda de su Alfa y el director Snape, si necesita encuentros regulares con un sicomago, alojamiento especial, cualquier cosa.
Kruger asintió despacio.
–Estoy de acuerdo. ¿Qué cree, director?
Detrás de su buró, Snape tamborileó con las yemas de sus dedos por un instante.
–No puede estar solo con usted, las normas del colegio lo prohíben.
Duncan lo miró sin comprender. ¿Estaba aprobando o no la entrevista?
–John estará encantado de ayudar –aseguró Kruger–, tomó a Alex bajo su protección desde el cruce del lago.
–¿John? –inquirió Duncan con cautela, no podía creer que su suerte fuera tanta.
–John Lupin –aclaró el Alfa–, está en primero de Griffindor, como Alex.

Snape resopló, Duncan tuvo la impresión de que el hecho no le agradaba. Comprendió de golpe que el extraño silencio del director durante la reunión se debía a que todo esto le regresaba a los bosques de Bedale. Parecía no estar recuperado.

–Entonces está arreglado –decidió Snape con un golpe en la mesa. –Yo debo irme a la clase de Duelo. Max, lleva al señor Duncan a una de las salas de visita y encárgate de que Lupin y Smith se reúnan con él. ¿Necesita algo más? –preguntó al joven mientras se levantaba.
–Por ahora, no. Ha sido usted muy amable –Duncan extendió su mano y una sonrisa ¿feliz? se le instaló en el rostro. –Espero volver a verle.
–Por supuesto. Presiento que el caso Smith no termina aún.

Snape observó con cuidado a Duncan, notó enseguida que el joven perdía algo de su aplomo al recordarle su única razón para visitar el colegio. Acompañó al visitante y a su Alfa escaleras abajo y se separaron frente a la gárgola.

"Así que le intereso yo" pensaba en su camino al salón de duelos. "¿Qué están tramando ahora esos desgraciados del Consejo? ¿O serán otros?" El no carecía de enemigos en el Ministerio y la reaparición de la marca… "Bueno, jugaré su juego un par de semanas. Solo espero que sea lo suficientemente listo como para mantenerse alejado de John."

Miércoles

El murmullo del gran comedor apenas se detuvo con la llegada del correo. Solo aquellos que esperaban noticias –como los Potter Malfoy– levantaron las cabezas cuando el rumor de alas se mezcló con el de comida y charlas.

Tomas vio al gran halcón planear sin decidirse por ninguna de las tres mesas. Siempre era así: sus padres escribían para los tres y el pájaro no era capaz de elegir. El acuerdo tácito hasta entonces era que él, el mayor, llamaría al ave y los gemelos se le juntaban luego. Pero hoy no alzó el brazo. De repente se le ocurrió que la carta no era para él, sino para los hijos de Harry Potter. ¿Qué pasaría si no llamaba al estúpido pájaro?

"Dará más vueltas, hasta que Snape lo note, y no quieres llamar su atención, ¿verdad?" advirtió una voz en su interior.

No, no quería llamar más la atención. Con ser el tullido hijo del mortifago traidor prometido del bello sangre sucia tenía suficiente. ¿Sangre Sucia? ¿Desde cuándo era Eli un sangre sucia? ¿Desde cuándo pensaba en términos de pureza de sangre?

"Desde que sabes quién eres en realidad: un Glaunt, el último de ellos."

Levantó el brazo con gesto imperioso y dejó de preguntarse cosas. Su voz interior había hablado suficiente por una semana. El ligero peso del mensajero familiar nunca fue tan agradable. Se concentró en desatar el mensaje y darle de comer algo de salchicha al animal. No podía abrir el sobre sin las otras personas a quien iba dirigido, así que apuró el vaso de leche y se dirigió a la mesa Griffindor.

–Louis, Eli –llamó con brusquedad. –Vamos fuera.

No esperó respuesta, sino que avanzó con su paso lento y falsamente solemne a la puerta, donde ya les esperaba Josh.

"Tengo suerte de tenerlo por hermano" pensó por milésima vez. "Es tan observador que podría descubrirme y entonces..."

¿Descubrirle? Tomas sacudió la cabeza ante la extravagante idea. No había nada que descubrir. El era quien era: Tomas el Tullido. Desde agosto, las investigaciones y los secretos ajenos carecían de fascinación.

"Se puede vivir con algunas ignorancias…" Eso lo sabía, pero ¿cuánto tardaría Joshua en entenderlo? "Siempre será demasiado tarde…" ¿De dónde le llegaban esas ideas de viejo amargado esta mañana? Estrujó el sobre entre sus dedos. "Es el miedo" comprendió de pronto ", tengo miedo de lo que diga esta carta."

Ya estaba frente a Joshua. Reconoció a su espalda los pasos ligeros de Louis y los apresurados de Eli, pero no se detuvo (detenerse con sus piernas de madera y magia era gastar energías). Siguió adelante, y el Slytherin se incorporó a la comitiva sin palabras. No se detuvieron hasta un aula vacía del segundo piso.

–¿Qué dice papá? –inquirió el gemelo Griffindor cuando el local estuvo sellado e insonorizado.
–Antes debemos explicarle a Eli qué hace aquí –le contuvo el mayor y extendió el sobre a su novio. –Mira.
El muchacho alcanzó el objeto y leyó en voz alta.
–A Tomas Sirius, Louis Julius y Joshua Lewis Potter Malfoy. A Elihaj Suchowljansky –alzó los ojos son comprender. –¿Por qué…?
–Eres mi prometido –explicó Tomas. –Pronuncié lo votos ¿recuerdas? Draco Malfoy es un mago a la antigua usanza por ese lado.
–Si, aunque los votos se prenuncien desde el suelo de una limosina voladora –se burló Louis.
–Espero que tú encuentres alguien que los acepte fuera de una cueva de ratones.
–¿Cueva de ratones? –Eli no sabía si reírse o reprender a su novio.
–La forma animaga de Louis es un ratón –intervino el segundo gemelo. –Por favor, Tomas, la carta –rogó con mal contenida inquietud.

Joshua deseaba que acabaran de leer el maldito pergamino. Saber era preferible, mil veces preferible a la inquietud y algo ocurría, sentía el mal sobre su piel, como un soplo de brisa fría y suave.

El moreno rompió el lacre y separó dos piezas de pergamino: una breve y decorada en los bordes, que pasó a Elihaj, y otra un poco más extensa y escrita con letra apretada, para él y sus hermanos.

De un vistazo lo supo: nada nuevo, ni bueno. Wilson Tackeray era el medimago a cargo de Draco, y anunciaba que los siguientes meses serían tan complicados como tranquila había sido la espera por los gemelos, trece años atrás. El resto era bastante doméstico: Ya estaban en la vieja mansión de los Black (era una suerte que el retrato de la madre del tío Sirius ardiera gracias a la ira de Vlad Tepes). Draco se retiraría del ojo público a más tardar en noviembre. Para el cumpleaños de Tomas organizarían una pequeña cena con todo el Clan para anunciar el embarazo y el noviazgo (el hermano mayor sintió que sus rodillas flaqueaban ante la idea). Su padre había decidido no postularse a un nuevo período como Ministro (los ojos de los gemelos brillaron con alegría, ya no tenían que ser "tan" ejemplares). Y, por último, advertían a Tomas de que pronto recibiría correo oficial de Gringotts respecto a una cuenta que Draco consideraba oportuno abrir, para que cortejara a Eli de la manera tan correcta, amorosa y cara como desease.

El moreno levantó los ojos y se encontró con la mirada incrédula de su novio.

–Es… Yo… tus padres, dicen que… quieren conocerme en una reunión familiar que… para la fiesta de Halloween… Tomas yo no se…
Tomas se acercó despacio al joven de cabellos castaños.
–¿Hay algún problema?
Los ojos azul oscuro de Eli eran casi negros.
–¡Es en dos meses! –casi chilló. –¿Cómo saben que en dos meses tu y yo…?
Tomas le tomó la mano libre con afecto y tiró de él con suavidad.
–Babosos –gruñó Louis, que todavía no se recuperaba del beso de torniquete en el salón de duelo el día anterior.
–Tonto –regañó el mayor de los Potter a su tembloroso novio. –Debería comprarte unas gafas hechizadas para ver el amor. Dos meses, tres, un siglo. Te seguiré amando.

Eli murmuró algo con los labios pegados a su clavícula, el roce de su aliento bastaba para erizarle la nuca. ¡Merlin y Lycaon fueran malditos! ¿Sangre sucia? La única sangre impura allí era la de él.

"¿Y tú me seguirás queriendo cuando sepas…?" Se le ocurrió de pronto. Quería casarse con Eli, pero ¿podían unir su vida con un secreto así entre los dos? "El admira a mis padres, se ríe con las tonterías de los gemelos, incluso le simpatiza Dafne. Si ya no soy un Potter, ¿qué voy a ser?" Si, decidió mientras acariciaba la larga cabellera de su prometido. "No hay nada más que Tomas el Tullido. El último Glaunt fue Tom Sorvolo Riddle. Yo soy Tomas Sirius Potter Malfoy, de la casa de Ravenclaw, y tú serás mi esposo: Elihaj Potter Malfoy, de la casa Gryffindor, un poco de sangre judía es justo lo que necesita ese viejo de lengua bífida para acabar de hundirse en el infierno a donde lo mandó mi padre."

Y el pensamiento fue tan tranquilizador que tuvo fuerzas para oscilar a un lado y otro y calmar a su chico en tiempo record "La sangre vela ayuda, a veces". Cuando se separaron, lo besó en la frente y se dio media vuelta para salir, las miradas burlonas de sus hermanitos no le calentaron la sangre "Estos lo que necesitan es empezar a pensar menos en bombas fétidas y más en traseros", sino que contuvo las ganas de correr a besarlos "Eso de correr no se me da" y se fue con su falsa mesura en el andar "Mierda de prótesis, debí usarlas durante el verano para poder llegar a tiempo a Aritmancia".

Louis y Josh les vieron salir tomados de la mano, tan ensimismados en su amor que no notaban el abatimiento de los rubios.

–¿Eso es amor? –preguntó el Gryffidor cuando volvieron a estar solos.

Josh le miró extrañado. Louis casi nunca le hablaba en frases completas, eran gemelos, gemelos idénticos, una persona con la posibilidad de dos cuerpos simultáneos. Así que solo eran "literales" en público, o cuando la aflicción atenazaba la garganta, como esa mañana. Sacudió la cabeza y levantó la nota del padre ante sus ojos.

–Si.

Louis le miró sin comprender, pero nada más dijo. Comprendía que su hermano mayor era distinto a ellos dos, pero le costaba asimilar el violento cambio en el carácter de Tomas. Elihaj hacía cambiar el discreto carácter de su hermano de un modo tan violento que asustaba. ¿Le ocurriría eso a ellos al cumplir los 16?

–Ya sabes –advirtió Josh en lo que incineraba la carta con un giro de varita.

Louis asintió, ya sabía. Callar, callar, todo en su familia era secreto. Tocó el hombro de Josh para que sus ojos verdes volvieran a cruzarse.

–¿Lo sabe?
–¡Claro que no! –la sola idea parecía asustar a Josh. –Y vamos a ayudarlo.
Louis asintió con fuerza, si su gemelo decía que ayudaran eso era lo correcto. Sin embargo…
–¿No lo ama?
–¡El cerebro Griffindor! –se quejó Josh. Decidió ser excepcionalmente claro en sus órdenes (a Louis se le daba bien lo de seguir órdenes) –Solo trata de que crean que no está pensativo, sino triste. ¿Entiendes? El resto es cosa suya.
–De ellos –rectificó Louis.
–Si, de ellos.

Josh suspiró quedo, en esos momentos pensaba que la teoría de que eran una persona en dos cuerpos estaba errada. Eran una persona, en efecto, pero partida en dos. Siempre estaba incompleto sin su gemelo, pero hacerle entender los planes era complicado. "El heredó la parte del perro guardián y yo la del coyote tramposo. Entonces ¿qué coño somos?" ¿Qué era? "Bonita pregunta para iniciar el curso, imbécil" ¡Suficiente! Apretó el hombro de Louis con afecto y se forzó a sonreír.

–Ahora vamos a clase. Espero que Fleur nos de algo de diversión antes del almuerzo.

Jueves

El invernadero era un sitio bello, pensó Dafne, y casi tan agradable como la sala común de Slytherin. Lo mejor de todo era que Lonbotton, el profesor de Herbología, los ponía a trabajar en tríos, y podía estar cerca de John y Alex sin problema. En las otras clases que compartía con los Griffindor, los bancos eran para dos, y tenía que sentarse delante o detrás de ellos, con Melian Capote, que se fingía insoportablemente estirada fuera de la sala común porque –según ella– así actuaban los verdadero Sly.

Pero eso no importaba ahora, sentía un agradable calor entre sus dos amigos Griffindor, mientras dibujaba con cuidado la planta de hojas moradas que les asignaran.

–Espero que el dibujo que nos den durante la segunda parte sea mejor que el tuyo –refunfuñó Lupin.
–Y yo espero que nadie recuerde tu muy personal forma de escribir "lanceolada" en el futuro –repuso la niña tras un breve vistazo a la descripción escrita de su compañero de equipo. –¿No te enseñaron ortografía en primaria?
–Es una palabra muy larga –se quejó el moreno.
–Ya… –Dafne se quedó callada, de nuevo deseaba preguntarle a John qué clase de asignaturas impartían en su misteriosa escuela de Alemania, pero se contuvo.

Aparte de un envidiable físico, excelente memoria para ingredientes de pociones, nombres de plantas y animales, su amigo parecía tan desorientado como Alex y ella. Eso la intrigaba, no había olvidado su amenaza del primer día, y sospechaba que esas extrañas ignorancias en un hijo de magos, junto a su color de ojos, era la clave del misterio. Pero las tareas no le daban tiempo para dedicarse a la investigación.

"¿Y si le pregunto a Joshua?" su primo era extremadamente amable y desde la primera noche hallaba siempre tiempo para preguntarle cómo iban las cosas. "No. Es mi misterio." Para refrescar, se volvió en dirección a Alex, que, como ella, debía dibujar la planta. Los ojos se la abrieron como platos.

–Alex, eso es… ¡maravilloso!
El rubio levantó la mirada y sonrió con timidez.
–¿Te gusta?
En vez de contestar, Dafne le dio un codazo a John y él gruñó, desorientado. La chica señaló la cartulina del otro Griffindor.
–¡Wow! El que coja esta muestra no tendrá problemas para identificar la planta. ¡Es excelente!
–¿Tomaste clases de dibujo en primaria, ¿verdad? –dedujo Dafne.
La pequeña sonrisa de Alex murió.
–No. Mi mamá me enseñó.

Dafne y John se pusieron serios de golpe. Su amigo aún no se recuperaba de la entrevista que sostuviera, dos días atrás, con el tal Duncan. Dafne sabía que le estaban ocultando una parte de la historia, pero el caso era que los padres de Alex estaban acusados de maltrato infantil (la verdad es que Alex estaba bastante flaco y todo lleno de cicatrices) que era un crimen muy serio, porque los magos tienen muy pocos hijos.

John carraspeó incómodo y miró su reloj de pulsera.
–Todavía no describo el tallo de esta cosa –dijo con voz apurada y se inclinó sobre su pergamino.

No hablaron más. Cinco minutos después, el profesor dio una palmada para advertir que el tiempo se acababa y recogió los dibujos y descripciones con un movimiento de varita.

–Bueno, ahora pasaremos a la parte más divertida de la clase – Lonbotton sonrió con su media boca. –Voy a mezclar sus pergaminos y cartulinas, y entregaré a cada trío un dibujo y una descripción. En esta hora que les queda deberán descubrir a qué planta corresponden. Para el próximo encuentro quiero un pergamino de sesenta centímetros sobre las características de la planta, sus propiedades y las pociones en las que se usa.

Dafne trató en balde de descubrir el hechizo que Lonbotton aplicó a los materiales para que se mezclaran. Luego el hombre avanzó por el invernadero y entregó a cada grupo un dibujo y una composición. Su paso renqueante no era lento, y ella se preguntó si su pierna izquierda, tan machacada, le dolía.

Joshua le había contado que, durante la guerra, los mortifagos capturaron a los Lonbotton y les torturaron con la esperanza de obtener la ubicación de la base de Harry Potter. Ellos se mantuvieron firmes hasta que Remus Lupin le rescató. Para entonces el veneno de serpiente, los crucios, los golpes y las maldiciones rompe-huesos, habían dejado la bóveda craneana de Luna hecha pasta, por eso la profe de Adivinación usaba un casco de acero inoxidable por debajo del cual escapaban escasos mechones de pelo color arena. A Neville lo estaban amenazando con una plancha de metal al rojo cuando los aurores irrumpieron en la fortaleza, y casi quinientos quilos de plomo aplastaron su brazo y pierna, y le quemaron la cara.

No eran los únicos. Su primo le advirtió que casi todos los adultos del mundo mágico tenían alguna cicatriz de la guerra, que no tenía que avergonzarse ni dejarse asustar, pero era difícil. Así que cuando el profesor se acercó a su mesa, abrió su ejemplar de Mil hierbas mágicas y hongos y fingió leer.

Por suerte, el material que les asignaran estaba mejor dibujado y redactado que el de ellos. No tardaron en determinar que se trataba del asfódelo.

–¿Vamos a la biblioteca? –propuso Dafne cuando cruzaban los terrenos hacia las puertas del castillo.
–No –repuso John. –Alex y yo tenemos que ir a otro lado. –¿Nos vemos después de la cena?
Dafne los observó con cuidado. John había tomado la mano de Alex y solo esperaba una respuesta de ella para correr escaleras arriba.
–¿Qué cosa?
–Cosas de Griffindor.
La niña suspiró. ¿Por qué le ocultaban cosas?
–De acuerdo, a las 8 en la biblioteca.
–¡Perfecto!

Lupin se llevó a Smith casi a remolque y ella se quedó en el enorme recibidor, con su mochila y sus dedos manchados de tempera. Miró los relojes que marcaban los puntos de cada casa: Slytherin iba delante, seguido de Ravenclaw y Griffindor. Algunos los había aportado ella en Pociones y Herbología.

"De hoy no pasa que sepa el secreto de John y Alex."

TBC…

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