¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

Todos los personajes reconocidos públicamente son propiedad de sus respectivos autores. Los personajes originales e historias son propiedad la autora. No se genera ningún beneficio económico por este trabajo, ni piensa por un instante en los derechos de autor.

30 abril, 2007

SECRETOS DE FAMILIA 14

Adaptándose 2

¿Por qué si el mundo es uno
todo es desigual?
Emperador Wen, Dinastía Wei (220-264)


Lunes

Adrian Ross Duncan salió de la catedral de San Pedro y entrecerró los ojos para adaptarse a la radiante mañana de Exeter. En Londres estaba nublado y su viaje del Ministerio a la sureña ciudad, vía flu, no le había preparado para esto. Se recostó a la pared frontal del gran edificio y extrajo su agenda, en lo que decidía si tomar un bus o un taxi. Tras revisar el resumen de la mujer que debía visitar optó por el taxi: viajes cómodos para conversaciones amargas, era una de sus divisas.

Por suerte, la catedral era uno de los centros turísticos en la cuenca del río Exe, y no tardó en hallar un auto. Se bajó a dos cuadras de su destino y caminó despacio, fingiendo observar las ruinas del castillo Rougemont, pero en realidad sus pequeños ojos negros estaban fijos en la casa de los Smith, que se alzaba en medio de un modesto jardín sembrado de tejos. Adrian arrugó la nariz al reconocer los árboles: tenía la esperanza de que el informe sobre ellos fuera exagerado, pero no. Reconoció también los complejos dibujos en el marco de la puerta, debían costar un dineral esas inútiles señales espantabrujas. ¿Y las flores de ajo en los balcones superiores? Patético.

No percibió plata en el perímetro, al menos no deseaban torturar al chico. No deseaban torturarlo concientemente, rectificó de inmediato, si no, ¿por qué estaba él ahí? Satisfecho con su inspección externa, el mago decidió pasar a la segunda parte de la misión, así que atravesó el jardín, subió los tres escalones y tocó el timbre.

La puerta (de tejo y grabada con conjuros medievales contra el demonio) fue abierta casi de inmediato por una mujer de treinta y tantos, de cabello castaño y alegres ojos azules.
–¿Si?
–Busco a Marcia Smith.
Ella asintió y se giró al interior de la casa.
–¡Marcia! Te busca un modelo de la Play Girl –volteó de nuevo a mirarle. –¿Te asusté? No te preocupes, me gusta asustar a los alumnos de Marcia.
–Yo no…
–Hazlo pasar Julia –ordenó una mujer desde lo alto de las escaleras.

Julia se hizo a un lado y movió la mano en gesto de invitación. Adrian se adentró en el vestíbulo y sus ojos chocaron con la dueña de la casa. Marcia Smith era rubia, de cabello corto y rostro ovalado, llevaba una camisa ancha a cuadros y unos pantalones de franela marrón que le quitaban años a su figura, pero no lograban disfrazar su naturaleza dominante.

–¿Qué desea?
–Vengo a hablar de su hijo.
–¿Le pasó algo a Alex? –se adelantó Julia.
–No –le tranquilizó el mago. –Es una reunión de rutina que tenemos con todos los padres de nuestros internos.
La señora Smith hizo una mueca de desagrado, pero mantuvo la compostura ante su vecina.
–Julia ¿podrías?...
–¡Por supuesto!

La castaña tomó su abrigo y se dirigió a la puerta. Ya solos, la anfitriona caminó en silencio a través de una puerta a la derecha, el mago la siguió, y se encontró en una salita cálida, llena de fotos y acuarelas de tema lacustre. Como el silencio se mantenía, decidió sentarse. Marcia, sin despegar los labios, se fue hasta un minibar en el fondo de la estancia y se sirvió una dosis de vodka. Adrian tomó nota mental del detalle.

–¿Algo de tomar?
–Coñac, por favor.
La mujer le tendió la copa y se sentó en un sofá de color rojo vino. Suspiró y se encaró al mago con rostro decidido.
–¿Cuándo regresa?
El no supo a qué se refería –¿Perdón?
–Alex, usted viene por Alex. No se adaptó ¿verdad? –percibió claramente el tono de contenida satisfacción en su voz. –Solo dígame dónde tengo que recogerlo. Aún puedo arreglar su matrícula en la secundaria de aquí.
–Un momento señora Smith, apenas es lunes. No hubo tiempo para que su hijo se las arreglara para ser expulsado de Hogwarts.
La expresión en su rostro cambió, y el cambio no alegró a Adrian. Ahora ella le contemplaba con desconfianza.
–¿Qué quiere entonces?
–Comencemos por el principio –propuso él en su tono más profesional. –Mi nombre es Duncan, Adrian Ross Duncan, trabajo en la Oficina de Atención a Licántropos, estoy aquí porque en los exámenes médicos que se le practicaron a su hijo ayer salieron a relucir algunas informaciones digamos, inquietantes, y queremos asegurarnos de que el ambiente donde crece Alex es saludable, en todos los aspecto posibles.
–¿Usted es algún tipo de mago de servicios sociales? –inquirió ella sin ocultar su desprecio.
–Solo hay un tipo de magos, señora Smith, –repuso Duncan en tono seco– y tenemos distintos empleos, como todo el mundo. Ahora, si me permite –sacó del interior de su chaqueta la agenda. –Debo hacerle algunas preguntas de rutina. Usted es Marcia Smith, Lennon de soltera, profesora de perspectiva de la Escuela de Arte y Diseño de Exeter.
–Si.
–Está casada desde hace quince años con Alan Smith, profesor de economía política de la Universidad de Exeter.
–Si.
–Tienen solo un hijo, Alexander Smith, nacido el 27 de mayo de 2009.
–Si.
–A Alexander Smith se le diagnosticó Licantropía por contagio la madrugada del 12 de agosto de 2014, en los bosques de Bedale, al norte de Yorkshire.
–Si –respondió ella claramente irritada. –¿A dónde quiere llegar con todo eso?
–Paciencia, Sra. Smith, paciencia. Tras el trágico accidente en que Alex fue mordido, el Ministerio de Magia ofreció a su familia atención médica, consultas con un sicomago, y la posibilidad de que su hijo interactuara con otros niños como él, magos y/o licántropos, a partir de su incorporación a la escuela primaria. Ustedes solo aceptaron la ayuda médica inmediata, pero se negaron a que un sicomago evaluara la evolución de Alex y lo enviaron a la escuela muggle. El Ministerio respetó su derecho a elegir la mejor educación para su vástago, hasta ahora.

Duncan levantó los ojos de su agenda y se enfocó en Marcia. La mujer tenía el mentón levantado y los ojos fríos, el "hasta ahora" la había puesto en guardia. El unió las yemas de sus dedos y trató de mantener un tono amable, aunque estaba seguro de que la cosa no iba a mejorar.

–¿Puede usted explicar, Sra. Smith, el severo cuadro de desnutrición que detectó el medimago de la escuela en Alexander Smith, las numerosas cicatrices en su torso, vientre y extremidades y su falta de autoestima? Porque esos elementos llevaron al Alfa de la Manada de Hogwarts, Max Kruger, a comunicarse con la Oficina del Atención a Licántropos ayer en la tarde.
–¿Alfa? –inquirió ella.
Adrian alzó las cejas, exasperado. ¿Eso era lo único que la había llamado la atención?
–Si, el líder de la manada…
–¿Permiten que se organicen como animales en la escuela? –le interrumpió la mujer con voz ultrajada. –Si llego a imaginar…
–¡Usted no está en posición de reclamar sobre la política de asociaciones en Hogwarts o en el Mundo Mágico! –le interrumpió a su vez el mago. –Kruger puede presentar un recurso por incapacidad familiar y su Alex no regresará a Exeter hasta los 21. En ese caso, usted tendrá que inventar una buena historia para sus vecinos. ¿Tal vez que la esquizofrenia se complicó y lo mantendrán internado por tiempo indefinido? –se alegró al ver su expresión espantada. –Si, sabemos cómo justificó sus ausencias mensuales a la escuela.
–Usted no puede quitarme a Alex –repuso ella con acento duro.
–¿No?
–No. Soy su madre, lo cuidé, lo alimenté, le ayudé a controlar al lobo en su interior. Inventé excusas en la escuela, curé sus heridas tras cada transformación. Use mis mejores conocimientos y todo lo hice pensando en él, en que no dejara de ser humano. ¿Quiénes son ustedes para venir a reclamar?
–Todavía no explica su estado –advirtió Adrian, no iba a permitir que ella desviara la discusión al plano sentimental.
–Su estado es normal –afirmó la mujer con seguridad. –Los niños con licantropía tienen problemas en la asimilación de nutrientes…
–¿Según qué fuentes?
–Lockhart, Gilderoy Lockhart.
¡Valla! Las cosas empezaban a tener sentido…
–¿Puedo preguntar quién le dijo que Paseos con los hombres lobo, era una bibliografía actualizada y confiable?
Ella lo miró escandalizada.
–¡Su ficha! El hombre es Caballero de la Orden de Merlín, de tercera clase, y Miembro Honorario de la Liga para la Defensa Contra las Fuerzas Oscuras, sus libros se siguen reeditando tras veinte años…
–Sra. Smith, usted no solo consultó un libro anticuado, sino lleno de falsedades. Y lo sabría de haber aceptado la ayuda del Ministerio. Me temo que es usted responsable de maltrato infantil por desconocimiento.

Marcia tenía los ojos desenfocados y el rostro flojo. Toda su fuerza había desaparecido. Empezó a balbucear razones sin orden.

–Pero ellos… Ese hombre vestido de negro me dijo que Alex sería parte de la manada… Yo no podía permitirlo… Alex es un niño… Un niño ¿entiende?... Yo no podía dejar que se mezclara con esas bestias…

Las mejillas se le pusieron rojas y gruesas lágrimas empezaron a caer por los costados de su nariz. Bajó la cabeza y trató de controlar el llanto. Adrian no la apuró. Mientras la mujer recuperaba el control de si misma, él tomó largas notas en su agenda.

–Discúlpeme –logró decir ella tras sus buenos diez minutos. –No se qué…
–En efecto, la clave aquí es que usted no sabe –contestó Duncan con voz fría.

No sentía ni pizca de simpatía por esta muggle presuntuosa y no iba a fingir lo contrario. Todo ese drama no le engañaba: ella temía la magia y había hecho todo lo posible para mantener a Alex fuera de ese mundo. Desnutrir y estropear sicológicamente a su hijo le había parecido a Marcia Smith un costo aceptable para mantenerlo cerca de ella, con una vida "normal". ¡Deseaba retorcerle el cuello!

–A partir de ahora, las cosas van a cambiar, Sra. Smith. Nos ocuparemos de proporcionarle bibliografía actualizada sobre la condición de Alex, usted y su esposo recibirán otra visita una semana antes de las vacaciones de Navidad. Si la evaluación de la sicóloga asignada no es satisfactoria para el Consejo Licano, Alex esperará el año 2021 en su escuela o en Taunton, y su custodia hasta la mayoría de edad será llevada a juicio. ¿Entiende?
–¡No! Espere, Alex me quiere, ¿es que eso no cuenta?
–Alex la quiere porque no conoce nada más que sus torturas sicológicas disfrazadas de protección. Le advierto, recibirá un hijo muy cambiado en diciembre, un hijo que sabrá que no está solo. Ahora me retiro, no se preocupe, puedo hallar la puerta.

Adrian se levantó y caminó hasta la puerta que comunicaba la salita con el recibidor.

–Los libros le llegarán esta semana. Buen día, Sra. Smith.

Marcia lo vio marchar desde su sofá. No reaccionó hasta que sintió cerrarse la puerta de la calle. Entonces fue al barcito y se sirvió una escalofriante dosis de vodka.

–Alex es mío –susurró para si mientras paladeaba la ardiente bebida. Tiró el vaso contra la pared. –MIO.

Martes

Draco se levantó del tocador y caminó despacio a la cama, Harry lo esperaba allí, mientras terminaba de leer un informe a la luz de la lámpara de mesa. En cuanto empezó a desatar la cinta de su bata para subir al lecho, su esposo dejó el documento y se metió entre las mantas. Le dedicó una sonrisa reconfortante y abrió los brazos, a la espera.

El rubio buscó cobijo en silencio, se dejó inundar por el aroma a lluvia fresca de su pareja y trató de relajarse. Harry le besó la nuca y acarició su hombro, despacio, era un roce fraternal, de apoyo, y Draco agradeció a los dioses que Harry entendiera su falta de deseo. Aunque tal vez se tratara de que él tampoco tuviera deseo, después de todo, la visita al medimago no había sido una experiencia buena para ninguno de los dos.

Se mordió con suavidad el labio inferior mientras sentía a Harry abrirse la camisa del pijama. El contacto de su espalda con el duro pecho del otro le produjo un escalofrío que luego remitió, en la medida que el flujo mágico entre sus cuerpos se estabilizaba. Se revolvió, pero eso solo aumentó la sensación quemante en su piel.

–Solo un poco más –le tranquilizó Harry.
–Para… –la voz de Draco era casi un ruego.
Pero el abrazo del moreno dejó de ser tierno para impedirle el movimiento. Draco sintió que alguien arrancaba la piel de su espalda y dejaba caer agua a presión sobre la herida. Gimió.
–Ssss, ya casi mi dragón. Piensa en el bebé.

El bebé, si, el bebé. Draco se aferró a la idea para mantener la cordura. La transmisión controlada de magia no era agradable, pero su bebé, el retoño que por fin le iba a dar a Harry, necesitaba de la magia pura y sana de su otro padre. Ambos lo sabían desde el principio, pero habían preferido esperar a que el doctor Tackeray lo confirmara: el núcleo mágico de Draco estaba demasiado dañado para suministrar la magia suplementaria al feto.

La transferencia mágica era un fenómeno espontáneo, derivado de la magia remanente de los conjuros y la interacción –física o espiritual– entre los seres mágicos. Solo las entidades más poderosas eran capaces de controlar su flujo y donarlo a voluntad. Por suerte, Harry estaba entre esas personas. Si, se repitió Draco como un mantra, tenía suerte de que su esposo pudiera asumir el reto de transferir magia de este modo sin matarse en el proceso. Después de todo, solo se conocía otro método para alcanzar tazas de movimiento de esa intensidad: sexo.

¿Cuándo se había vuelto su relación tan enferma? Prefería esta tortura a tener sexo cada 48 horas. ¡Por la sangre del Dragón de Arturo!

La sensación quemante se detuvo, Draco sintió que flotaba en una niebla acogedora, tibia, segura. Era la magia de Harry envolviendo su propio núcleo, asegurando su vida y la del pequeño. También sintió algo húmedo dejar un rastro en su mejilla y un cuerpo suave que limpiaba la huella.

–No llores corazón.
Pero Draco no intentó siquiera obedecerle.

Aún sin mirarlo podía notar la leve excitación de su pareja, la imagen de un mago capaz de donar magia y excitarse, en vez de quedar exhausto, lo llenó de orgullo y frustración. ¿En qué se había convertido? Se giró un poco y besó los carnosos labios de Harry.

–¿No quieres…?
El moreno lo detuvo al poner un dedo sobre sus labios. Su rostro repentinamente serio.
–Hemos hablado de esto ya, no tendrás sexo por obligación, ¿recuerdas?
–Pero tu…
Harry sacudió la cabeza, restándole importancia al asunto.
–Para mi es suficiente estar a tu lado.
Draco tocó el pene semirrecto, que saltó como un resorte. El moreno gimió, pero apartó la mano con firmeza y trató de usar la lógica.
–Haz recibido suficiente magia por ahora, mañana si quieres…

Eran las palabras equivocadas, lo supo enseguida. Draco estaba tan herido que no intentó enmascarar sus expresiones. Fue solo un instante durante el cual se soltó de su abrazo y dejó escapar un leve gruñido. Harry quedó paralizado por un largo momento y reaccionó cuando la voz del rubio llegó hasta él. Obviamente, estaba usando toda su compostura y la voz era fría, servicial.

–Lamento haberlo molestado a mi señor. Ahora que la transferencia está echa, ¿puedo dormir?

No esperó a que Harry abriera la boca, solo giró hacia el otro lado de la cama y se tapó la cabeza con ¡todas las mantas!

El moreno se le quedó viendo, asombrado del giro que habían tomado los acontecimientos. ¿Ahora era su culpa? Apenas a media tarde habían escrito a sus hijos contándoles que la mudada estaba completa y que la visita al medimago no había traído sorpresas. Tackeray era el mejor especialista en embarazos masculinos de Gran Bretaña, pero ni él podía borrar los problemas médicos de Draco, así que había orientado reposo, pociones nutritivas, comidas sin condimentos y transferencias mágicas regulares. Toda su vida había trabajado para que Draco no se sintiera presionado por su "contrato matrimonial", para que fuera libre de desearle o rechazarle a voluntad y ahora que todo eso debía dar frutos…

–Draco –silencio. –Draco –intentó por segunda vez.
Bueno, tal vez debía usar la técnica de "hablarle al muro hasta que se conmueva".
–Amor, discúlpame ¿si? No quise insinuar que solo me desearas por el bebé. Estamos en una relación de igualdad, ¿recuerdas? Y eso significa que lo hacemos todo de mutuo acuerdo. Solo porque yo me… –¿por qué era tan complicado decir eso? Carraspeó. –Solo porque me sonroje no tienes que saltar a mi cuello.

Esperó, pero lo único que salió de debajo de las mantas fue un ruido. Era un ruido bastante largo. ¿Tal vez fuera una respuesta?

–¿Dijiste algo?
Otro gruñido, más corto. Seguro que ese era para quejarse. ¡Qué tozudo podía ser!
–No te entiendo –admitió con su voz más dulce.
–Dije –contestó el rubio exasperado en lo que sacaba la cabeza de su capullo. –"Esta bien Griffindor tonto, deja de jugar al colmenero y ven a darme calor".
Harry no estaba seguro de que eso fuera una ofensa…
–¿Colmenero?
Draco bufó y puso los ojos en blanco.
–Es un ejercicio de humor marca Malfoy –explicó. –Ni siquiera intentes entenderlo, Ministro. Ahora ven –y señaló con ademán imperioso el interior de su capullo de cobertores.

Harry se metió entre las mantas y se dejó abrazar. Sabía que el rubio deseaba aprovechar los meses antes de que la panza le impidiera envolverlo con sus brazos y piernas. Aspiró el olor a lilas de Draco y cantó la canción del oso que roba un panal de miel para una cría que los cazadores dejaron si madre, pero las abejas no le creen, y el lleva entonces el viejo tronco donde viven las abejas a la entrada de su cueva. En la estrofa de las abejas ponderando la belleza del osito, el moreno notó que su esposo estaba dormido. Sonrió: casi veinte años y Draco nunca llegaba despierto al final de esa canción.

Bueno, por suerte había cosas que no cambiaban.

TBC…

No hay comentarios.: