¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

Todos los personajes reconocidos públicamente son propiedad de sus respectivos autores. Los personajes originales e historias son propiedad la autora. No se genera ningún beneficio económico por este trabajo, ni piensa por un instante en los derechos de autor.

30 abril, 2007

SECRETOS DE FAMILIA 13

Adaptándose

"Embarco en una balsa
y atravieso el río torrentoso;
la balsa corta la corriente
entre la espuma de las olas"
Emperador Wu, Dinastía Han (206 a.C. al 220 d.C.)


Domingo

No soltó la mano que le impedía perder el paso mientras dejaba atrás escaleras y galerías. Ignoraba la razón, pero, desde que John le sostuviera en la orilla del lago, sabía que todo estaría bien mientras lo siguiera. No era una sensación cómoda, porque no era humana. Desde que el moreno pusiera sus manos en él, el lobo estaba despertando y eso le molestaba. Razonó que, al fin y al cabo, era un Griffindor ¿no? y solo estaba siguiendo a su compañero de casa. La idea tranquilizó su conciencia: el lobo no seguía a otro lobo, era Alex quien seguía a su guía en ese laberíntico castillo. Estaba seguro de que, por su cuenta, no llegaría al comedor a tiempo para desayunar.

Murron Carlyle, su tercer compañero de habitación, se fue a sentar con un chico mayor. Tal vez fuera su primo, en el mundo mágico todos eran primos y solo los imbéciles como él sobraban.

Vio con envidia que John se servía una buena ración de jamón, salchichas y huevos. Se le hizo la boca agua, pero se forzó a tomar cereales, leche y mermelada. Parapetado tras una jarra observó con cuidado a Murron, mientras las palabras de la noche anterior se repetían en su cabeza, así como el gesto fastidiado de John al tener que explicar semejante tontería.

–¿Sabes Alex? Esa película de la que hablas, como muchas, deforma la historia. William Wallace era poderoso, entre otras cosas, porque estaba casado con un mago llamado Murron Carlyle. Cuando los ingleses intentaron dominar Escocia, empezaron a organizar quemas de hechiceros, como hacían en el sur. Esa fue la razón para que Wallace se rebelara y muchos hombres de las Highlands le siguieran: el ataque a los magos y brujas que convivían con ellos. Para los magos, Murron es, sin duda, un nombre de varón. ¿Entiendes?

Si, había entendido. Seguro que tras semejante papelazo Lupin no lo querría cerca, excepto para lo estrictamente necesario. El lobo se rebeló en su interior ¿tal vez fuera por el desayuno de cereales?, daba lo mismo. Trató de entretenerse en Murron.

Observó de nuevo aquel cuerpo achaparrado y su cabello castaño, escaso y corto. En lo que llenaba su cuchara de avena y se obligaba a tragar, el joven Smith decidió que no era visible la herencia de la valiente –"el", rectificó- el valiente Murron del siglo XIII en este chico. "Pero el hábito no hace al monje" reflexionó. Sabía lo suficiente de apariencias engañosas.

Un carraspeo a su lado le hizo reaccionar. Lupin le miraba entre preocupado e incrédulo. ¿Acaso había hecho el ridículo sin siquiera notarlo? Tragó con fuerza, la avena le supo peor que nunca.

–¿Qué es eso? –preguntó el moreno señalando casi con asco su plato.
–Mi desayuno…
John pestañeó, parecía desorientado.
–¿Y la carne? –preguntó.
–¿Qué carne? –solo al escuchar las palabras, se dio cuenta de cuán idiota sonaba.
John sonrió con superioridad y se inclinó hacia su oído.
–La carne de tu desayuno, lobito –el aliento le acarició el lóbulo de la oreja y Alex se sintió mareado.
–Yo…

No pudo seguir hablando. El bocado de avena era una piedra que su estómago se negaba a procesar. Se dobló sobre si mismo y cerró lo ojos para apartar la nausea. ¡Tantos olores! Pero uno estaba cerca y era apetitoso. A ciegas, Alex tomó la salchicha frita y tragó con dos mordiscos la carne salada y suave, el calor se extendió desde su barriga hasta las uñas de los dedos.

Abrió los ojos despacio y descubrió que estaba apoyando la cabeza en el borde de la mesa. Su plato de cereales había desaparecido para dejar paso a una colección de carnes similar a la de John. Nadie, ni siquiera el mismo John, parecía haber notado su vahído. El moreno masticaba con calma un muslo de conejo.

–¿Vas a desayunar, o no?
Giró hacia la derecha para encontrar a un lobo mayor, que le contemplaba impaciente. Estudió el plato con miedo y bajó los ojos.
–Mamá dice que los cereales son mejores en la mañana.
–En los humanos, tal vez –admitió despectivo. –Pero tú eres un lobo.
Eso rebeló a Alex. Llevaba seis años luchando con su bestia para que ahora este…
–¡Yo no…!
Antes de completar al protesta, la voz sedosa volvió a surgir junto a su oreja, tan deliciosa que apenas puso atención a las palabras.
–¿Sabes quién está frente a ti? –negó despacio. –¿Lo hueles?
Esa pregunta no la podía contestar Alexander, pero el lobo lanzó sus sentidos y sintió el aroma acre y duro del jefe.
–Alfa –articuló transido de un miedo súbito.
–Mi nombre es Kruger –asintió el lobo mayor–, Max Kruger. Ahora desayuna tus proteínas, cachorro, que no quiero bajos de peso en mi manada.

Lunes

Despertó luchando por una bocanada de aire fresco para apartarse de la pesadilla. Giró y extendió el brazo, palpó la superficie de la mesa de noche en busca del amuleto. En cuanto sus yemas rozaron el rugoso borde, la sensación de asfixia empezó a remitir. Cerró los ojos y se esforzó por borrar el sueño de su parte consciente. Debía guardarlo, hasta consultar con la Profesora Lonbotton si se trataba de una verdadera señal, si, pero muy hondo, donde no afectara su vida cotidiana.

Las imágenes perdieron nitidez en la medida que el hechizo de la vieja piedra le liberaba. Muy despacio… ya casi… solo esa última mancha… ¡Libre!

Ya separado de la visión por el grueso muro del olvido, pudo echar un vistazo alrededor: nadie se había levantado, era demasiado temprano incluso para los Ravenclaw. Sin embargo, George era conciente de que el sueño no regresaría, así que tiró las cobijas a un lado y bajó a la sala común: aún debía revisar las tareas de verano de Zoe en Adivinación, diseñar un plan de lectura complementarias para Dafne y Alex (todo parecía indicar que iban a adoptar al cachorro) y escribirle a su padre.

Dos horas después, Tomas y Wiliam bajaron de sus habitaciones y los tres se dirigieron al Gran Comedor. Por el camino, el mayor les comentó de su inquietud acerca de los ataques mortifagos de la semana anterior. Estaba preocupado por Eli, y también por Dafne.

–De hecho, Dafne es un blanco más fácil que tu novio –opinó Wiliam.
–Louis, Fabian y Zoe no pueden cuidar de ella todo el tiempo –coincidió George. ¬–En las circunstancias actuales, habría preferido que le ubicaran en Griffindor.

Tomas también se daba cuenta, estaba lamentando la mirada asesina que le lanzara antes de que la niña se pusiera el Sombrero pero es que… Mejor dejar eso, ya no había marcha atrás.

–Lo mejor será reunirnos lo más pronto posible –decidió. –George, coteja los horarios y escoge el local. Wiliam, tu primo va a estar ocupado con Alex y Dafne, ¿cuánto tiempo necesitas para levantar los horóscopos nuevos?
El aludido pestañeó y se pasó las yemas de los dedos por el labio superior.
–Dos semanas.
–De acuerdo.

Ya estaban ante las grandes puertas. William hizo un comentario vacuo acerca de una niña de tercer año de Huplepuff y los otros dos le siguieron la charla.

El día de George fue aburrido hasta que llegó la clase de Historia de la Magia. Al mayor de los Weasley le gustaban las charlas del profesor Stewart, era un Ravenclaw que no había olvidado como narrar historias, pero este semestre, además, disfrutaba por adelantado el hecho de compartir banco con su prima Zoe Tonks.

Sin embargo, cuando dobló el recodo para llegar al aula, los hados le recordaron que ningún bien llega sin un mal. Parkinson, Flint y Brocklehurst estaban ahí, esperando para incordiar a los Griffindor que pasaban en dirección a los invernaderos. En fin, si el trago iba a ser amargo… George tomó aire y se dirigió con paso firme a la puerta, pero el brazo peludo de Amanda Flint se cruzó en su camino.

–Mira lo que trajo el viento, ¡un petirrojo! –se burló.

George se reservó la idea de que el mote era muy poco llamativo, limitó la reacción a girar sobre sus talones y construir una sonrisa forzada. Su método de defensa con estos idiotas era sencillo: agotamiento.

–Un petirrojo sumergido en alcohol –susurró con su típico ronquido Aldoux.
Los tres se le quedaron viendo, a la espera de respuesta, pero George les devolvió una mirada de interrogación.
–Tú eres un petirrojo sumergido en alcohol –repitió Amanda despacio.
George bostezó, se rascó la punta de la nariz y miró la hora.
Lo de mirarse mutuamente se tornó aburrido a los tres minutos. Por fin, Aldoux perdió la paciencia y sacó su varita.
–Oye, cretino, ¿acaso te comió el cerebro la lunática de Adivinación?
George pareció reparar en él de repente, pero enseguida sus ojos se fijaron en algo a sus espaldas, sonrió. Aldoux casi se orina al reconocer la voz de su profesor de historia.
–El lenguaje, señor Brocklehurst, el lenguaje. ¿No sabe usted que el colegio es algo más que notas de clase y proyectos en la biblioteca?

Los tres amigotes giraron y levantaron los rostros hasta encontrar los divertidos ojos azules del gigantesco profe Ackerley.

–Nosotros… –comenzó Amanda.
–¡Nosotros podemos explicarlo! –casi gritó Mark.
–No lo dudo –asintió Ackerley. –Pueden explicarle a su Jefa de Casa cómo perdieron cinco puntos por bloquear la puerta de mi clase, cinco por ofender a un compañero de estudios y diez por difamar a una profesora.
–¡Son veinte! –graznó horrorizado Aldoux.
Stewart Ackerley no lo honró con una respuesta. Solo dijo una palabra casi dulce.
–Adentro.

El profesor les siguió, fue hacia la parte frontal del aula saludando con la mano a los pocos que no había visto en los días anteriores y acomodó sus notas en la mesa. En la primera fila, ya George había pasado a Zoe su ensayo de Adivinación con las correcciones y tenía papel y pluma listos para anotar cada palabra.

Al notar como su primo se inclinaba hacia delante y entreabría lo labios, la muchacha no pudo contener la risa.
–Te gusta –le susurró al oído.
George asintió, abstraído con la rutina de papeles de Stewart.
–Es un buen profesor.
–Te gustaría también si fuera conserje –siguió Zoe.
El pelirrojo se volvió hacia ella con expresión escandalizada.
–¿Estás loca? El es… ¡tiene edad para ser mi padre!
–Todavía no haz negado que te guste –hizo notar la de largas trenzas en tono casual.
George se mordió los labios, sacudió la pluma y abrió la boca, pero el tradicional carraspeo de Ackerley le hizo cambiar de idea.

Al final de clase, Zoe se tomó el trabajo de mirar las notas de su primo. Tal como suponía: garabatos, acrósticos con sus dos nombres, espirales, un ojo azul y otro verde… Las mismas estupideces que quería pintar ella estando cerca de Tomas. Faltaba ver si George era más persistente que ella misma, porque el amor verdadero es persistente.

Martes

Eli entró al salón de duelo con paso raudo, ya casi era hora de la clase y quería intercambiar algunas palabras con Tomas antes. Movió la cabeza a un lado y otro, hasta que localizó al grupo de su prometido en la esquina de la derecha. Mientras avanzaba pensó que eso de "prometido" sonaba muy bien, demasiado bien para durar.

A su paso, varios estudiantes volvieron el rostro. Las miradas de deseo que siempre provocaba ahora tenían un tono de frustración que le atemorizaba. Cuando Tomas se cansara de él… Mejor no pensar en eso.

La primera en notar que se acercaba fue Zoe, la chica le saludó con un simple gesto de cabeza y tocó el hombro de su primo mayor, que estaba de rostro a la pared, ajustándose el traje de entrenamiento. Tomas giró con una mueca de fastidio, pero al reconocerle sonrió ampliamente.

–¡Ahí estás! –le abrazó y besó sus labios brevemente. –Ya temía que hubieras elegido el quidditch este año.

Eli hizo un gesto con los hombros. Cada curso le ofrecían el puesto de golpeador de Griffindor, pero eso de pasársela sobre una escoba no acababa de convencerle. Había aprobado los dos semestres vuelo con el mínimo en primer año y ¡gracias! En lugar de responder, tomó aire y sacó de su bolsillo un recorte de la Luthen Hill Telegraph.

–Me lo ha mandado un amigo.

Tomas entrelazó su mano derecha con la de Eli antes de empezar a leer, pero apenas reconoció el titular: "El regreso de los fantasmas de McNair House", el amoroso gesto se transformó en un férreo agarre. Fue la única reacción, su rostro permaneció impasible mientras devoraba el relato de las apresuradas construcciones en la escarpada colina, cuya antigua mansión había sido reducida a cenizas veinte años atrás. Nada se sabía de la empresa responsable, ni del objetivo del inmueble, tan solo que había obreros de día y férreas medidas de seguridad en la noche. El redactor se aprovechaba de ello para especular de lo lindo y tirar uno que otro dardo a la otra familia "misteriosa" de la localidad: los Snape.

Ante el prolongado silencio del moreno, Zoe, Fabian, Arthur, Louis y Joshua empezaron a mirarle con inquietud. Tomas no les hizo caso, al terminar la lectura se limitó a doblar con cuidado el papel y guardarlo en el bolsillo del pantalón.

–Hablaremos después –dijo a sus primos y hermanos.

Josh se mordió los labios, pero había reconocido el mismo tono de aquella tarde de agosto, cuando sus padres y Tomas pelearan por el dossier de Corazón de Bruja. Asintió de mala gana.

Tomas se volvió hacia su novio, dijo "gracias" y lo besó con fuerza. Elihaj abrió mucho lo ojos, al notar que sus miembros se aflojaban, al placer del beso se impuso el miedo. Quiso separarse, pero Tomas sostenía su cabeza con fuerza.

"No te resistas" escuchó dentro de su cabeza.
¿Qué no se resistiera, ¡estaba loco!?
"Me haces daño…"
"¿Quién te dio ese recorte? ¡Dímelo y terminará!"
"Ya te lo dije…"
"Tu no tienes amigos en Luther Hill" negó Tomas con dureza "Necesito ver tus recuerdos Eli"
¿Sus recuerdos? El pánico se apoderó del chico, intentó mover los brazos para golpearlo (sabía que el equilibrio de su novio era precario), pero las extremidades le pesaban como troncos de árbol.
"Si me obligas a buscar, veré lo que no quieres que vea. Solo dime cuándo llegó la carta a tus manos. Solo ese recuerdo Eli"
Se le estaban acabando las fuerzas. Aunque le doliera, la voz de Tomas era lógica. Dejo que las imágenes le inundaran:

Estaba en una galería, regresaba de la biblioteca a la torre de Griffindor cuando vio al ave posarse en la punta de una armadura y extender la pata…

"Esto es ridículo." desestimó Tomas "El correo nocturno llega a Hogwarts a través de los dormitorios o la oficina del director."
"Pero…"
"¡Quiero la verdad!"
La frase resonó con tal fuerza en su interior que se sintió mareado. Las formas de su recuerdo giraron y perdieron nitidez.

La lechuza empezó a crecer y acercarse. Tomas retrocedió a la pared de la galería. De pronto el ave era una persona encapuchada y su pata era un brazo, cuya mano sostenía una varita a la altura del cuello del Elihaj.

–Ni una palabra putito sangre sucia. ¿Ya el tullido te marcó?
El joven negó con la cabeza, por sus mejillas bajaban lágrimas silenciosas.
–Bien…
La mano derecha del atacante se coló por debajo de la camisa y pellizcó sus pezones. El castaño gimió y trató de retroceder, pero tenía la espalda contra la pared.
–¿Creíste que te ibas a librar de mi? Tienes una deuda.
–Tengo, tengo dinero –jadeo Eli.
–Si, el dinero del tullido, que es el dinero del Griffindor mestizo, que es el dinero del Malfoy traidor. ¿Sabes qué? –su mano bajó hasta los testículos y los apretó por encima del pantalón. –No me interesa ese oro, me interesas tú.
–Por favor… –sollozó el muchacho.
–Debieron mandarte a Hupplepuf, ¿lo sabes sangre sucia? No tienes pizca de valor.
–Por favor, aquí no.
Algo como una carcajada escapó de la capucha.
–Veo que te pones razonable, pero no tengo tiempo ahora –liberó reticente la entrepierna de Eli. –Te veré en el paseo a Hogsmeade. ¿Claro?
La varita se hundió un milímetro en su piel y Eli afirmó con fuerza.
–Bien. Como esos adornos en el pecho te obligarán a jugar al mago virginal por un par de días, te voy a ayudar.
Sacó de debajo de su capa un sobre y lo puso en las manos de Eli.
–Esto tendrá al tullido y sus mascotas jugando a los detectives –se alejó poco a poco de Eli, sin apartar sus ojos azul claro de los de su víctima.
Cuando estuvo a unos cinco metros susurró —¡Obliviate!

Se apartaron del beso con violencia. Eli contuvo la arcada y se dobló, se dejó empujar contra el banco que estaba junto a la pared del salón y se cubrió el rostro con las manos. Normalizó su aliento despacio y venció a sus rebeldes lágrimas. Podía sentir a Tomas a sus pies, esperando.

Su novio parecía cansado. Fuera lo que fuera que usara, el procedimiento había drenado sus fuerzas. Elihaj no se tomó el trabajo de ocultar sus sentimientos, en sus orbes casi violetas se podían leer dolor y asombro, vergüenza y miedo. Los ojos grises de su pareja eran, sin embargo, ilegibles.

–Lo siento –dijo Tomas bajito e intentó tomarle una mano.
Eli la retiró con violencia y sintió a su lado un bufido.
Volteó el rostro para descubrir a Zoe, cuya mirada asesina desplazó por un instante sus propios temores.
–¿Y a ti qué te pasa? –le reclamó Tomas.
–Nos miran –siseó ella. –Nos miran porque este te empujo cuando le dabas un beso veela.
–"Este" tiene nombre, y lo usarás –le advirtió Tomas antes de que su novio aclarara lo que realmente pasaba. –¿Entendido?

Ella asintió en silencio, pero suavisó su expresión. Tomas quiso dedicar su atención a su novio de nuevo, pero la llegada de Snape le cambio los planes.

Cuando Eli notó que el director apenas llegaba, comprendió que el extraño método de intrusión mental de Tomas distorsionaba la percepción del tiempo. Suspiró y trató de prestar atención a las palabras que el profesor Snape dirigía a los alumnos de tercero que pretendían ingresar.

Desde que asumiera la dirección del colegio, diez años atrás, había dejado la cátedra de Defensa contra las Artes Oscuras por falta de tiempo. Muchos creyeron que declinar el puesto que anhelara por más de quince años volvería a amargarle, pero no fue así. En su lugar se volcó a desarrollar el Club de Duelo, lleno de nefastos precedentes desde los años setenta del siglo XX. Todos reconocieron lo acertado de su elección: el Duelo era un espacio para entregar a los jóvenes mucha de su experiencia ganada como mortifago, gozaba de la ventaja de la voluntariedad de sus alumnos y el Consejo Escolar no había reglamentado casi nada al respecto. Para los estudiantes que deseaban ser aurores era un paso casi obligatorio y, en general, para los que deseaban mantenerse en forma sin que esto implicara soltar la varita.

En resumen: era su coto particular.

Entretenido en el desarrollo de las pruebas, el joven no notó que la mano de Tomas volvía a buscarle. Los delgados y pequeños dedos le acariciaron el dorso y luego se tendieron sobre su extremidad muy suavemente. La mano era suave y cálida. Eli bajó los ojos y su encontró con una amorosa mirada gris que le dejó pasmado.

–Lo siento –repitió Tomas. –Era necesario.
El castaño sacudió la cabeza.
–¿No podías esperar?
Tomas apretó su mano con afecto.
–Nos están observando amor, ¿entiendes?

Eli contuvo las ganas de salir huyendo. Estaban en Hogwarts, el lugar más seguro de Gran Bretaña, a menos que la traición lo entregara. ¿Había… mortifagos de nuevo en la escuela? El no se consideraba un estratega, pero sabía que un castillo tan grande como Hogwarts era espacio ideal para las celadas. Tomas había comprendido de inmediato que el recorte sobre McNair House era una provocación y, tal vez, una pista falsa. Así que actuó como de él se esperaba. A la vez, obtuvo el verdadero mensaje a la vista de todos, ahorrándoles el riesgo de una reunión adicional.

Todo eso estaba muy bien, pero no se sentía mejor. Tomas había visto a ese hombre tocarlo mientras lloraba, le había llamado putito y cobarde, y él solo lloraba. ¡Merlín! Que vergüenza. Tuvo que luchar con las lágrimas por segunda vez.

Miércoles

La profesora Delacour terminó de entregar los deberes de verano calificados y se dirigió a su podio. Su voz baja y serena, apenas sin acento tras más de veinte años en Inglaterra, llenó el aula.

–Este año hablaremos de las transformaciones de seres vivos. Estas transformaciones se agrupan básicamente en tres clasificaciones: de una especie a otra, de las maldiciones bestiales y de los animagos –los rumores llenaron el salón y captó los nombres de Sirius Black, Harry Potter, Severus Snape, Peter Pettigrew y, ¡por supuesto!, Minerva McGonagall.

Fleur contuvo el mohín de dolor al recordar a la antigua cabeza de Griffindor y, con una floritura de su varita, el desglose temático del curso apareció en la pizarra. Giró para quedar frente a sus alumnos y enseguida localizó al foco de ruido. No podía ser de otra manera ¿verdad? Arthur, Louis y Joshua estaban en su banco de la derecha y levantaban la cabeza, orgullosos porque sus padres y abuelos habían empujado las fronteras de lo conocido en este tema. Apretó los labios, mientras decidía a cuál bajarle los humos primero.

–Señor Potter, ¿puede ser víctima un animago de una maldición bestial?

Louis se le quedó mirando en silencio por un segundo, apretó los labios y los ojos le brillaron, húmedos. La profesora paladeó el silencio repentino de la clase y esperó, con los ojos fijos en los de rubio. Tras casi una eternidad, el muchacho asintió con gesto exagerado y la voz le salió ronca.

–Si, los animagos son todos vulnerables a la corpus transmuto, que los transforma involuntariamente en su forma animal –en la medida que hablaba, su voz recuperó seguridad. –Aunque esa es fácil de bloquear, hay otros hechizos más específicos que dependen del animal del oponente.
La profesora asintió levemente.
–Seis puntos para Griffindor, por su respuesta demorada –disparó su siguiente dardo antes de que Joshua pudiera protestar. –Señor Malfoy, ¿cuáles son los riesgos mayores para un animago víctima de una o varias maldiciones bestiales?
Para sorpresa de la mujer, el otro gemelo se levantó despacio y la voz le salió casi tan rajada como la de Josh. Habló sin levantar la vista, con sus verdes ojos fijos en el pupitre.
–El daño a nivel interno es imposible de predecir. Comoquiera que la transformación en animal obliga a modificar todos los órganos, consume una gran cantidad de magia. En el caso de las transformaciones impuestas, este consumo aumenta. Al tratar de revertir el proceso, el medimago deberá enfrentarse a órganos, o sistemas de órganos, a medio camino entre lo humano y lo animal, cuya incompatibilidad causa la mayoría de las víctimas mortales en este tipo de hechizos. Si la víctima sobrevive, estará condenado a un uso muy regulado de su magia, ya que corre el peligro de agotar su fuente y ser víctima de sus incompatibilidades físicas internas remanentes.
–Quince puntos para Slytherin –aprobó ella, formuló la última pregunta casi con desgana. –Señor Weasley, ¿hay otro tipo de hechizo que produzca daños similares a las maldiciones bestiales?

Para terminar de sumergirla en la incertidumbre, Arthur se levantó sin demora, en sus ojos brillantes pudo notar que estaba dispuesto a recuperar los puntos de Potter. Lo que fuera que afectaba a los hermanos, no lo habían compartido con su mejor amigo.

–Las transformaciones animagas incompletas producen daños similares a las de las maldiciones bestiales, profesora. Es por eso que, como la desaparición, solo se permite practicarla a los mayores de edad con un núcleo mágico fuerte. La capacidad de animago no depende solo del poder, profesora, se considera sobre todo una prueba de autocontrol interno y disciplina.
Pareció que diría algo más, pero la Delacour le cortó con un gesto seco.
–Nueve puntos para Griffindor, señor Weasley –levantó la cabeza y se dirigió a toda la clase. –Aunque empezaremos transformando ratones en ratas, me pareció correcto advertirles de los peligros a que se exponen los que se adentran en el mundo de la transformación de seres vivos. Espero que las explicaciones de sus compañeros hallan sido suficiente –hizo un gesto y apareció la tarea en el pizarrón. –Quiero seis cuartillas sobre los obstáculos a superar durante la transformación de seres de distinta especie pero igual orden. Los que quieran comenzar la preparación para convertirse en animagos al terminar el colegio, deben llenar las solicitudes disponibles en el buzón de su sala común y entregarla en mi despecho antes del 15 de septiembre. Hemos terminado.

El ruido de los muchachos al salir era bastante, pero Fleur logró hacerse oír por encima del arrastrar de sillas y choque de libros y libretas.

–Señor Malfoy.

El muchacho ya se alejaba de la mano de su hermano, al escucharla dejó su mochila en brazos del otro y regresó. Ella arrugó el ceño ante la advertencia de que su alumno no quería pasar más tiempo del necesario allí, pero no dijo nada. El rubio se detuvo ante ella, con labios apretados, ojos bajos y brazos a los lados del cuerpo. "Esta esperando que continúe mi paliza" comprendió. Pero, ¿por qué estaban los chicos de Draco y Harry tan perturbados?

–Señor Malfoy, me llama la atención el tono emocional que noté en su respuesta.
Louis asintió levemente, pero no dijo una palabra. Fleur comprendió que no obtendría respuesta y trató de seguir adelante.
–Es usted un alumno racional, Malfoy, un ejemplo para los pequeños de su casa, pero ha comenzado el año exaltado. ¿Puedo saber a qué se debe?
–No pasa nada –afirmó Louis.
Ella comprendió, de golpe, que no lograría nada más en el corto tiempo antes de que llegaran los otros alumnos.
–Entonces voy a asumir que usted y su hermano tomaron demasiado chocolate esta mañana. Puede retirarse.

El se dio media vuelta y casi corrió a la salida. Joshua le esperaba en la puerta, con rostro inexpresivo. Louis tomó su mochila, se la colgó a la espalda y pasó el brazo por sobre los hombros de su gemelo. El Griffindor parecía abatido.

Ahí había gato –o veela- encerrado.

TBC…

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