¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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30 abril, 2007

SECRETOS DE FAMILIA 10

Una noticia no tan inesperada

"He atravesado océanos de tiempo para encontrarte."
Francis Ford Coppola


Terminó de colocar los libros, metió el cajón con los ingredientes de pociones en su funda y ajustó el estuche de las plumas. Contempló con ojo crítico el resultado: increíblemente, su equipaje no desbordaba el baúl, de modo que podía crearlo con un simple giro de muñecas, en vez de sentarse sobre la tapa y conjurar una cadena. Sonrió.

El hecho de que descartase muchos libros complementarios había ayudado. Caer en cuenta de que ya no necesitaba llenar sus noches escolares con áridas páginas sobre la organización social de los gigantes le provocaba un sentimiento de ligereza tal... ¡Ahora lo tenía a él!

Fue despacio hacia el escaparate y repasó el uniforme: los pantalones y la camisa bien planchados, la túnica con su escudo reluciente, la corbata azul y negra. Acarició las piezas con la yema de los dedos e imaginó que Eli hacía lo mismo en su pequeña habitación del Caldero Chorreante.

Tres toques cortos en la puerta le sacaron del ensueño.
–Adelante –gruñó algo molesto.
Sus padres entraron a la habitación. Tomas les miró extrañado, normalmente a esta hora ambos ajustaban los detalles de seguridad del Expreso de Hogwarts.

Los adultos parecían incómodos, en especial Potter, que tenía los labios apretados y los puños apoyados en la cintura. El moreno se quedó cerca de la puerta, pasando su peso de una a otra pierna hasta que una mirada demandante del esposo le decidió a atravesar la estancia y situarse tras la silla donde Draco se había acomodado rápidamente.

El rubio fijó sus ojos en su hijo mayor y sonrió.
–Veo que ya empacaste.
Tomas asintió, inseguro sobre si eso era un reproche. En las últimas cuatro semanas habían reconstruido su relación y ahora él estaba ansioso por irse... Draco continuó.
–Se cómo te sientes, y me alegra que desees correr a sus brazos. Tu padre y yo...
El hombre sacudió la cabeza y jugó con sus dedos, no pudo continuar hasta que su pareja le apretó el hombro de manera afectuosa.
–Puedes hacerlo, amor.
Draco asintió y volvió a levantar los ojos hacia su hijo.
–Harry y yo deseamos advertirte, sobre esto.

El hombre levantó la manga de su brazo izquierdo hasta dejar visible el antebrazo. Tomas retrocedió, la marca de Voldemort ya no era una cicatriz desvaída, sino un nítido dibujo negro desde donde una serpiente le sonreía con burla.

–No creo que corras peligro –prosiguió el rubio–, pero Eli si será un blanco seguro.

Tomas sintió como un violento temblor recorría su cuerpo. De repente deseaba muchas cosas: correr a una chimenea y asegurarse de que su amado estaba bien, ir donde los últimos mortifagos y masacrarlos, traer a Eli a su casa y no volver a salir nuca más... Tragó en seco y se esforzó por ralentizar el ritmo de su corazón.

–¿Quieres ir por él?

El muchacho levantó la vista, desorientado. ¿Tan obvia era su inquietud? Supuso que si, porque su padre desvió la mirada hacia el hogar casi apagado, como si fuera indiscreto verlo sacudido por tanta inquietud.

–Yo sentí lo mismo hace mucho, antes de unirme a mi Elegido –explicó.
Tomas se irguió, profundamente ofendido por el comentario.
–Eli no es mi Elegido, sino el hombre que amo.
Draco curvó sus labios en una sonrisa displicente.
–Todavía eres mi hijo, algo habrás heredado, además de esos hermoso ojos.
El chico negó con fuerza.
–Soy un mago. ¡Esa ridícula idea de la herencia veela no va a estropear mi vida!
–Es un hecho –repuso el hombre con frialdad.
–¡Yo no soy esclavo de nadie! ¿Entiendes? Soy libre de amar a quien quiera.

Draco apretó los dientes y luchó contra las ganas de huir. Cuando se alteraba, la voz de Tomas adquiría un tono bajo y duro muy parecido al de Voldemort. Era difícil, muy difícil continuar esta charla. Los dedos de Harry apoyados en su brazo le dieron fuerzas.

–Por supuesto, has elegido a quién amar, pero es un hecho comprobado que los magos con más del treinta por ciento de sangre veela son incapaces de amar por segunda vez. El término Elegido no surgió por manía poética, sino porque usualmente no somos capaces de recuperarnos de un rechazo o de la muerte de nuestra pareja.
El muchacho bufó y se alejó. Harry detuvo la silla y se inclinó para que sus ojos quedaran a la altura de los grises del otro.
–Es tu padre. ¿Recuerdas?
Aún en medio de su agitación, los sentidos de Tomas captaron las entonaciones amenazantes en el pedido, así que se volvió hacia el rubio y esperó, con los brazos cruzados. El último de los Malfoy se sobrepuso a sus temores y avanzó en la explicación con voz impasible
–Como decía, el término elegido se refiere a la tendencia a la monogamia feroz entre la mayoría de los magos y brujas descendientes de mestizaje entre humanos y criaturas mágicas. Los veelas, banshes, licántropos, vampiros, y demás seres no se comportan necesariamente así, pero la mezcla de sangres produce comportamientos peculiares. Sabes eso ¿verdad?

Tomas asintió. ¡Claro que lo sabía! Había crecido con Remus, Fleur, Madame Maxime, los hermanos Tepes y un sin fin de seres "oscuros" más visitando la casa. Pero nunca se había sentido uno de ellos. ¡El no era distinto a los demás! Ya era lo suficientemente complicado ser hijo de ellos para además...

–Generalmente, lo más incómodo de nuestra "peculiaridad genética" no es la monogamia. De hecho, muchos magos y brujas se sienten muy honrados cuando la exigente magia de uno de nosotros le elige como compañero. Lo desagradable es el período de celo.
Tomas repitió la palabra con nerviosismo mal disimulado –¿Celo?
Su padre no estaba hablando de...
–El cuerpo llega a la madurez sexual y es hora de reproducirse –aclaró Draco.
Si. Estaba hablando de... ¡Mierda!

Muy bien, lo primero era tomar las cosas con calma. La imagen de conejos follando, como... ¡como conejos! no era real, pero si aterradora. Respirar hondo, uno, dos, uno, tres. Llena la parte baja de los pulmones y cierra tus sentidos. Soy humano. Tengo manos, corazón, memoria, varita. Soy un mago. Soy un mago y todo esto es información que aprovecharé para el examen de Cuidado de Criaturas Mágicas o Historia de la Magia.

–Papá, le propuse matrimonio a Eli, pero no pienso que tener hijos sea...
–Nadie ha sido capaz de esperar hasta la boda –le interrumpió el padre.
–¿Perdón?
Su padre le miró exasperado. ¿Cuán claro tenía que ser?
–Tomas, de acuerdo al testimonio de quinientos años de estudio sistemático de los híbridos, ninguno de nosotros puede superar el período de celo siguiente al encuentro con su pareja.
–Eso es ridículo, malintencionado y ¡falso! –escupió el joven. –¿Qué me dices de Remus?
–Que su vida fue miserable –opinó con rapidez Draco. –De cualquier modo, te digo todo esto porque tu primer celo veela comienza la noche de Halloween, serán cuatro semanas.

El joven se miró las manos, presa del pavor. ¿Sería posible que en menos de tres meses esas manos desnudaran a su amado? Eso significaría... Levantó el rostro, decidido.

–No lo haré. Eli y yo estamos construyendo algo muy delicado, no lo voy a estropear por un estúpido instinto animal que no poseo. ¿Entiendes?
Draco hizo un movimiento de negación con la cabeza.
–Me encantaría que quedes en los libros de historia como el primero que superó la maldición de el celo, pero esto es para si caes –extendió a su hijo un frasco lleno de un líquido azul. –Es una poción anticonceptiva que deben beber ambos.
–¡Te acabo de decir que...!

Draco no prestó atención a su protesta. Se levantó despacio y avanzó a la puerta de la recámara apoyado en Harry. Tomas notó en ese momento que su padre lucía cansado y no había alzado la voz durante toda la charla. ¿Estaría enfermo?

–¿Papá? –la pareja se detuvo y giró hacia él. –¿Estás bien?
–Solo algo cansado –Draco bostezó y algo a su alrededor osciló.
–Tienes que dormir –Harry tomó el brazo de su esposo con firmeza. –Mañana será un día largo.

Tomas asintió y fue a acostarse en cuanto los pasos de sus padres se perdieron en el corredor. Ya en la cama, estuvo mirando el frasquito con inquietud. ¿Sería posible que no resistiera? Si el celo lo llevaba a perder el control, Eli le dejaría, pero si se dejaba arrastrar por el celo, Eli le dejaría. ¡Diablos! Dejó el frasco en la mesa de noche junto a su varita y deseó que el sueño trajera respuestas.

Despertó con los pasos de su padre en la escalera. Sonrió mientras su mente borraba los últimos restos de sueño y esperó ansioso a que se abriera la puerta.

–Buenos días –llamó Harry.
–Buenos días, papá.
Contrario a lo habitual, el joven se levantó y colaboró activamente en su vestimenta.
–¿Ansioso por llegar a Howgarts? –comentó burlón el hombre.
Tomas ni siquiera se fingió ofendido. Tenía una sonrisa radiante y ojos soñadores.
–Voy a verlo de nuevo...

El adulto sonrió y fue en busca de las prótesis. Si alguna duda quedaba del inmejorable humor de Tomas, el que no hiciera ni una mueca cuando le ajusto el artefacto a los muñones fue suficiente.

El joven se apartó del lecho despacio y miró al espejo.
–¿Luzco bien?
–Si –se obligó a decir Harry. –Luces espectacular.

Entonces Tomas dio una vuelta en redondo, como para despedirse de su habitación, y caminó hacia la puerta. Harry le siguió, levitando el baúl tras él. A medida que se afianzaba de nuevo en las prótesis, el andar de Tomas ganó seguridad, de modo que al entrar en la cocina solo un observador atento notaría que sus pies no se doblaban por el empeine con la rapidez usual.

Draco entró tras ellos, levitando los baúles de los gemelos. Llevaba un leve glamour y su olor era... ¿dulzón? Pero su hijo no prestó atención a esos detalles, o al hecho de ser capaz de percibirlos, estaba demasiado emocionado con la perspectiva de ver a Eli. La noche anterior, con el último ripio de lucidez, había decidido que le explicaría a su amor lo del celo. Con la ayuda de Eli podría controlarlo. Seguro.

Todos se sentaron a desayunar. El ambiente era distendido, con los gemelos comentando las bromas que planeaban hacer en complot con Arthur y acerca de las perspectivas del quiditch ahora que John se incorporaba al colegio. Todo fue bien hasta que el reloj dio las nueve y el rubio lanzó una mirada suplicante a su esposo.

Harry carraspeó.
–Chicos, hay algo que su padre y yo queremos decirles. Este invierno lo vamos a pasar en Londres, es posible que incluso la Navidad –los jóvenes fruncieron el ceño, una Navidad en Grimauld Place no era Navidad, aún cuando se reuniera todo el Clan.
El hombre ignoró las miradas acusadoras y siguió hablando.
–No se trata solo de las medidas de seguridad por los episodios de Magia Oscura que se han reportado, sino de comodidad. Yo debo estar cerca del Ministerio y, bueno...
Se detuvo a mirar a Draco, pero el rubio tenía los ojos bajos y se mordía los labios con impotencia. Su esposo lucía tan avergonzado de la situación que ya no quiso alargar más el asunto.
–Debemos estar cerca de San Mungo porque la familia va a crecer –terminó de prisa.
–¿Qué?
Tomas puso los ojos en blanco ante la estúpida pregunta de Louis. ¡Era tan Griffindor su hermanito!
–¡Que vamos a ser cuatro los Potter Malfoy! –le aclaró, luego giró hacia el rubio. –¿Cuántas semanas tienes, papá?

Draco levantó los párpados, asombrado de la suavidad con que había sido hecha la pregunta. Clavó su mirada en Tomas, buscando la ira que, suponía, debía inundar ahora a su hijo mayor. No estaba ahí. Tomas le miraba con tranquilidad y dolor. Draco supo que sí se sentía un poquito traicionado, pero que, de la misma manera que esta circunstancia comprometía en grado extremo la felicidad de Tomas, su hijo querría este nuevo hermano sin reservas. Eso fue suficiente para hacerle sonreír.

–Cuatro semanas.
Los gemelos soltaron risitas burlonas y Harry les miró, interrogante.
–Fue el día de la esencia veela –explicó Louis en tono de entendido.
–Y el día en que Tomas encontró a Eli en Desires –dijo Joshua.
–Ustedes dos están sincronizados –concluyeron a coro los gemelos entre risas.

Los otros tres les imitaron, pero la parte analítica del hermano mayor tomó nota de ello en otra dirección. Si, el 1 de agosto habían ocurrido varias cosas, demasiadas cosas para que fuera casual. ¿Sería que la marca también había renacido ese día?

Hasta que se encontraron con la familia en la estación, todo transcurrió ajeno a Tomas. El joven pensaba en las posibles implicaciones del embarazo y en cómo acceder a semejantes fuentes de información. Por suerte, Harry había orientado a sus hijos no decir nada del nuevo miembro de la familia a NADIE hasta que acabaran de mudarse a Grimauld y los medimagos pusieran bajo tratamiento a Draco. No hicieron falta explicaciones, pues la bronca por el romance Tomas Eli estaba fresca en todos y nadie deseaba que los medios se volcaran sobre la familia antes de tiempo. Así que el intercambio de besos y recomendaciones finales entre los Weasley y los Potter Malfoy fue solo una despedida habitual de inicio de año.

En realidad, para Tomas fue aún menos que eso. Concentrado como estaba por ver a Eli y comprobar que nadie le había tocado un pelo en los últimos dos días, el moreno apenas prestó atención a sus primos y tíos. En cuanto halló a su novio y lo presentó se apoyó en la excusa de las prótesis para abordar el tren y buscar un compartimiento donde arrullarlo y besarlo en paz.

La intimidad no duró mucho. A las once en punto el tren se puso en marcha, los últimos adioses fueron dichos y siete jóvenes representantes de Clan Weasley–Black–Potter–Malfoy irrumpieron en el vagón de los felices enamorados.

Tomas suspiró para contener la necesidad de maldecirlos a todos. Sería un curso largo.

TBC...

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