¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

Todos los personajes reconocidos públicamente son propiedad de sus respectivos autores. Los personajes originales e historias son propiedad la autora. No se genera ningún beneficio económico por este trabajo, ni piensa por un instante en los derechos de autor.

23 abril, 2007

EN BUSCA DE UN SUEÑO 3

EL CÍRCULO SAGRADO DE MINAS TIRITH

La distancia entre la Biblioteca Nacional y barrio del Círculo Sagrado –habitualmente llamado el Círculo– no era mucha, pero el tráfico de las cinco de la tarde era infernal. Mientras su amigo golpeaba el claxon, gritaba a otros choferes y forzaba los semáforos en su beneficio, el joven se recostó en su asiento y dejó vagar la imaginación.

Igor jamás en su vida había entrado al Círculo y estaba seguro de que Boris, con todo su kilometraje de farándula y famosos, no había estado más de dos o tres veces. El Círculo era la zona más antigua de la ciudad de Minas Tirith –su corazón por así decirlo– y algunos de sus edificios tenían unos cinco mil años de antigüedad.

La gran colina donde se alzaba el distrito, era lo único ahora visible de la montaña donde se fundara la fortaleza que luego se convertiría en la ciudad de Minas Tirith y en la capital del Reino de Gondor y Arnor. Con el advenimiento de la República –quinientos años atrás–, la administración del estado pasaría a Osgiliath, a orillas del río Anduin, pero Minas Tirith mantuvo su poder cultural y económico. El Círculo, antiguo sector de residencia de la nobleza gondoriana, había sido declarado Patrimonio Histórico un siglo después de la muerte del último Rey, y aunque el gobierno no confiscó los inmuebles, aumentó tanto los impuestos y las normativas técnicas, que se hizo casi imposible vivir allí. Poco a poco el antiguo esplendor de las casas se apagó y las calles –antaño llenas de guerreros, mercaderes y sirvientes– ahora solo eran animadas por los corros del arqueólogos e historiadores que excavaban sus entrañas.

Pero la Casa de los Gorland había permanecido incólume. Pagando puntualmente sus cuentas al estado, siendo restaurada cada diez años sin escatimar recursos. Si alguien dudaba de que las finanzas de esa añeja familia fueran saludables, no había más que citar esta, su más costosa e inútil posesión.

Incluso la costumbre de dar pequeñas cenas en la casa era muestra de su lujo, porque cada vez que se invitaba a alguien a visitar la zona, se debía pagar peaje, y de todos modos los autos y las armas de fuego estaban prohibidas a partir del Perímetro Exterior, un muro de cinco metro de alto que rodeaba toda la colina. Se accedía solamente por una puerta de gran tamaño situada al norte y que se cerraba a las once de la noche hasta las seis de la mañana del día siguiente, como había sido costumbre en la Ciudad de los Reyes desde antes del desgarramiento del mundo.

Igor había visto la zona en TV y a través de viajes virtuales por computadora, pero tan solo de pensar que tocaría con sus manos las mismas paredes que tocaran Elendil, Gandalf, Ecthelion y Frodo, el corazón le daba un salto. ¡Y ver cara a cara un Gorland! Sin duda eso también era parte del misterio. Esa familia tenía un árbol genealógico que los emparentaba con el mismísimo Elessar I. A partir del siglo III, decían, se habían vuelto muy retraídos y pasaban más tiempo en el campo de batalla o de viaje que en Minas Tirith, y ¡eso en la época del mayor esplendor cortesano! Los Gorland jamás dejaron tras de si retratos o esculturas, y mucho menos pleitos por su herencia.

Siempre había solo uno, errabundo y filántropo, guerrero y amante, misterioso.

Boris manipuló el control del auto y bajó las ventanillas. Ya habían pasado la zona de mayor densidad y el Perímetro era visible. El aire perfumado por los eucaliptos y álamos le despeinó la melena rubia y rizada.

–Bueno, ¿quieres que subamos a pie o tomamos un coche de caballos?
Igor se desperezó en su asiento y pestañeó varias veces antes de contestar. Todos los recuerdos le habían sumergido en el lejano mundo de sus libros.
–Tú sabrás a qué distancia está la casa.

Boris asintió, y maniobró para adentrarse en el parqueo. Los guardias de seguridad les dedicaron una mirada torva y un silencio despectivo. Igor no se inmutó, estaba acostumbrado el descrédito de los investigadores a los ojos de los guerreros. Remontaron los últimos metros hacia la puerta y se asomaron a la ventanilla de control.

–Para ir a la residencia Gorland –Boris pegó el Pase al cristal blindado.
El tipo apenas les miró e hizo una seña a un hombre de cabellos muy negros y ojos amarillos que se acercó presuroso.
Boris apenas puso contener la risa al verle avanzar con su túnica amarilla y el sombrero verde con una pluma. Pero Igor abrió los ojos como platos al reconocer el antiguo uniforme de los Oficiales de la Comarca.
–¿Los señores vienen a cenar con el Amo Gorland? Bill está muy feliz de recibir a los señores. –hizo una exagerada reverencia– El coche nos espera, si los señores fueran tan amables de seguirme…

Los jóvenes le siguieron hasta un coche de dos plazas con capota. Tiraba del mismo un caballo negro de imponente alzada.
–¡Vaya con el primo! –comentó Boris– ¿Estos son los caballos que usa para tirar del coche?
–El Amo Gorland aprecia mucho a este corcel y sabe que cuidará muy bien de sus invitados –explicó Bill antes de subir al pescante.

Subieron.

Boris palpó con admiración el tapizado del vehículo, sin dudas este no era una de las carrozas de alquiler que se movían por la zona, sino algo recientemente comprado. Igor, por su parte, miraba como en un sueño las paredes y los arcos, las puertas ricamente trabajadas y el empedrado brillante tras los años de lluvia y nieve. A la luz del atardecer todo se teñía de un rojo sangriento y a la vez prometedor.

El rocín se detuvo y ellos descendieron ante una puerta de unos dos metros y medio de roble blanco, toda tallada y pulimentada de modo que parecía estar bronceada por el sol. Cuando el crepúsculo dejaba morir sus últimos rayos, las dos hojas se abrieron a la par para rebelar un zaguán profusamente iluminado con antorchas. Unos cinco metros más adelante, había un hombre inmóvil. Podían reconocer la larga túnica oscura y la cabellera ligeramente ondeada que caía sobre los hombros.

Como en un sueño, Igor y Boris entraron en la mansión, las puertas se cerraron a sus espaldas y el desconocido se adelanto entonces.
–Bienvenidos sean a la Mansión del Príncipe Geniev Telcontar –dijo con una leve reverencia y la mano derecha sobre el corazón.

TBC…

No hay comentarios.: