¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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30 abril, 2007

EN BUSCA DE UN SUEÑO 11

Mark Twain hizo periodismo

"Inmersa en soledad, guardo en mi corazón una melancolía densa
[y amarga, sin ningún sueño placentero y bello."
Li T'singchao, Dinastía Song (960 – 1279), China


Igor miró con odio el montón de tarjetas de referencia. Los pequeños rectángulos ignoraron su dura mirada –por supuesto– y permanecieron sobre la mesa, simétricos, mecanografiados, estériles de simpatía o marcas de tinta.

"Como se nota que nadie usa estos materiales." En efecto, la bibliotecaria le había mirado como un bicho raro por solicitar las referencias de Twain, ese hombre era de todo en Arda, menos una posible fuente histórica. Pero la amable señora solo pensó que Igor era uno de los estudiantes más detallistas de la Casa del Saber de Ithilien y cumplió su pedido. "Mira que meterme dos horas en la biblioteca localizando un artículo del viejo Mark", resongó mentalmente antes de comenzar a descartar tarjetas. "Claro, nada de esto ocurriría si aún tuviera mi libro, pero el desgraciado de Amandil tuvo que…"

El joven se detuvo antes de empezar a pensar insultos sobre su ex. De nada serviría, o solo para una cosa: traer dolor. Había pasado un mes y le echaba tanto de menos… Las interminables sesiones de estudio con Boris, los repasos a Théoden y Theódred, el ridículo sexto idioma para su currículo y las gestiones para el permiso de acceso a los archivos consumían su tiempo, sí, pero aún quedaban minutos, escasos y terribles minutos (en la ducha, lavándose los dientes, antes de dormirse, abriendo la taquilla del gimnasio) en los que estaba solo, y su mente notaba la ausencia del alto y elegante arnoriano.

Cuatro semanas atrás, Igor había llegado antes de tiempo al apartamento de su novio para encontrarle con los pantalones en los tobillos y a una joven becaria de la Universidad Libre de Utah dándole una mamada –si los rumores que Amandil regara por el campus eran ciertos, se trataba de la mamada del siglo. El simplemente dio media vuelta y se marchó. No quiso regresar a buscar sus cosas, tarea para la que reclutó a Eothain y Theódred. ¡Claro!, como esos dos no sabían qué recoger, se limitaron a seguir la lista elaborada de memoria por su amigo y un par de objetos quedaron en casa del traidor. Pero el único que Igor estaba lamentando desde esa maldita hora era el pesado volumen de Mark Twain, prolijamente anotada y traducida al Oestrom por el diminuto equipo de lenguas de la Casa del Saber de Shireland.

Ese libro era una joya y Amandil no lo devolvería voluntariamente, pero Igor estaba demasiado dolido para llamarle y admitir que necesitaba de él –eso sin contar que la becaria podía salirle al teléfono. Así que ahí estaba, perdiendo su escaso tiempo en repasar fichas en la biblioteca a ver si de casualidad hallaba en alguna revista perdida el artículo de Mark Twain sobre las costumbres de Arda, específicamente el de las bodas, de su viaje alrededor del mundo en 1895. Por alguna vendetta innombrable Following the Equator, donde el anciano yanqui recogía todas sus crónicas de aquel largo viaje, nunca había sido traducido ni publicado en Arda hasta 1991.

Cuando el departamento de lengua de Shireland atacó el proyecto en una clara sobredosis de hierba de pipa de la Cuaderna Sur, pasaron a la historia, literalmente. La Casa del Saber les redujo el presupuesto en un 80 %, de modo que solo quedaron en la oficina la máquina fotocopiadora, el jefe de departamento –era haradrim y podía acusarles de discriminación por motivos religiosos– y a una secretaria líder de la facción anarquista del sindicato de la universidad, que estudiaba khuzdul en secreto y era amante del rector en público. El libro fue terminado a pesar de todo, en sucesivas reuniones en las cafeterías de camioneros de las carreteras de Eriador y entregado a la imprenta gracias al apoyo económico del Partido Bolchevique de Arda –el primer secretario en Bree era ex–amante del rector de la Casa del Saber de Shireland y no le perdonaba lo de la secretaria estudiante de khuzdul, aunque a estas alturas ella lo había dejado por una despampanante rubia sordomuda de administraba un prostíbulo en Erebor.

Fue así como el primer secretario se casó con el jefe del equipo de traductores, musculoso descendiente de varias generaciones de obreros portuarios de la etnia lossoth –ya había caído el muro, así que no era obligatorio ser hetero para tener carnet rojo. El Rector se quedó sin contactos en el partido de izquierda ni el sindicato, por lo que se hizo socio de número de la Sociedad Moriquendi –donde nunca progresó por sus anteriores coqueteos con Moscú y Bakunin. Al Departamento de Lenguas de Shireland no le aumentaron el presupuesto hasta tres cursos después, cuando asignaron una máquina de escribir eléctrica y un profesor por cada uno de los cuatro idiomas oficiales –gracias a la presión de la Asociación de Estudiantes Enciclopédicos, que amenazaron al Rector con acusarlo de cristiano converso y favorecer al viejo haradrim con una fotocopiadora de uso exclusivo. Mark Twain: cronista de su época nunca fue reeditado, aunque sus cinco mil ejemplares volaron de las librerías en menos de tres meses –porque el pelirrojo de raíces proletarias estaba muy ocupado traduciendo a Howard Zinn y cambiando los pañales de los gemelos con que fuera bendecido a los dieciocho meses de pronunciar sus votos (ventajas de casarse con el primer secretario del Partido Bolchevique de Arda en Bree). Y las prostitutas de Erebor se hicieron famosas por su repentina y masiva conversión al anarquismo, al punto de motivar un informe confidencial de la CIA, por el que George Bush supo que dedicaban el 5% de sus salarios a la promoción mundial de su ideología y regalaban folletos con las textos de Bakunin a los clientes interesados –algunos opinan que eso motivó la visita del presidente en el verano de 1997, y su singular demora en la exploración del basto sistema de cámaras y túneles en el interior de la Montaña Solitaria.

Igor sabía todo eso porque la secretaria anarquista había sido vecina de su abuela y, al mudarse a las Tierras de Hierro, dejó todo arreglado para que el ejemplar que correspondía a la facción cristiana del sindicato fuera a manos sus manos. Mark Twain: cronista de su época había viajado (disfrazado de colección de historietas de Finarfin el elfo de las Nieves) hasta Rohan, donde la familia obligaba a Igor a pasar el verano haciendo deportes "viriles". Cuando se fue de casa de sus padres a vivir con Boris, Alcar e Imrahil, eso fue lo primero que guardó, y estaba en su mochila la primera noche que se quedó donde Amandil. ¡Maldito fuera Melkor! Tenía que acabar pensando en Amandil y todo lo que creyó significaba.

"Todavía llega el muy desgraciado y…" Había tentado demasiado a la suerte: justo en ese momento la voz de barítono del arnoriano le alcanzó.

Por el origen de su voz, dedujo que estaba en la mesa de referencia, y los excitados gorjeos de la becaria apostillaban cada una de sus palabras. Igor respiró profundo, giró un poco la cabeza y se mordió el labio inferior para contener la rabia: ella estaba enroscada como una serpiente alrededor del desgraciado narizón con ínfulas de economista y él (los secretos del equilibrio son insondables) se las arreglaba para conversar con la bibliotecaria, rellenar un formulario y acariciar la rubia y vacía cabecita de su amante con una sonrisa de lo más civil.

Pero vio todavía más: disculpando el delicioso espectáculo estético que significaba el curvilíneo cuerpo de la chica enfundada en cuero, a él le parecía un poco demasiado estar olisqueando la manga de su amante en medio de una discusión sobre los archivos de bienes inmuebles del siglo XVIII y sus métodos de clasificación. Por muy firyarekaiello y novata que fuera, ella estaba en la universidad por alguna razón diferente a la talla de su sostén ¿verdad?

A estas alturas media biblioteca –o sea, todos los ocupantes de las mesas desde donde se podía ver el buró de referencias– había abandonado sus labores de investigación por el espectáculo que significaba esa pierna derecha envuelta en cuero y ovillada alrededor del flanco de Amandil. Conciente de la atención, ella elevó el talón izquierdo, lo que movió unos centímetros hacia arriba sus caderas, y volvió a plantar el pie en el suelo. El hombre soltó una risita baja y siguió conversando con la archivera, que no tenía pinta de estarlo escuchando. Igor pestañeó, incrédulo. ¿Ella estaba…? Si, el talón subió de nuevo, y bajó, y subió, y ella empezó a sonrojarse.

"¡Está a punto de correrse! ¡¿*&%$@?!"

No lo soportó más. Con una velocidad que nunca sospechó de si mismo, Igor guardó sus libros y se dirigió a la referencista para devolver las tarjetas. Al verlo acercarse, la pobre mujer no pudo evitar que sus ojos brillaran de alivio. Amandil giró la cabeza en busca de su objeto de interés y una mueca despectiva le nació en los labios.

–Aquí tienes Martha –dijo el rubio, y dejó caer la caja. El seco golpe de madera contra madera tapó un gemido de la chica.
–Modales Igor, modales –señaló Amandil. –¿No tienes una pareja que te enseñe?
–Imagínate, se volvió mormón y lo desalojaron por no pagar el alquiler –se encogió de hombros como si el asunto no tuviera mucha importancia. –Tuve que dejarlo porque le dio por hacerlo en lugares públicos.


Amandil se puso gris. Ella dejó de restregarse y movió la cabeza en un ángulo imposible para verle. Martha contuvo la risa. La biblioteca quedó en silencio.

–Tú eres el ruso –dijo ella al cabo de unos segundos.
No era una pregunta, así que él se limitó a sacudir su sobretodo antes de ponérselo y continuar su charla pospuesta con Amandil.
–Por cierto, mi ex se quedó con un libro que vale unos quinientos arani. Dile que me lo mande con Eothain el rohirrim, por favor –deslizó sus ojos por ella, desde la cabellera negra y ondulada hasta las pequeñas zapatillas de cabritilla.
La becaria estaba apenas apoyada en la punta de su piesecito izquierdo y debajo… Igor se contuvo y levantó los ojos, volvió a mirarlo con la más cálida de sus sonrisas.
–Aunque tal vez lo empeñó para pagar cuero marrón, nunca se sabe con los conversos.

Tomó su bolsa y giró para marcharse. Se sentía bien haberle dicho ladronzuelo en público. Tan bien, que la otra parte de su venganza se le antojó infantil. Dejaría que la suerte decidiera.

–Los rusos son malos en la cama –afirmó ella a sus espaldas.

Igor se detuvo, cerró los ojos y respiró hondo. La aguda vocecita y su acento de palabras masticadas eran terriblemente desagradables, pero más desagradable era ser llamado "ruso". ¡El no era ruso sino ardence! Políglota, adorador de los Valar, rubio, gay y despectivo con los cristianos. Era todo lo que un edain podía ser y, de cualquier manera, más ardence de lo que ella llegaría a ser aunque se restregara contra el bellísimo trasero del Príncipe Gorlan de Telcontar y Trandulion durante los próximos quince años.

Giró y le puso un dedo en el hombro.
–Y las mujeres de Utah no tienen equilibrio.

Solo tuvo que hacer presión hacia abajo: la chica, resudando confianza, bajó el talón, pero no encontró el suelo de linóleo bajo su pie, sino la cáscara de plátano que Igor había dejado caer de un de sus bolsillos al sacudir el sobretodo. El solo se apartó y los vio caer en cámara lenta.

–La dieta vegetariana tiene riesgos –comentó en tono filosófico antes de irse en busca de la salida.

Caminó como un autómata hasta los jardines de la universidad y se sentó en un banco a meditar. Allí lo encontró Boris casi a las tres de la tarde, un poco antes de su turno de Metodología de la Investigación.

–¡Ahí estás! –el joven se sentó a su lado y tomó varias profundas bocanadas de aire para normalizar su respiración. –¿Por qué no me esperaste en la biblioteca?
–Amandil.

Boris asintió, sin embargo, el rostro de su amigo estaba demasiado perturbado para un simple encuentro con su ex.

–¿Discutieron?
Igor lo miró de frente por primera vez, sus ojos parecían lejanos.
–Es que… –se calló de pronto y le observó con expresión calculadora. –¿Tú crees que el Príncipe tiene un lindo trasero?
–¿A qué viene esa pregunta?
–Tal vez a que es el primer hombre que intentas cortejar en tu vida.
Boris arrugó la frente y miró hacia el pasto.
–Si alguna vez me acuesto con un hombre, no será por su trasero.
–Me alegro.

Boris supo que lo decía de verdad, pero ni esos buenos deseos le aligeraron el espíritu. El encargo de su tía había sido de lo más bajo, sin dudas, y se daba por satisfecho con que hubiera terminado tan mal. Boris apartó la mirada de la yerba y estudió a su amigo: Igor estaba de nuevo la mirada perdida, hundido en sus pensamientos. ¿Acaso era tan terrible ver atractivos en el Príncipe? Claro, con el corazón todavía roto por el imbécil de Amandil y los desplantes del Telcontar… ¿Qué había dicho Finduilas? "Se trata de tu cabello. A él le gusta rubio claro, como oro recién lavado."

–Creo que es atractivo –admitió al fin.
–A ti no te gustan los hombres –adujo Igor para cuando recuperó el habla, sin poder ocultar su incredulidad.
–Tengo ojos en la cara ¿sabes? –se defendió. –Lo que no entiendo es por qué te incomoda la idea.
Los labios del joven se abrieron y cerraron un par de veces, antes de hallar las palabras.
–Es el Príncipe G de Telcontar. ¡Uno no tiene un revolcón con la eminencia gris de Arda!
–Tú no eres del tipo de los que tienen revolcones. ¿Qué tiene de malo entonces?
–¡No puedo creerlo! ¿Estás haciendo de alcahuete?
–Si –admitió llanamente Boris. –Es algo que hará enfadar a mi tía.

Igor no pudo contener la risa ante semejante argumento. Boris se alegró, porque era una carcajada ligera, feliz. Igor se estaba riendo de un chiste, más de lo que había hecho en las últimas semanas, llenas de su dolor por Amandil, el recuerdo de Imrahil y la preocupación por las elecciones para el cargo de Rector. Miró su reloj y comprobó que apenas llegarían a la clase a tiempo.

–Oye, gran estudioso de los arcanos saberes, vamos andando, o Lord Michael nos cerrará la puerta de su aula en las narices.
Igor asintió y tomó su mochila para ponerse al paso hacia el edificio norte.
–Bueno, vale –comentó enjugándose las lágrimas ya en la escalinata del edificio. –¿Cómo piensas completar tus labores de celestino si G no te quiere ni por teléfono?
Boris alzó una ceja con gesto de suficiencia.
–En una cena íntima que organiza la hermosa princesa Lothiriel en estos mismos momentos. Finduilas quiere torturarnos allí, pero solo por molestarla… iremos muy bonitos.
–No lo se…
–¡Vamos! –exigió Boris en lo que empujaba la puerta del salón de investigaciones. –Nuestros padres no nos perdonarán la ausencia. En cambio si vamos y cierto millonario excéntrico tiene un rapto de pasión por ti…
–Es esa parte de tu plan la que veo floja –advirtió Igor y dejó caer su mochila en su asiento tradicional.
–Tengo un arma secreta –se ufanó Boris en lo que apoyaba la cadera en el espaldar de su pupitre.
–¿De veras?
–Aja. Es el arma de todo periodista: información.

TBC...

Notas:

1- La palabrita que me inventé en este capítulo es "Firyarekaiello" y significa, literalmente "Hombre mortal del Océano exterior", o sea, extranjero. De nuevo la fuente es el Diccionario Quenya-Catellano:

Firya pl. Firyar "Mortales", un nombre Élfico para los Hombres Mortales (WJ:387)

Ekkaia nombre del Océano exterior: por *et-gaya? (Silm)

-llo terminación de ablativo, "de" o "fuera de", p.ej. sindanóriello "fuera de una tierra gris", Rómello "del Este", Mardello "de la tierra" (FS)

2- Lo otro es la moneda de Arda: "arani". Es el plural de aran "rey", un aran era una moneda de oro antes de la llegada del papel moneda.

Durante los primeros mil quinientos años de la cuarta edad, hubo tres tipos de metales con valor de cambio aceptado en toda la isla: oro, plata y cobre. Con el tiempo, las monedas de oro empezaron a ser acuñadas solo por los cuatro reyes mortales de la isla, las de plata por los enanos y las de cobre por los señores de las regiones. Así las piezas de oro se llamaron aran, las de plata "nauco" (de Nauko "Enano") y las de cobre "heru" (de "hér" que es "señor, amo").

La llegada del papel moneda, el sistema decimal y la unificación de la isla definieron otras normas. Así el aran se convirtió en la moneda oficial: cien naucos componen un aran y cien herus un nauco.

TBC...

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