¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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30 abril, 2007

EL SEGUNDO REGRESO DEL REY 9

UN DESCANSO EN ROHAN

A la mañana siguiente Aragorn despertó de buen humor. Podía sentir que Legolas se alejaba, pero estaba seguro de que no sería por mucho tiempo. Trató de moverse, mas el dolor en la pierna lo impidió. En ese momento tocaron a la puerta y entró Eomer, seguido de sirvientes con vendas, emplastos y alimentos.

–Buen día Majestad, quiero comprobar que su herida recibe la mejor de las atenciones. –dijo el Rey de los Rohirrim. Y ya no despegó los labios hasta que Trancos estuvo sentado en la cama con la bandeja del desayuno enfrente y el último de los sanadores cerró la puerta.

El joven se sentó en el borde del lecho y le observó comer, inspiró aire, como si le costara hablar.

–Escucha Aragorn, ayer… hablé de manera precipitada. No tengo derecho a criticar tus sentimientos, ni tus decisiones de estado.

–Por favor Eomer, somos amigos ¿no? Sé que no es fácil de aceptar.

–¿Fue por eso que cancelaste tu enlace con Arwen?

El ex–montarás sonrió con orgullo

–Tuve que pensarlo bastante ¿sabes? Era un compromiso de treinta años.

–¡Diablos! Casi había olvidado que tú también eres medio elfo… Al conocerte tenías demasiada apariencia de hombre.

–De villano querrás decir. ¿Qué edad tienes Eomer?

–Veintiocho… Te comprometiste con Arwen antes de que yo naciera.

–Sí. Tengo ochenta y ocho años, si no muero por la espada acaso alcance los doscientos, un suspiro para los elfos.

–Pero no para tus súbditos. ¿Qué pasará con Gondor a tu muerte?

–Aún no lo he pensado. Dice Faramir que el Consejo me podría forzar a tomar una Segunda Consorte para engendrar un heredero. –hizo un gesto de molestia– Ya veré cómo me libro. ¡Hablando de Faramir! Debo transmitirte su petición oficial de la mano de tu hermana.

–Lo sé, y me alegra. El tiene la energía para controlarla. Ya ordené al canciller que redacte la carta de aceptación, pero el enlace no podrá efectuarse hasta tu regreso.

–Creo que tu hermana puede esperar un par de meses. Que se entretenga saneando Osgiliath, va con su carácter y será la residencia oficial de los Príncipes de Ithilien en cuanto las cosas se estabilicen.

–Bien. Enviaré la carta de aceptación con los escoltas de Legolas, que regresan hoy a Gondor. ¿Le vas a escribir a tu Senescal?

–Lo haré. Ya que cometí la irresponsabilidad de casarme en secreto, lo menos que puedo hacer es mantener correspondencia oficial.

Eomer se levantó y empezó a reír mientras avanzaba hacia la puerta.

–Pobre Gondor. Perder a Denethor para caer en manos de Aragorn: un villano por un loco.

Y el Rey de Rohan se retiró. Ya fuera mandó sirvientes que se encargaron de que el Rey Elessar I pudiera redactar y sellar su carta al Senescal.

La herida de Aragorn tardó aún cinco días en sanar y la inquietud empezaba a devorarlo. No deseaba llegar tarde a la boda de Halladad. Al séptimo amanecer estuvo decidido a partir. Se presentó en el comedor principal, donde el Rey, su hermana y los medianos tomaban el desayuno. Eowyn fue la primera en verlo.

–Veo que su Majestad ha recuperado las fuerzas.

–Así es bella dama, y debo partir. –tomó asiento– Espero que el Señor de los Caballos no lo tome como una falta de cortesía.

–En absoluto. Sé que tu cita en el Bosque es importante.

–Me encantará ver una boda élfica –comentó Sam con la boca llena– Todo lo de elfos me gusta.

–Si, claro. Y tal vez Legolas y Aragorn se arreglen en la fiesta.

–¿De qué hablas Merry?

–¡Oh! Es una historia tonta –explicó Pippin a Eomer– Legolas se fue molesto de Gondor porque Aragorn ya no se casa con Arwen. La fiesta tendrá un buen ambiente, el necesario para dejarlo de lado, pensamos mi primo y yo.

–Sí. Dos buenos amigos como ustedes Trancos. No puedes dejar que eso los separe. Legolas debe entender que aún eres dueño de tu corazón, aunque seas Rey.

–Merry y yo hablaremos con él en cuanto lleguemos al Bosque, para allanar el camino. ¿Te parece?

–Ninguno de ustedes dirá una palabra –intervino Frodo con los dientes apretados– Trancos y el Príncipe son bastante mayorcitos y pueden arreglar sus asuntos. No necesitan hobbits entrometidos.

–Frodo, en verdad necesitas tomar una pinta de cerveza del Dragón Verde pronto, pero… –y Merry echó una mirada al Rey de los Hombres, que se concentraba en su pan. El instinto le dijo que estaba cerca de algo peligroso– pero te haremos caso.

–Solo hablaremos con el elfo si a la hora de partir no vemos algún cambio. –Concluyó Pippin.

A la altura de los Campos Gladios Legolas sintió un gran alivio.

–Se han puesto en movimiento. –dijo sin explicaciones a Elrond– Ya cabalgan tras nosotros.

–Bien por mi hijo. Supongo que el ritmo ahora será desesperado, le queda poco tiempo. ¿Y la herida?

–No duele en absoluto.

–Otra cosa Hoja Verde, cuando crucemos el río entraremos en la tierra de los beornidas. Eres conocido allí, creo que debes usar de nuevo los guantes.

–Pero Lord Elrond…

–No debemos provocar a Thranduil lanzando por delante la noticia de tu enlace. Aunque no te pongas en anillo, se sabe por aquí que los elfos no tienen cicatrices, a menos que sean mágicas. Usarás los guantes.

–¿Y cómo explicarlos? No es una costumbre común entre nosotros.

–Dirás que es un obsequio de Eowyn. Ya antes, hasta Rivendel llegaban los comentarios sobre tus extravagancias, la corte creerá que se trata de otro de tus exotismos. Amigo de un enano, de medianos y vestido de manera especial. Concuerda.

–Vale.

Legolas dio por terminada la conversación y se adelantó. La nube que creía superada volvió a alcanzarle. Se había hecho ilusiones acerca de mostrar su anillo de enlace con orgullo, pero Elrond tenía razón, aunque le doliera admitirlo. La rabia de su padre sería tremenda al saber de la boda, pero saberlo por otras personas… no podía imaginar las implicaciones. Suspiró. También extrañaba a Aragorn más de lo que había previsto. Por lo menos ahora la distancia física entre ambos no crecería más.

Lord Elrond le miraba preocupado. El siempre flemático Legolas estaba agotado, se notaba. El medio elfo sabía que todos los miembros de la Comunidad merecían un descanso, y el más joven de ellos era el príncipe. Incluso él empezaba a estar harto de guerras, estratagemas, argucias, mentiras… Sí, definitivamente todos estaban al límite, salió de sus pensamientos por una estrepitosa carcajada de Gimli.

–¡No lo dudes amigo Legolas! En diez años no reconocerás ese refugio bajo Cuernavilla. Los herreros enanos no han olvidado la gloria de las Montañas Azules y el Reino Escondido.

–¿Y cuánto vas a tardar en reunir y traer a tu gente de eriabor?

–Planeo pasar el invierno con mi padre, pedir consejos, reunir gente, recursos… Volveremos en la primavera, o el verano como una avalancha.

Pero dos de los jinetes no sonreían ante los planes, parecían molestos o preocupados.

–¡Elladan!, ¡Ellohir! –llamó Elrond y los tres quedaron en la retaguardia del grupo, lo suficientemente retrasados para no ser oídos.

–Desde que partimos de Gondor les noto hoscos, y es notable su actitud esquiva con Legolas. ¿Puedo saber la razón?

Los hermanos se miraron, como era usual en circunstancias de negociación, Elladan habló por los dos.

–Padre, me tomaré la libertad de responder con otra pregunta: ¿Aragorn y Arwen se separaron por Legolas?

–No. –un suspiro de alivio escapó de dos pechos idénticos– Estel dudaba de su amor desde hace tiempo, la Comunidad le dio fuerzas para resistirse a la costumbre y pensar en el verdadero amor.

–Pero, ¿y Legolas? –insistió Ellohir.

–Se aman, sí. Tanto que me sorprende no se percataran antes, pero ambos actuaron con honor.

–¿Entonces por qué Arwen se quedó en Minas Tirith?

–Tu hermana tiene un plan: creará una colonia de elfos en Ithilien. Dice que los pocos inmortales que permanezcan en la Tierra Media tendrán tanto trabajo sembrando árboles y cuidando de los animales que la nostalgia por el mar desaparecerá.

–No lo creo, el mar está cerca de la Ciudad Blanca.

–Tienes razón en eso Ellohir, pero ay tanto que hacer tierra adentro… Nadie mira mucho al mar allí.

Elladan ha permanecido callado mientras su padre tranquilizaba a su gemelo, ahora hace una pregunta meditada.

–¿Tú sabías que Aragorn y Arwen no se amaban?

–Saber, esa es una palabra peligrosa. Me pareció que ambos estaban demasiado apresurados, por eso decidí prohibir el enlace hasta que Estel fuera Rey, para darles tiempo.

––Mi hermano Elladan y yo temimos… ¡Es que desde hace diez años Aragorn habla tanto de Legolas! Y cuando llegamos a El Sagrario… ¡Era un secreto a voces! Nadie dijo jamás una palabra, solo tenías que mirarlos. Estuve a punto de estrangularle.

–Siempre tan impulsivo Ellohir. ¿Qué te detuvo?

–Los seguimos. Te juro padre, que si llego a descubrir algo indecoroso, Tranduil se queda sin hijo, pero… –algo la impide continuar, ¿emoción?, ¿rabia? Su hermano termina de explicar.

–La verdad es que nunca hubo nada indecoroso. Solo caminaban tomados de la mano, con gran tristeza, hasta que Aragorn quedaba extenuado y debía meterse en su tienda.. Nada más.

–No esperaba menos de mi Estel, será un buen Rey. Ahora que las cosas están claras hijos, ¿pueden mejorar su trato con el Príncipe? Legolas no deseaba que el enlace con Arwen se rompiera, estaba dispuesto a irse y dejar a vuestra hermana ser feliz. Las decisiones que les molestan fueron tomadas por el Rey.

–Por los sentimientos que provocó Legolas. –insistió Ellohir.

–¿Acaso se puede mandar en eso? Les enseñé que lo primero son la justicia y el amor. Hay muco amor en esta historia, y el Rey obró sinceramente, con justicia.

–Está bien padre –admitió Elladan– Si nos aseguras que Arwen es feliz. La verdad es que extraño ese arquero sinda.

–¿Debo tomar tu palabra como un compromiso de ambos?

Ellohir le sostiene la mirada a su padre unos instantes, pero al cabo aparta los ojos y asiente. De repente suelta una pregunta que parece incomodarle.

–Si Aragorn es nuestro hermano y ama a Legolas ¿ahora somos parientes de Tranduil?

–Lo seremos, después de la boda de Halladad Estel pedirá la mano del Segundo Príncipe de Mirwood. Eso es secreto por ahora. Lo importante es que apoyen a Legolas porque las noticias de ese romance han llegado hasta su padre, que no lo tomó demasiado bien. El pequeño será acosado apenas ponga pie en esa fortaleza, y faltan unos días para que nos alcance vuestro hermano. Solo puedo contar con Halladad y con ustedes. ¿De acuerdo?

Ante la posibilidad de fastidiar los planes del antipático Thranduil los gemelos sonríen, responden al unísono para demostrar su buen humor.

–¡Con excelente voluntad padre!

Aragorn y los hobbits llegaron a Lorien tras cuatro días de marcha y los centinelas los condujeron de inmediato ante Galadriel.

–Bienvenido seas Elessar I, rey de Gondor y Arnor; bienvenidos sean Frodo Bolson y Samsagás Gamyi, portadores del Anillo Único; bienvenidos señores Meriadoc Brandigamo y Peregrin Tuk, caballeros de Roan y Gondor. Mi alma se aligera al verme reflejada en vuestros ojos.

Aragorn se adelantó y habló en nombre de los cinco.

–Dama Galadriel, alcanzar la protección del Bosque Dorado es el sueño de muchos, nunca podremos retribuir el honor de ser recibidos dos veces en la vida. Nada más podemos hacer que poner nuestras espadas a tus pies.

–Placer me produce vuestro ofrecimiento, mas el tiempo apremia. He mandado cambiar vuestros corceles y reponer con bembas y agua las provisiones. Solo quedan seis días para el enlace del joven Halladad y a maese Samsagas no le gusta perder detalle de las fiestas élficas.

–Ante tal comentario el sirviente de Frodo enrojeció hasta las orejas, pero encontró palabras agradecidas y amables.

–No soy digno de apresurar la marcha de mis señores, contemplar y escuchar a la señora de Lothorien es fiesta suficiente.

Tras varios galanteos similares la compañía fue invitada a la surtida mesa de Galadriel y apenas hubieron digerido sus alimentos volvieron a montar.

–Aragorn –dijo en susurros la Dama cuando aquel ya montaba– veo tu futuro oscuro: un gran dolor se acerca, la Muerte cabalgará a tu lado y solo el tiempo podrá apartarla. No detengas el combate, pues solo en batalla el tiempo de los elfos es igual al tiempo de los hombres. Ahora ¡ve! –y, con un gesto inusitado para cuantos la conocían, Galadriel azotó al corcel, que salió disparado hacia la frontera. El resto de la comitiva les siguió a galope tendido.

TBC...

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