¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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30 abril, 2007

EL SEGUNDO REGRESO DEL REY 7

ENCUENTRO Y DESPEDIDA

La luz del sol le molestaba en los ojos, medio dormido aún dio vuelta al rostro. Se sentía ligero y agotado, aún era muy de mañana para ser Rey, o eso le parecía. Una pregunta se coló en su mente: "¿Quién corrió las cortinas?". Entonces se sentó de golpe, todos los sentidos alerta.

Estaba solo en la amplia habitación, pero un leve dolor pugnaba en su mano izquierda y algo extraño le colgaba del cuello, lo apartó un poco para estudiarlo. Era una pequeña bolsa de cuero, en su exterior habían bordado una pequeña pirámide blanca (¿Minas Tirith?) donde un árbol entrelazaba sus ramas, de modo que parecían fundidos en un abrazo de amor. Palpando su contenido percibió un pequeño aro y una cuerda de escasa longitud.

–¿No fue un sueño?...

Las imágenes volvieron a su mente, la conversación en el baño, la boda secreta, la noche… Su noche de bodas. Apartó el cobertor. Ahí estaban, aún húmedas, las manchas de sangre y semen, algunos cabellos rubios. Los acarició con reverencia.

–Todavía es un secreto, pero ya somos uno…

Saltó de la cama y extrajo la cubierta, no iba a permitir que ninguna lavandera se llevase tan dulce recuerdo. La dobló con cuidado y la ocultó en un arcón oscuro, donde guardaba su vieja pipa, las botas de montarás y otros recuerdos de los días del norte.

De otro estante extrajo una pieza limpia y la puso de cualquier manera en el lecho

–Diremos que estuve borracho anoche, eso fue lo que acordé con Faramir. No tendrá nada de especial que desarreglase la cama.

Cuando el montaje le dejó satisfecho se vistió, cuidando de cubrir su relicario de cuero, y bajó a desayunar.

En el comedor le esperaba el Senescal para el despacho matutino, era una costumbre que usualmente le molestaba, pero hoy se alegró de compartir sus primeros momentos con un verdadero amigo. Se dejó caer descuidadamente en la cabecera de la gran mesa y el Senescal tomo asiento con cuidado a su derecha.

–Buen día Senescal.

–Buen día Majestad

–¿Qué novedades tenemos?

–Pocas. El Jefe de las Casas de Curación se reunió muy de mañana con el Jefe de los Labradores.

–Claro, esos no dejan día por medio para "charlar".

–Supongo que el tema habrá sido el frasco de vino élfico hallado bajo la ventana de su Majestad esta madrugada, y hecho añicos. Espero no lo tome como insolencia, pero ¿estuvo su Majestad bebiendo a solas?

¡Pues este Senescal suyo si que no daba puntada sin hilo! Y cuán oportuno, los sirvientes no perdían una palabra.

–Un poco amigo, solo un poco, pero es que el vino élfico es… para otras naturalezas, al fin y al cabo, soy un mortal.

El rostro de Faramir ensombreció, parecía luchar consigo mismo.

–¿Debo deducir que la herida de su Majestad fue causada por el vino?

–Pues sí… Un corte sin importancia. No te preocupes hombre, soy un sanador. Te prometo que en lo adelante invitaré a algunos amigos ¿vale?

–Perfectamente Majestad.

–¿Hay alguna audiencia especial hoy?

–El Príncipe Legolas desea hablarle.

Casi deja escapar una carcajada, pero se obligó a fingir molestia.

–¿Con que ya se decidió a decir qué le molesta de mi reino? Aunque no debo negar que sus cacerías me han ahorrado hombres y trabajo. La verdad es que estoy harto de ese elfo Senescal, pero no quiero una guerra con Thranduil.

Faramir se limitó a asentir. Guardo un silencio respetuoso hasta que el Rey tomó la servilleta.

–Me adelanto al Salón del Trono. –ya estaba de pie cuando una breve sonrisa apareció en los apretados labios del hábil funcionario– Una última información Majestad, hace mucho que pasó la hora del Segundo Desayuno, como lo llaman los Medianos, para no interrumpir su descanso despaché los asuntos triviales, solo quedan la audiencia de Legolas y algunas cartas. Ahora me retiro.

¡Pues sí que había dormido! Tenía ganas de mandar todo al diablo y correr gritando que era feliz. Se contuvo, un cambio demasiado brusco en su humor lo echaría todo por la borda. Respiró hondo y se dirigió al Salón del Trono con pasos torpes, como si en verdad hubiese bebido toda una botella de vino de Rivendel.

En las galerías percibió ese silencio falso de los cortesanos, las voces se apagaban en cuanto le percibían y se reanudaban al creerlo lejos, ninguno de ellos calibraba correctamente sus afilados sentidos de montarás. Así supo que ya se extendían los rumores de su noche de borrachera y el creciente desprecio por Legolas. Tuvo que cerrar los puños para mantener la ficción, pero los testigos atribuyeron todo al licor. Necios.

Al llegar, Faramir estaba sentado en el estrado negro del Senescal, arriba le esperaba el alto trono blanco. Debía encargar un trono para el Príncipe Consorte, ¿lo pondría al lado o en el escalón inmediato? Se acomodó y asintió profundamente. Era la señal para dar inicio a toda la opereta de su audiencia.

Faramir se levantó y su voz alcanzó toda la estancia.

–He aquí que su Majestad Aragorn Thengel Ecthelion Thorongil Elessar, Señor del Reino Unificado de Gondor y Arnor, se dispone a escuchar a súbditos y visitantes. De su boca brota la justicia. ¡Salve!

–¡Salve! –repitieron los dignatarios.

–En muestra de amistad por los peligros compartidos en la Guerra del Anillo, el primero en presentarse es Legolas hijo de Thranduil, Príncipe elfo sinda del Reino del Bosque Negro Septentrional. Su valor solo tiene igual en nuestro Rey.

Faramir volvió a sentarse y Legolas se acercó, llevaba un traje holgado y guantes.

–Majestad, vengo a transmitir una invitación de mi padre. Mi hermano Halladad, hijo de Thranduil, Príncipe Heredero del Reino del Bosque Negro Septentrional, se casa. Thranduil desea que los señores elfos, enanos y mortales, sean testigos de la felicidad que crece en nuestro bosque tras la caída del Señor Oscuro. Yo mismo debo partir sin demora para abrazar a mi hermano y a mi nueva hermana. Pido por tanto al Rey de los Hombres una escolta digna de mi rango para alcanzar el reino élfico de Lórien y su promesa de visita.

–Entonces te vas. Es una lástima Legolas, entre Gimli y tú han matado tantos orcos que me ahorraron un año de trabajo. Comprendo que las ocupaciones de un Príncipe elfo segundón no están definidas en el protocolo de la corte, pero puedo inquirir ¿qué harás en el Bosque?

–Seguir cazando criaturas oscuras Majestad, no fue Gondor el único reino que sufrió los embates de Mordor. Los elfos somos gente pacífica, así que nuestra nobleza no debe desgastarse en intrigas por tierras y heredades, sino que lucha contra los restos de la maldad antes de abandonar estas costas al gobierno de los mortales.

–Me encantará cazar arañas en tu bosque Príncipe, aunque no me parece un deporte demasiado elevado. Parte con mi venia, mi protección y mi agradecimiento por los servicios en la Comunidad. ¿En una semana podrás organizarme una partida de caza? Será en honor al viejo Bilbo, tío de Frodo, y a Gloin, padre de Gimli.

–Los corceles y las flechas te estarán esperando Rey de los Hombres, cuando llegues a Mirkwood. Ahora me retiro, debo despedirme de otros a quienes aprecio en esta ciudad.

Legolas se alejó caminando de espaldas, hasta que cruzó los umbrales del Salón. La comedia estaba completa: para todo Gondor el elfo se marchaba ofendido y tal gesto aliviaba a Elessar.

Dos días después la partida estaba lista. Junto a Legolas viajaba Gimli, quien visitaría las mazmorras del Bosque Negro donde estuviera preso su padre y luego regresaría por el río a Erebor. Aunque Aragorn sabía del riesgo se escurrió hasta la habitación del elfo. Legolas lo escuchó, pero siguió organizando el escaso equipaje.

–Te estaba esperando.

–No podía dejarte ir con esas palabras de la Audiencia.

–Lo sé, los mortales son tan desesperados. Creo que me estoy contagiando contigo.

–¿Mi elfo me desea? Para mí una noche no fue suficiente.

–Y tanto… pero no hay tiempo ahora. ¿Cuándo me seguirás los pasos?

–En una semana. Haré escala en Rohan, Lórien y los Campos Gladios. Eowyn se detendrá en Rohán, y los Medianos me acompañan para luego ir hasta Rivendel y de ahí a la Comarca.

–Mi ruta será similar. Sólo tu padre puede moverse más rápido, apenas se detendrá para hablar con Galadriel.

–Aquella mañana creí que todo había sido un sueño… Hasta que descubrí el relicario.

–Lo bordó Arwen, también los anillos estaban pensados para tu enlace con ella… Eso me incomoda un poco.

–No, no hay nada que temer, Arwen está aliviada de que yo vuelva a ser su hermano.

–Te amo. –Legolas rozó los labios del Rey y se dejó caer. Los musculosos brazos del monarca le envolvieron.– Casi no puedo esperar a que todo este secreto termine.

–¿Sabes? Encargué a Faramir un nuevo trono, un trono doble… Si tuviera que legislar solo, estaría demasiado tiempo apartado de ti.

–Mortal desesperado.

–Mortal enamorado, no tengo toda la eternidad, acaso otros cien años de vida.

–Y yo moriré poco después…

–No me lo recuerdes… Casi me dan ganas de devolverte tu libertad.

–¿Y para qué la quiero sin ti? Debemos aprovechar cada minuto. Casi amanece y tú no debes despedirme, recuerda que estás feliz de que me marche.

–Faramir estará en la puerta. Hasta dentro de tres semanas, Príncipe Consorte de Gondor y Arnor, esposo mío.

–Será un placer volver a verte Rey de los Hombres, esposo mío.

Aragorn vio la columna alejarse desde los ventanales de su habitación, podía distinguir la figura ligera y rubia. Temió morir, pero morir como un elfo, morir literalmente de tristeza.

TBC...

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