¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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23 abril, 2007

EL SEGUNDO REGRESO DEL REY 5

CONFESIONES

Aragorn vio cerrarse la puerta de su habitación con un cansancio absoluto. La lucha con la sorda cólera que crecía en su interior le desgastaba más que todos sus años de vagar por las Tierras Ásperas. A pesar de que se entregaba cada día a sus obligaciones como monarca, se sentía vacío, y lo peor era conocer la causa.

–Legolas, Legolas… –murmuró para sí mientras dejaba la espada Anduril en la cama y empezaba a desatar las cintas de su túnica. A despecho de su ascenso intentaba mantener la intimidad, y uno de los pocos momentos en que le dejaban solos era para el baño.

Dejó caer las últimas ropas, recogió a Narsil y se dirigió a la habitación contigua: la tina ya estaba lista y se introdujo en ella pesadamente.

Por más que le daba vueltas no comprendía la actitud del elfo, en cuanto rompió con Arwen su carácter cambió para mal: se volvió esquivo con todos, pero especialmente con él. Gimli comentaba que había algo oculto en su repentina furia contra los orcos. Era claro que no se trataba de la eficiencia bélica por todos conocida, sino de una rabia insondable. Frodo llegaba más lejos en sus especulaciones, ¿qué haría Legolas con todo ese dolor si los orcos no estuvieran disponibles?

Después de dos semanas de mal humor, investigaciones y largas meditaciones, Aragorn concluyó que la extraña reacción se debía a la carta de Thranduil, pero no se decidía ni a robar la carta, ni a exigirle una respuesta… Estaba en un callejón sin salida.

Tan entretenido se hallaba que solo escuchó la respiración ajena cuando la daga se apoyó en su cuello.

–¿Qué es esto? ¿Un montarás desprevenido?

–Contigo cerca ¿para qué tomar precauciones?

–Hay algunos aquí que no te pondrían la daga en el cuello para jugar.

–A esos los oiría durmiendo… –estrechó la mano cerca de su cuello– ¿Regresaste de cazar ahora? ¿No te apetece un baño?

Por toda respuesta un salto rápido y algunas salpicaduras en el suelo… Legolas ya estaba sentado frente a él y empapado.

–Estás cerca de mí y ríes, ¿algo nuevo ha pasado?

–Me he decidido… Debes disculparme, pero estos días tenía que estar solo. Ahora que se lo que deseo puedo hablarte, pero ya no nos queda mucho tiempo.

–Suena complicado. Imagino que todo tiene que ver con la carta de tu padre, y con esa audiencia que solicitaste para mañana.

–¡Vaya! –no puede contener su admiración– Faramir sí que te es fiel.

–Ni lo menciones. Está en una situación difícil: no aprueba nuestra relación, pero yo soy el Rey… En cierto momento me propuso secuestrarte y meterte en la torre, al menos así estarías obligado a dirigirme la palabra.

–No era mala idea, pero ya no es necesario. Me marcho dentro de tres días.

–¿!Qué!?

–Escúchame con atención y piensa como estratega, por favor. Mañana haré un anuncio oficial en tu audiencia, se trata de la boda de Halladad, hijo de Thranduil, Príncipe del Bosque Negro. Yo debo regresar al Bosque por esa razón, y tú estás invitado, como Rey de Gondor, pero sé que en realidad tu presencia no es deseada en las tierras de mi padre. Lo más probable es que no pueda volver a salir de Bosque en un siglo, a menos que haga votos de fidelidad allí. ¿Entiendes lo que se trama?

–Separarnos…

Aragorn no puede salir de su asombro, tanto cuidado en proteger a Legolas y de todos modos Thranduil se había enterado. Su secreto había escapado, y bien lejos.

–¿Pero cómo pudo tu padre saberlo?

–Estuve pensando… Mandaste mensajeros a Rivendel para que Arwen se dirigiera hacia acá ¿no? Esa persona pudo hacer escala en Mirkwood, y decir lo que le conviniera. A tus nobles les repugnaba la idea de una Princesa Consorte Elfa, pero además un Consorte, no, eso era demasiado para sus mentes. Nadie pensó que me marcharía.

–Entiendo. Tu padre desea que regreses para castigarte por descender a mirarme y estropearle el matrimonio a Arwen… Y te obligará a casarte con alguna bella damita de la corte.

–No, no llegará hasta ahí, pero sí puede impedirme regresar.

–Entonces no irás y punto. Te quedas aquí en lo que yo le saco al mensajero el nombre de sus cómplices, luego iremos juntos a donde tu padre y declararemos nuestro amor.

–Eso llevará tiempo, y la boda es en tres semanas, debo partir ya. Mi hermano fue quien me advirtió de los planes ocultos en mi contra, debo pagar su fidelidad protegiéndole. Si me negara a ir, mi padre sospechará.

–Legolas, no puedes ir, si entras en el Bosque Negro en la situación actual no arreglarás nada y yo, yo soy mortal ¿recuerdas?

–No he dicho que me iré desarmado. No me tomé dos semanas solo para entender la magnitud de los planes en contra nuestra, fue eso y hallar una solución… honorable.

El elfo calla y mira fijamente a los ojos de Aragorn. Se hallan muy cerca, los labios a escasos centímetros. Legolas sabe que se lo está jugando todo, si su propuesta falla volverá al Bosque, pero para morir.

–Casémonos.

–¿!Qué!? –el hombre se levanta tan rápido que las salpicaduras alcanzan la pared– ¿Tu y yo? –vuelve a sentarse en la tina– ¿Para siempre?

–Los elfos creemos en el honor, y una vez que entregamos nuestro amor no hay marcha atrás, majestad, pero parece que usted no deseaba más que jugar conmigo.

Va a salir del agua, pero Aragorn alcanza sus caderas y lo obliga a bajar de nuevo.

–Espera, espera, ¿a qué viene ese enfado? No juzgues mal mis palabras, es que nunca esperé semejante honor. Tú eres un príncipe Legolas, un príncipe de los elfos, si te enlazas conmigo aumentarás la furia de Thranduil y perderás la posibilidad de partir a Valinor. ¿No eres tú quien más se arriesga?

–Y tú eres el Rey de Gondor y Arnor, el mayor de los dúnadan, el último de los representantes de Númenor, debes dejar un heredero. ¿No es eso un riesgo?

–Mi padre lo dijo, lo más importante es el amor. Contigo a mi lado ya inventaré algo para librarme de esos fastidiosos dignatarios, supongo que puedo nombrar heredero a algún sobrino. No quiero pensar en eso ahora… ¡Tú te quieres casar conmigo!

–¡No grites! Me quiero casar, pero no tiene que enterarse todo el reino. Será una ceremonia secreta, pero de valor legal, mi padre tendrá que entender que lo nuestro es serio. Solo lo sabrán las personas que te son fieles, cuando regrese lo haremos público y juntos enfrentaremos cualquier intriga. Pero seremos vulnerables si se sabe de este apresurado enlace y estamos separados.

–Mi elfo lo ha pensado todo… Y yo llegué a dudar de tu amor.

–Se que mi actitud pudo ser molesta, yo no deseaba hacerte sufrir. ¿Y ahora?

–Ahora salimos del agua y nos casamos. –lo besa rápido en los labios y se levanta– Ve al ala sur, mi padre debe saberlo. Explícale todo y que él decida quién más de los elfos que están aquí puede ser testigo de nuestra unión. Yo voy en busca de Faramir y Eowyn. ¿Quieres que Gimli y los medianos estén?

–Gimli sí, pero de los hobbits… solo Frodo, es que se supone que se mantenga en secreto ¿no?

–Tienes razón.

Ya han terminado de vestirse, la alegría en el rostro de Trancos es absoluta.

–Creo que debes cambiar esa cara, o todos sabrán lo que ocurre. Ahora yo me voy en silencio, como buen elfo de los bosques.

Se reunieron en el despacho del Senescal. Faramir oficiaría la ceremonia por parte de los hombres, Lord Elrond –aún bastante asombrado, pero feliz– en nombre de los Primeros Nacidos. Servían de testigos Eowyn, Arwen, Frodo y Gimli. La reunión no llamó la atención porque nadie vio llegar a los elfos, que se deslizaron por los pasadizos de servicio.

Legolas sonreía nervioso, no esperaba iniciar su vida de casado de una manera clandestina. Se había vestido de blanco, y el cuello de la túnica llevaba bordados en plata, era el traje de gala que le enviara su padre para la boda de Arwen.

Aragorn estaba exultante, su sobria vestimenta negra resaltaba los rasgos afilados, sus ojos grises brillaban de alegría.

En verdad la situación era un tanto irregular, pero Faramir estaba seguro de que en ningún inciso de las antiguas leyes de los dos reinos se prohibía el enlace del rey con quien quisiera. Era probable que los nobles presentaran una moción por la esterilidad de la pareja, pero el corazón le decía que todo eso podría arreglarse.

Con manos temblorosas tomó un mechón de cabellos de Aragorn, otro de Legolas y los entretejió. Cuando estuvo lista la trama se apartó un poco y tomó un cuchillo.

–Responde Aragorn Thengel Ecthelion Thorongil Elessar, decimosexto y último Capitán de los dúnedain, Señor del Reino Unificado de Gondor y Arnor, ¿estás dispuesto a entregar tu energía, tu honor y tu vida por Legolas hijo de Thranduil, Príncipe elfo sinda del Reino del Bosque Negro Septentrional?

–Sí, estoy dispuesto.

–Responde Legolas hijo de Thranduil, Príncipe elfo sinda del Reino del Bosque Negro Septentrional, ¿estás dispuesto a entregar tu energía, tu honor y tu vida por Aragorn Thengel Ecthelion Thorongil Elessar, decimosexto y último Capitán de los dúnedain, Señor del Reino Unificado de Gondor y Arnor?

–Sí, estoy dispuesto.

–Que lo que se anudó por propia voluntad solo por esa misma voluntad se deshaga. –cortó de un tajo la parte superior de la trenza para separarla de las cabezas a ambos– Venced a la muerte con vuestro amor como amuleto –dividió la trenza en partes iguales y entregó una porción a Legolas y otra a Aragorn.

El senescal se apartó para que Lord Elrond oficiara la ceremonia élfica. Para esta parte del enlace en verdad que había irregularidades, pues todo debía transcurrir en el bosque, pero se tranquilizó con la idea de que los Valar pueden oír nuestras palabras en toda la Tierra Media. Unió las manos derechas de la pareja y dijo:

– Elbereth Gilthoniel! Manwë Súlimo! Alae el i erthad uin meleth. (¡Elbereth Gilthoniel! ¡Manwë Súlimo! Bendice esta unión de amor)

Eowyn se adelantó y puso su mano sobre la de los novios, articuló despacio y con voz trémula las palabras de quenya.

– Elbereth Gilthoniel, alae el i erthad uin Elessar un ned de Legolas iell ned Thranduil. (Elbereth Gilthoniel, bendice esta unión de Elessar con Legolas, hijo de Thranduil.)

Ahora Faramir puso su mano sobre la de su Rey y su Príncipe, la súbita conciencia de las implicaciones le asombró, pero no se detuvo, sino que recitó con fuerza su parte de la fórmula

– Manwë Súlimo, alae el i erthad uin Elessar un Legolas iell ned Thranduil. (Manwë Súlimo, bendice esta unión entre Elessar y Legolas, hijo de Thranduil.)

Aragorn besó la frente de su novio, tomó el anillo de oro que le tendía Frodo, y se lo colocó en el índice de la mano derecha de Legolas. A pesar de sus años en la casa de Elrond la lengua casi se le traba entre los labios por la emoción.

–Ilúvatar, el galu es el erthad de i… (Ilúvatar, bendice nuestra unión)

Legolas tomó la mano de su novio y la besó, tomó el anillo de oro que le tendía Gimli y lo colocó en el índice de la mano derecha de Aragorn. No dudó al decir.

– Eru, manadhpant del aen… (Eru, que la dicha sea sobre nosotros)

Arwen se acercó con un cuchillo, tomó la mano izquierda de Legolas y le hizo un corte a lo largo de la palma, repitió la operación con la mano izquierda de Aragorn. Ambos unieron las manos nuevamente y la sangre escurrió unida. Sus ojos se encontraron, estaban solos en el universo, la frase que les correspondía fue perfectamente sincrónica:

–… un uireb. (por toda la eternidad)

Se hizo un silencio reverencial, pero Elrond regreso de su emoción para terminar la ceremonia

–Iluvatar, el galu herven un ned herven. Almarë! (Ilúvatar, bendícelos como esposo y esposo, ¡salve!)

Y los cinco invitados levantaron sin dudar la mano derecha para llevarla hasta sus corazones

–Almarë! (¡Salve!) (NOTA)

Para Aragorn y Legolas el tiempo se había detenido, estaban ahí, en efecto, pero el universo había cambiado. Seguían mirándose a los ojos con algo de incredulidad y mucho de asombro. Sus sangres se habían mezclado y los Valar les protegían ¿Tenía sentido temer algo ahora? La voz de Arwen les despertó.

–Elessar, Legolas, deben curarse… Creo que me excedí en los cortes, es la primera vez que oficio como ayudante en un enlace.

–No tiene ninguna importancia hermana.

–Es un alivio que me vuelvas a llamar así Elessar. –sonrió– Todo esto ha sido muy emocionante, ustedes en verdad se aman. Legolas, ve a que mi padre te vende esa herida, yo me encargo del Rey.

Legolas fue al otro extremo del despacho, donde Elrond le esperaba con vendas y ungüentos. Extendió la mano.

–Pequeño Legolas, debo admitir que tu discreción es difícil de igualar. Aún no salgo de mi asombro.

–Mi Lord…

–No intentes disculparte, soy afortunado, pues mi hijo ha hallado el amor. Sabía que ambos escogerían bien. ¿Se lo haz dicho todo? Veo a Faramir inquieto y creo que la razón de su tormento es tener una pareja real estéril.

–Mi señor es sabio y sabe leer en los ojos de los hombres. No, no le mencioné aquel detalle de mi naturaleza, deseaba probar su decisión. ¿Cree que hice mal?

–No, creo que obraste con gran cautela. Eres joven, pero tu corazón es puro y discreto. Mi hijo será feliz a tu lado. Habrá tiempo para anunciar ese regalo de los elfos al trono de Gondor. Listo, tu mano sanará en un par de días

–Mañana haré el anuncio oficial de mi partida y creo que marcharé dos jornadas después. ¿Irá usted a la boda?

–Si, te dejaremos una jornada de ventaja, para que arregles tus asuntos con Thranduil. ¿Te parece bien?

–Muy bien, aunque espero que al final no sea necesaria su intervención.

–Permiso Alteza –más que la voz de Faramir fue el título lo que sorprendió a Legolas–, sí, es usted ahora el Príncipe Consorte de Gondor. Iba a decir que es hora de que nos separemos, esta reunión ha durado bastante.

–Lo había olvidado. ¿Ya Arwen curó la mano del Rey?

–Sí.

–Muy bien.

Legolas se levantó y pasó junto a Aragorn. Su voz fue un susurro que apenas alcanzó los oídos del mortal.

–Te veré a la hora de dormir.

Los tres elfos salieron por el fondo, Frodo, Gimli y Eowyn por la galería frontal, pero el Rey aún tuvo unas palabras para su Senescal.

–Faramir, ¿estás seguro de que todo estará bien?

–Si Majestad, no hay ley que lo impida, el único inconveniente puede ser lo de la descendencia. Los nobles podrían exigir una Segunda Consorte, hay precedentes en la Casa de los Senescales.

Aragorn no pudo contener un gesto de repugnancia.

–Ya nos preocuparemos de eso. Mañana a primera hora escoges personalmente los miembros de la escolta que acompañará a Legolas hasta Lórien, una vez allí Galadriel le protegerá. Dentro de una semana parto a la boda de Halladad, que Arwen escoja un par de regalos, irán a la cuenta del Palacio. También encarga a los herreros enanos un par de relicarios para las trenzas de mi enlace, habla con Gimli si tienes dudas… ¿Falta algo?

–En la corte preguntarán cómo se dañó su Majestad la mano.

–Diremos que bebí mucho y tomé a Narsil por el filo, eso alegrará a algunos… Pensarán que pueden meterme a alguna de esas muchachas por los ojos, junto a una copa de vino. Ahora me voy, el Príncipe me debe estar esperando para la noche de bodas, y no lo volveré a tener hasta dentro de tres semanas, si tengo suerte.

–¿Noche de bodas? ¿Pero ustedes no…? Disculpe su Majestad, pero es que me asombra, han compartido mucho, estuvieron casi un año al borde de la muerte cada día. No es una situación que invite a mantener las formalidades.

–No, no lo era Faramir, yo ardía de deseo cada hora, pero Legolas es muy joven, y ha sido educado de manera estricta. Cuando un elfo se entrega es para siempre ¿entiendes? Él tenía derecho a pensarlo bien, porque arriesgaba la eternidad.

NOTA: El texto de la ceremonia matrimonial élfica fue tomado de la página: http: "Ceremonia Elfica en la Madriguera", que expone el ritual de enlace entre los cubanos seguidores de Tolkien, URL http://www.cubaliteraria.com/ guaican/ ceremonia_elfica.html

TBC...

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