¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

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23 abril, 2007

EL SEGUNDO REGRESO DEL REY 2

LA FIESTA

Después de la ceremonia oficial hubo una gran comida para los invitados en el palacio, como su número desbordaba cualquier previsión se habilitaron varias salas además del Salón del Trono. En la mesa del Rey solo fueron admitidos los miembros de la Comunidad del Anillo, Eomer –el joven Rey de Rohan–, su hermana Éowyn y el joven Senescal Faramir: Aragorn no deseaba intrigantes cerca. La conversación fue animada, esa noche llovió bebida y nevó comida, como dicen los Hobbits.

–… pero no pueden marcharse aún– explicaba Trancos a Merry y Pippin–, ni los caminos son totalmente seguros, ni está todo arreglado en Gondor. Deseo especialistas en la yerba de pipa.

Mientras hablaba Aragorn no dejaba de mirar a su alrededor, por un instante lamentó estar tan alerta, pues no pudo dejar de ver una repentina tristeza en los ojos de Legolas. El elfo llevaba mucho tiempo tratando de contener la inquietud, pero su resistencia no podía ser infinita, se levantó.

–Con tu permiso Elessar –una mirada furiosa de Trancos le hizo rectificar– Aragorn, me voy a buscar un árbol, tu vino se me ha subido a la cabeza y necesito aire.

–Elfo tonto –refunfuñó Gimli– irse a buscar hierba con tan hermosas paredes que admirar.

Pero Legolas ni siquiera respondió a la afable provocación y dejó los altos salones del palacio en silencio. Ya en una de las terrazas respiró hondo y tomó asiento –más bien se dejó caer– sobre el césped. Permaneció quieto, con esa mezcla de sueño y vigilia que parece un trance a ojos de los mortales. No se movió cuando se apagaron las voces de la fiesta, ni cuando los mozos de la cocina recogieron las mesas, tampoco cuando los pasos furtivos de un hombre –inaudibles para aquel que no fuera un elfo– se detuvieron a su espalda.

Unas manos fuertes se posaron en sus hombros

–¿No piensas dormir?

–Los elfos no dormimos tanto como los mortales.

–Como te quejaste del vino…

El hombre optó por sentarse a su lado, pero no contempló el paisaje de la ciudad blanca, sino que intentó alcanzar la fina franja del mar, que se adivinaba con las primeras luces de la aurora.

–Bien que podrías estar cansado, han sido duros los últimos tiempos.

–Para recuperarme solo necesitaba a la tierra. Debes encargarte en serio de aumentar los jardines, si tu plan se cumple.

–No es “mi plan” Legolas. Se trata de mi deber como Rey y mi honor como Hombre.

–Deber, honor, son palabras vacías en boca de los mortales que se traicionan a sí mismos. Esa ceremonia no será más que un acuerdo entre grandes señores.

Aragorn apretó los puños y habló entre dientes por temor a que los gritos de dolor se le escapasen ¿por qué era tan cruel?

–Cierto. Uno de los problemas de ser Rey es que se reducen las posibilidades de casarse por amor, y es casi una indecencia amar a cualquiera.

–¿¡Cualquiera!? ¡Soy un príncipe!

Le miró por primera vez a los ojos y estrechó sus manos con una fuerza que solo un elfo resistiría.

–Por favor Legolas, precisamente porque eres Príncipe sabes los deberes que trae una corona. No hagas esto más difícil.

–¡Es que no sé cómo podría ser más retorcido Aragorn! Elrond desea sellar una alianza entre el mayor de los dúnadan y los Primeros Nacidos. Tú debes casarte con una Dama para satisfacer a tus nobles, que desean pequeños príncipes herederos y peones para nuevas alianzas matrimoniales, donde tampoco estará garantizado el amor. ¿Dónde queda Arwen en toda esta historia? Tendrá que renunciar a la inmortalidad por ti y ni siquiera se aman.

–Arwen, Arwen, Arwen. ¿Por qué la mencionas tanto?

–Porque es una víctima.

–¡Víctima! No es la única, si pienso en la última vez que nos vimos… creo que ni siquiera sabe qué ocurre a su alrededor. ¿Qué hay de ti?

–Yo elegí, sobreviviré.

–¿Crees que no sé que los elfos pueden morir de tristeza? Deseo que te quedes en Gondor. Arwen no importa, tampoco los nobles, podremos tenerlos felices con bien poco. Tu no eres el heredero del Bosque Negro, así que puedes permanecer en calidad de Embajador y…

–Para que seamos dos los elfos cubiertos de vergüenza. No majestad, nosotros no podemos vivir de esa manera. Una vez que presente mis respetos a Elrond me iré. Es mejor conservar un bello recuerdo de nuestro amor.

Amanecía, un rayo de sol alcanzó la terraza y se reflejó en la dorada cabellera de Legolas y él levantó la vista hacia el norte.

–Ya están a tres jornadas de aquí, casi puedo oírlos.

–¿Sólo nos quedan tres días entonces? –le mordisqueó la oreja– Ven, vamos adentro.

Los dientes del mortal provocaron un agradable cosquilleo en las venas del rubio, se sintió desfallecer tan solo de imaginar los brazos del Rey alrededor de su cuerpo. Casi se sentía capaz de entregarse por completo –desde que descubrieran sus sentimientos en la Batalla de Cuernavilla no habían intercambiado más que miradas, los besos y caricias hicieron su aparición en la marcha de regreso desde la Puerta Negra hasta Gondor– ganas no le faltaban al joven Príncipe, pero algo en su cabeza gritaba “Peligro”.

Aragorn estaba inquieto, aunque la fiesta había durado casi hasta la mañana alguien podía verlos y sabía que ambos tenían enemigos, no deseaba que nada empañara el regreso de Legolas al Bosque, si es que debía partir. Tal vez por eso no se le entregaba por completo, ¿temía crear un lazo imperecedero?

Legolas seguía mirando el cielo, que pasaba con celeridad del gris perlado al azul. El Rey se levantó y pasó sus manos por debajo de los brazos del elfo.

–Si quieres saber cómo es el cielo, mírate los ojos en el espejo de la recámara –volvió a insistir– Vamos. Alguien podría vernos.

Esa última frase pareció sacar a Legolas de su ensueño.

–Ay, es cierto. No pueden vernos. –se levantó de un salto y fingió despreocupación –Ven, Rey de los Hombres, te enseñaré algunas cosas para entretener a la Reina.

TBC..

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