¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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30 abril, 2007

EL SEGUNDO REGRESO DEL REY 16

LINDON 0, GONDOR 1... y 2

Al amanecer la tensión no había disminuido: Ferebrim no hacía más que lanzar miradas duras hacia Aragorn y Legolas, que ya no fingían ante él una simple amistad. Los gemelos le vigilaban para que ni siquiera se acercara a su hermano adoptivo, tampoco intentaban disimular el odio. Solo Halladad permaneció pensativo, al fin se inventó una idea para intentar agradar a Ferebrim y dejar que la pareja hablase en paz.

–Oye primo, ¿haz olvidado tu apuesta con el hombre?
–En absoluto, pero no creo que haga mucha diferencia al final. –contestó sin dejar de mirar al Rey y al Príncipe, que reían a unos metros.
–Para él no, pero creo que a mi padre le va a importar, y mucho.
El otro reaccionó enseguida, la opinión de Thranduil aún podía contar, sin duda.
–¿A qué te refieres?
–Debes obtener el doble de piezas que el Rey de Gondor ¿no? Eso significa atrapar trece orcos más, y yo se dónde hallarlos.
–¡Trece! Vaya faena, pero –volteó una vez más hacia Legolas y la lujuria le encendió las pupilas, Halladad apretó los puños para contenerse– ¡claro que vale la pena! Dime.
–A unas horas hay un pozo de agua sana, las asquerosas criaturas la necesitan tanto como nosotros. Podemos apostarnos y esperar, con la venia de los Valar, será fructífero. Vamos tú y yo.

Ferebrim le contempló con asombro y sospecha, desde su llegada a Mirkwood el heredero había sido solo cortés, mas, en cuando mostró intenciones de cortejar a su hermano, su actitud se tornó ambivalente: no dijo nada en su contra ante Legolas, pero nunca le defendió de las indirectas de los gemelos. Ahora...

–¿Por qué lo haces? Los elrondidas también son tus amigos ¿no?
Halladad le miró directo a los ojos, podía hablar con sinceridad, seguro de que su primo no entendería el verdadero sentido de aquellas palabras.
–Lo son, pero no quiero que mi hermano muera.
–Eso es muy razonable... sin dudas.

En pocos minutos recogieron sus armas y partieron hacia el norte. Los otros cuatro ni se molestaron en mirarles. Cuando sus siluetas desaparecieron entre los arbustos Elladan preguntó a Legolas.

–¿A dónde le lleva?
–Al pozo, para que intente cubrir su apuesta.
–Me dan ganas de seguirles...
–Ni se te ocurra Ellohir, el bosque es traicionero hasta para los elfos, y tu no eres de aquí.
–Pero sí podemos ir al sitio de ayer y buscar rezagados ¿no?
–¿Nunca te cansas? –preguntó el Príncipe sonriente, lo pensó un momento: deseaba estar a solas con su esposo, pero temía que los gemelos se extraviaran– ¿Seguro que recuerdan el camino? Vale, que los Valar les obsequien con la venganza.

Los hermanos se alejaron con pasos cautos, en busca de su propio rastro del día anterior. Aragorn se abrazó a su amado y le besó con pasión.

–Al fin solos –comentó al despegar sus labios– Fue muy buena idea de tu hermano lo del pozo.
–Tiene de quien aprender: dice mi padre que hay que saber decir la verdad disfrazada de mentira para gobernar.
–No estoy totalmente de acuerdo... pero no voy a discutir eso ahora. –se apresuró a levantar la túnica y camisa de Legolas hasta dejar su vientre expuesto– ¿Cómo durmió hoy mi hijo?
–Vaya, –comentó entre risas el elfo– ¿ese bebé ya es más importante que yo?
–Y más importante que yo. Ese bebé es el futuro.
–Gracias a las hierbas de su padre, que es un excelente sanador, el bebé y su ada, durmieron y despertaron bien.
–Me alegro. –empezó a besarle el ombligo con pasión– ¿Entonces el ada no está cansado?
–En absoluto.
El hombre subió sus besos hasta el pezón izquierdo.
–¿Ni mareado?
Las risas de Legolas se empezaron a transformar en suspiros.
–Tampoco.
Pasó hacia le derecha del pecho alabastrino.
–¿El ada puede entonces dedicar un tiempo al padre del bebé?
Ahora el príncipe estaba completamente excitado, solo un resquicio de cordura le mantenía quieto.
–¿Aquí?
–Eres mi legítimo esposo, podemos hacer el amor en cualquier sitio. –continuó con sus caricias hacia el cuello– Te deseo tanto...
–Y yo. –alcanzó a decir el rubio antes de recibir en sus labios la boca del hombre.

La mañana pasó entre caricias y protestas de amor. Aprovecharon al máximo las cobijas abandonadas por sus cuatro acompañantes y su soledad. Eran concientes de que una oportunidad así no se repetiría hasta regresar a Gondor. Almorzaron desnudos, hablaron de sus planes para el futuro. Cuando la penumbra se acentuó de nuevo decidieron vestirse y recoger el campamento. Esperaron sentados en la raíz de un roble.

–¿Por qué cantaste esa canción anoche?
–Tu hermano me dijo que la cacería era su regalo de bodas, y quise hacerle saber cuán bello eres para mi.
–¿Dices que soy tan bello como Luthien?
El hombre se encogió de hombros.
–Al menos para mí.

Legolas sonrió halagado, ya no era el elfo más bello de la Tierra Media, como decía el insoportable de su primo, sino el más bello de la historia. Se abrazó a su esposo y giró hasta quedar apoyado en su regazo, todo su campo visual ocupado por el rostro de Aragorn y el alto follaje de su bosque.

–Menos mal que los silmariles se perdieron, a mi padre le parecería muy buena idea hacerte traer uno.
–Por tí.... –hace un gesto con los hombros que el elfo interpreta como "lo que fuera"– ¿Sabes en qué pensaba cuando el Anillo Único me llamaba desde el cuello de Frodo?
–¿En qué?
–En ti. Razonaba que, si cedía, ya nunca estarías cerca de mí.
–Aragorn eso es... lo más bello que me haz dicho en treinta años.
El hombre trata de quitarle importancia.
–Era una estrategia elemental. Tenía que pensar en todo lo que perdería de ser seducido por el Anillo.
–Seguro el Anillo te dijo que me podrías poseer de aceptarlo.
–¡Claro! Creyó estar frente a Isildur mismo, por suerte solo soy su heredero, y ya había entregado mi corazón cuando ese entrometido apareció.
–Estamos hablando de ese objeto como de una persona. ¿No es enfermizo?
–Para nada, es justo. Los anillos de poder tienen voluntad propia. Y en cuanto a su ofrecimiento: yo no quería poseerte, quería que me amaras.
–Ya lo habías logrado.
–Pero no lo sabía.
–Saber es una palabra peligrosa para usar, eso dijo tu padre en nuestro viaje.

Estaban tan entretenidos en sus divagaciones que ninguno de los dos escuchó los ligeros pasos que se acercan a su espalda. Para cuando Aragorn siente el filo de la espada sucia de sangre en su cuello, es demasiado tarde. La voz de Ferebrim se alza victoriosa.

–De lo único que sabrás ahora es del filo de mi arma.

Legolas se levanta, pero la misma velocidad de su salto le provoca un ligero mareo. Apoya una mano en el árbol para mantenerse en pie. A duras penas levanta la cabeza, pero el brillo de sus ojos azules es tan peligroso como en Cuernavilla o Pelennor.

–Aléjate de él.
–En absoluto. Pagará el atrevimiento de abusar del Segundo Príncipe de Mirkwood.
–¿Dónde está Halladad?
La sonrisa del teleri es torcida.
–Lo dejé ocupado con unos gusanos de Minas Morgul. Cree que huí, en realidad sabía que tenía que regresar a protegerte.
–¿Protegerme? –las fuerzas vuelven lentamente, pero debe ganar tiempo, ¡si los gemelos llegaran!– ¿Crees que soy un niño?
–No. Pero es plausible que, en un cuerpo a cuerpo con alguien tan corpulento como Elessar, llevaras desventaja. Seguro se aprovechó de vuestra amistad.
–¿De qué hablas Ferebrim?
–¡Cállate humano! –le tira del cabello para obligarlo a mirarle la cara– Eso es lo que diré ante su padre para explicar la deshonra, ¿o me toman por tonto? –vuelve a mirar a Legolas– Apestas a sexo principito, te haz estado revolcando con este.
–Soy bastante adulto para revolcarme con quien quiera. –el mundo ya se está quieto, intenta dar un paso.
–¡Ni se te ocurra! –la espada se hunde un poco en el cuello del Rey– El trono de los hombres no se puede quedar vacío. –sonríe– Solo por ello tu padre se limitará a desterrarlo y tú te irás conmigo a los Puertos por unos... ¿doscientos años?
–Miserable. –jadea el hombre.
–Tal vez, pero debes admitir que por esta belleza se pueden dar algunos golpes bajos. Será mío.
–Jamás podrás probarlo. –pero el joven elfo sintió el sudor correr por su espalda.
–¿Y quién lo va a desmentir? Cuando los demás lleguen yo diré lo que "ví", les dejaron solitos ¿no? –al príncipe le parece escuchar unos pasos a su espalda– Los testimonios de los gemelos serán desestimados porque son hermanos de acá, –miró al montaraz y comprendió que no estaba equivocado– tú no vas a declarar para no humillarte más tras esta "traición", pero los sanadores encontrarán en tu cuerpo las huellas de vuestro "terrible encuentro".
–Y las huellas en mi cuerpo, ¿cómo cuadran en tu relato?
–A ti nadie te examinará mortal idiota. Te toca una mazmorra, tal vez la misma de Thorin Escudo de Roble, o la de Gollum.
–Pero nadie va a desestimar el relato del Príncipe Heredero de Mirkwood. –la hoja se apoya en el cuello de Ferebrim como un rayo de luz–Suéltalo, ahora.
–Pero Halladad... él...
–Dije que lo sueltes.
Aragorn corre hacia Legolas, que lo ve acercarse entre sombras.
–Ara... –pero no logra terminar la palabra, su esposo le alcanza a poca distancia del suelo.

Al despertar, sintió el calor de las manos del rey y unas voces que discutían por encima de su cabeza.

–Pues yo digo que lo matemos, una flecha orca le da a cualquiera tan idiota como él.
–No hermano, Halladad tiene razón, si le pasa algo habrá que explicar. Lo que necesitamos es su silencio.
Legolas enfocó los ojos y se movió un poco.
–¿Ya despertaste amor? –Aragorn le ayudó a sentarse– ¿Te sientes bien?
–Si. –los gemelos y Ferebrim miraron sorprendidos hacia Legolas, la primera palabra que pronunciara después de su desmayo contenía una dureza desconocida para los tres– ¿Dónde está?
–Bajo control. –Halladad señaló a una raíz, atado y apoyado en ella estaba Ferebrim, los gemelos a su lado, le contemplaron con rostros tiernos y preocupados.
–¿Todas tus partes en su lugar Hojita?
–Si Elladan.
–Nos asustaste. Creí que este te había dañado y casi le mato.
–Gracias por preocuparte tanto Ellohir.

El Segundo Príncipe se levantó y avanzó hacia su primo, se arrodilló a su lado. Su voz sonó fría, con ese mismo tono dominante que escuchara su padre en el comedor privado.

–Ya es hora de regresar a casa Ferebrim. Ahora, mírame a los ojos y dime qué harás al llegar.
El teleri miró los pozos azules frente a él y comprendió que había perdido esa batalla.
–Iré a mi habitación para arreglarme el cabello antes de la boda de mañana.
–¿Y si preguntan por la apuesta? ¿Cuantos orcos pudiste matar antes de abandonar a Halladad?
–Tres –apunta el heredero. Legolas asiente y espera una respuesta del elfo atado frente a él.
–De la apuesta diré que maté tantas criaturas como Elessar, diez, y que reconozco su habilidad guerrera.
Le palmea la mejilla con gesto paternal.
–Muy bien, eres un elfito inteligente. –el otro trata de echar la cabeza hacia atrás, pero el Príncipe le toma la nuca. Entonces descubre una oreja sangrante y el cuello con moretones. Increpa a su cuñado con voz dura– Ellohir, ¿fuiste tú quien hizo esto?

Pero el teleri se adelanta a contestar.

–No, no. Ellohir sería incapaz, él y yo... ¡nos apreciamos mucho!. Fueron los orcos... los orcos del pozo.
–Ya veo: son heridas "honorables". Pero entiendo que no desees más, así que no volverás a separarte de tus primos hasta que regresen a los Puertos, y no vendrás de visita en unos... ¿Doscientos años?
–Exacto.
–Creo que nos entendemos Ferebrim, pero es una lástima que lo hallamos logrado de este modo.

Legolas se levanta y voltea hacia sus compañeros, los gemelos le contemplan con extrañeza.

–¿Qué pasa?
–No te conocíamos esa dureza.
–¡Oh! –se sonroja– No me gusta ser así, pero las circunstancias lo ameritan. ¿Creen que sea suficiente?
–Aún no ha dado su palabra. –advierte el hombre– Esta rata es capaz de escabullirse luego con alguna triquiñuela.
–Cierto. –vuelve de nuevo hacia su primo– ¿Das tu palabra?
–Una palabra dada por la fuerza no me ata. –escupe el teleri.
Ellohir va a lanzarse de nuevo sobre él, pero Legolas le detiene.
–Tiene razón, sigue siendo un elfito inteligente. Aragorn, ven. –empieza a sacarse el guante izquierdo.
–Pero...
–Ferebrim quiere una buena razón ¿no? La tendrá.

El hombre se acerca y extiende su palma ante el prisionero, Legolas hace lo mismo. La voz del príncipe deja claro que esta vez no admitirá estratagemas.

–Soy el Príncipe Consorte de Gondor y Arnor, Ferebrim de los Puertos Grises. Tú atentaste contra la vida del Rey, mi esposo ante las leyes de los hombres y los eldar. Haremos un juramento: dirás solo lo que ya admitiste acerca de esta partida de caza, y renunciaré a mi derecho a matarte, u ordenar a mis súbditos que lo hagan. ¿Aceptas?

Ferebrim escrutó una vez más aquellos pozos azules.

–Lo juro.
–Perfecto. –Legolas volvió a ponerse el guante, su rostro cambió a la absoluta indiferencia– Desátalo Elladan. Se hace tarde y tengo hambre. –fue tomar su mochila, pero se volvió hacia el de Lindon de nuevo– Por cierto, ¿ya le diste las gracias a mi hermano?
Ferebrim se estaba masajeando las muñecas, doloridas por la presión de las cuerdas, y miró con sorpresa al Príncipe.
–¿Por qué?
Los pozos azules se redujeron a ranuras.
–Te salvó la vida de nuevo. ¿En verdad creíste que Aragorn no te podía matar con sus manos?
–¡Por favor Legolas! –el tono del hombre es molesto– Yo respeto las leyes de la hospitalidad, no lo habría dejado morir.

TBC...

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