¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

Todos los personajes reconocidos públicamente son propiedad de sus respectivos autores. Los personajes originales e historias son propiedad la autora. No se genera ningún beneficio económico por este trabajo, ni piensa por un instante en los derechos de autor.

30 abril, 2007

EL SEGUNDO REGRESO DEL REY 15

LA CACERIA

Bajaron a desayunar a las cocinas, como siempre hacían antes de sus cacerías privadas. Para los príncipes esta era una oportunidad de conocer a sus servidores fuera del estricto protocolo de la corte de Thranduil. Legolas ya había recuperado su buen humor y bromeo con el hermano mientras esperaban a los otros.

Los siguientes en llegar fueron Elladan y Ellohir: armados hasta los dientes, con petos de cuero entre la camisa y la túnica y pantalones del mismo material.

–No hallarán Uruk–Hais tan al norte –comentó el Segundo Príncipe al examinar la excesiva indumentaria.

–Tenemos en alta estima a tu hermano, Hojita Verde –explicó el más reposado– si le dieron tanto trabajo deben ser ¡mortíferos!

–Eso fue muy cortés de vuestra parte, pero olvidan que los inmundos seres han perdido al Ojo que los guiaba. Ahora son mucho menos letales que en la Batalla de los Cinco Ejércitos.

–¡Qué lástima! –se lamentó Ellohir– eso significa que estarán al alcance de cierto elfo del extremo oeste.

Estallaron en carcajadas, interrumpidas por los tragos de jugo o leche y los bocados de pan o fruta, y así los halló Ferebrim.

Al verlo apoyado en el marco de la puerta, con su usual mirada de lujuria, Legolas no pudo ni molestarse. La noche junto a su Rey, la buena noticia de su futuro alumbramiento –ya no podía negar que era hermoso–, las caras de sus hermanos, todo le había puesto de tan buen humor que saludo al teleri sin sarcasmos.

–Buen día primo. –y con un gesto le invitó a entrar– ¿Listo para la diversión?

–Si, listo, listo. –Ferebrim tomó asiento en la silla más cercana a Legolas de las dos vacantes, y pretendió ignorar las miradas molestas de los gemelos– ¿Puedo preguntar la razón de reunirnos acá abajo?

–Que no hay que esperar a que los sirvientes suban los tres niveles hasta el comedor privado. –responde Halladad con la boca llena– Aquí el pan está recién horneado y la leche, tibia de veras.

–Lo que deberían hacer –propuso Aragorn desde la puerta– es mudar el comedor para acá abajo, o la cocina para allá arriba.

La propuesta atrae aún más risas, risas que el teleri no comparte.

–¿Quieres que a papá le de un ataque? –Halladad traga apresuradamente y cita a Thranduil con voz engolada– "No se deben mezclar los niveles de trabajo y servicios"

El hombre asiente risueño, su respuesta carece de fuerza, como quien comenta algo por todos sabido.

–Tu padre está obsesionado con la separación entre clases y razas, eso puede acabar mal. –se deja caer al descuido en la última silla, entre el de Lindon y Ellohir, y se dedica a escoger algunas frutas secas de una fuente para su plato.

–Pues a mi no me parece mal que halla ciertas separaciones. –comenta Ferebrim– No todos somos iguales, la nobleza es cosa cierta y respetable.

Los otros elfos callan, saben a quién va dirigida la puya. El de Gondor continúa ocupado con sus frutillas, contesta sin levantar la vista, como la noche anterior.

–La nobleza es cierta y respetable, pero no es algo con lo que se nazca, debe ser demostrada. El destino, Ferebrim, es un camino que yace a nuestros pies y tememos recorrerlo por su penumbra permanente. Empeñarse en mantener separaciones entre los seres racionales es temer que se demuestren mejores, o peores, de lo que creemos, es temer a la realidad.

Lo ha dicho todo en un tono reposado, como un maestro que repite para un niño tardo en comprender, en un tono humillante para el teleri. Trancos selecciona un puñado de frutas y se las mete a la boca, el resto del contenido de su plato va a parar a los bolsillos del traje.

–Sé que llegué el último, así que no es mi voluntad detener la marcha, puedo acabar mi desayuno por el camino. ¿Nos vamos?

Desde la caída de Saurón las criaturas oscuras se habían replegado, ahora, para hallar un cubil de orcos, era necesario cabalgar hacia la frontera norte del reino, casi en los límites del Bosque. Halladad y Legolas habían planeado la ruta cotejando los informes de los guardias que seguían limpiando la zona. Dedujeron que a medio día de camino hacia el noreste hallarían un grupo, oculto entre las ruinas de una antigua comunidad élfica.

Marchaban a pie, pues solo pasarían una noche a la intemperie, a sus espaldas las armas, escasos alimentos y agua. A la vanguardia iban Halladad, Aragorn y Ferebrim, conversando sobre la Ciudad Blanca y sus usos administrativos. Al heredero de Mirkwood le interesaba mucho el comercio con Gondor, punto de paso obligado para las exóticas frutas del lejano sur. Detrás los gemelos y Legolas. El príncipe narraba algunas anécdotas de su afable competencia con Gimli sobre el exterminio de orcos en Cuernavilla.

–… entonces llego hasta él: está acomodando su barba, sentado sobre un Uruk–Hai. Le digo "Cuenta final, cuarenta y dos", el enano me mira como si fuera un niño y contesta "¿Cuarenta y dos? No está mal para un principito elfo de orejas puntiagudas. Yo estoy sentado sobre el cuarenta y tres." Medité un instante, era una situación incómoda ¿no? Al siguiente minuto, clavé una flecha en el cuerpo bajo sus piernas. "Cuarenta y tres" afirmé con calma. "¡Pero si ya estaba muerto!". "Se retorcía ¿sabes?". "¡¿Se retorcía?! ¡¿Se retorcía?!" Gimli tenía la barba pálida de furia. "Aún se retuerce porque tiene mi hacha clavada en su sistema nervioso".

Los hijos de Elrond estallaron en carcajadas.

–Pues yo creo que te ganó, amigo –opinó Ellohir.

–Tal vez, pero el que derribó al olifante en Pelennor, fui yo.

–¿Y qué hizo el enano?

–¿No lo imaginas hermanito? ¡Dijo que valía por uno!

Tras varias horas de marcha Ferebrim se animó a una pregunta que le comía el alma.

–¿No es peligroso que esas bestias acampen tan cerca del palacio?

–Una cosa es que acampen y otra que ataquen. –respondió Halladad– Los oficiales les tienen ubicados y acosados desde hace varias semanas, pero pedí que nos dejasen la diversión final. –el heredero de Mirkwood miró un instante al Rey de Gondor y concluyó– Es mi regalo de bodas.

–Vaya regalos que te hace tu Maërys, primo. Alguien podría salir herido.

–No lo creo, –intervinó Aragorn– lo más que hallaremos serán cuarenta o cincuenta orcos hambrientos y desorganizados. Un buen regalo de bodas Halladad, para verdaderos guerreros.

–El buen gusto es una tradición familiar, Rey de los Hombres.

Cuando el sol logró colarse entre las ramas supieron que llegaba el medio día. Hicieron alto para tomar algo, mientras Halladad desplegaba un mapa y exponía el plan.

–Deben estar por acá, a una hora de marcha, o menos. Nos desplegaremos para entrar en arco y acorralarlos contra el arroyo, el agua está tan encantada como el resto de las corrientes de la zona, y ellos lo saben.

–¿Vamos por tierra o por las ramas? –preguntó uno de los gemelos.

–Por las ramas los mejores arqueros: tú hermano Ellohir y Legolas, por tierra el resto. Las flechas, desde dos flancos simultáneos, les empujarán a la salida principal del pueblo, donde esperaremos Ferebrim y yo. –el de Lindon dio un respingo, pero se mantuvo callado ante la mirada interrogante del resto. Halladad continuó. –Elladan y Aragorn deben apostarse en la mitad del camino entre los arqueros y nosotros, para cerrar la brecha. ¿De acuerdo? –asentimiento general, el líder empieza a enrollar el plano y da las instrucciones finales– Nos separamos ahora: mi hermano y el Rey a la derecha, los gemelos a la izquierda. La señal de listos será un canto de estornino.

Se levantaron y cada pareja tomó el rumbo acordado sin mover ni una hoja.

Legolas y Aragorn avanzaron aún bastante antes de percibir el claro donde los orcos dormían. Antes de verlo pudieron sentir su hedor, el primero en percibirlo fue el elfo, pero los entrenados sentidos del montaraz no tardaron en descubrirlo también.

–Amor, nos tendremos que separar pronto, te pido que tengas especial cuidado en ese árbol.

–Vamos Aragorn, soy un elfo...

–Estás en un estado especial ¿recuerdas? No sería extraño que te mareases con la altura. Solo deseo que, por una vez, olvides tu orgullo guerrero y pidas ayuda. ¿De acuerdo?

Legolas se le quedo mirando, los ojos del hombre lo contemplaban con una mezcla de inquietud y cariño que nunca esperó, al menos no tan pronto. Ya no era el deseo de verle sano al final del combate, como durante el último año, ahora Aragorn le miraba como a la joya más preciosa de la corona.

–De acuerdo, aunque no estamos en una batalla.

Esa vez el elfo tuvo razón, no solo en que aquello no se podría calificar de batalla, sino en que seguía siendo un guerrero. Lo que Legolas nunca le confesó a su esposo fue que, movido por sus inquietudes, trepó aquel tronco con un cuidado absoluto, como cuando, a los cuatrocientos años, escalaba sus primeros robles. La escalada le tomó por ello el doble del tiempo habitual, pero se sintió satisfecho.

La cacería se desarrollo sin incidentes notables: Halladad le salvó la vida a Ferebrim varias veces, ya el de Lindon era incapaz de proteger sus propias espaldas, pero eso era algo que todos esperaban. Al sacar cuentas descubrieron que el campamento tenía más habitantes de lo previsto, casi setenta orcos de diverso tipo. Ellohir y Legolas habían despachado cada uno a quince, el otro hijo de Elrond tendió nueve, la espada de Elendil probó la sangre de diez, el heredero de Mirwkood se encargó de once y Ferebrim apenas pudo matar siete, para un total de sesenta y siete.

Aunque la zona parecía segura ahora, respirar la pestilencia de los servidores de Saurón era insoportable, por lo que cada uno separó las manos derechas de sus trofeos como constancia para el reto y buscaron otro sito para pasar la noche. Acamparon en otro claro, a cierta distancia del río, pero desde donde se filtraba el relajante olor de su corriente encantada. Tras hacer fuego, comer y beber unos tragos de vino, todos se sintieron mejor.

Cantaron entonces canciones de guerra y caza, pero, al llegar el turno de Aragorn, este entonó un breve cántico a la belleza y el amor perdido. La voz del hombre, mucho más baja que la de los elfos, pero teñida de una pasión nueva para sus compañeros, les dejó sin aliento.

Lay of Leithian

I. Sindacollo Lestanóressë.

Aran eänë yáressë
nó Atani vantaner cemenessë
túrerya né ortaina hróto lumbulë,
márya né or tumbo ar taurë.
Lassiva rierya, laiqua collarya
telpië ehtaryar andë ar aicë,
i silmë turmaryassë né mapaina
nó Isil né carna var Anar né ostaina.
Aparéssën, írë i hrestanna
Endoressë Valinórello
i Eldarimbë arwa valanen entullë,
ar tulwi viller ar calmar uryaner,
írë arani Eldamaro lendë ara
arwa tuo ohto, nu i menel
san telpië rombaryar súyanër
írë Anar né nessa ar Isil né vinya.
Palan san Valariandessë
Lestanorëo pelda nóressë,
Aran Sindacollo harnë tirna mahalmassë
lintarmië sarna rondossen:
tanomë hyellemíre, marilla, ar malwa mirilondo,
ar cantaina tinco ve helma lingwion,
turma ar (corslet?), pelecco ar macil,
ar sílala ehter ner panyaina hahtassë:
ilyë sinë haryanéro ar nontero pitya,
an melda ilyë harmar mardessë pella,
ar vanime yeldi Atanion pella,
haryanéro yeldë, Luhtiénë.

II. Luhtiénëo I Melda

Telqui tyelce ve tane úvar yure ata
i laiqua cemenessë nu Anar;
vendë vanima ve ta úva ëa ata
árallo lómenna, Anarello Ëarenna
Vaimarya né luine ve fanyarë lairessë,
nan sinde ve sinyë ner hendiryat
collarya lanyaina vanimë indilinen,
nan morna ve huinë ner findesserya.
Táleryat ner larcë ve aiwë rámanen,
lalalerya valin ve i tuilë;
i nindë tasarë, i cawala fen,
i lisse-holme lohtala nandava,
i cala lassessen aldaron,
i óma nenwa, sine pella
vanimerya né ar almierya,
alcarya ar melimierya [1]

Había tal tristeza y resignación en sus ojos, tanto asombro acerca de su propia y dolorosa suerte, que un hechizo pareció descender sobre los cinco elfos para trasladarles a los Días Oscuros, cuando junto a hombres y enanos peleaban contra Melkor y la belleza de los Árboles de la Luz estaba aún viva en toda su raza. Al terminar el hombre miró a Legolas por un instante y este asintió en silencio: el Rey no temía por si mismo, sino por él, un inmortal preso ahora de su propia pasión, de sus votos, de la vida que latía en su interior.

Ferebrim fue el primero en reponerse de la impresión, intentó volver a la pelea verbal con las armas de la canción.

–Ella murió ¿no? Esa canción es una advertencia para todos los elfos.

Los gemelos le miraron con furia asombrada, estaban tan espantados de que alguien pudiera expresarse así sobre sus honorables ancestros que ni siquiera pudieron articular palabra. La reacción fue solo física: Ellohir intentó saltar sobre él, pero Elladan le retuvo, ambos perdieron el equilibrio y cayeron en un confuso bulto que se debatía. Como la complexión de ambos era similar no parecía que el asunto se pudiera decidir sin intervención externa, al fin Halladad le separó y ayudó a retener al más vehemente de los hijos del Medio Elfo.

La voz de Legolas se elevó entonces, tomando partido por primera vez ante la rivalidad de sus pretendientes.

–Es preferible morir por la tristeza de un amor perdido, que en largas guerras contra los de tu misma raza, y más honorable, sin duda, que languidecer en una ciudad oculta a los retos de su Edad.

–El Reino Escondido fue destruido por esa pasión insana. –ripostó Ferebrim.

–Por amor cruzó Beren el Cinturón de Melian y tomó en su mano el silmaril maldito, por amor le siguió Luthien a lugares que los mismos elfos noldor evitaban. Gloria sin fin ganaron para sus descendientes, movidos por lo que llamas "pasión insana".

–¿De qué sirve la gloria si han muerto? Luthien fue la mayor belleza de nuestra raza, ahora no es más que un recuerdo, cabalga el fantasmal corcel de la leyenda junto a su mortal.

–¿De qué sirve la inmortalidad sin el amor? ¿Por qué crees que los elfos de Rivendel, Mirkwood y Lothlorien hemos muerto todos estos años en las batallas de la Tierra Media?

–Ninguna fidelidad debemos a este sitio. Los Valar nos destinaron a un lugar digno de nuestras virtudes. La Tierra Media es para los mortales.

–Teleri insensato, mientras ustedes se escondían en su pedacito de Belerian enriqueciéndose, nosotros luchamos por amor. Amamos este sitio, seremos eldar, pero no olvidamos que la luz de las estrellas llego a nuestros ojos en el extremo oriental de este continente.

–La Batalla de Fornost niega tus palabras.

–Ocurrió casi en vuestras fronteras, no podían negarse a participar. Pero, antes y después, fueron los reinos del interior los que aportaron su sangre. En cuanto a Fornost, –el príncipe curvó sus labios en una sonrisa despectiva– ¿estuviste tú ahí?

–Era demasiado joven.

–Supongo, debías tener mil quinientos y algo ¿cierto? –Ferebrim asintió– Esa es mi edad, y ya ves, he vuelto vivo y sano de la Gran Batalla de nuestro tiempo, otra batalla en la que Círdan se negó a participar. No te ofendas por esto primo, pero creo que para hallar a nuestros iguales no debemos reparar el las razas, sino en el temple de las almas. La inmortalidad puede llegar a ser una carga. –Legolas no esperó a que el otro intentara contestar, solo se volvió hacia sus compañeros– Estoy cansado, levantadme para el segundo turno de guardia. Vamos, portador del anillo de Barahir, debemos terminar de preparar los lechos de todos.

TBC...

Nota:
Aragorn canta el Lamento de Lúthien o Lay de Leithian, es la misma canción que cantara a los hobbits en su viaje de Bree a Rivendel en La comunidad del Anillo. Narra la historia de Beren y Lúthien y la búsqueda del Silmaril. El texto que uso es una traducción al quenya basada en "The Lay Recommenced" (J.R.R. Tolkien The Lays of Beleriand, George Allen and Unwin 1985). La versión inglesa del texto puede ser hallada en las páginas 331-332. Esta no intenta ser una traducción poética, sino una traducción "literal". Es, de hecho, una traducción literal que no tiene en cuenta el ritmo o la métrica, tomada de la URL: www.elvish.org/ gwaith/ leithian.htm

No hay comentarios.: