¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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30 abril, 2007

EL SEGUNDO REGRESO DEL REY 13

SE HACEN APUESTAS

El Rey se despidió de los medianos y entró a su habitación. Bueno, si no podía verlo hasta la cena, era mejor descansar. No quería que Thranduil se burlase de sus ojeras. Empezó a zafar sus ropas y se dirigió al baño. Sin dudas la hospitalidad de Mirkwood era exquisita: la tina de agua estaba tibia y recibió su cuerpo con dulzura.

Escuchó la puerta y pasos en la recámara: los sirvientes dejaron luces y alimentos ligeros. Se fueron.

Dio por terminado el baño y, envuelto en una toalla, regresó a donde sus ropas y equipajes. Más por costumbre que por sentirse amenazado inspeccionó la habitación. Sus ojos se quedaron fijos en la cama: Legolas estaba echado allí, al descuido, con la cara más divertida de la historia.

–Es la segunda vez que te encuentro desprevenido.

El hombre se siente un poco tonto.

–Oí los pasos desde allá, pensé que se trataba solo de sirvientes.

El elfo se plantó frente a él y tomó la toalla que Aragorn dejara caer por el asombro. Le miró a los ojos.

–¿Creíste que perdería esta oportunidad?

–Yo... me dijeron que no te vería hasta la cena y me pareció incorrecto romper el protocolo.

–Este es mi palacio, que no se te olvide. Siéntate.

Trancos obedeció, la seguridad que exhalaba Legolas apartaba sus escasos temores. El elfo fue hasta la puerta, se asomó, dijo unas palabras, volvió a cerrar y se le unió en la cama.

–Tenemos una hora para hablar.

Pero lo que sintió fueron los cálidos labios del Rey sobre los suyos.

–Esposo mío –murmuraba Aragorn mientras estrujaba a su blanca criatura– te extrañé tanto, ¡tanto! Tan solo cuatro semanas de casados y ya me salvaste la vida.

–Lo sé, me asusté mucho ¿sabes? El sonido de la respiración de esos wuargos es... Olvidemos eso, ya estás aquí. Mi padre estará molesto en cuanto le informen de tu llegada, ya era suficiente para él con el Rey de Espagaroth.

–Debimos traer a Eomer.

Ríen juntos, para el Rey no pasa desapercibido que la risa de Legolas es franca, ligera.

–Estas muy relajado mi herven.

–El bosque, mi gente, el apoyo de mi hermano, todo eso ayuda. Aquí solo debo fingir un poquito ¡y andar con estos fastidiosos guantes!

–Después de la boda de Halladad no tendrás que fingir en absoluto. –acaricia las mejillas del rubio– Pediré tu mano a Thranduil. No soy un más que un mortal, mitad dúnadain y mitad elfo, pero ofrezco un reino. ¿Crees que será suficiente?

El príncipe niega.

–Mi padre desprecia a los humanos, así de simple. Te pedirá algún reto imposible, pero entre Elrond y Halladad entrará en razón. Se jugó todas las cartas con Ferebrim, pero ha llegado tarde.

–¿Ferebrim?

–Es un teleri de Lindon, primo lejano. Lleva tres días cortejándome. –se recuesta en los almohadones y deja colgar los pies en el borde de la cama, es delicioso descansar en la cama de tu esposo–, cuando llegaste competíamos en esgrima.

–¿Y es bueno?

–¡Por favor! Perdió el aliento en un duelo de exhibición, no podría vencer a Frodo en un combate real. Si todos los de Lindon son así...

–¿Será que en la batalla de Fornost murieron todos los valientes? –se burla Trancos mientras se acomoda a su lado.

–Será... Imagino que no ha sido tan atrevido por voluntad propia, mi padre lo instigó a que definiera su posición antes de tu llegada. Lo escogió para mí entre todos los primos por varias razones evidentes.

–¿Si? Cuéntame, a ver si aprovechamos esas razones a nuestro favor.

–Ferebrim se quedaría en Mirkwood si que enlazara conmigo. En los Puertos Grises es uno más entre los descendientes de Círdan, aquí sería esposo del Segundo Príncipe. Es ambicioso, pero maleable, y bello: el tipo de pariente que le gusta a mi padre.

–Entiendo.

Se quedan callados un rato, hasta que el hombre tiene una idea.

–Puedo retarle a duelo y borrarlo del mapa.

–¿Y qué razón darás? No sabe que estamos unidos. Es mejor olvidarlo y pensar en nosotros.

Legolas gira y le besa. Aragorn estrecha su torso, pero el príncipe se retira a tiempo.

–¡No! No tenemos tiempo ahora, la cena será pronto. Debo contarte algo más.

–¿Bueno o malo?

–Tiene muchas implicaciones. –se sienta y trata de concentrarse, desea encontrar las palabras justas– Mi amor: yo sé que un Rey no se casa por sí mismo, se casa por su pueblo. Me diste una tremenda prueba de amor al enlazarte conmigo, pero al volver a Gondor tendremos que enfrentar al Consejo de Nobles y...

Aragorn no lo deja terminar, de un salto se levanta y libera su furia con amplias zancadas que estremecen la habitación. Al fin se detiene ante su pareja, lívido de furia.

–¿Tú lo oíste?

El rostro de Legolas muestra una incomprensión absoluta.

–¿Oír? ¿Qué?

–Si no lo oíste de Faramir se te ocurrió, pero te advierto que no voy a tomar ese camino, mi corazón y mi cuerpo son para ti ¿entiendes?

–¿De que hablas herven?

–¡De una Segunda Consorte que me de un heredero! Faramir me lo advirtió: dijo que los viejos intrigantes del Consejo propondrían una bajeza de ese tipo, pero ¡de quien último lo esperé fue de ti!

Legolas no puede evitar sonreír ante la furia de su esposo.

–Cálmate amor, hablaremos de algo radicalmente distinto. Por favor, ven a sentarte. –el Rey vuelve a regañadientes junto al elfo, que le pasa un brazo por sobre los hombros– Conozco el recurso legal de la Segunda Consorte, sí, pero yo también me opongo. –Aragorn deja escapar un suspiro– Iba a decir que, cuando el Consejo pregunte por heredero, contestarás que tu hijo puede llegar en cualquier momento.

–¿En cualquier momento? ¿De dónde?

El Príncipe toma una mano del Rey y la coloca en su vientre.

–De aquí.

Una oscura idea aparece en la mente del hombre, pero la desecha: es imposible.

–Ahora soy yo quien no entiende.

–Si que lo entiendes, Rey de los Hombres, no por gusto te criaste entre los elfos. Tú sabes qué es un Elegido.

–¿Tú...?

–Sí.

–¿Tú me darás...?

–Todos los hijos que el amor nos de.

–¿Mis hijos van a nacer de tu cuerpo?

–Nuestros hijos. –rectifica Legolas, tenía razón en posponer esa charla: al Rey le estaba costando captar la idea, ahora mira el vientre de su esposo como hipnotizado.

–Los Valar son demasiado generosos conmigo... –se vuelve a los profundo ojos azules– Pellízcame.

–¿Perdón?

–Que me pellizques. Tal vez aún atravieso los Campos Gladios o, peor, estoy en Rohan. Acaso sueño que nuestro último problema se resuelve.

El elfo le retuerce la oreja divertido.

–¡Ay!

–¿Satisfecho?

–Si. Parece que todo es verdad. –ríe con una risa de hombre libre, ligero– ¡Mi querido, mi amado elfo, soy el hombre más absolutamente feliz de la Tierra Media!

Legolas alcanza a oír dos toques cortos en la puerta y empieza a levantarse.

–Aragorn, ya es hora de separarnos, debo ir a prepararme para la cena. Vístete y pide al sirviente de la puerta que te conduzca al comedor de fiestas.

–¿Te veré allí?

–Por supuesto: te sentarás entre Lord Elrond y los gemelos, frente a mí. Pero nada de familiaridades excesivas ¿eh? Debemos comportarnos y soportar a Ferebrim.

–De acuerdo. ¿Me das un último beso?

Un largo, profundo, dulce, apasionado choque de sus bocas.

–Mortal desesperado –susurra Legolas, al fin libre, mientras corre a la puerta.

–No. Mortal enamorado

–Pero mortal, hasta pronto.

La cena transcurrió pacíficamente. Thranduil podía despreciar a los humanos, desconfiar de los enanos y desconocer a los hobbits, pero de su mesa y su trato nadie podría quejarse. Como Legolas y Gimli ya habían narrado los pormenores de su parte en la Guerra del Anillo, la conversación se centró en la naturaleza de los Medianos y el viaje de Frodo y Sam. Aragorn se las arregló para mantenerse fuera de los diálogos y estudiar el ambiente. Le habían presentado a todos los primos de Lindon, pero el único que atrajo su interés fue Ferebrim.

¿Un teleri le habían dicho? Si, un elfo marinero de pelo negro y perfil arrogante. Dos terceras partes de la cena las gastó con una actitud entre intrigada y despectiva hacia los habitantes de La Comarca. El resto del tiempo lanzaba miradas lujuriosas al Príncipe.

Sin pedirle opinión ni una vez a Ferebrim, Legolas sostuvo una conversación ligera con su hermano y Maërys sobre las maneras de presentar las fresas con crema. Luego comentó con los gemelos las distintas recetas para hornear nueces. Lo ignoraba tanto que daba risa.

Cuando ya tomaban el postre, el menor de los príncipes se inclinó hacia el heredero para susurrarle algo con mirada pícara. Halladad puso cara de recordar algo fundamental y se puso de pie llamando la atención de todos.

–Queridos invitados, por favor, escuchen. Como todos saben, en tres días seré un elfo prisionero, prisionero de esta belleza a mi lado, pero prisionero. –Halladad hablaba dando un especial énfasis a las palabras, como si el vino le hubiera afectado, pero todos reconocían en su acento parte de la diversión, porque ningún elfo se marea con media botella de vino– Y también es de público conocimiento que en el último año estuve privado de la complicidad de Hoja Verde para ciertos, ¡ejem!, menesteres. Antes de su partida, cuando era un elfito, –ante tal insinuación Legolas bajó los ojos avergonzado– nuestra mayor diversión era cazar orcos y arañas, para que los "visitantes inesperados" –y se inclinó levemente hacia Gimli– no se escudaran en ellas para interrumpir las fiestas al aire libre. Es en memoria de todo eso que pasaré los próximos dos días de caza con mi famoso hermanito, que ya recuperó los colores con la buena comida del hogar. Por supuesto, todos los primos pueden acompañarnos. ¡Frodo mató a Saurón, pero dejó orcos para todos!

Unos breves aplausos cerraron la singular invitación, tanto Merry como Pippin recordaron el último discurso de Bilbo en su cumpleaños ciento once. ¡La calidad y el tema eran muy diferentes! Legolas se levantó cuando las palmas se detuvieron, el semblante cómicamente preocupado.

–Halladad, no debemos limitar la invitación a los parientes. Antes de dejar Gondor prometí a Elessar una cacería en honor de Gloin y Bilbo. Aquí tienes la partida lista majestad. ¿Aceptas?

Contrariando el protocolo Aragorn permaneció sentado para contestar. Temía que, de mirar a Legolas de frente, su amor sería declarado a todos.

–Por supuesto amigo, un Rey no deja de cumplir su palabra.

–No dejaremos que nuestro hermano se vaya a divertir solito. –intervino Ellohir.

–Las delicias del enlace serán tanto más dulces comparadas con el combate. –completó Elladan.

–Pues ya somos cinco, –aceptó Halladad– y de mis primos ¿Quién va?

Los de Lindon miraban sus platos y servilletas confusos. Algunos aún se quejaban por lo bajo de la crueldad de Thranduil y ahora estos muchachos...Habían viajado para descansar. ¿No?

–¡Yo iré! –el salto repentino del teleri pareció alegrar al Rey del Bosque– No me perdería por nada el espectáculo de ver al bello Legolas transformado en una belleza asesina.

Aragorn sintió que la sangre le hervía, pero se contuvo. Una idea tomó forma dentro de él. Se mantuvo sentado, su voz sonó casual mientras jugaba con un cuchillo.

–Uno asesina a sus iguales Ferebrim, los orcos son una plaga. Y hace falta buen aliento para dar cuenta de ellos.

Un silencio incómodo se posó en la mesa y el de Lindon le miró con asombro. Ese hombre ni siquiera levantaba la vista para hablarle. ¿Cómo se atrevía a burlarse del incidente de la tarde?

–Si el Rey de los Hombres tiene aliento para ello, cualquier elfo puede doblarle la marca.

Entonces Elessar se levantó y clavó sus ojos en el inmortal, los iris grises brillaban de furia. Gimli y los hobbits lo contemplaban con asombro, pues nunca le habían visto así fuera del combate. Elrond y sus gemelos mal contenían la risa: esa no era la peor mirada de Estel y Ferebrim temblaba como una hoja. La familia real intentaba mantener expresiones neutrales.

–Eso fue un reto en toda la regla, Ferebrim de los Puertos Grises. Debes regresar a la Fortaleza con el doble de trofeos que este mortal: Rey de Gondor y Arnor, descendiente de Melian la Maia, Beren el Señor de Dorthonion, Tar–Minyatur, fundador de Númenor e Isildur, que cabalgó junto a Gid–Galad en la Ultima Alianza –su rostro se suavizó de repente, al notar el regocijo en los ojos de Legolas– Veremos qué opina luego nuestro anfitrión Thranduil de tu valor y el mío. ¿De acuerdo?

Ferebrim no pudo menos que asentir.

–Bien, entonces me retiro a descansar, los mortales lo necesitamos. –se volvió hacia el Rey Elfo con una leve reverencia– Ha sido un placer su mesa Majestad, como siempre.

Los pasos del hombre resonaron en el salón aún silencioso. Los primos de Lindon miraban a Ferebrim con algo de pena. Todos eran concientes de que el Rey de Gondor no había estado presente en el duelo y empezaban a sospechar que había en aquel reto algo más que una lidia entre razas. Pero se guardaron sus comentarios para otro sitio, no en balde habían crecido en una corte aislada del resto de la Tierra Media durante más de dos mil años, donde todo se arreglaba con intrigas y decretos.

El silencio fue roto por uno de los príncipes: Legolas miró burlón a Ferebrim y soltó una risita de circunstancia, nadie habría podido decir si de lástima o alegría. Su hermano, Maërys y los gemelos hicieron eco, para ellos era evidente la razón de hilaridad: Aragorn se las había arreglado para casi deshonrar el pretendiente de su Príncipe en dos horas.

–Mortal desesperado– susurró, y Ferebrim alcanzó a oírle.

Sin dudas sería una cacería interesante.

TBC...

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