¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

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30 abril, 2007

EL SEGUNDO REGRESO DEL REY 12

EL REY ELFO Y SUS HIJOS

Thranduil no regresó hasta la tarde del día siguiente, llegaba con varios nietos y sobrinos de Círdan dormidos en sus caballos y numerosas cabezas de orcos. El largo acoso y la pelea final habían puesto de buen humor al Rey, pero la sonrisa se le esfumó al hallar a sus hijos conversando en el comedor privado. Le pareció que Legolas estaba demasiado delgado, pero fibroso. ¿Tal vez empezaba ser adulto? Tomó nota mental de los guantes, bueno, mejor en guantes que enredado con un mortal.

Al hablarles no demostró haber perdido de vista al menor de ellos por casi un año, ¿qué es un año para los elfos?

–Tarde es para un almuerzo, pero temprano para la cena ¿no hijos?

Legolas levantó la vista con sobresalto, la muestra de tapiz que examinaba se le calló y se acercó al hermano en busca de protección. Halladad no perdió el control: se irguió ante su padre y puso una mano sobre el hombro de Legolas en señal de apoyo.

–Nos quedamos conversando tras el almuerzo. Tengo premura por mostrarle los diseños para la fiesta.

–Ya veo. –gruñó el Rey, quien había dejado de mirar a sus hijos para empezar a despojarse de las armas. –¿Y ya tu hermano comió algo decente? Te ves delgado.

Ante ese primer intento de hablarle directamente Legolas tuvo que respirar hondo y hablar.

–Anoche Halladad me preparó una rica cena, y esta mañana tome abundante desayuno.

–Bien, bien, espero que tengas mejores colores para el día de la boda, tendrás muchos ojos encima.

–Me esforzaré señor.

Thranduil terminó de liberarse y tomó asiento frente a sus hijos, con un chasquido de sus dedos los sirvientes presentaron los alimentos. Halladad intentó desviar la conversación hacia temas menos tirantes.

–¿Y los primos de Forlindon?

–Oh, –el Rey hizo un gesto ligeramente despectivo– están en sus habitaciones. Esos muchachos quedaron tan agotados que subieron directamente a dormir. Tienen un ritmo demasiado suave con Círdan.

–¿No cazan orcos por allá? –quiso saber Legolas.

–Aparece uno cada cien años, no alcanza para todos. En cambio practican la esgrima entre ellos. Halladad te podrá contar, parecía una danza.

–Bello, pero dudo de su efectividad bélica. –apuntó el aludido.

–Los hombres también practican ese arte, le llaman duelo, así educan a sus jóvenes. Pude verlo…

–Un hombre jamás podrá alcanzar la maestría de un elfo, en ningún arte de guerra o paz.

El tono de Tranduil es lapidario, ni siquiera ha levantado los ojos de su plato, pero Legolas siente un calor crecer dentro de sí.

–¿Cuántos de tus soldados seguirían peleando con diez flechas de orco en el cuerpo, padre? –el Rey detiene sus mandíbulas y fija una mirada fría en su hijo menor, pero el joven continúa– Uno de los hombres de la Comunidad murió así, su nombre era Boromir de Gondor, era un gran esgrimista.

–Un elfo habría esquivado esas flechas. –el Príncipe va a seguir, pero su padre le detiene– No quiero oír más de mortales, es suficiente con que ese Rey de Espagaroth ande por ahí, como si fuera nuestro igual.

–Luchó contra las fuerzas oscuras ¿no?

–Si Halladad, lo hizo, pero no por nosotros, sino por su lago y su ciudad.

–¿Entonces por qué me ordenaste invitar a Elessar?

Hay reto en las pupilas de Hoja Verde, Tranduil le sostiene la mirada.

–Porque después de todo es el Rey de Gondor, aunque su gobierno aún no se estabilice. Tenía la esperanza de que no asistiera y se limitara a mandar regalos. Ese niño haría bien en ocuparse de su gente y prever un ataque por la espalda.

–Su linaje se remonta a Númenor y el Reino Escondido. ¿No es digno de nosotros?

Ambos han olvidado hace mucho que solo comentan sobre la lista de invitados a una boda.

–Su punto de mayor honor lo alcanzó viajando contigo, y eso no se repetirá.

–Pues yo creo que sí. –padre e hijo miran sorprendidos hacia Halladad– Mi hermanito, los gemelos, Aragorn y yo, iremos de cacería.

–Ustedes no irán a ningún lugar. Eres necesario aquí, sino, luego te quejarás del color del encaje del velo de la séptima dama de honor. Y Legolas debe atender a sus primos de Forlindon, han preguntado mucho por él.

–En Lindon el tiempo se detuvo con la muerte de Gid–Galad padre, así que la mejor compañía para ellos es Lord Elrond, y el color de los velos lo puede elegir Maërys. No pasaré mis últimos días de soltero entre damas y mayordomos.

–Son los deberes de la hospitalidad, tu hermano no puede dejarlos solos.

Legolas se levanta de pronto, en su voz hay un timbre duro que su padre no recuerda, algo que adquirió durante la Guerra.

–Muy bien padre, entonces hagamos algo: si el Rey de Gondor puede ir a una partida de caza, los elfos de Lindon también. ¡Supongo! Así que iremos con todos los primos de los Puertos Grises que no estén hartos de orcos. Soy famoso por la Guerra padre, pues que me conozcan en combate.

Y Legolas abandonó el comedor entre furioso y asustado, sin saber de dónde había sacado valor para hablarle así a Thranduil.

Los jinetes no se detuvieron en los Campos Gladios ni en la casa de Beorn. Aragorn se alegró de que los hobbits estuvieran tan entusiasmados ante la perspectiva de una boda élfica, o habrían hecho preguntas acerca de su premura. Con la ayuda de los lembas y la fortaleza de los corceles del Bosque Dorado, recuperaron parte del tiempo perdido en Rohan y llegaron a Mirkwood solo cuatro días después de Legolas.

Al entrar bajo la penumbra del bosque a los medianos se les encogió el espíritu. Recordaban las descripciones de Bilbo sobre la oscuridad, las arañas, y el hambre padecida entre aquellos troncos: no era una gran recomendación. Pero Aragorn se hallaba exultante con su amado Príncipe a menos de un día de camino. Ya ante la puerta de la Fortaleza del Bosque se les acercaron dos guardias y les hicieron la pregunta de rutina:

–Muestren su razón para entrar al Bosque extranjeros.

–Saludo a los guerreros elfos de Mirkwood. Soy Elessar Telcontar, Rey de Gondor y Arnor, mis acompañantes son Frodo Bolson, Samsagás Gamyi, Meriadoc Brandigamo y Peregrin Tuk. Fuimos compañeros de viaje junto al Príncipe Legolas en la Comunidad del Anillo y ahora deseamos presentar a su hermano la enhorabuena por el enlace.

Los guardias hablaron en voz baja entre ellos, uno corrió al interior del edificio y el segundo les invitó a pasar.

–Sean bienvenidos a nuestras murallas los vencedores de Saurón. Pasen su Majestad Elessar, los príncipes y caballeros hobbits, con ansia y curiosidad se les espera. Dentro un servidor les conducirá a sus habitaciones. Ya la hora de la cena se acerca, entonces serán llevados ante mi Rey Thranduil y sus hijos.

Para Aragorn no fue agradable la perspectiva de esperar aún dos horas antes de ver a Hoja Verde, pero se contuvo: no podía empezar la visita rompiendo el protocolo.

Legolas estaba en la sala de armas midiéndose con su primo Ferebrim. Empezaba a cansarse de aquel teleri pegajoso que, desde hacía tres días, se la pasaba preguntando tonterías, o haciendo sosos comentarios sobre su belleza. A pesar de que los gemelos, Halladad y Maërys nunca le dejaban solos, el de Forlindon no se daba por aludido.

"Papá debe haber organizado esto." pensó entre un giro y una finta que casi desequilibran a su oponente "Estoy seguro de que le instigó a cortejarme."

Una parte de su atención permanecía fuera de la batalla, atenta a las entradas y salidas del local. Así pudo percibir como un sirviente llegaba y permanecía quieto justo tras él.

"Me trae un mensaje, es hora de terminar con esta tontería"

Volcó toda su fuerza en el ataque y avanzó con repentina violencia, Ferebrim volvió a desequilibrarse, el filo de la espada se posó e su cuello.

–Tocado.

Los aplausos brotaron de todos lados, entonces volvieron a ser visibles para Legolas los espectadores y recordó que todo era una función para los invitados.

–¡Mi hermano es el mejor guerrero élfico de estos días!

–No Halladad. Mientras ni nuestro padre ni Lord Elrond accedan a vencerme, seguiré siendo el pequeño príncipe de Mirkwood, nada más.

–Pero sin dudas su Alteza es el elfo más bello de la Tierra Media –comentó, con la respiración aún entrecortada, Ferebrim.

–Eso es porque mí querido primo no conoce a Arwen Undomiel, de nuevo el señor de Rivendel se lleva el premio.

Legolas dio por terminada la conversación con una leve reverencia y abandonó el podio. Antes de que Halladad, su novia y los gemelos le estrecharan, hizo una seña al sirviente, quien solo susurró una palabra y se retiró a esperarle. Entonces se abrazó con los cuatro jóvenes y hablo solo para ellos

–Hermanos: Aragorn y los hobbits han llegado. ¿Pueden entretener a Ferebrim mientras me adelantó a la habitación del Rey?

–Seguro –afirmó con maldad Ellohir–, le preguntaremos cuántos elfos de Lindon pierden el aliento en combate.

–Gracias.

Se escurrió por una puerta de servicio con el mensajero, casi sin ser notado, pero para su padre aquel gesto no pasó desapercibido.

TBC...

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