¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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30 abril, 2007

EL SEGUNDO REGRESO DEL REY 11

LLEGAR AL BOSQUE NEGRO

–Mira Gimli, en este río calló Bombur cuando los catorce caminantes atravesaban el Bosque.

–¿Es cierto que la corriente está encantada? ¿Lo de la somnolencia no fue invento del gordo?

–En absoluto. Nuestro río era bueno hasta que el Nigromante se asentó en el sur, hace varios siglos. Desde entonces da sueño y olvido a quienes se acercan sin precaución.

–¿Cuánto queda de camino?

–Será un día de marcha bajo los árboles, esta noche disfrutarás de la hospitalidad élfica amigo.

–¿Y la boda? No es por ofender, pero tengo algún apuro en partir hacia la Montaña.

–Será en siete días, es que mucho invitados vienen de lejos, incluso de Forlindon.

–¡Pues sí que tienen parientes ustedes!

–Ni lo menciones –interrumpió el vehemente Ellohir– Thranduil es sobrino de Círdan, el señor de los Puertos Grises ¿no?

–Sí. Aunque desde el fin de la Segunda Edad no se ven, hay correspondencia. Supongo que algunos primos vendrán.

Desde que los gemelos renovaran su amistad con Legolas se ganaron la simpatía de Gimli. Los cuatro pasaban el tiempo contando anécdotas acerca de la estancia de los catorce caminantes en Rivendel –setenta años atrás–, comparando el clima de las Montañas Nubladas con el de las Colinas de Hierro o intercambiado opiniones de joyería.

–¿Es cierto que la prometida de tu hermano es casi tan bella como tú?

–¡Ellohir! –le reprende su gemelo, pero Legolas no se inmuta ante el cumplido.

–Para Halladad es la más bella del mundo, eso es lo importante. Se llama Maërys y, desde hace ciento cincuenta años, respira al ritmo de mi hermano.

–Tardaron en decidirse ¿no?

–La decisión se tomó hace mucho, pero primero el Nigromante, luego la Batalla de los Cinco Ejércitos, y ahora la Guerra del Anillo. Mi padre quería paz antes de que Hallanad se enlazara.

–Lo entiendo, –el más reposado de los gemelos parece pensar en voz alta– papá también quería paz antes de permitir que Aragón y… –Ellohir palidece, la mirada de Gimli es torva, Legolas fija sus ojos en un imposible punto en el cuello de su corcel, Elladan reacciona y enrojece hasta los cabellos– ¡He sido un tonto Legolas! Te ruego me perdones, no quise recordar tal suceso para incomodarte.

–No hay nada que perdonar hijo. –la voz de Elrond sorprende a todos– Es cierto que yo esperaba el fin de la Guerra para que todos mis hijos hallaran el camino correcto en sus vidas. Pero la paz aún está lejos, no olviden que los orcos, trolls y wuargos siguen por ahí, sin guía, y con su maldad intacta. La mitad de mis preocupaciones se ha ido, pues Arwen y Estel tomaron sus decisiones en la Ciudad Blanca, ahora espero que estos pillos conozcan a alguien en esa boda y sienten cabeza.

–¡¿Nosotros?!...

–Pero padre…

–tu vida…

–sin nuestras aventuras...

–sería tan…

–¡aburrida!

Y, entre risas y bromas, siguieron la cabalgata hasta la entrada de la imponente fortaleza de los elfos de Mirkwood, que concentraba las viviendas de la mayoría de los habitantes de Bosque. Llegaron bordeando la estructura desde el río, así que Gimli pudo ver el muelle elevado desde donde lanzó Bilbo Bolson a sus amigos para librarles de la prisión.

Al alcanzar la entrada principal pudieron contemplar a su gusto el Palacio–Fortaleza de Tranduil, producto de cuatro mil años de evolución. Parecía un gigantesco árbol de unos quinientos metros de diámetro, gran altura y multitud de ramas, exóticas ramas que regresaban al tronco desde donde partían. El edificio dominaba un extenso claro y numerosas puertas permitían la entrada y salida de los habitantes.

Legolas iba explicando a Gimli y los gemelos algunos elementos de su residencia.

–... y frente a ustedes se eleva la Puerta Mágica del Bosque, que, dicen, está siempre abierta para los miembros de la Familia Real.

Ya no dijo más, pues los guardias salieron a su encuentro. Sus expresiones entre cansadas y curiosas rebelaron a los recién llegados que los invitados a la boda estaban cambiando la dinámica del lugar.

–Muestren su razón para entrar al Bosque extranjeros.

Legolas se adelantó y miró fijamente a sus soldados.

–La razón es emborracharme en la boda de mi hermano, patanes, y, si no abren pronto, no verán ni una copa vacía de la fiesta.

–¡El pequeño Hoja Verde ha vuelto! Corre hermano, corre a llamar a mi señor Halladad.

Los soldados y empleados que se hallaban cerca oyeron la noticia y rodearon el corcel de Legolas. En poco tiempo lo llevaban en hombros hacia la puerta entre exclamaciones de "¡El Principito ha vuelto!", "¡Hojita Verde está con nosotros!" y similares.

La escolta de Elrond se retrazó para que la multitud pudiera maniobrar. Los gemelos estaban asombrados.

–Padre, Legolas es muy querido aquí. En verdad debe ser dulce con sus súbditos.

–Es dulce y exigente, se nota que lo respetan. Son cualidades importantes en un Príncipe.

De repente los gritos de alegría cesaron y las miradas se dirigieron a la puerta. Allí estaba un elfo rubio con cierto parecido a Legolas, pero bastante más corpulento y de ojos grises.

–Bajen a ese niño de ahí. Quiero verlo a mi lado. ¡Ahora!

Legolas bajó de los hombros de sus amigos y corrió hacia el de ojos grises. Se hundió en aquellos brazos con tal velocidad que el otro dio un paso atrás para equilibrarse. Quedaron fundidos, las agitadas respiraciones eran la única prueba de que no se trataba de una escultura. Un silencio reverencial rodeaba a los hermanos, pues ya Elrond, sus hijos y Gimli habían comprendido que ese era el tan mentado Halladad, Príncipe Heredero de Mirkwood.

Tras un largo minuto los hermanos se separaron, ambos con ojos húmedos. El primero en hablar fue Halladad.

–Ya empezábamos a extrañarte Hojita. Ahora tengo dos preguntas para ti: ¿Quiénes son tus compañeros? y ¿Qué, por Elbereth, llevas puesto en las manos?

Las risas volvieron y por fin los viajeros entraron a la fortaleza. Halladad disculpó la ausencia de Thranduil, ocupado con una partida de caza en el límite del Bosque para agasajar a los parientes de Lindon. Luego les acompañó a sus habitaciones y, una vez que estuvo seguro de la comodidad de los amigos de su hermano y la escolta, se dirigió a los apartamentos de Legolas.

Encontró al príncipe jugando con burbujas, así que dispuso todo para una cena en la intimidad, mandó un mensaje a su prometida y esperó. Hoja Verde salió al fin del baño con unos pantalones ligeros, túnica corta y sandalias. Un extraño objeto de cuero le colgaba del cuello.

–¿Estamos solos?

Halladad asintió.

–Maërys atenderá a los invitados y papá no llega hasta mañana. Tenemos toda la noche para nosotros.

Con un gesto le invitó a compartir su diván frente a la crepitante chimenea. En una mesita baja había dispuesto miel, crema de leche, licor suave, diversas frutas secas y una gran fuente de fresas todavía húmedas. Legolas obedeció.

–Todo luce delicioso, llevo casi un año entre lembas y comida de hombres.

–Se nota. Por favor, come y cuéntame.

El joven elfo atacó las pasas a la vez que hablaba a su hermano de los que más les urgía, de las aventuras y chistes podrían hablar en público.

–Recibí tu carta justo a tiempo. Si no me adviertes caemos como tontos.

–¿Entonces viene en camino?

Una manzana desapareció en tres mordiscos.

–Lo invitaron ¿no? Llegará con los medianos en menos de una semana. Incluso podremos salir de cacería antes de la boda.

–¿Y Arwen?

Un melocotón roído en su tercera parte.

–En Gondor, planea fomentar una colonia de elfos en Ithilien. – un melocotón roído hasta la mitad– ¿Sabes hermano? Ella, Lord Elrond y los gemelos nos apoyan.

Una semilla de melocotón en la mesa.

–Entonces en verdad… No se si me guste tenerte tan lejos.

Medio vaso de licor para bajarlo todo y ¡a por la crema!

–Por favor, con un beso de tu Maërys lo olvidas todo. –una fresa sumergida en crema es una fresa dentro de la boca.

Halladad se finge ofendido.

–¡De ser cómo dices no te habría escrito tonto! –se entretiene unos instantes, divertido por la voracidad del recién llegado– ¿Sabes? Papá puede negarse, hay varios nobles locos por ti, incluso uno de los primos de Lindon.

Ahora prueba a sumergir la fresa en crema y luego en miel, se encoge de hombros.

–Papá no puede negarle al Rey lo que ya es suyo. –la siguiente fresa es tomada con la mano derecha, extiende la izquierda hacia Halladad: la cicatriz tiene un tono dorado por las llamas. Ante el asombro de su hermano Legolas comenta simplemente– El me enseñó a no correr riesgos.

–¿Está consumado? –ahora el joven casi se atraganta, baja los ojos hacia la menguada fuente de frutas y no atina más que a asentir en silencio– Así que ya no eres mi hermanito, sino el Príncipe Consorte de Gondor y Arnor. ¡Esto sí es un cambio!

–Por favor, ese matrimonio no será oficial hasta que yo sea presentado y aceptado por el Consejo de Nobles de Gondor y los hombres son tan distintos a los elfos… Este es un enlace sin precedentes allí, nuestra posición es muy frágil.

–La sangre más noble corre por tus venas, eres un guerrero probado. Si no fuera por ustedes dos, esos nobles ni siquiera tendrían un Consejo. ¿Qué van a decir?

Legolas dejó que la última fresa se detuviera antes de llegar a sus labios, lo que seguía era difícil.

–Precisamente dirán eso: que soy un guerrero, un príncipe, un elfo, un varón, que los enlaces entre varones son estériles y el Rey necesita herederos.

–Pero hermano, tú sabes que eres un Elegido ¿no?

–Lo sé desde hace cinco semanas, papá me lo escribió en esa carta. Temía que me entregase a Aragorn y ocurriese algo "irreparable". –en los ojos de Halladad surge una pregunta– No, no se lo dije a él, quería poner a prueba su voluntad.

–¡¿Y aún así se casó contigo?! Ese hombre te quiere más que a su reino.

La fresa por fin cae en la boca.

–Lo se. –sonríe ante el recuerdo– Hay momentos en que me siento abrumado. Se lo diré en cuanto llegue, pero… –su rostro ensombrece de nuevo.

–¿Pero qué? Aragorn es hijo adoptivo de Elrond, hay sangre élfica en él. No saldrá corriendo ante la noticia.

–No, no saldrá corriendo. Tampoco saldrá corriendo Faramir, su Senescal: ha demostrado sernos absolutamente fiel. Me preocupan el resto de los habitantes de esa ciudad. –Legolas toma la botella de licor para darse fuerzas, ni siquiera ante su hermano es fácil admitir lo que percibió en Gondor. –Mira Halladad, estoy seguro de que el informe a papá de mi relación con Aragorn la urdieron los ancianos del Consejo, pero ellos no son minoría, reflejan prejuicios muy arraigados entre los hombres. No querían a Arwen, pero a mí me odian. Descubrí miradas despectivas, asqueadas, en personas muy bien consideradas de esa ciudad en cuanto descubrieron nuestro amor. Si Aragorn y yo vamos ante esos mismos ancianos y explicamos que no solo soy elfo, guerrero y esposo, sino que le puedo dar hijos a Aragorn…

Legolas no puede seguir, se abraza a su hermano. La perspectiva también es clara para Halladad, y da palabras a los temores del menor.

–Temes ser el "fenómeno" de Gondor.

Asiente en silencio, gira hasta descansar en el regazo de su hermano, y deja correr sus lágrimas mientras sus ojos vagan por las llamas.

– Se que no puedo vivir aislado en ese palacio, viendo solo a Faramir, Arwen y Aragorn, estarán ahí los sirvientes para torturarme, para recordarme con sus miradas que no soy lo que ellos quisieran. Ni todo el poder del Rey podrá salvarme entonces. Hermano, ¡no veo solución!

Halladad demoró en decir algo, trataba de procesar toda aquella información y comprender el dolor de su hermano al sentirse discriminado por primera vez. Su breve vida –breve en la escala de los elfos– había transcurrido aislada en Mirkwood. Entre los peligros constantes de la Tercera Edad y la sobreprotección de Thranduil no había tenido posibilidad de relacionarse con otras razas. Legolas era por naturaleza confiado y generoso, por todo el cariño vertido sobre él a lo largo de mil quinientos años, ¡bien lo sabía Halladad! Ahora todo ese amor se revelaba peligroso: el Príncipe carecía de defensas ante modos de entender el mundo que lo agredieran. Para él su amor con Aragorn, cimentado por treinta años de amistad, era incorrecto hasta el punto en que impedía al hombre cumplir la palabra antes dada a Elrond y su hija, nada más. Pero había tenido que descubrir por sí mismo que, para muchas personas, era absolutamente incorrecto, aberrado, inmoral, y esas eran las personas entre las que deseaba vivir por amor al Rey. A Legolas le iba a ser MUY útil esa colonia que Arwen fomentaba, sin dudas.

Habló al fin, despacio, tratando de escoger las palabras y de hacerle entender que la única defensa contra la discriminación es el conocimiento.

–Hermano, no puedes amilanarte porque un grupo de viejos egoístas y prejuiciados (nuestro padre entre ellos) se interpone en tu felicidad. Gánate el aprecio y respeto del pueblo de Gondor, no permitas que te vean como el Elfo del Rey, conviértete en Su Príncipe. La paz aún está lejos, pero cuando llegue, y decidan que es hora de tener familia, todos comprenderán que no eres un "fenómeno", sino lo mejor que le pudo ocurrir a la Ciudad Blanca. –besó la frente de Legolas– Tus hijos serán frutos del amor Hojita Verde, bellos frutos del amor para gloria de elfos y hombres.

Permanecieron abrazados mientras el fuego se consumía, cuando ya solo quedaban carbones rojos Halladad comprendió que su hermano dormía, le levantó y condujo a la cama, luego se desnudó y metió entre las cobijas. Legolas buscó refugio instintivo entre sus brazos. El mayor de los príncipes besó el cabello dorado de su hermanito.

–Juro que detendré a papá, reinarás en Gondor y serás feliz, tú mereces la felicidad.

TBC...

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