¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

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30 abril, 2007

DE LEYES Y VENGANZAS 8

SALTO AL VACIO

Al iniciar su cuarto año, Harry Potter parecía un chico de lo más normal dentro de Hogwarts. Los tiempos en que resaltaba por su delgadez o desmañado estilo en el vestir habían quedado atrás, también sus miradas de asombro ante cada objeto caro o antiguo exhibido en la escuela. Menos evidente era su cambio interior.

Tras la charla que marcara su regreso de Paris, estaba alerta, en busca de evidencias que confirmaran el amor a su alrededor. No se asombró ante las miradas que intercambiaban Charlie Weasley y Deacon Neagu, pero sí de las sutiles manifestaciones de aprecio entre los padres de Ron –imaginaba que, a esa edad... Trató de ver más allá de las usuales peleas entre Ron y Hermione y descubrió un marcado aprecio disfrazado de orgullo, por lo que la misteriosa frase "del odio al amor hay solo un paso" obtuvo repentino sentido. A la vez que llegaba a tales conclusiones una oscura sospecha le incomodaba: ¿cuándo sentiría él ESO?

Por más que miraba a todos lados no lograba conmoverse, interesarse de manera "sensual" por ninguna persona de su entorno. Esta inquietud, junto al deseo de dar oportunidad a sus amigos para que confesaran sus sentimientos, le llevo a buscar un poco de soledad en la biblioteca y el campo de tiro. La política dio resultado, pero por la vía inesperada: pronto notó que una chica de marcados rasgos asiáticos se sentaba justo frente a su mesa en la sala de estudios, y de que el capitán del equipo de tiro aparecía a engrasar su arma con frecuencia sospechosa.

Cho Chang era miembro numerario del equipo de ajedrez, lo cual explicaba que ella y Harry fueran casi desconocidos. Tras una semana de miradas, el chico se atrevió a solicitar un libro que sabía en poder de Cho, lo cual le dio a ella la excusa perfecta para acercarse, brindarle ayuda en el tema e intercambiar los números de teléfono. Emocionado por la rápida victoria, el chico la invitó a una práctica de tiro, Cho dudó, haciendo un mohín que al ojiverde se antojó dulcísimo, pero acabó aceptando.

Tres días después la chinita hacía su entrada triunfal en el campo de tiro, ante la atónita mirada del resto del equipo. Hermione y los siameses, que esperaban a Ron en las gradas, se quedaron con la boca abierta. Fue la peor práctica del muchacho en toda su vida, pero lo peor vino después, cuando Cho le dio un saludito superficial y se las arregló para entablar una charla con Cedric Diggory, el alto, guapo y famoso capitán del equipo. Pálido de rabia e impotencia, Harry no pudo notar la evidente turbación de Cedric, que miraba a sus compañeros pidiendo ayuda, él solo tenía ojos para la descarada de Cho. Los miembros del equipo dejaron el asunto correr, hasta que Cho, tras arrancarle a Cedric una cita para cenar, se retiró. Detrás salió el capitán, tan humillado como Harry, y el resto de sus compañeros desfilaron despacio por su lado con claras miradas de reprobación. Ron quedó de último, un duro reproche en sus ojos. Solo dijo una frase antes de ir donde Mione, Fred y George.

–No debiste traer a una extraña.

Esa noche, se encerró en el cuarto de Lily y James por tres horas, no bajó a cenar y sus padres debieron sacarlo a la fuerza hasta el estudio, donde, entre hipidos de llanto y gritos de odio, Harry narró su desgracia. Los adultos menearon la cabeza, contritos, pero se abstuvieron de echar fuego respecto a Cho. El comentario de Sirius fue tan sereno que impacto a su pareja.

–No pierdas el sueño por ella Harry. Si dejas que te duela, habrá vencido dos veces. Cedric se ocupará de aleccionarla.

Y tuvo razón. No solo porque la cita de Cho y Cedric fue un rotundo fracaso –organizado por el vengativo equipo de tiro. Sino porque, dos semanas después, el capitán del equipo y el joven Harry Potter fueron invitados a un encuentro continental, a celebrarse en Berlín.

No era la primera vez que Harry salía de Gran Bretaña, pero hacerlo sin la tutela paterna y por sus méritos deportivos le daba todo un nuevo giro al asunto. Lejos de sus amigos y familia, se unió instintivamente a Diggory, el único conocido en el equipo. Tanto se unieron que sus medallas de oro las celebraron entre tragos, abrazos, besos y caricias. El chico no estaba seguro de cómo había transcurrido la noche, el caso es que de repente los vapores de la cerveza se esfumaron, y se descubrió haciendo gemir a su compañero de cuarto con la fuerza de sus envestidas.

Harry se derrumbó, sudoroso y agotado, tras el orgasmo más intenso de su vida. Cedric lo acunó entre sus brazos fuertes y le susurró tontas palabras de amor hasta que el sueño calló sobre ambos. Pero, igual que una alegre noche cuatro años antes, el más joven despertó varias veces, para comprobar que alguien lo abrazaba posesivamente. El resto del equipo no hizo aspavientos y lograron esquivar la prensa local antes de la partida, pero la verdadera prueba sería al pisar suelo nacional. Harry sabía que no tendría problema con sus padres, pero los señores Diggory eran otro cantar. Sin embargo, nunca tuvieron que preguntarles su opinión.

Como premio al maravilloso desempeño del equipo juvenil de tiro, los organizadores decidieron cambiar el breve viaje en avión por una excitante aventura de carretera. Un ómnibus les llevaría a través de Europa Occidental hasta la Bretaña francesa, allí tomarían un trasbordador a su hogar. A los chicos les pareció bien, la novel pareja sonrió ante la perspectiva de visitar Ámsterdam, que ya el menor conocía un poco.
Una tarde, ya en territorio francés, la lluvia se presentó de improviso en la solitaria autopista, las ruedas empezaron a patinar y el chofer recomendó usar cinturones de seguridad. Las manos de Harry temblaban y un sudor frío le cubrió el rostro, no sabía por qué, pero sentía al cielo –gris y bajo– ominoso en extremo.

–Cedric –dijo bajito–, quédate junto a mi.
El otro se inclinó y respondió al descuido, ocupado en asegurarle el cinturón de seguridad.
–Por supuesto...

La frase quedó trunca en un giro inesperado del vehículo. El chico sintió que volaba y que un peso adicional le mantenía unido al asiento. En la penumbra de la tarde y la tremolina logró entrever a Cedric, aferrado como un poseso a los brazos de su asiento, a Cedric, que gemía a cada instante, pues su espalda era machucada por cada vuelta de la infernal caída. La pendiente acabó al fin y el joven calló al suelo. Harry se desató con dedos temblorosos, y le estrechó la mano en callada pregunta.

–Estoy bien –pero la voz fue casi un quejido.
–No hables... no hagas nada... pediré ayuda... ¿si?
Pudo sacar su celular del abrigo y marcar la memoria del aparato.
–... ¡Sirius, ayúdame!... estamos en Francia, el bus se volcó... no sé donde están los otros, pero Cedric está muy herido... sí, yo estoy bien... no sé, camino al estrecho para ir a casa... llueve, casi no hay luz y debe haber unos 15 grados... si, de acuerdo. –colgó y se volvió con una torpe sonrisa al chico en el suelo– ¿Ves? Mi papá lo va arreglar todo. Llamará a la policía francesa y vendrán para acá de inmediato. –se sacó el abrigo y cubrió al amante– Dice que debo mantenerte caliente.
–Deja...
–¡Claro que no! Sería terrible que además de los huesos rotos pesques un catarro. –sus siguientes palabras carecieron de convicción– Llegarán pronto tu solo... mantente despierto. Eso dicen en las películas.
–Harry, no me importa dormirme si estás a mi lado.
–¡No! No te puedes dormir, Sirius lo dijo. Tu verás que llegan, solo aguanta un poquito ¿vale?

–No me siento las piernas Harry, no me las siento desde que cerraste el teléfono.
–Pero...
–Está bien –las manchas de tierra y sangre estaban siendo borradas por la lluvia–, piensa en Aquiles: una vida corta e intensa. Tú has sido lo mejor de esa vida.
–¡No! Acabas de decir que te quedarías junto a mí, lo dijiste en el bus.
–Siempre estaré junto a ti. ¿No sabes que los muertos se quedan cuidándote?
–James y Lily cuidan de mí, te conté.
–Les hablaré de cuán maravilloso eres. –su rostro estaba relajado y pálido.
–No me dejes Cedric, por favor. Haré lo que quieras, pero no me dejes.
–Ha sido un placer Harry, cuídate.

La mano se estrechó un poco más alrededor de la del chico y se relajó. A lo lejos, las bocinas de las ambulancias y patrullas lanzaron sus gritos lastimeros, pero Harry Potter permaneció quieto junto al cadáver de un joven de 17 años que sonreía al cielo, en paz. De rodillas junto a su amante muerto, con la fría lluvia resbalando indiferente por sus cabellos y ropas, se sintió el ser más miserable de la tierra. Tardaría años en cambiar de idea.

TBC...

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