¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

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30 abril, 2007

DE LEYES Y VENGANZAS 7

RECUPERAR EL TIEMPO PERDIDO

Al mirar hacia atrás, cuando ya era un hombre maduro, Harry definiría la etapa entre sus once y quince años con dos palabras: intensidad y descubrimientos. Fueron cuatro años que valieron por diez, los diez que el destino las arrebatara. Porque Sirius, Remus y Harry tenían mucho que contarse, mucho que pasear, mucho que comer. El mes de agosto se les fue en largos paseos por Londres, y la Gran Bretaña rural. Aquellos viajes de auto e intensas caminatas eran espacio ideal para que intercambiaran recuerdos y opiniones, cimentaran la confianza.

Remus pidió vacaciones en el antiquísimo bufete de abogados donde trabajaba, una asociación que se enorgullecía de haber llevado los asuntos del mismo William Shakespeare. Por años, había combinado ese trabajo con la investigación y defensa de Sirius y asesorías a diversas organizaciones ecologistas que operaban en los territorios de ultramar o ex-colonias británicas. A veces, simplemente se quedaban en la biblioteca de la casa, los tres juntos, revisando los documentos y planos del futuro negocio de Sirius: una empresa de seguridad, en eso deseaba invertir los millones obtenidos como compensación por su injusta condena.

Un día el chico preguntó, en la mesa del desayuno, dónde estaban enterrados sus padres. Esperaba rostros torvos y un silencio pesado, pero Remus le contestó sin voltear, atento a las tostadas.

-En el Valle de Godric, a una hora en auto.
Sirius dejó a un lado su periódico y le sonrió.
-Ya era tiempo de que preguntaras. ¿Quieres ir?
-No -contestó el niño tras un instante-, creo que todavía no estoy listo.
El hombre de ojos color miel sirvió los huevos y comieron hablando de otros temas, pero, cuando ya salía para verse con Bill Weasley...
-¿Sabes Sirius? Ahora que los tengo a ustedes y que puedo ir a ver a mamá y papá cuando quiera, no hay prisa. Puedo esperar.

Igual que le costó entender que sus padres no eran un tema tabú, para el chico fue difícil aprender a vivir sin hacer nada dentro de aquella casa enorme, pero Sirius era tajante a ese respecto. Cada vez que expresaba su aburrimiento le daba un libro, o lo mandaba a planear travesuras con Ron y los siameses. También se acostumbró a contar sus sueños, a recibir caricias y a planear un futuro a largo plazo.

Susan los visitaba cada semana y hablaba con Harry por un rato acerca de cómo se sentía. Para el niño eran unos encuentros maravillosos, no solo porque ella era amable y comprensiva, sino porque no parecía nunca sorprendida de los temores y sorpresas que le estaba dando esta nueva vida. Decírselo a Susan estaba bien, ella sabía que no intentaba adular a los amigos de sus padres, sabía que todo era asombroso y estaba dispuesta a no reírse de sus pueriles ideas acerca del futuro con esos hombres.

Fueron a matricular a Harry en Hogwarts, la misma secundaria a donde irían Ron y Hermione en septiembre. El niño casi pierde el aliento al descubrir, en el mismo corazón de la metrópoli, un edificio del siglo XVII cuyo interior rivalizaba en limpieza y elegancia con el palacio de Buckinham. Sus altos salones y brillantes salas daban ganas de acariciar, no de correr de un lado a otro, que era como Harry se imaginaba la vida escolar.

Ahora que ya no iba a perderse de vista, Harry, Ron y Hermione también hacían planes, a largo y corto plazo. Para el chico, el gigantesco clan Weasley desbordaba sus más lujuriosos sueños de vida familiar y, al estar en contacto directo con ellos varias calurosas tardes de agosto, empezó a entender la envidia de Ron a la condición de hija única de Hermione.

En verdad la Madriguera, como llamaban a su hogar, era un poco ruidosa y agitada. Molly, la madre, era gerente de una boutique -por lo que siempre había regados catálogos de desfiles en la sala. Arthur, el padre, tenía un puesto burocrático en Servicios Exteriores -de ahí su amistad con Sirius. Bill, el mayor de los hijos, era economista, asesor de préstamos para el famoso Gringots y gestor de fondos para organizaciones humanitarias y ecologistas -compartía varios proyectos con Remus. Charlie, el segundo, era antropólogo y estaba terminando su doctorado con un trabajo sobre los gitanos, para calar hondo se había establecido en Rumanía por dos años -de donde regresó con material invaluable y un novio llamado Deacon Neagu, príncipe entre los de su pueblo. Percy estaba en Hogwarts aún, pero planeaba entrar al servicio de la Reina, como su padre -por lo que estudiaba modales y política internacional. Los siameses estaban empeñados en escribir guiones para TV -así que su cuarto era una gran videoteca y muchos bosquejos de series por el suelo. Ron no estaba seguro de qué haría -pero las altas cotas de sus hermanos le quitaban el sueño. Y Ginebra, Ginny, la más pequeña, no decía nada -tan solo suspiraba cuando Harry estaba cerca y leía de operaciones a corazón abierto. Como parte en igualdad de condiciones (¡al fin!) se integró el último de los Potter a la temible turba del barrio. Así que, cuando no estaba en la casa, contemplando viejas fotos o preguntando detalles inesperados sobre sus padres, al joven se le podía ver en bici, de la Madriguera a la Guarida, palabra con la que bautizaron al hogar de Harry, pues allí lo habían guarecido de los Dursley.

El chico no solo descubrió cosas de sus tutores y del resto de los Weasley, también cosas de sí mismo. Por ejemplo, que le gustaba la música de Los Beatles, Air Suply y Nirvana. Por lo que se compró todos los discos de esas tres agrupaciones y los escuchaba una y otra vez. No fue sorpresa para Harry saber que su madre escuchaba los temas suaves del cuarteto de Liverpool mientras lo gestaba. En realidad lo era a medias: se estaba adaptando a la idea de que muchas de sus más íntimas añoranzas eran recuerdos sublimados de aquel primer y feliz año de vida.

El primero de septiembre llegó casi sin sentirse y esa mañana, ocurrió algo que hinchó a Sirius de orgullo por una semana.

Harry tomaba su taza de leche y sus tostadas con prisa. La verdad es que hubiese sido más sencillo si no tratara de ajustarse la corbata y tomar leche por una pajuela simultáneamente. Cerca estaban Remus, chequeando el contenido de su propio portafolios y Sirius, tratando de concentrarse en la página de economía del Times.

La bocina de un auto sonó desde la puerta.
-Es Percy... -explicó al vuelo el de ojos verdes.
Renunció a la leche, tomó en sus manos el resto del emparedado y corrió con la mochila colgando de un lado, gritó la despedida por encima del hombro.
-Adiós papá Remus, adiós papá Sirius.
Ya estaba casi en la salida cuando la voz imperiosa del padrino lo detuvo.
-¿Cómo nos llamaste?
Harry volteó con el rostro desencajado de miedo.
-Dije... -tragó en seco- dije papá Remus y papá Sirius... ¿Hice mal?
Pero el cálido abrazo en que lo envolvieron fue respuesta suficiente.
-No pequeño, ha sido en verdad excelente.
Los ojos azules estaban húmedos al alzarse y el niño suspiró audiblemente. Una mano cariñosa le revolvió el cabello, levantó la cabeza para topar con unos orbes color miel, también arrasados de lágrimas.
-Anda, ve, sabes que Percy es un quisquilloso.
Harry asintió en silencio y corrió a la salida.

Hogwarts, la escuela, era un plantel enorme, donde asistían los hijos de no pocas familias aristocráticas. Las pasiones de los educandos se enfocaban, fundamentalmente, hacia los cuatro clubes deportivos que funcionaban en indetenible competencia. El más antiguo era el club de esgrima, espacio tradicional de los chicos con títulos de nobleza. Luego se había fundado el club de ajedrez, centro por definición de los sabihondos y maquiavélicos. Los clubes de football y tiro habían nacido casi juntos, a principios del siglo XIX y sus integrantes eran cordialmente despreciados por los de los otros dos, aunque la mayor parte de los trofeos hubieran llegado gracias a tales deportes. Desde el principio, Harry se incorporó al club de tiro, alentado por el circunspecto Percy, los ruidosos siameses y los nobles precedentes de Charlie en ese rubro. No tardó en destacar, y a la altura de tercer año (14) era uno de los mejores tiradores en edad juvenil de Gran Bretaña.

Fue precisamente en agosto de 1998, en las vacaciones antes de cuarto año, que los tres se fueron a Paris. Guiados por los libros de Víctor Hugo y Hemingway recorrieron sus bares e iglesias, y de la mano de los primos de Deacon conocieron los sitios más oscuros e intensos de la gran Ciudad Luz. Finalmente eligieron tres sitios mágicos para ellos.

-La Torre Eifel -dijo Sirius-, quiero sentir unas rejas que no sean una prisión.
-La tumba de Oscar Wilde -dijo Lupin-, porque en verdad es importante llamarse Ernesto.
-La tumba de Edith Piaf -pidió Harry-, porque nos parecemos mucho.

Así que compraron flores para su última jornada en Francia y acabaron en uno de los restaurantes de la esbelta torre. Fue allí, entre las mesas y las nubes, que Sirius notó lo que parecía un flirt entre su hijo -era legalmente su hijo desde 1996- y una francesita de unos trece años y cabello rubio. Cuando el chico volvió a su asiento él carraspeó un tanto incómodo e intento poner cara seria. Remus, que había visto todas sus expresiones y sabía por donde iba sonrió, y optó por ocultarse tras el menú.

-¿Es simpática? -dejó caer el hombre sin darle mucha importancia.
-¿Geraldine? -Harry se encogió de hombros- Intercambiamos nuestros correos, supongo que nos escribiremos.
-Son amigos, entonces.
-Pues... si. -el tono era más que vago.
-Bueno Harry, ¿sabes? Tu repentina amistad con esa francesita me recordó que hay un tema sin abordar entre nosotros y, como tú ya estás creciendo, creo que... sería bueno hablar de ello ¿no?
El chico miró a su padre con sorpresa y luego con evidente diversión.
-Vamos Sirius, que en la primaria enseñan cómo se hacen los bebés.
-¿En primaria? Pues sí que van rápido.
-Oh, si. Conozco algunos que "en verdad" van rápido. -la cara del chico era evocativa, pero retomó el tema rápidamente- Sin ofender, papá, pero no creo que tengas mucho que explicarme al respecto. En la escuela hablaron de cómo se hacen los niños, versión documental -recalcó-, de cómo se contraen las enfermedades venéreas y de cómo protegerse. -ahora sus palabras fueron claramente irónicas- Agreguemos que, por mis propias experiencias... familiares, se que la sexualidad es un fenómeno diverso y que las personas pueden sentirse atraídas por seres del sexo opuesto, o de su mismo sexo, sin que eso las desmerite social o familiarmente. Eso es todo ¿no?
-Para nada.
-¿Perdón?
-¿Dónde estás tú en ese discurso Harry, y dónde está el amor?
-¿El amor?... -su cara mostraba sincera incomprensión- ¿Qué tiene que ver al amor? Hablábamos de sexo.
Sirius suspiró, esto sería más difícil de lo que esperaba.
-¿Sabes cuál es la diferencia entre hacer el amor y tener sexo?
-No.
-¿Tienes una idea de por qué las personas se prometen fidelidad en el matrimonio?
-¿Para evitar las enfermedades?
-Entonces no te han enseñado nada. Escucha...

La charla se prolongó durante todo el vuelo de regreso a casa, y ocupó la cena. Remus no tardó en incorporarse y el diálogo rebeló mucho para el joven. No solo porque los dos adultos se vieron forzados a usarse como ejemplos, sino porque Harry, alumno incauto, indiscreto y exigente, los obligó a sacar a colación ejemplos de sus libros o filmes favoritos. A repensar para poder plasmar en palabras lo que les mantenía unidos, lo que les había hecho permanecer célibes durante casi una década. -el chico abre los ojos como platos ante semejante declaración y estalla en carcajadas, lo que da por terminada la clase con un portazo de su padre y gruñidos confusos sobre la juventud descreída de los noventa.

A la mañana siguiente Harry aún tenía algunas preguntas, que decidió evacuar con Remus, antes de que fuera sometido a examen esa tarde, en la extraña asignatura de "Amor, Sexo y Vida responsable". Se reunieron en el despacho mientras el sol caía y él expuso sus conclusiones ante un inquieto Sirius y un optimista Remus.

-De acuerdo, entonces, si me voy a una fiesta y me lío con alguien, es tener sexo. Sigue siendo sexo si le invito a una pizzería y solo le miro el pecho o el paquete. En esos casos HAY que usar preservativo sin dudarlo. Pero si conozco a una persona, hablamos por horas, coincidimos en docenas de cosas, el tiempo se nos pasa volando, y solo vamos a la cama tras conocernos bastante y porque siento un impulso irrefrenable de hacer feliz a esa persona, entonces estoy ¿haciendo el amor?
-Va por ahí el asunto. -concedió Remus.
-Pero ¿hago el amor porque estoy enamorado o me enamoro mientras hago el amor?
-Yo creo que haces el amor porque estás enamorado, pero puede que no lo sepas, todavía. -explicó Sirius.
-¿Y cómo lo sabré? ¿Cuándo sienta que el preservativo sobra?
-No, no, no. El preservativo no sobra hasta que hayas hablado con tu pareja del asunto. ¿OK?
-Si Remus.
-Sabrás que estás enamorado dentro de tí, Harry. -y Sirius tomó una mano de Remus de repente- Cuado despiertes tras haber soñado que eras viejito y esa persona estaba a tu lado.
El joven hizo una mueca de desconfianza. Remus rió.
-¿Recuerdas aquel día, cuando nos llamaste papá Remus y papá Sirius?
-Si.
-¿Lo pensaste?
-No, recuerdo que no estaba seguro de cómo despedirme y decirles que eran importantes. Esas palabras salieron de mi boca sin permiso, pero no me arrepiento.
Los mayores intercambiaron una mirada de comprensión y Sirius estrechó el hombro del muchacho.
-De eso se trata Harry, sentir que alguien es importante porque no ocupa un lugar que esperabas llenar, sino uno desconocido hasta entonces. Las palabras saldrán de tu boca sin que lo sepas, pero ¡por amor de Dios!, no te olvides de los preservativos.

TBC...

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