¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

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28 abril, 2007

DE LEYES Y VENGANZAS 6

REGRESO A CASA

Para el cumpleaños de Harry, el 31 de julio, los Weasley organizaron una gran fiesta en su casa, allí estaban muchos amigos de la escuela y cada uno trajo un regalo, un regalo que Harry no temía perder a manos de Dudley.

El regalo de Remus había sido el primero del día, pues consistió en irse de compras por las tiendas más exclusivas de Londres. Harry no estaba muy seguro de cuánto habrían gastado, porque Remus no le dejaba mirar precios, solo preguntaba ¿te gusta? Habían comprado ropa para todas las estaciones, zapatos, libros, toallas, sábanas, esquíes, plumas, lámparas de mesa, papel de pared, un buró, cortinas, ropa interior, un teléfono, mochilas, walkman, un equipo de sonido, peines, champús, gel de baño, una bicicleta... Dónde iban a guardar todo eso fue algo que Remus tampoco rebeló.

Al final de la fiesta, sazonada por las acrobacias de unos gitanos amigos de Charlie, el mayor de los Weasley, y los trucos que los siameses y Ron habían desarrollado -¿cuántas cosas se pueden hacer con tres locos y diez pares de piernas y brazos artificiales?- Harry abordó el auto de sus flamantes padres y se durmió. La verdad es que no lo dejaron descansar mucho, porque el auto se detuvo como a tres calles y Sirius le hizo bajar ante una casa de amplio jardín y tres plantas.

-Bienvenido a casa.

Al principio, creyó que estaban de broma, pero la mirada feliz y segura de aquellos ojos azules le hizo comprender. Era verdad, estaba en su casa. El hombre remató su gesto dejándole caer un llavero en las manos.

-Pasa, ya era hora de que regresaras.

Loco de felicidad, el chico se lanzó corriendo hacia la puerta y empezó a recorrer las habitaciones. Sentía que Sirius y Remus le seguían y a cada rato tocaba las paredes con una ligera opresión en el pecho. Era extraño, todo, las paredes, las curvas, los escalones, le parecía extrañamente familiar. Unos susurros desde el piso de arriba le atrajeron, sonaba como una canción de cuna.

Subió las escaleras y empezó a abrir puertas, pero su paso se hizo más lento porque la opresión ya era un claro dolor. Sentía las palabras de los dos hombres lejanas. En cambio, dos personas discutían ahora, pero era riña alegre. “Que vayas tú, yo le cambié los pañales hace una hora... Oye Moony, ¿no te das cuenta de que reviso documentos sensibles?”.

Al fin, se detuvo ante una puerta pintada de verde, no estaba seguro de querer abrir, pero las voces volvieron mientras las cosas a su alrededor de tornaban borrosas. “¡Lily, coge a Harry y vete! ¡Es él!” Un niño lloraba fuerte, con sus últimas fuerzas hizo girar el picaporte, debía conseguir ayuda. “¡A Harry no! ¡A Harry no! Por favor” Pero no pudo llamar a Remus ni a Sirius, Harry se deslizó hacia el piso sin fuerzas para más.

Despertó escuchando voces, eran Sirius y Remus, no sonaban demasiado amigables. Abrió los ojos lentamente, estaba en una habitación en penumbras, echado sobre una cama.

-¡Te dije que sería demasiado para él! -Remus le reclamaba algo.
-Nadie pudo prever esto... -la voz de Sirius era dolida- ¡No me culpes!
-Es culpa de los dos. -admitió Remus con voz amarga.
-¿Qué pasó? -dijo Harry al fin.
Los hombres se inclinaron sobre él con rostro preocupado.
-Parece que la emoción fue mucha y empezaste a hiperventilar, luego tuviste un desmayo. -explicó Remus con voz dulce- Nada del otro mundo.
-¿Quién gritaba?
-¿Gritar? -los adultos intercambiaron miradas, Sirius tenía inquietud en los ojos - Nadie ha entrado en esta casa en casi diez años, hasta hace tres días.
-La puerta verde, dentro había gente, los oí. Un hombre, una mujer y un bebé que lloraba, lloraba mucho. -la angustia volvió a apretarle el pecho- Y antes, en el pasillo, escuché a un hombre llamado Moony.
-¿Moony? -Remus lo miraba casi con temor- ¡Pero ese soy yo! Nadie me ha llamado así desde... Solo Sirius me llama así.
Harry se quedó quieto en el lecho, a medias avergonzado por el mal inicio de la noche.
-Yo... todo este lugar me parece familiar, pero eso es imposible. ¿Verdad? Es, es extraño, como si toda mi vida hubiese añorado regresar.
-Simplemente estás recordando. -dijo Sirius con voz profunda, se dejó caer junto a Harry y le revolvió el cabello- Disculpa pequeño, de saber que la casa te pondría así no te habríamos dejado caminarla solo.
-¿Acaso estuve aquí antes?
-Tu primer año de vida transcurrió en estas paredes -explicó Remus- Esta casa la compramos tus padres, Sirius y yo hace unos doce años. La puerta verde, donde te desmayaste, era el cuarto de ellos. Allí fue donde...
El hombre de ojos color miel volteó de repente y medio contuvo un sollozo. Harry se quedó de piedra, sabía la respuesta.
-Donde los mataron. ¿No? Eso que recordé eran sus últimos momentos. ¿Yo estaba con ellos?
Sirius asintió en silencio, se notaba que no era esta la manera en que deseaba terminar el cumpleaños de su ahijado.
-Tu madre murió protegiéndote, una bala te rozó la frente y te dejó inconsciente, el asesino te creyó muerto. Es esta cicatriz.
Y delineó con la punta de su índice una cicatriz en forma de rayo en la frente del chico.
-Pensé que me la había hecho Bernon. -dijo Harry con voz neutra.
-¡Vaya! Ese fue un comentario muy maduro. -admitió el de pelo castaño claro, ya recuperado.
El chico sonrió y desvió la mirada, no estaba acostumbrado a los halagos. Se puso a detallar la habitación y empezó a reconocer algunos objetos.
-¿Dónde estamos?
-En tu cuarto, tonto. -bromeó Sirius- ¿Compras las cosas en la mañana y ya no las recuerdas?

Harry saltó del lecho y corrió a encender la luz eléctrica, los suaves rayos de la luna estaban bien para hablar de recuerdos, pero no para detallar su recámara. Cuando la lámpara del techo inundó la estancia, debió contener un grito de asombro y alegría.

Ahí estaban todas las cosas que Remus le compara en la mañana, pero no dispuestas en cajas, todo estaba desembalado y ordenado, tan solo a la espera del dueño. La pared, empapelada con diversos tonos de azul, el suave piso de madera oscura. La cama, con su cobertor de flecos. Desplegó las puertas del closet y halló toda su ropa colgada y doblada con esmero. Entró al baño, Su baño, y vio dispuestas las toallas, y en el botiquín el cepillo de dientes rojo que parecía un gatito. Regresó directo a los brazos de los adultos que le esperaban sonrientes.

-¿Cómo pudieron hacer todo esto?
-Con un poco de ayuda, los gitanos amigos de Charlie ¿recuerdas? Son excelentes para trabajos rápidos y discretos.
-Eso suena macabro, ¿no Sirius?
-Bueno, si, pero es que... -un suave pellizco de Remus le hizo callar.
-No hables de más Sirius. Ya es hora de que descanses pequeño, date un baño y duerme.
Remus empezó a separarse e intentó conducir al hombre de largos cabellos a la salida.
-Para cualquier cosa, estaremos dos puertas más adelante, buscando la escalera. ¿de acuerdo? La puerta estará abierta.
Harry asintió, feliz y cansado. Se dio una ducha rápida y calló en el lecho.

Despertó a media noche, temeroso. Se levantó y caminó en silencio hasta la puerta que le indicara Remus. Esperaba ver salir al tío Bernon de cada rincón, pero nada ocurrió. Harry abrió la puerta despacito, allí, en una ancha cama matrimonial, dormían dos hombres de rasgos familiares. La oscura cabellera de Sirius era apenas una sombra más oscura entre las penumbras de la habitación. Sus brazos, nervudos y largos, estrechaban a un hombre delgado y pálido. El niño esbozó una sonrisa, esa era la imagen más tranquilizadora de su breve existencia. Regreso con paso ligero a su propia camita. A la mañana siguiente, no lo recordó.

TBC...

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