¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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23 abril, 2007

DE LEYES Y VENGANZAS 2

PRIMER ACERCAMIENTO

Las siguientes semanas fueron muy tensas para Harry, a cada momento esperaba ver a Sirius en la puerta para llevarle lejos de Little Surrey. No estaba muy seguro de a dónde, pero se imaginaba un sitio parecido a la casa de Ron: cálido, lleno de fotos de sus padres, y del misterioso Remus. Se dedicó a estudiar a sus tíos: notó que su nerviosismo aumentaba y trataban de cambiar su relación con él. Bernon estaba irritable, pero se contenía y no le golpeaba. La tía Petunia le prohibió limpiar los baños y cortar el césped. Dudley gritó cuando le mudaron del hueco bajo las escaleras al cuarto de juguetes, un trastero donde se amontonaba lo que el gordo rompía y, ¡para colmo! Bernon le dijo que no podía golpear a Harry bajo pena de hambre.

La señal definitiva vino el primero de julio, cuando en el buzón aparecieron dos cartas de la Corte de Menores de su Majestad, una para Bernon Dursley y otra para Harry Potter. Al recoger el correo esa mañana Harry contempló el sobre -era azul y ancho- intrigado. Entró a la cocina en una nube, entregó las cartas a su tío y se dispuso a leer la suya, pero Dudley fue más rápido y se la arrancó.

-¡Harry robó una carta! -era evidente que deseaba que lo golpearan de nuevo.

La reacción de Bernon no pudo ser más clara para Harry, ni más extraña para Dudley: el hombre miró el sobre y lo devolvió al chico con una mirada de puro odio. Harry no dijo nada, tan solo terminó de rasgar el sobre y, antes de leer, miró a su tío de nuevo.

-También hay uno para usted. -dijo y se sumergió en la lectura.

Señor Harry Potter:

El señor Sirius Black ha iniciado los procedimientos para reclamar su custodia, hasta este momento otorgada a Bernon y Petunia Dursley. Como parte de estos recursos ha solicitado a la corte una entrevista controlada con usted, el próximo 15 de julio. Para aceptar o negar este encuentro por favor, llame a nuestras oficinas dentro de las veinticuatro horas posteriores a recibo de su carta.

Atentamente
Susan Bones
Oficina de Coordinación de la Corte de Menores de su Majestad

Y abajo seguían la dirección y los teléfonos. No perdió tiempo, se escurrió a la puerta y ganó la calle. Sabía que en el centro comercial Bernon no podría tocarle un cabello, por los agentes de seguridad. Llevaba la carta bien apretada y el corazón palpitante. Al doblar la esquina miró hacia atrás, le extrañó que ni su tío ni Dudley le persiguieran, pero siguió con el plan.

Todo fue bastante fácil, gracias a la tarjeta de Mione. Susan resultó ser una mujer de voz amable que le explicó todos los detalles y le deseó suerte. Harry colgó, satisfecho, y volteó para enfrentarse a la terrible humanidad de su tío.

-¿A quién llamabas? -siseó.
-A la Oficina de Coordinación de la Corte de Menores de su Majestad. -respondió el chico con la seguridad que le daban el sitio.
El hombre rechinó los dientes y Harry se preguntó si sería capaz de golpearle en público. Nunca tuvo que averiguar, pues Petunia intervino.
-Bernon, cariño, el chico tiene derecho a llamar a quien quiera. -Harry la miró sorprendido. Ella extendió la mano y lo obligó a caminar a su lado- Vamos, debes comprarte ropa nueva para esa entrevista.

Y se llevó al sorprendido Harry Potter a la tienda, ¡de compras!

El 15 de julio se demoró cantidad. Esa mañana Harry se vistió con su traje nuevo, guardo la foto en lo más hondo de sus bolsillos y montó en el auto de los Dursley. El cielo era brillante y él supo, muy adentro, que ya nada sería igual.

El edificio de la corte era grande y gris. Susan le había explicado por donde era la entrevista, así que se lanzó con paso seguro por el dédalo de galerías, apenas seguido por sus resoplantes tíos. Al doblar la que calculaba era la última esquina se detuvo en seco: allí, al final del pasillo, estaban Remus y Sirius, hablando bajito. También estaba un oficial y una mujer de corta melena rubia que se acercó.

-Hola, soy Susan Bones.
-Mucho gusto, yo soy Harry Potter.
Susan lo miró atentamente, así como a su ropa. Iba a decir algo más, pero fue interrumpida por los tíos, que llegaban en ese momento.
-¿Dónde se metió...?
Petunia se detuvo a unos pasos, pero al ver a Sirius se acercó a Harry y lo abrazó.
-Ese tipo mató a mi hermana ¿y le permiten reclamar a mi sobrino?
Pero el chico se separó de ella bruscamente.
-Retiraron todos los cargos tía, lo dijeron en la TV.
Ella gruñó su molestia, pero no dijo nada más, ni intentó volver a tocarlo. Susan condujo a Harry dentro de una oficina con una mesa ancha y dos sillas, le hizo sentarse.
-Ahora vendrá Sirius. Creo que lo entendiste por teléfono todo, pero te repito que esta reunión no te obliga a nada. Yo estaré allí -señaló una sillita en el fondo- y si deseas algo o quieres terminar, me llamas. ¿De acuerdo?
El asintió y Susan fue a llamar al hombre de la TV. Sirius se sentó frente a él, Susan fue a su rincón y...

-Hola -empezó el mayor.
-Hola -respondió Harry todo nervioso.
-¿Sabes quién soy?
-Sirius Black -dijo el chico con una sonrisa-, tú estabas en el hospital con mi mamá cuando nací, y vienes a buscarme.
El hombre lo miró divertido.
-¿Cómo sabes esas cosas?
Harry se revolvió un poco en el asiento.
-Lo del hospital es un secreto, solo se lo diré al Juez, si pregunta. Lo otro dijiste en la TV. ¿Ya tienes casa? -disparó.
Sirius lo miró extrañado y él temió haberse apresurado mucho.
-Si -había cautela en su voz- renté un apartamento. ¿Te parece bien?
-Por mi... casa, apartamento, hotel, cualquier cosa sirve.
-No Harry, cualquier cosa no. El juez tiene que decidir si es mejor que vivas con los Dursley o conmigo, no te puedo llevar a un trailer.
-Pero yo hablaré con el Juez -explicó Harry esperanzado- y le diré que quiero ir a vivir contigo.
-A veces, no sabemos qué es en realidad lo mejor para nosotros, eso ocurre mucho cuando somos pequeños, pero también le pasa a las personas grandes. Por eso vamos ante los jueces, que son gente sabia, para que nos ayuden. ¿Entiendes?
La alarma se disparó en su mente.
-¿Y cómo el juez sabrá...?
-En el juicio, no tardará mucho, lo prometo.
-¡Pero el juez puede equivocarse! -dijo Harry lleno de miedo, no se dio cuenta de que había alzado la voz- Puede equivocarse y ¡me voy a quedar solo se nuevo!

El pánico lo golpeó, de repente Harry se dio cuenta de que esas semanas habían sido bellas por la esperanza de que Sirius lo sacara de su miserable vida con los Dursley. Si el juez lo alejaba, Harry no se sentía con fuerzas para retomar su antigua rutina. Empezó a gritar y estiró los brazos en un vano intento por tocar al hombre.

-No quiero ¿entiendes? No quiero volver a cortar el césped, a fregar la loza, a ser el saco de boxeo de Dudley. Llévame Sirius, por favor, sácame de aquí.

Susan, que no había perdido una palabra, se levantó de su sillita y le abrazó. Sirius se quedó estático, mirando con ojos impotentes la escena.

-Ya está bien Harry -dijo la mujer con voz dulce- Sirius siempre va a estar cerca, aunque el juez diga que vivirás con los Dursley él te ira a visitar, y te mandará postales de Navidad. No llores pequeño, no llores.
-¡El me tiene asco Susan, no quiere tocarme! -reclamó el niño entre hipidos.
-No mi corazón, lo que pasa es que no puede tocarte, es la ley.
-Yo quiero que me toque, solo estrecharle la mano. ¿Es que a nadie le importa lo que yo siento?
-Vamos a hacer algo, pequeño. Ahora Sirius va a levantar su mano y la va a acercar -volteó hacia el hombre- Vamos Sirius, hazlo.
-¿Estás segura? -ella asintió y él la obedeció.
-Y ahora tú vas a extender la mano también. -tomó la mano del chico, estiró sus dedos y la puso a la altura de la del hombre, de modo que las palmas y las puntas de los dedos se rozaban- ¿Sientes el cariño de Sirius a través de su palma?
Harry asintió despacito.
-Bien, ahora Sirius también siente tu cariño. Ya sabes que no te tiene asco, lo que pasa es que él sabe que el juez no se va a equivocar.
El niño asintió, bastante convencido, pero siguió rozando la otra palma de su mano como si en ello le fuera la vida, hasta que Susan apartó el brazo.
-Debes confiar en nosotros Harry. ¿De acuerdo?
-De acuerdo.
-Y ahora Sirius va a salir, pero lo verás cuando se reúnan ante el juez. ¿Entiendes?
Harry aceptó reticente y Sirius abandonó la estancia. Susan se quedó mirando fijamente al chico.
-¿Deseas una soda? Voy a buscarla, no salgas de aquí.

Susan lo dejó solo, y se demoró bastante, al rato Harry sintió unas voces discutiendo fuera, reconoció la aguda voz de Petunia y la serena de Susan. Al cabo, la rubia entró, con un vaso de refresco y una gran sonrisa.

-Bueno, acabo de arreglar algo mi niño. ¿Quieres ir a quedarte con tu amiga Hermione hasta que termine el juicio?
El chico se quedó sin palabras ante aquello.
-¿Cómo sabes...? -pero ella sonrió pícara.
-Es un secreto, solo se lo diré al Juez, si pregunta.
El sonrió y sacudió la cabeza, alegre.

Al salir, los Dursley estaban en un rincón, molestos. Harry se pegó a Susan, temeroso de que lo halasen. Al final de la galería estaban Remus y Sirius, sonrientes. Harry les dijo adiós con la mano y siguió andando, con el corazón ligero.

Susan lo llevó en un auto de la Corte a la casa de su amiga, por el camino la explicó que la vista oral del juicio estaba fijada para una semana después. Allí estarían sus tíos, y Sirius, con sus abogados, y también Harry, junto a ella, y todos, por turno, le explicarían al Juez Albus Dumbledore lo que pensaban y luego él emitiría una sentencia.

-¿Y si el juez no le cree a mis tíos, ni confía en Sirius? -indagó preocupado el chico.
-Eso es poco probable Harry, porque Sirius ha demostrado que te quiere mucho todos estos años, aunque tú no lo sepas. Además, le vas a contar al Juez cómo es tu vida en casa de los Dursley, por qué tienes miedo de volver allí.
-No me creerá. -afirmó el niño, pero Susan le obligó a mirarle.
-¿Por qué no iba a creerte?
-Una vez escribí todo lo que me pasaba en casa y la maestra dijo que me lo había inventado, que dejara de imitar a Dickens, y me reprobó en escritura.

Susan curvó las cejas, pero en vez de comentar sobre la actitud de la maestra acarició el revuelto cabello de Harry. Ya estaban ante la casa de los Granger, un matrimonio de dentistas muy ordenados y cariñosos. Hermione salió corriendo para abrir la puertezuela y abrazar a su amigo.

-¡Harry, que bueno verte! -lo jaló fuera del vehículo y empezó a hablar de modo atropellado por la emoción- Hace poco llamaron de la Corte de Menores diciendo que había un problema con tus tíos y que necesitabas un sitio para quedarte. Mi papá no lo pensó y dijo que la habitación de invitados es para ti. ¿Verdad que mi papi es genial? Oye, estás muy elegante, esa ropa es de tu talla. -ya estaban en la salita- Dime, dime. ¿A tus tíos los arrolló un auto? ¿Escapaste con ese hombre, Sirius? ¿Metiste a Dudley en tu alacena?

Harry empezó a reír ante la avalancha de preguntas y los saltitos de emoción de su amiga, Susan la miraba reflexiva.

-Mione -pidió Harry- si no te detienes no podré contestar.
-¡Es verdad! Pero es que es tan emocionante que hayas dejado esa casa.

Estuvo a punto de soltarle todas sus aventuras, pero los padres de su amiguita llegaron con un servicio de té y le pareció más prudente esperar. Los adultos hicieron las presentaciones y Susan explicó que Harry se quedaría bajo la custodia temporal de los Granger hasta el final del juicio.

-Será necesario que lleven al chico de compras, porque nada más tiene ese trajecito, los gastos me los reflejan acá -pasó un talonario de cheques a los anfitriones- y la Corte se los reembolsará. -consultó el reloj- Creo que es mejor si van ahora, porque mañana la prensa les montará guardia.
-¿La prensa? -Harry y su amiga parpadearon de emoción.
-Claro, Sirius es famoso, y ya deben saber que se inició el proceso por tu custodia. -le miró fijo, su tono fue terminante- No hables con ellos Harry, aunque sean muy amables. ¿De acuerdo?
-De acuerdo.

Entonces los Granger propusieron a los niños que subieran a ver la habitación mientras ellos conversaban con Susan. Harry y Mione corrieron por las escaleras y al fin el trigueño pudo contarle a su amiga sus aventuras. Al rato los llamaron, Susan ya se había marchado, y partieron raudos a un centro comercial para el segundo día de compras de Harry en su vida.

TBC...

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