¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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30 abril, 2007

DE LEYES Y VENGANZAS 16

¿CAEN LAS MASCARAS?

Draco giró y empujó a Potter contra la pared. Fue un acto reflejo, cuya velocidad respondía a los entrenados sentidos del esgrimista. Sujetó el cuello del moreno con su delgada mano, que la tensión muscular hacía lucir casi sarmentosa. Su rostro estaba muy cerca del de Harry de nuevo, pero por razones absolutamente distintas, ahora sus ojos tenían una expresión peligrosa, su voz fue un siseo escalofriante.

–No te atrevas a mencionar a Blaise de nuevo. El no existe ¿entiendes? ¡No existe! Y si intentas usarlo para acercarte a mi, te borrare del mapa Potter. Los borraré a ti, a Salvador, al pelirrojo y a todos los demás. –retrocedió unos pasos y dejó respirar al joven.

Harry inhaló profundamente y empezó a masajearse el cuello. Draco lo miraba con extrañeza, parecía no estar seguro de cómo habían llegado esas marcas rosadas a la piel de su acompañante. Luego estudió su mano, la volvió, observando alternativamente la palma y el dorso. Su expresión pasó de la extrañeza al asombro y de ahí al pánico.

Paralizado de fascinación, Harry vio como la respiración de Draco se alteraba a la vez que tomaba conciencia de todo lo había dicho y hecho en aquellos breves segundos. Una extraviada mirada gris se posó en él.

–Los Malfoy no aman, poseen. –dijo el rubio con voz cavernosa, luego puso los ojos en blanco y se desmayó.

Harry alcanzó a detener su caída y se inclinó para tenderlo en el suelo. Corrió hacia uno de los sofás y tomó un cojín para ponerlo bajo la cabeza del rubio y, cuando iba a darle unas palmadas en la mejilla, sonó su celular. El moreno hizo una mueca de fastidio y extrajo el aparatito de su bolsillo.

–Potter… –miró fijamente al hombre tendido en la alfombra– No, no puedo salir con ustedes… Tengo ganas de leer… Bien, que bueno que lo entiendes… Chao.

Cortó la comunicación y se acercó de nuevo a Draco, consideró despertarlo, pero el movimiento de sus párpados le indicó que el rubio estaba reaccionando por si mismo. Conciente de lo importante que parecía para el futuro conde su espacio personal, se alejó varios metros y se sentó en el suelo, expectante.

Draco movió los labios lentamente y se llevó una mano a la cabeza, hizo un gesto de dolor y abrió los ojos despacio. Se tomó unos instantes para mirar el techo y las paredes. Suspiró.

–¿Evan? –llamó en voz baja y con una gota de recelo–, ¿Evan? Lamento haberme dormido.

Movió la cabeza hacia donde se encontraba Harry, una sonrisa seductora y sumisa surgió automáticamente. Draco giró sobre si mismo y gateo hacia el moreno, sus gestos eran lánguidos.

–¡Ahí estás! –ronroneó– No te habrás puesto bravo, ¿cierto? Es que me sacáis el jugo Igor y tu. –ya estaba muy cerca, Harry esperaba que lo reconociera, pero los grises ojos estaban totalmente desenfocados.

Para rematar, el rubio bajó los párpados y se inclinó hacia la oreja izquierda de su interlocutor. Su voz aterciopelada y el cálido aliento en el lóbulo de la oreja casi le hicieron perder la cabeza.

–Te voy a compensar, Evan. Haremos el número que tanto te gusta con tu lindo San Bernardo, y todo por el mismo precio. –le lamió despacio la piel detrás de la oreja– ¿Aceptas?

Harry decidió que ya era demasiada información. Podía lidiar con la idea de que su primo no quisiera hablar sobre sus tendencias bisexuales, pero lo del San Bernardo y el mismo precio era definitivamente repulsivo. Cubrió los ojos del rubio con sus manos y lo hizo retroceder hacia donde aún estaba el cojín, con movimientos suaves le dio a entender que se acostara. Draco soltó una risita medio excitada.

Harry respiró hondo. Tenía que contener las ganas de besarle, de obligarlo a hacer todas las cosas que su voz prometía. Golpeó levemente las pálidas mejillas.

–Draco, Draco. Vamos, despierta.
Los ojos del rubio se detuvieron brevemente en los ojos verdes de Harry y luego en su frente despejada.
–Potter –su voz volvió a ser dura, levantó un brazo para apartarle–. Ya estoy despierto.

Harry se encogió de hombros y caminó hacia la mesa. Entretuvo sus manos en un vaso de leche abandonado. Escuchó los torpes movimientos del otro para ponerse en pie, pero se mantuvo firme, mirando el diseño de los cubiertos, aún cuando la mirada de Draco le taladraba la espalda.

–¿Nos vamos? –preguntó con tono ausente.
Draco tardó un poco en responder, Harry supuso que trataba de ordenar en su perturbada mente los últimos acontecimientos. Deseó fervientemente que los dioses del olvido se apiadaran del rubio, porque alguien así no merecía tanta humillación.
–Nos vamos –repuso al fin Malfoy en un tono casi amigable.

Harry exhaló el aire que había estado conteniendo y fue por su chaqueta, luego mantuvo la puerta abierta para Draco. Atravesaron el salón principal del Pettit Eiffel en silencio, hasta que Antuan les interceptó.

–¿Ya se van los señores? –Harry tuvo la impresión de que estaba decepcionado y recordó vagamente que el Capitán debía saber sobre esos dos, Evan e Igor.
Frunció el ceño levemente.
–A mi primo le calló mal tu comida, Antuan. Lo voy a mandar a casa, pero si me enteró que se intoxicó con un filete tuyo –sonrió con expresión cruel–, demandaré a esta pocilga hasta los cimientos.
El tipo lanzó una mirada torva hacia el pálido Draco, volvió a enfocarse en Harry y se inclinó.
–Lo que digan los señores.
Ambos terminaron de alcanzar la puerta con algo de premura en sus pasos. En la acera, Goyle esperaba a su amo. Draco le hizo una seña y el hombre echó a andar. Los dos jóvenes le siguieron hacia el sitio donde el chofer había aparcado.

–¿Qué historia es esa de que me calló mal el pescado? –inquirió el rubio a escasos metros del Rolls Royce.
Harry levantó los ojos hacia él con muy bien fingida sorpresa.
–¿No lo recuerdas? En el restaurante, hablábamos de Sirius y Remus cuando comentaste algo acerca del calor. Empezaste a sudar, luego tenías frío. Yo dije que llamaría a Antuan, pero te negaste. Dijiste un par de incoherencias sobre un tal Evan –ignoró con todas sus fuerzas el brevísimo rubor en Draco–, inspector de alimentos me parece, que te dijo hace mucho que los pescados de este sitio no eran buenos. Entonces te acercaste. Me reí, creí que querías besarme, pero me caíste encima, desmayado. Yo… mmm… me asusté un poco.
Draco asintió y extendió la mano hacia él.
–Hasta más ver, Harry.
El de ojos verdes tomó la delicada extremidad y la retuvo bastante entre sus palmas. Era una mano suave, fresca…
–Nos veremos en la escuela, supongo.
–Probablemente –concedió el rubio y subió a su auto sin mirar atrás.

Harry Potter condujo todo el camino a casa con un agradable calor en las mejillas.

TBC…

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