¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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30 abril, 2007

DE LEYES Y VENGANZAS 14

Química

Draco dudó ante la puerta. El timbre estaba a escasos centímetros –casi suplicaba ser usado–, pero no se decidía. Para ser honestos todo el viaje, desde la Mansión Malfoy hasta la casa Black–Lupin–Potter, había sido una gran duda.

No se trataba de que Harry Potter / Salvador le atrajera de forma violenta –podía, simplemente, sepultar eso–, sino de Black. Ir a la casa de Sirius Black y ser reconocido en ella no acababa de parecerle agradable. Bueno, tampoco era su asunto ¿cierto? Sino de Lucius, Tía Bella y el resto de ellos. Cosa del pasado, algo que varios muertos habían zanjado cuando él tenía tres años y Potter uno.

Las palabras de su padre volvieron: "Haz tu vida confiando en tus fuerzas y tus sueños. Déjanos atrás si es necesario, pero vive". ¿Cuánto le había costado a Lucius esa frase de consuelo y aliento? Mucho. El padre que él conocía era un hombre celosísimo del legado familiar y las buenas apariencias, sin embargo, cuando la crisis se había presentado, Lord Lucius Tiberius Dante Malfoy –Vigésimo Sexto Conde de Slytering, miembro de la Orden de Calatrava y católico a la vieja usanza– había mandado todo al diablo por la salvación de su único hijo. Oh, sí: su padre le quería. Aunque tardó diez y seis años en demostrarlo y Draco necesitó ese mismo tiempo, más doce meses, para reconocerlo.

Si visitar a Harry Potter clasificaba como un pecado a los ojos de sus ancestros, decidió, era el menor de su ya larga lista.

Oprimió el timbre y esperó. Se oyeron pasos presurosos y la puerta giró poco después para revelar a un Harry Potter vestido con pulóver azul y negros pantalones de deporte, su pelo estaba húmedo y pegado en mechones que caían sobre la frente, ¡iba descalzo!

–¡Eres tú! –saludó el moreno con demasiada energía.

Se apartó en un gesto que invitaba a entrar y gritó hacia el interior de la casa mientras cerraba la puerta.

–Ron, ¡saca tu cabeza de la maldita nevera! Malfoy ya llegó.

Draco permaneció quieto, impactado por el liberal comportamiento de su anfitrión. Se fijó en un pelirrojo que se acercaba a ellos desde el fondo de la casa y se detuvo junto a la escalera, negligentemente apoyado en la baranda. Llevaba puesto un albornoz verde y sandalias, un ligero sonrojo adornaba sus mejillas pecosas y fruncía los labios alrededor de una pajuela color rosa inserta en una caja de jugo de pera.

–Harry, ¿dónde están tus modales? –comentó con voz demasiado feliz–. Primero debes preguntarle si desea tomar algo.

Dio una larga chupada a su bebida, ignorando el impaciente rostro de Potter.

–No. Primero debo arrastrarte fuera de la cocina para que hagas algo en nuestro proyecto de química.

–Yo hice algo. –repuso Ron, concentrado en la lista de nutrientes de la caja.

–¡Sin duda! –el sarcasmo en la voz del otro era notable, para diversión de Draco.

El rubio les observaba un tanto intrigado, la familiaridad entre esos dos era patente. ¿Serían pareja? La pregunta le generó una inusitada repulsión. Harry continuaba su diatriba.

–Ayudaste al embrollar las notas y proponer que buscáramos ayuda. Pero yo gestioné la ayuda y estaría correctamente vestido de no ser por tu idea del yacuzi.

"¿Tú idea del yacuzi?" Definitivamente sonaban como pareja. Nada para estropear el humor como una mala sesión de sexo.

–Harry –suspiró Ron. –Te estas volviendo tan aburrido como Mione.

–¿¡Aburrido como Mione!? ¡Esto es el colmo! Te recuerdo que Hermione, TU NOVIA, regresa en cuatro días y le prometiste tener el proyecto listo para entonces.

–Ya lo se, pero es algo que nos supera –algo en la calma que destilaba el pelirrojo molestaba a Draco. –Se lo explicaré y ya. ¿Te parece?

–No me parece –los dientes de Potter casi rechinaron. –No me parece en absoluto.

Draco tuvo la certeza de que era hora de intervenir, la cara de su anfitrión indicaba que estaba a escasos centímetros del límite. Dio un paso adelante.

–Potter, no creo que esta charla nos sea útil.

El moreno lo miró asombrado. ¡Había olvidado su presencia! Draco se sintió terriblemente indiscreto y miserable a la vez. Dedujo que ese tipo de discusiones eran cotidianas, y –solo reparar en el hecho era en verdad extraño– ¿por qué Potter deseaba recibirle "correctamente vestido"? La respuesta más obvia era halagadora, pero decidió enfocarse sobre cosas más urgentes.

–¿Podemos ver tus apuntes?

El aludido enrojeció de golpe, pero Draco fue lo suficientemente gentil para ignorarlo. Luego asintió y tomó por una puerta a la derecha del recibidor, hacia la biblioteca. Ron les siguió sin decir palabra.

Ya en la amplia estancia, tomaron asiento ante una mesa cubierta de libros y revistas científicas. Algunos volúmenes tenían el sello de Hogwarts, pero un número importante estaba encuadernado en rojo y oro, como los libros que se alineaban a su alrededor. Draco examinó los títulos de pasada y resopló: esa biblioteca estaba muy bien surtida. La voz de Harry lo apartó de su breve éxtasis bibliográfico.

–Este es el Proyecto –empujó varias hojas impresas en su dirección–, tal y como lo entregó el profesor. La mayoría de los materiales de consulta indicados está aquí –hizo un gesto hacia los tomos y boletines esparcidos–, y estas son nuestras notas –señaló unas hojas amarillas desparramadas a su alrededor.

¿Nuestras? Una mirada superficial revelaba la misma escritura –ancha y un poco inclinada a la izquierda– en todos los manuscritos visibles. Draco contuvo la sonrisa y comenzó a leer las indicaciones del Proyecto. Sentía los verdes ojos clavados sobre su cuerpo con la misma intensidad de aquel sábado en el Soho.

Cuando empezaba a hojear las notas, sintió un solapado bostezo frente a él. Harry fue a sacudir a Ron, casi dormido, pero la mano del visitante en su brazo lo impidió. Fue un intercambio rápido y eficiente de miradas:

"Déjalo dormir, así no estorba."

Harry protestó "También es su trabajo"

"¡Por favor!" las cejas de Draco se arquearon burlonas "¿Acaso va a aportar algo a partir de AHORA?"

El moreno se encogió de hombros con resignación y el rubio regresó a las notas. Ninguno de los dos se asombró siquiera un poco de que su muda conversación fluyera, como si sus lazos comunes fueran estrechos y antiguos.

Al fin, Draco dio por terminada la lectura. Sus ojos plata se enfocaron en el joven de ojos verdes a un costado de la mesa.

–Ahora dime, ¿cuál es, exactamente, tu problema con el proyecto?

Harry se rascó la cabeza un instante antes de responder.

–No tengo un hilo conductor. Todos estos materiales recogen experimentos, leyes y avances diversos, pero no logro hallar una línea lo suficientemente interesante como para enfocar todo a través de ella. Si seguimos así, solo podremos acumular fechas y nombres.

El otro asintió y se masajeó el entrecejo, sopesó despacio sus siguientes palabras.
–¿Te gustaría hablar de la química y los sentimientos?

Los ojos de Potter brillaban de curiosidad.

–Explícate –demandó.

Pasaron alrededor de dos horas en la biblioteca. Draco se sentía cómodo hablando de química, y Harry era un estudiante atento. Su buena memoria le permitía recordar referencias en este o aquel volumen, allí donde el rubio solo tenía sus sólidos conocimientos de química experimental y su vida –que se guardó muy bien. Para cuando el sol se ponía, ya las notas del ojiverde se habían duplicado, pero ahora en orden, a su lado los textos de referencia estaban perfectamente apilados, con pulcros marcadores de papel en cada página que planeaba citar.

Harry dejó caer la pluma y lanzó un suspiro de alivio. Todo su cuerpo parecía gritar "Al fin salí de esta". Draco lo miró comprensivo: la presión de los proyectos escolares era excesiva a menudo en Hogwarts, en especial en quinto y séptimo año. El de la cicatriz abrió los ojos y retomó un tema que había salido a flote en mitad de la explicación.

–Entonces, ¿todo lo que sentimos es física y química? ¿Pequeñas descargas eléctricas y moléculas diversas excitando las neuronas?

Draco torció el gesto ante la inquieta simplificación.

–Eso es tan cierto y tan tonto como decir que estamos rodeados de vacío. Por supuesto, funcionamos como una gran máquina electroquímica autorregulada, pero somos más que eso. De otra manera, Oscar Wilde y William Shakespeare no tendrían sentido.

Pero Harry no dejaba de estar preocupado.

–Si el amor es un número específico de reacciones en mi cerebro y mis hormonas, ¿no puede alguien falsificarlo?

–Para eso falta mucho Potter. Apenas comenzamos a entender los principios básicos del funcionamiento neuronal, manipularlos de modo certero llevará, cuando menos, varias décadas. La humanidad tiene retos más urgentes –concluyó casi para si.

El alumno asintió, pero la inquietud seguía agazapada en el fondo de sus ojos verdes.

–¿Tienes e.mail?

Draco parpadeó ante el brusco cambio de tema.

–Es que me gustaría enviarte el trabajo en uno o dos días, para que me des tu opinión sobre la redacción final. Todo es tan asombroso que temo perder el control y hacer un texto de ciencia ficción.

–De acuerdo –extrajo una tarjeta del bolsillo interior de su chaqueta–, aquí tienes.

Harry adelantó la mano para tomar el cartoncito y sus dedos se rozaron. Por alguna razón desconocida, ambos quedaron estáticos, concentrados en las sensaciones derivadas de la breve zona de sus cuerpos en contacto. Ninguno se atrevió a moverse o siquiera hablar. Estaban impactados por la intensidad de tan tenue vínculo, pero la magia fue rota por unos libros que Ron apartó con estrépito en medio de su sueño.

Se esforzaron por mirar a otro sitio y tosieron de manera artificial, tratando de recuperar la compostura.

–Creo que debo irme –aventuró Draco.

–Come algo antes, no debes manejar hambriento.

Malfoy aceptó, agradecido por el pretexto para prolongar su estancia, y ambos se dirigieron a la cocina.

Harry sacó de la nevera un par de recipientes de comida congelada y, camino al microondas, encendió el pequeño TV en que Remus seguía las noticias de la mañana. Draco tomó asiento en una banqueta alta, descargó su peso sobre la barra que hacía las veces de mesa para comidas rápidas y se concentró en el aparato. Aún de espaldas, Harry pudo reconocer los diálogos: Enma Thompson, Danny de Vito y Arnold Swasheneger discutían por el control del laboratorio.

–Me gusta ese filme –dijo por encima del hombro en lo que programaba el microondas.

–¿Mmm? –Draco no hilaba el argumento todavía.

–Se llama "Junior" –se sentó en la banqueta a su lado–, y es una excelente comedia. Dany de Vito y Swacheneger son dos científicos que desarrollan un nuevo medicamento para la fertilidad, pero, justo al borde de lograrlo, pierden los fondos y el laboratorio porque la universidad que los patrocina prefiere las investigaciones sobre óvulos de Enma Thompson, que es tremenda despistada. Como están en quiebra, de Vito propone el plan desesperado de embarazar a Arnold por tres o cuatro meses, para probar la efectividad del medicamento. Le roba un óvulo a ella – de hecho un óvulo DE ELLA– y lo implanta en el torso de Arnold. La cosa termina de complicarse cuando él se niega a detener el experimento, alegando que es su hijo. Para colmo se enamora de la inglesa, que no se da cuenta de nada hasta después de la mitad. Te digo, ¡es tremendo!

Draco le observó curioso.
–¿Vas mucho al cine?
Se sonrojó ante la inquisitiva mirada.
–Antes si, ahora prefiero alquilar los filmes y verlos en casa. No me gustan las multitudes. ¿Y tú?
Draco negó en silencio, pero sus ojos estaban de nuevo atentos a la pantalla. Harry no pareció ofenderse por ello, se dedicó a servir la comida.
–A propósito, ¿es eso posible?
–¿Qué cosa? –el rubio estaba enfocado en cómo tomar sus alimentos sin dejar de ver la creciente panza de Arnold.
–Lo que ocurre en la película, que un hombre se embarace.
–¿Piensas tener un bebé?

La pregunta había surgido para ganar tiempo y ocultar su propia sorpresa, pero, en cuanto terminó de hablar, supo que sus palabras habían sido MUY erradas. El rostro del moreno se tornó pétreo en apenas unos instantes, su respuesta fue fría y cortante.

–No creo.

Y se dedicó a su comida en un silencio tenso. Draco estaba francamente incómodo, se negaba a que todo acabase de tal manera.

–Creo que es cuestión de tiempo.

Harry levantó la cara lleno de asombro, se olvidó de cerrar la boca y el tenedor quedó a escasos centímetros, con un trocito de carne escurriendo salsa. Draco ignoró todo eso y continuó.

–En principio, el filme lo plantea correctamente: solo debes conseguir un estimulante bioquímico que induzca al organismo a hacer una función determinada, la píldora anticonceptiva nace de esa raíz. Solo es cuestión de interés, tiempo y dinero, pero imagino que pocas instituciones patrocinarían semejante idea.
–Pero –Harry no había encontrado su voz aún, solo un balbuceante sustituto–... el cuerpo masculino... ¿dónde iría el...? y... ¡¿Hablas en serio?!
–Tu preguntaste –se encogió de hombros y pinchó una papa.
–Era un chiste –admitió consternado.
–¡Oh! Mmm, ¿lo siento? –pero su expresión no tenía nada que ver con la leve disculpa, siguió hablado del tema con reposada frialdad. –El asunto es el mismo, más o menos, que el que te preocupaba allá arriba: nuestra naturaleza bioquímica. A nivel genético hombres y mujeres somos casi iguales, excepto por el par de cromosomas XX o XY. Ese par de paquetes de información define la formación de los órganos reproductivos y unos cuantos caracteres secundarios, pero la capacidad reproductiva puede estropearse en cualquier punto del camino, por malformaciones congénitas o accidentes durante la gestación y la vida del individuo. ¿Me sigues?

Harry asintió despacio y hablo tentativamente.

–¿Hablas de los hermafroditas?
–Esa es la versión tremendista del asunto –admitió–, pero también hablo de eso. Mira: por un lado se sabe que el organismo es susceptible a los estímulos de diverso tipo para desencadenar capacidades que, por diversas razones, no suceden espontáneamente y generan deterioro en la calidad de vida del individuo, por ejemplo, la insulina inyectable para los diabéticos. Por otro, recientes investigaciones demuestran cada día que las diferencias orgánicas entre los sexos son responsabilidad de –enumeró con sus dedos–: uno, los paquetes de información genética que activan las hormonas y otros estimulantes bioquímicos; dos, los roles de género impuestos por la cultura. De los roles de género la ciencia no tiene nada que decir, pero de las reacciones bioquímicas del organismo, si.

Draco se detuvo para tomar un vaso de agua y estudió a su interlocutor. Los ojos de Potter estaban pendientes de cada gesto suyo. Retomó su explicación.

–Durante el proyecto de la píldora anticonceptiva, la idea fue por ese camino, pero el objetivo era inhibir, no estimular. Los anticonceptivos hormonales engañan al organismo, sustituyen el ciclo de ovulación por otros procesos similares que "confunden" a los centros endocrinos de la mujer. De ahí que sea posible, en teoría, elaborar una droga que induzca a un organismo masculino a tolerar, temporalmente, los órganos necesarios para llevar un bebé en su interior. Por supuesto, la fecundación sería en probeta y el alumbramiento quirúrgico. ¿Satisfecho?

–Si y no.
Draco alzó una ceja, instándolo a explicarse y el moreno habló con reticencia, como si temiera decir un disparate.
–Primero dijiste que era cuestión de tiempo, ahora que es posible en teoría. ¿No te contradices?

–En absoluto, solo soy cauteloso. Te digo, ese esquema sobre el embarazo masculino es evidente para cualquier bioquímico o especialista en fertilidad un poquito soñador. El problema básico es que nadie puede, aún, plantearlo como proyecto de desarrollo. ¡Las razones políticas son obvias! Pero, además, con este mundo superpoblado ¿para qué queremos más bebés? Es como lo de sintetizar el amor. Hay que mejorar el acceso de todos al agua y la energía antes de enlatar sentimientos.

–Entiendo –el joven de la cicatriz parecía repentinamente abatido.
El joven Malfoy hechó un vistazo a su reloj y decidió que había tentado bastante a la suerte. Se levantó.
–Debo irme.

Su anfitrión pareció salir de un sueño al conjuro de su voz. Caminaron hasta el recibidor en silencio y Draco se demoró unos minutos en acomodarse el abrigo y la bufanda, fuera podía escucharse el viento frío de las frescas noches primaverales. Cuando cerraba el último botón escuchó una llave girar en la cerradura de la puerta principal y supo que su suerte se había agotado. Giró a tiempo para que sus ojos y los del recién llegado coincidieran desde el primer instante.

Sirius Black permaneció estático en la puerta, contemplando al pequeño clon de Lucius Malfoy cuya mirada, mucho más cálida de lo que jamás sería la del Conde, le recordaba infinitamente a su hermano Rabastan.

TBC...

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