¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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30 abril, 2007

DE LEYES Y VENGANZAS 13

LARGA ASAMBLEA

Howgarts no era tan ruidoso y chillón antes, en especial no la biblioteca. Pasó con desgana una página de su libro y suspiró. Tenía que admitir que no se trataba de la escuela, ni del clima, ni siquiera de la estúpida clase de Debates Sociales, sino de él. Le costaba retomar el ritmo, la especial cadencia de la vida escolar la parecía carente de intensidad y la mayoría de sus condiscípulos unos chiquillos mimados incapaces de sobrevivir por su cuenta. Dios del cielo, ¿había sido él así? Por supuesto, era el más mimado, el más creído, el príncipe de aquel mundo vacío y decorativo donde le había tocado nacer. Y creerse que el resto del universo era como su club y su casa le había puesto al borde del abismo.

Sacudió la cabeza, tratando de retomar el argumento de su lectura. Nada ganaría con recriminarse y recordar el pasado. Estaba de vuelta, su padre y sus amigos le apoyaban, no podía dar marcha atrás. Miró sus cuidadas uñas sobre el lomo del libro, su pálida piel hacía un fuerte contraste con la cubierta roja, las venas, azulosas y tenues, se percibían bajo la fina capa ósea. Sonrió, sus manos casi volvían a ser las de antes, delgadas, pálidas y fuertes, ya no eran aquellos huesos apenas cubiertos de piel correosa de diez meses atrás, cuando Lucius le encontró tirado en un arrabal de París.

Diez meses, menos de un año, pero parecía que ahora tres vidas estuvieran almacenadas dentro de si. Una fácil y estúpida, la del crédulo estudiante que fumó su primer pitillo a los doce años. Otra sucia y triste, la del adicto que vendió cada mueble de su lujosísimo apartamento para pagar los pinchazos y acabó prostituyéndose, con una sola idea clara: proteger a Blaise. Y ahora estaba dando los primeros pasos en la tercera, temeroso a menudo de que todo el cariño de su padre y el apoyo de sus amigos fuera un sueño de una dosis especialmente fuerte. No, ningún vuele duraba tanto y menos incluía episodios como el del sábado.

–Salvador…

Saboreó el nombre por enésima vez en cuarenta y ocho horas. El domingo había estado pegado a Lucius, luchando con los deseos de ir al Soho y buscarle. Ahora la Asamblea de Clubes le ayudaba a contener su atracción. Nada que viniera de ese barrio le haría bien. Chequeó su reloj y empezó a recoger sus cosas, Marcos le esperaba en la puerta del salón de reuniones en veinte minutos. Devolvió el libro y salió a las ruidosas galerías del colegio.

Caminaba despacio, con elegancia felina, su ropa negra de irreprochable corte y sus ojos duros lo separaban de la marea de jóvenes que se apresuraba a dejar el plantel con el fin de las clases de la tarde. Un par de chicos de primer año chocaron con él y estuvo a punto de caerse, un brazo fuerte retuvo.

–¿Soñando de nuevo?
–Bueno Marcos, la verdad es que el panorama no es demasiado seductor.
Avanzaron juntos en contra de la marea humana, en busca del lugar de la cita.
–Lo se, pero ahora que los niños nos pueden acusar de acoso sexual debes tener cuidado. Es la única razón por la que miro mi trayecto en esta escuela. –explicó con tono falsamente preocupado.
Draco rió, más que por el chiste, por el esfuerzo de su amigo en hacerle llevadera la estancia.
–Mejor explícame para qué diablos quieres que te acompañe.
–¡Vamos Draco! Todos sabemos que en septiembre volverás a ser capitán del equipo de esgrima. Yo solo soy un suplente.
El rubio negó despacio.
–No lo sé Marcos, una cosa es recuperar la destreza y otra, muy distinta, dirigir un equipo. Deseo ir poco a poco.
–Estamos de acuerdo. Por eso les dije a los chicos del equipo que esperaran hasta septiembre.
El rubio le miró asombrado.
–¿Ellos?... ¿El resto de los muchachos quiere que yo…?
–¡Por supuesto! Pero maniobré para que no se note que desean botarme. Les dije: "Esperen un semestre, hasta que Draco esté completamente en forma. Si lo atosigamos será contraproducente". –le guiñó un ojo cómplice– ¿Ves que hábil soy para evitar humillaciones públicas?
–¡Tu tienes demasiada autoestima para que alguien te humille! –repuso feliz.

Llegaron riendo hasta el local, tomaron las copias del informe a debatir esa tarde y buscaron asientos. Ninguno de los dos fue ajeno a los murmullos que la presencia del rubio generaba, pero prefirieron obviarlos. En pocos minutos la directora se ubicó en la mesa presidencial y el silencio se impuso.

Draco se recostó y dedicó su atención a los participantes. Hacía dos años que faltaba, así que muchos de los jefes de clubs eran nuevos, sin embargo, los conocía de la intensa vida social que llevara antes. Si, él estaba en contra de la separación entre clases, porque "Ay demasiadas chicas lindas por ahí como para exigirles que además tengan buena familia". Ahora esas personas a las que contemplaba como a piezas de caza eran sus iguales. En realidad siempre lo habían sido, incluso muchos eran mejores que él, solo que debió pasar dos años en el infierno para darse cuenta. Un codazo de Marcos le devolvió a la realidad. Justin Finch-Fletchley estaba argumentando algo, prestó atención:

–… y entonces, yo no entiendo por qué el Club de Esgrima necesita esos uniformes blancos y verdes, si la mitad del presupuesto se les va en lavandería. Creo que, en general, los gastos que se conceden a ese grupo son excesivos, basados más en las costumbres derrochadoras de sus miembros que en la realidad. La misma página donde explican la renovación del equipo es de una vaguedad insultante. Otros clubes, y no hablo solo por mi, reciben constantes presiones para ser racionales en los gastos y cuidadosos en la membresía, pero estuvimos a punto de aprobar todo lo propuesto por el señor Flint para el nuevo semestre sin una sola intervención. Lo menos que puede hacer su capitán es argumentar sus peticiones.

La intervención fue cerrada con ovaciones y Draco frunció el ceño. Cómo olvidar la solapada envidia de todos contra los esgrimistas. Lanzó una mirada preocupada a Flint, que ya se ponía en pie para responder.

–En realidad, no me gusta detenerme en nimiedades, por eso mi proyecto presupuestario en mucho más breve que el del señor Finch-Fletchley, el simpático capitán de football. Antes de definir los costos de nuestro nuevo material, hicimos búsquedas en internet para asegurarnos de que los precios fueran los menos gravosos para la escuela, sin detrimento de la calidad. El desglose es sucinto porque no necesitamos mucho, sino bueno. Si lo que te molesta, Justin, es la parte de la lavandería, préstame a tus porristas. Estoy seguro de que quitar manchas de sudor es más fácil que saltar sobre el fango en los partidos de lluvia.

Respetuosos aplausos y varias carcajadas fueron el tributo a Marcos. El joven se sentó y miró a Draco satisfecho, pero Finch-Fletchley tomó de nuevo la palabra.

–Creo que se me entendió mal. No pido explicaciones acerca de la diferencia de costo entre una espada y un florete, si vuestros "delicados" gustos exigen tal sofisticación, allá ustedes. Lo que si me parece que merece explicación es el acápite de renovación de personal. Sin embargo, de su silencio deduzco que no fue un error de la mecanógrafa. ¿De veras Draco Malfoy será el nuevo capitán?

Un murmullo asombrado recorrió el local, Draco comprendió que la mayoría de los presentes no había leído detenidamente el informe. Marcos y Justin contaban con ello, el primero para que la candidatura pasara sin aspavientos, el segundo para su eterna pelea contra los esgrimistas.

Flint no se dejó amilanar. Simplemente se levantó y sonrió con absoluta inocencia.

–Es la decisión del equipo y no conlleva honorarios. ¿Cuál es su queja?
–Que el señor Malfoy no reúne los mínimos requisitos de ejemplaridad para dirigir ni una línea de peones de ajedrez –repuso Justin–. Apenas se ha incorporado tras dos años "desaparecido" y dista mucho de ser el mejor de su equipo.
Marcos se mantuvo ecuánime.
–Hace tres años, el señor Malfoy fue elegido el capitán más joven de la historia de Howgarts en el siglo XX, bajo su dirección, el equipo llegó a competencias de nivel nacional, algo casi olvidado en nuestro club.
–¡Pero fue expulsado por dopaje! –estalló el otro– Tal vez otros no lo recuerden, pero yo si. Recuerdo la vergüenza de ver a mi colegio involucrado en semejante escándalo. No se puede confiar en él.
–Nadie te pide que confíes en él. –repuso una tercera voz que erizó los cabellos de Draco, solo su esmerada educación le impidió saltar de su asiento.
El joven que había intervenido estaba en el extremo izquierdo de la sala, casi de espaldas a él, pero su voz... No podía ser ¿o si?
–La propuesta fue avalada por los miembros de su equipo –en ese momento giró hacia ellos–. ¿Correcto? –Marcos asintió– Y la directora de la escuela, que estoy seguro leyó detenidamente el informe, ¿verdad que debió ser así Justin? –al de football no le quedó otra que asentir–, no le parece mal que Malfoy vuelva a las clases, ni que se incorpore a la esgrima. Hasta el otoño no será capitán. Tienes todo el semestre para probar que no es idóneo, no nos hagas perder el tiempo hoy.

Hubo muchas risas ante semejante final y Finch-Fletchley tuvo que sentarse, derrotado. El chico de revueltos cabellos negros se sentó también y McGonagall anunció el siguiente punto de discusión.

Draco sentía todo el cuerpo laxo y agotado. Era él, estaba seguro, era su voz, y eran sus extraños ojos verdes. Harry Potter era Salvador, el Capitán del equipo de Tiro era un asesino nocturno, Dios Santo. ¿Lo habría reconocido? ¿Le mataría por ser testigo de su crimen? Hizo una seña a Marcos y se deslizó en silencio hacia el baño.

Ya dentro del local cubierto de azulejos respiró profundamente. No podía dejarse asustar, de algo tenía que servir ser un Malfoy. El era mayor que Potter y, ciertamente, demasiadas cosas llevaba a las espaldas para que un crío con complejos de "Exterminador" le agriara la vida. Fue hasta uno de los lavamanos y se mojó el rostro, dejó que las gotas se arrastraran perezosas por sus párpados cerrados. El agua helada era reconfortante. Decidió no darse por enterado, fingir que nada le unía al ojiverde, excepto la matrícula en el colegio. Si, esa era la manera sensata de actuar, Lucius estaría orgulloso.

Abrió los ojos lentamente y percibió a otra persona en el local. Volteó y el alma se le fue a los pies. ¡Potter le contemplaba apoyado en la puerta! Se esforzó porque ninguno de sus sentimientos aflorase, solo se quedó ahí, en silencio, esperando.

–¿Qué tiene Justin contra ti? –preguntó al fin Salvador.
Draco se encogió de hombros.
–Viejas historias de faldas.
El otro asintió, sus ojos le escrutaban detenidamente y el rubio se asombró de no estar molesto por ello.
–¿Te conozco? –¡vaya!, ¿carecía de imaginación o de memoria?
–No me parece –intentó sonreír para conjurar el miedo–. Recordaría al famoso Harry Potter.
Potter también sonrió, pero era una sonrisa triste. Draco deseó verlo alegre.
–Gracias por lo de ahí afuera. –aventuró.
–No tiene importancia. Justin se cree que todos podemos entrenar con una pelota y un rectángulo de fango. Si hubieras visto el lío en octubre por un ómnibus para los de teatro y literatura. "¿Para qué tienen que ir a Straford von Avon? ¿Acaso es un sitio tan especial?". Tuve que pararme y explicarle que es la ciudad natal de Shakespeare, pero no aprende.
Ambos rieron y la tensión disminuyó notablemente. Hasta que el de la cicatriz pareció recordar algo.
–A lo que venía. ¿Eres hetero?
Parpadeó confundido, su máscara de impasibilidad se mantenía a duras penas.
–No entiendo.
–Que si eres heterosexual.
Sonrió, era la primera vez que se lo preguntaban de manera tan llana. Mintió sin detenerse a pensarlo.
–Si.
–Que alivio. Es que, cada vez que me acerco a alguien resulta que es gay, pero nunca se ha decidido a dar el salto y yo soy un gran ejemplo –movió las manos en gesto cansado–. ¡No te imaginas! Entonces, como eres hetero no vas a creer que lo que sigue es una cita ni nada así. ¿De acuerdo?
–De acuerdo.
–Resulta que mi amigo Ron y yo necesitamos ayuda con una ponencia de química. Usualmente Hermione –se detuvo bruscamente–, Granger ¿la conoces? –el rubio asintió–. Bueno, ella nos ayuda, pero está para Bulgaria en un intercambio y espera que el trabajo esté listo para su regreso. Moriré cuando ponga pie en Gran Bretaña si no es así, lo se. Me dijeron que eras de los mejores de química en la escuela, pero no estás en ninguno de los equipos investigativos de nuestro curso.
–Eso es porque estoy dispensado –explicó Draco–. Solo repito el semestre para coger el ritmo, pero ya pasé todo quinto año.
– ¿Puedes ayudarnos? –La mirada de Potter era dulcemente suplicante.
Draco se contuvo para pensar un poco en la propuesta.
–¿Seguro que no hay nada sexual en todo esto?
El joven de cabellos negros solo negó con la cabeza y rió.

TBC...

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