¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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27 enero, 2007

SECRETOS DE FAMILIA 1

RAZONES

1


Como cada mañana, Tomas despertó con el sonido de su padre en las escaleras. Los pasos tenían una separación regular porque su padre estaba calmado, no había ninguna reunión inesperada, ni llamadas desde el ministerio. Los escalones crujían suavemente, como si cantaran. Tomas se movió un poco y pensó que lo único que realmente extrañaba del hogar eran esos pasos marcando el comienzo de su día.

En su escuela la comida era mejor, más variada y rápida. Estaba seguro de la hora para acostarse y la de despertar. Podía hacerse una idea de lo que ocurriría al día siguiente. Ninguna de esas cosas era posible en su hogar, cálido, pero desbordante de parientes, funcionarios, visitantes y objetos de origen desconocido que no se pueden tocar, aunque estén en medio de la mesa del comedor. En casa de Tomas, o al menos para él, lo único seguro era que su padre haría crujir los escalones al subir a despertarlo.

La puerta se abrió sin ruido y una revuelta cabellera negra apareció en la habitación. Tomas se quedó quieto, simulando un sueño ligero. Deseaba sentirle cerca, que le tocara el hombro o la cabeza para desperezarlo. Era solo una representación, ambos lo sabían, pero jugaban ese juego desde hacía años. Era un buen indicador acerca del humor con que había amanecido y la agenda que le esperaba.

–¿Estás despierto? –dio un par de pasos hasta el lecho y fijó sus brillantes ojos verdes en las cobijas revueltas, suspiró–. Sé que estás despierto. Anda, levántate mi niño, el desayuno está casi listo.

Como si de una señal se tratara, Tomas se sentó en el lecho, su padre le dio un beso leve y empezó a vestirlo. El chico se dejaba poner las ropas mientras escudriñaba el rostro paterno.

–No dormiste mucho ¿verdad? –levantó un brazo para pasar la camiseta.
–No, me faltaban tres informes por leer. –alcanzó la faja y se la empezó a ajustar.
–¿Tu secretaria no debió darle prisa a los de cada departamento? –expulsó el aire para que las cintas alcanzaran la medida justa.
–Los informes se remitieron desde diversos países –fue hasta el armario y tomó un conjunto de camisa y pantalón azul marino–, mi secretaria no podía meterles prisa.
–Pues es una lástima –se apoyó en los codos para poder alzar las caderas–, ahora mi papá tiene ojeras el día de su cumpleaños.
–Eso se arregla con un poco de glamour –le cerró el pantalón con un giro de muñecas–, lo que me fastidia es tener que pasar el día rodeado de gente.
–Entiendo –el chico se abotonó la camisa mientras el hombre le ponía las medias–, pero no me parece que hagas demasiado por cambiarlo.
Su padre lo miró sorprendido por tal agudeza, meditó su respuesta un poco.
–Supongo que no quiero herirlos, la mayoría de los que vienen se sienten en deuda, creen que les salvé la vida y todas esas cosas. –rehuyó la mirada del chico para anudar los cordones de sus zapatos.
Tomas se estiró hasta la silla al lado de su cama y tomó la túnica negra que usaba para estar en casa. En cuanto se la hubo puesto su padre le arregló un poco su negra y lacia cabellera.
–¿Listo para el desayuno? –Tomas asintió, el hombre lo alzó y transportó a la silla de ruedas que hacía guardia junto a la cama, luego avanzó hasta la puerta y la mantuvo abierta para que el chico pasara.

Salieron al segundo descanso de unas largas escaleras. Desde allí se podía sentir la carrera de varias personas desde el piso superior a por la comida, el repiquetear del fuego y el choque de los cuchillos en la cocina, un nivel más abajo. Tomas y su padre se miraron, gris pálido frente a verde esmeralda, sonrieron con complicidad y se acercaron a los escalones. Entonces el mayor sacó de su bolsillo una varita de madera, apuntó a la silla y susurró:

–Wuingardiun leviosa.

La silla, y Tomas con ella, se elevó varios centímetros en el aire, luego empezó a descender las escaleras, guiada por el hombre, hasta que llegaron al recibidor, el padre susurró entonces:

–Finite incantarem. –las ruedas volvieron a tocar el suelo.

Tomas manipuló su plataforma para acercarse a la cocina, se detuvo, volteó hacia su padre y lo miró con intensidad. El hombre estaba seguro de que deseaba preguntar algo y se agachó para quedar a su altura. Pero justo entonces un par de personas rubias e idénticas desembocaron por las escaleras con gritos y risas.

–¡El que llegue primero a la cocina tendrá doble chocolate!

El instante estaba roto, el chico hizo girar su sillita y llegó por amplio margen a la cocina delante de sus hermanos Joshua y Louis.

2

La cocina era cálida, estaba animada por el olor de la leche, el café, el chocolate, el pan y miles de cosas más. En la meseta, un hombre rubio, de pelo casi blanco, troceaba frutas con rapidez hipnotizante. No levantó la vista cuando Tomas entró, seguido de su padre y de los gemelos.

–Al fin aparecen –dijo por todo saludo. Hizo levitar varios tazones hasta la mesa ubicada en un lateral de la cocina.

Los gemelos intentaron tomar una rebanada de pan cuando la fuente les pasaba por el lado, pero una sola mirada de los fríos y grises ojos del cocinero les detuvo.

–Al menos hoy, compórtense. ¿Ya felicitaron a papá por su cumpleaños?

Joshua haló el pelo de su gemelo y le reprendió.

–¡Te dije que era hoy, tonto!
–¡Eso dolió! Tú dijiste que era ayer.
–¡No es cierto! Dije que era hoy, antes de dormirnos.
–Entonces fue ayer.
–No. Porque nos dormimos a las 12:30, o sea, hoy.
–Cállense los dos y feliciten a papá de una vez. –exigió Tomas ya fuera de sus casillas.

Se dirigió a su lugar en la mesa sin mirarles, pero sentía sobre su espalda el peso de la mirada de los dos adultos. Los gemelos suspendieron su falsa pelea, besaron al cumpleañero y tomaron asiento. El desayuno transcurrió con un silencio inusual, Joshua y Louis echaban miradas temerosas a su hermano y comían aprisa, los adultos repartían alimentos y conversaban con la mirada, Tomas trató de concentrarse en su chocolate y sus tostadas. Estaba un poco avergonzado por su exabrupto, pero concluyó que no venía nada mal un poco de silencio en la mesa.

Al cabo de media hora, los niños dejaron la cocina: los gemelos al jardín y Tomas a la biblioteca. Los padres quedaron solos, sus semblantes llenos de preocupación. El de pelo negro empezó a recoger los platos y con un suspiro los sumergió en el fregadero.

–Qué carácter ¿no? –comentó el rubio con falso desinterés en la voz.
–Si –admitió el otro.
–A veces me pregunto si, estando en la escuela…
–Imposible –le interrumpió el otro–, nos habrían avisado.
–¿Tu me vas a decir que todo lo que ocurre en la escuela lo saben los profesores? –el sarcasmo en su voz era evidente.
–Quiero creerlo. –hubo unos minutos de pesado silencio– También quiero que te acerques a Tomas, pronto va a preguntar por qué no lo tocas ni para el “buenos días”.
–Es… –el rubio se quedó dudando, en busca de un término que nunca llegó. Dejó caer la cabeza– Tengo miedo.
El de ojos verdes dejó la loza y volteó.
–¿¡Miedo!?
–Si Harry, miedo. Hasta hace poco podía controlarlo, pero desde que regresó de la escuela… ¡Es idéntico! Este curso solo sirvió para que aumentaran su parecido, de mi solo le quedan el color de los ojos y esa manera de levantar la ceja que tanto te gusta.
Harry se acercó al rubio y lo abrazó por atrás, el otro dejó caer la cabeza y la apoyó en el hombro.
–Draco –trató de razonar Harry–, tan solo es un chico de diez y seis años con mal humor matutino.
–Lo se. –dijo bajito el rubio.
–Sus reacciones y gustos son responsabilidad tuya y mía. Tú y yo somos sus padres –recalcó.
Draco solo asintió una vez más y le sonrió.
–No deseaba estropearte el cumpleaños, amor. –pero el ojiverde hizo un gesto para restarle importancia al asunto.
–Ustedes no pueden estropearme nada. ¡Fregado me tiene el Ministerio con esa maldita fiesta protocolar! –y fingió apartar algo muy terrible de si.
El rubio recuperó el aplomo ante su teatral gesto y se burló
–Claro, porque a ti te molestan todos esos carísimos regalos.
–Yo me gané mi regalo hace rato ¡tonto! Consiste en un dragón maravilloso, y tres hijos: un Raveclaw, un Slythering y un Gryffindor.
–De acuerdo, ahora vete a trabajar para poder alimentar a tus maravillosos y hambrientos hijos. ¡Es increíble cómo comen los adolescentes!

Harry le dio un beso leve en los labios y se fue a la chimenea del salón, tomó al paso una carpeta con diversos pergaminos y un puñado de polvos flu.

–¡Ministerio de Magia! –fue lo último que escuchó su esposo.

3

Tomas deshizo su hechizo espía, dejó caer los brazos y cerró los ojos. Las lágrimas corrieron libremente por su rostro, no hubo más sonido en la biblioteca que su trabajosa respiración. Diez minutos después se limpió los ojos y se irguió de nuevo. Empezó a buscar por la biblioteca la última clave del misterio que lo atormentaba desde hacía diez años.

Desde que entrara a la escuela primaria, Tomas descubrió que no era un niño normal. No se trataba de que sus padres fueran ambos hombres, ni de que uno fuera Ministro de Magia y el otro un aristócrata de interminable abolengo. Era él, era su cuerpo. Aunque en la familia nadie lo comentara, el espacio público era otra cosa. Los niños son sinceros y curiosos, en especial cuando ven por primera vez una silla de ruedas.

Cuando le preguntaron, él explicó lo que le habían contado: papá Draco había enfermado cuando estaba embarazado y las piernas de Tomas no se formaron bien. Pero una interminable cadena de porqués surgió ante sus ojos, porqués que ni siquiera hubiese imaginado. Intentó evacuar dudas con sus padres, pero salieron a colación temas extraños como guerra, tortura y embarazo de alto riesgo. Todo era tan chocante que prefirió guardarse aquellos datos y no dar más explicaciones en el aula. Eso no significaba, por supuesto, olvidar esas vagas definiciones, renunciar a profundizar por su cuenta en todo lo dicho, o borrar de sí las miradas de dolor que se le escapaban a su padre rubio mientras papá Harry le explicaba el asunto del hospital y las semanas de inconsciencia.

Con los años, Tomas reconstruyó poco a poco el violento escenario de su concepción y descubrió extrañas incoherencias en su historia, la historia que estaba escrita en libros y periódicos, la historia de la caída del Señor Oscuro.

Para empezar, si papá Harry estaba al mando de la Orden del Fénix y papá Draco infiltrado entre los mortifagos. ¿Cuándo se había embarazado su padre?

Luego, Draco había sido delatado en su papel de espía por la traidora Ginny Weasley, torturado y abandonado en las mazmorras de su propia mansión por varios días, hasta que un grupo de aurores al mando de Remus Lupin lo rescatara. ¿Cuántos embarazos resisten esos traumatismos?

Al ser llevado a San Mungo, Draco había sido estabilizado de manera más o menos rápida, pero no aceptó las visitas de Potter hasta una semana después, todos los intentos anteriores para verle fueron impedidos por un Malfoy histérico, que no dudo en lanzar objetos o atentar contra su vida.

Por último, los gemelos habían surgido de manera espontánea en el cuerpo de Potter, como un milagro de la magia. Los medimagos habían explicado que era lógico, teniendo en cuenta el gran poder de El Salvador y la sangre veela de los Malfoy. Entonces, ¿por qué Tomas había nacido de Draco?

Por supuesto, casi ninguno de esos datos era de dominio público, pero Tomas había sido paciente y jugado bien sus cartas. Como hijo del Ministro, eran pocas las puertas que se le cerraban, como heredero de una cuantiosa fortuna, podía invertir bastante en sus investigaciones y entrevistas. Apenas en enero, tras ocho años de pesquisas, la atroz verdad tomó forma ante sus ojos y le resultó tan clara que tuvo que reírse de sí mismo y de toda la comunidad mágica. Él: primogénito de Harry Potter “El chico que vivió” y Draco Malfoy “El más bello y rico del planeta”, heredero de una gran fortuna en bienes y oro, mejor expediente de Howgarts desde 1789, en resumen, el tullido Tomas Potter, era un bastardo.

Y no un bastardo común, sino el producto de una refinada venganza proyectada en el seno del movimiento mortifago contra sus padres. La idea surgía con tan solo un poco de psicología –pensaba con amargura mientras registraba los estantes de la biblioteca– con fijarse en la dificultad eterna del rubio para interactuar con él y su manía de mirarlo insistentemente, con el miedo agazapado en el fondo de los ojos. La conversación de la cocina, que espiara lleno de remordimientos y curiosidad, le había dejado claro, además, que ese hombre –¿su padre?– era poseedor de una personalidad arrolladora, de modo que tras diez y seis años Draco aún le temía a su imagen, aunque fuera, en realidad, la imagen de su hijo.

Pero a Tomas no le bastaba con eso, él deseaba saber su nombre, darle una forma al fantasma que visitaba su hogar a través suyo y destruirlo, arrancarlo de la memoria de sus padres, darse la oportunidad de ser distinto. Por eso ahora buscaba el pensadero de Potter, seguro de que los recuerdos relativos a su nacimiento le revelarían el secreto.

Halló la alta copa oculta tras unos libros falsos con la contraseña de siempre “Travesura realizada”. Puso el objeto en su mesa de estudios y respiró. No dudó un instante en meterse: hacía tiempo que no guardaba rencor a sus padres por haberle ocultado la información, tampoco mantenía reservas éticas en su búsqueda. Hasta donde sabía, el mecanismo le llevaría al recuerdo deseado si mantenía clara en su mente la fecha. De entrar sin guía, llegaría al peor recuerdo allí almacenado y no deseaba encontrarse con Voldemort, los tíos muggles de Harry o la muerte de Sirius. Confiando en sus fuerzas, se inclinó y dejó a sus ojos vagar en la siempre fluyente materia gris.


Continuará...

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