¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

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17 enero, 2007

EL SECRETO DEL ROBLE 5

Glorfindel

(Junio, año 1580 de la Tercera Edad del Sol)

Los tres hijos de Elrond regresaron a casa una tarde de verano, para gran alegría de todos los habitantes. Arwen anunció que se quedaría por largo tiempo, los gemelos que, tras sus breves vacaciones, planeaban volver al destacamento militar de apoyo a Arnor. Elrond no discutió las intensiones de ninguno. Esa noche, en la cena, el padre habló sobre las cartas que se amontonaban en su despacho, solicitudes de matrimonio para algún vástago de sangre noldor. Elladan y Ellohir sonrieron fríamente.

Se marcharon cinco días después y fijaron su residencia en la decadente Fornost, entre humanos.

Los Príncipes de Rivendel consagraron sus esfuerzos a mantener los restos del reino de Isildur en pie. Ganaron fama de hábiles estrategas y guerreros letales, su crueldad en los combates frente a orcos devino legendaria. Su influencia en el ejército y la corte era notable, en especial porque nunca usaron ese poder para demostrar desprecio por los mortales o mantener conductas licenciosas. Para los hombres que les seguían al combate, eran enviados de los Valar y tan incuestionables como ellos.

Elladan y Ellohir nunca actuaron como mercenarios sin tierra. Cada paso que daban era puntualmente informado a Imladris, los sobrantes de sus salarios –llevaban una vida harto modesta– y sus premios en metálico, eran girados a las arcas de la Ultima Morada.

La correspondencia era abundante en esos años.

Informes del estado político, económico y militar de Arnor. El elfo rubio los leía cada mes en los Consejos, ante unos asesores encantados por la perspicacia de los elfitos y un Elrond incómodo y meditabundo. Todos los reportes comenzaban con “Mi Señor” y acababan en “sus fieles servidores Elladan y Ellohir”.

Cartas dirigidas al Primer Consejero, donde los hermanos compartían sus inquietudes y temores, preguntaban por su padre, por el Jardín de Celebrian y por la mejor manera de combinar los colores para una túnica de gala.

Cartas para Legolas y Halladad, a menudo acompañadas de juguetes, dibujos realizados por Elladan o paquetes de extrañas semillas. Esos encargos exigían especial discreción, pues no gustaban a Elrond, ni a Thranduil.

Cartas desde el Bosque Verde y el Bosque Dorado que rebosaban las bolsas de los mensajeros entre el Rivendel y Fornost. Eran confesiones de Halladad sobre la difícil relación con su padre; alegres dibujos y notas breves de Legolas, con tinta de muchos colores; largas meditaciones sobre el deber, el destino, el amor y la muerte, redactadas por Arwen.

Cartas para Elrond sobre el pospuesto matrimonio de sus hijos que Glorfindel se encargaba de clasificar en una habitación destinada al efecto. Había largos poemas cantando la mítica belleza de Arwen, tentadores contratos que enlazarían a Elladan con esta o aquella noble doncella, desesperados caballeros que deseaban entrar al servicio personal del bello Ellohir.

Cada diez o veinte años, Legolas lograba escapar de sus tutores y visitarles. Correspondía a Glorfindel enviar algún mensajero alado a Fornost. Menos de una semana después, los gemelos hacían su entrada en la mansión, tan frescos como si regresaran de un paseo por el río. En compañía de su pequeño amigo, Elldan y Ellohir actuaban como correspondía a su edad, la guerra y sus horrores no existían por unos meses.

También podía ocurrir que Arwen llegara desde el Bosque Dorado. Los tres hermanos pasaban jornadas enteras en la biblioteca o en la sala de música, recordando la gloria de los silmariles, o componían nuevas canciones de gesta en homenaje a los camaradas mortales de los gemelos.

Pocos parecieron notar que la palabra “Ada” había desaparecido del vocabulario de los gemelos y que Glorfindel mediaba en sus conversaciones. Sin embargo, como antes con Celebrian y Arwen, los asientos de Elladan y Ellohir permanecieron vacíos en la mesa del comedor, sus habitaciones se mantuvieron aireadas y las ropas listas para el uso.

Fornost calló en el verano de 1974. Junto a los hombres, había un batallón soldados elfos de Rivendel, la dirección de la batalla fue confiada a los gemelos, a despecho de su juventud y nadie pudo decir que su estrategia de resistencia y retirada no fuera analítica, valiente y responsable. Cuando se hizo evidente que los ejércitos de Angmar les sobrepasaban, ordenaron evacuar la plaza con celo infinito y mantuvieron a raya las ordas de orcos hasta el último instante.

Los refugiados alcanzaron el valle varias semanas después, sus informes eran contradictorios y Glorfindel no podía sacar nada en claro sobre el destino de los gemelos. Unos afirmaban que se quedaron a matar orcos hasta el final, otros que habían escapado a lomos de un mágico caballo blanco. Aquel les había visto caer abrazados, las túnicas rasgadas por una docena de flechas negras, pero luego una mujer juró por las cadenas de Aüle que un águila les había rescatado de las garras del Rey Brujo.

Tan contradictorios rumores eran informados a Elrond cada tarde. El Señor de Rivendel nada decía para revelar si temía por sus hijos o confiaba en su buenaventura. Igual que calló por varios siglos sobre sus hazañas, calló ahora ante su desaparición. Su rostro era una máscara perfecta, pero sus ojos azules brillaban de manera especial.

De no haber estado tan inquieto por sus amigos, Glorfindel habría reído al reconocer el silencioso calvario de Elrond. Tal vez, pensó una noche tras dos semanas sin noticias, solo tal vez, hubiera esperanzas para esos tres.

Casi un mes más tarde, llegó un mensajero medio muerto de hambre. Los príncipes estaban bien, afirmó, y marchaban a los Puertos Grises para armar un nuevo ejército y recuperar Fornost. Esa noche, Elrond hizo un brindis en honor de los hijos ausentes y sonrió por primera vez desde que supieran del sitio.

Entre diciembre de 1974 y enero de 1975, un ejército de elfos y hombres, comandado por Elladan y Ellohir, desalojó a los orcos de la antigua capital de Arnor. El botín fue magro: la ciudad estaba en ruinas y el Reino del Norte, muerto. En gesto sin precedentes, el Señor de Imladris invitó al último rey de Arnor y a los gemelos para reunirse en el valle. Ellos declinaron la invitación y dedicaron sus esfuerzos a organizar guerrillas que mantuvieran aquella basta tierra relativamente segura y pequeñas comunidades itinerantes donde se conservaban una cultura y un sueño: restaurar el trono de Isildur.

Legolas vino a visitarlos en 1990, excitadísimo porque sus amigos eran HEROES de los cuales se cantaban canciones por todo Arda. Contó que Halladad estaba de novio con una criada de extraña belleza y que él era –con 1070 años– el mejor arquero del Bosque Verde.

Arwen regreso en el 2510, su estancia sería larga. Estaba tan enigmática como su abuela. Sus ojos –azules como los de Elrond– escrutaban el mundo con una paz que pocos habitantes de Arda –mortales o inmortales– siquiera llegarían a comprender.

Rivendel se convirtió en hogar habitual de los herederos del Reino Perdido en minoría de edad, junto a otros niños elfos y humanos, para disimular. Luego la Sombra del Nigromante calló sobre Erys Lasgalen, por lo que comenzaron a llamarle Bosque Negro o Mirkwood y Thranduil prohibió a sus hijos dejar el reino. Los informes de los gemelos siguieron llegando con puntualidad, ahora sobre el estado operativo de las guerrillas. Las peticiones de mano se acumularon por varios siglos más.

Elrond estaba cansado y se alegró mucho cuando Gandalf se hizo habitual en su biblioteca, su despacho y su mesa. Oía hablar de los hobbits con curiosidad y de los senescales de Gondor con inquietud. ¿Quién restauraría el esplendor? Y, lo más importante, ¿cómo?

Continuará...

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