¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

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17 enero, 2007

EL SECRETO DEL ROBLE 4

Legolas

Legolas creyó entender entonces. El también tenía un lugar secreto para sus mascotas, aunque le extrañó que dos elfos tan mayores tuvieran una mascota tan chica. Extrajo del interior de su túnica un ratón blanco y lo sostuvo sobre su palma.

–Mira, este es Elfinwe el Blanco, yo lo quiero mucho, aunque dice mi hermano que no es bueno querer cosas mortales.
Entonces el segundo elfo giró para mirar al animalito y Legolas se quedó sin habla: ¡Eran iguales! No, sus ojos eran un poco diferentes.
–Es bonito Elfinwe –dijo sin fijarse en el sombro del elfito– ¿Cuántos años tiene?
–Doscientos –declaró con orgullo. Dos pares de ojos le escrutaron incrédulos y él se apresuró a explicar– Es mágico.
Los gemelos asintieron, comprensivos. El segundo incluso sonrió y extendió su mano.
–Yo soy Ellohir.
–Mucho gusto –estrechó la mano como si fuera un adulto–, soy el Príncipe Legolas Thrandulion, de Erys Lasgalen.
–Me han dicho que tu reino es muy bonito –comentó Elladan– Tal vez te visitemos.
–Será un placer. En caso de que sean mis huéspedes, les podría obsequiar con un ratón mágico.
–Vaya, veo que conoces las Reglas de la Hospitalidad – la observación de Elladan hizo a Legolas enrojecer de contento– ¿Sabes también cumplir promesas? –el elfito asintió enérgicamente– Entonces ¿puedes darme tu palabra de eldar de que no dirás a nadie que nos viste?
Ese pedido asustó a Legolas, dio un paso atrás y buscó su pequeña daga en el bolsillo. Ellohir intervino entonces.
–No pienses mal, príncipe. Es que la tumba de Löne es un secreto. Nos verás en la comida de la tarde y seremos presentados con toda la formalidad del caso, pero tú debes fingir que no conoces el Jardín de Celebrian, ni el secreto del roble, ni a nosotros.
Los azules ojos de Legolas se oscurecieron tratando de comprender los designios de estos elfos misteriosos.
–¿Y si no están en la cena?
–¡Estaremos! –respondieron ellos a coro y eso le pareció muy bello.
De alguna extraña manera las voces de ellos dos sonaban perfectas al unísono.
–Tienen mi palabra de eldar.
Ellohir alzó entonces los ojos y escuchó el viento.
–Te buscan, Legolas. Vuelve al Jardín de Elrond y se fiel a tu palabra.
El rubio asintió y hechó a correr endirecció a la salida. A pocos metros del seto volteó para despedirse, pero los dos misteriosos elfos ya no estaban.
–Es magia. –se respondió a si mismo, y regresó a donde las ramas estallaban de flores.

A la hora de la cena, Legolas llegó entre los primeros al comedor y se sentó en un rincón desde donde controlaba la puerta. A medida que pasaba el tiempo y más personas entraban, su inquietud fue en aumento. Al fin vio llegar a los dos elfos del jardín, conversaban con el simpático Glorfindel. Al comprender que se dirigían a donde su hermano, les imitó. Halladad pareció reparar primero en él, se agachó y le dio un abrazo posesivo al tiempo que giraba para quedar frente al Consejero y los gemelos.

–Mira hermanito, ellos son Elladan y Ellohir, hijos de Lord Elrond y Lady Celebrian, los hermanos de la famosa Arwen.

Les observó con atención. Todo rastro de tristeza había desaparecido de Ellohir y Elladan incluso estaba alegre. Buscó sus ojos y allí, agazapado en la penumbra, descubrió dolor.

–Mucho gusto. Legolas Thrandulion, Segundo Príncipe de Erys Lasgales.
Los gemelos sonrieron y el elfito se sonrojó de envidia, entre esos dos había algo que veía y no podía comprender, algo hermoso y eterno como las raíces de la tierra.
–Es bello tu hermanito…
–… y alto para su edad.
Halladad asintió orgulloso.
–Y es un gran arquero.
–Eso es útil. –aceptó Elladan.
–Sin dudas. –remarcó Ellohir.

La cena transcurrió sin eventos notables. Los gemelos parecían conocer un poco de todo y Legolas se quedó fascinado con sus relatos de orcos, trolls, hombres y enanos.

Los príncipes del Bosque Verde pasaron dos semanas en Imladris, pero sería más exacto decir que pasaron dos semanas con los príncipes de Imladris. Los gemelos se portaron como excelentes anfitriones: cabalgaron, nadaron, corrieron, cavaron, lanzaron flechas, se batieron con espadas, y narraron historias a la luz de la luna con tanto empeño como, otras veces, cazaban orcos. Halladad sostenía largas conversaciones con Elladan sobre montería. Legolas no respiraba si Ellohir estaba lejos.

Al décimo día de su estancia, pasaron la tarde en la orilla del río. Los hermanos mayores se tendieron a tomar el sol mientras sus hermanos chapoteaban en el agua. La risa de Legolas y Ellohir se mezclaba con el canto de los pájaros.

–Es muy bello tu reino, Elladan.
El gemelo giró para poder ver la cara de su interlocutor.
–¿Quieres quedarte a vivir en él? –lo había dicho en broma, pero la actitud meditabunda de su nuevo amigo le inquietó.
–No –respondió Halladad al fin–, pero estaría bien para Legolas. Creo que se ha enamorado de Ellohir.
–¡Tiene seiscientos años! Se enamorará de cualquiera que sea paciente con él. Lo que pasa es que hecha de menos a su madre.
Halladad movió la cabeza, dudoso. El también extrañaba a su madre, pero sospechaba que, entre Legolas y los gemelos había algo más.
–¿Estarán aquí cuando regresemos de ver a Círdan?
Elladan se encogió de hombros.
–Solo el viento lo sabe. Planeamos acompañarles hasta la salida del valle y cabalgar a Lorien, hace como cincuenta años que no vemos a Arwen.
–¿Y luego?

El gemelo movió la cabeza en seña de despreocupada ignorancia. Estarían en Lothorien todo el tiempo que Ellohir deseara, eso podía ser un mes o veinte años, pero no tenía intensión de contar sus planes. Su silencio dio arrestos al elfo del bosque.

–¿Sería demasiado pedir que vinieras a visitarnos?
–Sería demasiado si no me das una razón.
–Desde que mamá murió, un manto de ceniza cubre la vida de mi familia. Mi padre nos envía a los Puertos Grises para que no caigamos presas de la tristeza, y desea que elija pareja por allá. Pero no tiene sentido, yo ya entregué mi corazón. Ella me espera en Erys Lasgalen y cubre con sus finos dedos mi alma. Pero Legolas es otro cantar. Es melancólico desde que nació, a veces creo que morirá de tristeza sin razón especial. Ustedes lo han despertado. No quiero saber cómo, pero lo hicieron.

Elladan inclinó la cabeza y meditó unos instantes, no estaba seguro de cómo y dónde viviría, ahora que Löne se interponía entre su padre y ellos, prefirió ser cauteloso en beneficio del elfito.

–Muchas aves vuelan entre el Bosque Dorado y el Bosque Verde. Si tu hermano sabe escuchar, tendrá noticias de los elróndidas. Nada más te puedo prometer, príncipe, porque mi hermano y yo juramos consagrar nuestra vida a la venganza.

Cuatro días después, la comitiva del Bosque Verde se puso en marcha. Los gemelos, cargados de equipaje, cabalgaban a los lados de Legolas, hasta que dejaron el valle atrás y la nieve les rodeó.

–Hasta pronto Hojita, crece mucho. –se despidió Elladan.
–Y cuida de Elfinwe. –apuntó Ellohir.

Luego orientaron sus cabalgaduras hacia el sur y se alejaron. Legolas agitó su manita hasta que los perdió de vista.

Elfinwe murió durante la estancia en los Puertos Grises. Legolas ordenó que lo embalsamaran, para poder regresar el cadáver a su hogar. Lo enterró con toda solemnidad al pie de un roble, frente a la Fortaleza del Bosque, y ya no quiso otro ratón. Dejó atrás la infancia sin revelar el secreto de Löne.

Los gemelos cabalgaron despacio hacia el Bosque Dorado, no hubo una sola aventura en su trayecto y cada noche daban gracias a los Valar por esa paz. En las fronteras del reino les esperaba Haldir, el famoso arquero. Declaró tener instrucciones específicas de Galadriel sobre su estancia y los guió a un talán aislado en las afueras de la ciudad de los árboles, con suficiente comida y agua para varias semanas.

Cuando se sintieron con fuerzas, Elladan y Ellohir se presentaron ante sus abuelos y su hermana. Pasaron diez años así, entre el solitario refugio, donde solo se acercaba Haldir con muy poca frecuencia, y las largas y agradables veladas de Galadriel. Luego vagaron por el sur. Respiraron a pleno pulmón la extraña soledad de las Tierras Brunas y discutieron con los rohirrim sobre caballería. Emprendieron el regreso a Rivendel a través del Bosque Dorado, porque Arwen deseaba ser escoltada a casa.

Durante esos años, aprovecharon cada árbol y ave amistosa para transmitir mensajes de renovada amistad a Glorfindel, en Imladris, y a los príncipes del Bosque Verde. Incluso alguna carta enviaron al pequeño Legolas: largos pergaminos llenos de relatos que alentaban la imaginación del rubio príncipe, con la consiguiente alegría de Halladad y el disgusto de Thranduil.

Continuará...

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