¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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17 enero, 2007

EL SECRETO DEL ROBLE 2

Elrond

Elladan tenía miedo. Sentado en la cama junto a su hermano inconsciente pudo reconocer cómo esa fría sensación que se abría paso por su sangre. Sus agudos sentidos élficos le indicaban que algo estaba por suceder, pero ¿qué? Dejó a un lado sus inquietudes cuando Ellohir se movió, anunciando su inminente despertar. Sus ojos verde marrones confrontaron los chocolate del hermano, había vergüenza el rostro del gemelo menor. Elladan trató de confortarlo con besos y caricias, pero en su interior no dejó de extrañarse por tan repentina muestra de debilidad.

Se vistieron formalmente y bajaron a cenar.

Había tres invitados esa noche: un gran señor de Cardolan y su hijo de diez años –el chico debía permanecer en Rivendel para completar su educación– y Erestor, el elfo viajero que casi quinientos años después sería Consejero. El resto de los comensales eran los consejeros, los gemelos y, por supuesto, Elrond. Los puestos de Celebrian y Arwen estaban vacíos, como si ambas pudieran llegar en cualquier instante.

A los postres, Elrond mencionó que el pequeño humano cumpliría años dos días más tarde y, como su padre debía partir ya, sería hermoso celebrarlo en ese momento. El niño enrojeció ante tanto honor, Glorfindel rió, encantado por la idea, y los gemelos se relajaron un poco, al ver a su padre concentrado en el agasajo. Todos desearon parabienes al futuro guerrero y el cocinero presentó una hermosa fuente de compota y frutas escarchadas.

Los adultos declinaron el convite, pero los tres jóvenes se sirvieron sin demora. Ellohir, siempre comelón y especialmente goloso en el último mes, se sirvió tres veces.

–Vas a coger una ingesta. –le advirtió el niño.
–Los elfos no enferman –respondió Elladan al descuido, extrañado ante la gula de su gemelo.
–¡Oh! –fue todo lo que el pequeño mortal pudo comentar, sus ojos brillaron de sana envidia.

La tertulia se extendió sobre los nuevos movimientos del Rey Brujo contra Arthedain. A las nueve todos se retiraron. A las once se apagaron las luces y las mucamas arroparon a los niños. A las once y quince, como de costumbre, Elladan corrió hacia la cama de su hermano y le abrazó posesivo. A las once treinta estaban dormidos.

Justo a la media noche, Ellohir sintió una leve punzada en el vientre y giró para acomodarse mejor. Con gesto automático, tomó el vaso de agua de su mesa de noche y dio un largo trago. No era agua pura, sintió disuelto un suave olor a fresas y grosellas, pero no le dio importancia. Volvió a dormirse.

Elladan despertó al sentir algo húmedo y pegajoso entre las piernas. A su lado, Ellohir yacía con la boca entreabierta y los ojos desenfocados. Se movió, tratando de apartar la sensación de humedad que atribuía al sueño, pero no funcionó. Apartó las mantas y escrutó la cama a la luz de la luna.

Tragó en seco y se esforzó por conservar la calma.
–Es una pesadilla. –dijo al aire, pero el olor dulce y pesado de la sangre lo alcanzó y supo que estaba despierto.

Sacudió a su hermano. ¡Era imprescindible que despertara! Ellohir se removía, pero sus ojos no enfocaban. Llegó a soltar un gemido lastimero, como si estuviera prisionero de la somnolencia. Decidió probar otro método y empezó a encender velas y bujías con manos temblorosas. Pronto la recámara estuvo profusamente iluminada, pero no hubo cambios en el gemelo.

Elladan se detuvo en medio de la estancia, conciente de que los hechos empezaban a superarlo, sus rodillas temblorosas eran la prueba. Se apoyó en una silla y respiró con dificultad.
–Tienes que ser fuerte, has estado en combate, ¿no? –se regañó a si mismo.
Sus ojos vagaron hasta la puerta que comunicaba con el cuarto de baño y su rostro se iluminó de repente.

Corrió hacia allí y regresó con una jofaina bien llena que derramó sin contemplaciones sobre la cabeza del durmiente. Ellohir despertó sorprendido, pero su rostro pronto se deformó por el dolor.

–¿Qué me pasa?
–No lo se. Desperté al sentir tu sangre en mis piernas.
–¿Sangre? –había una nota de pánico en su pregunta.
Ellohir bajó los ojos hasta su entrepierna, incrédulo. Elladan, en busca de un respiro, tomó el vaso de agua de la mesilla. Un certero manotazo de su hermano lo impidió.
–No era agua –explicó el menor–, yo lo bebí antes y mira…

Sus miradas se cruzaron, en muda comprensión, las deducciones no fueron agradables. El mudo diálogo duró hasta que Ellohir cerró los ojos para concentrarse en su propio dolor. Elladan le besó la frente, que empezaba a perlarse.

–Iré por Glorfindel.

Ellohir asintió, pero las palabras y el sonido de la puerta fueron ya percepciones lejanas.

Glorfindel no podía dormir. Daba vueltas y vueltas en su cama y deseaba secretamente que alguien viniera a sacarle de su habitación. No dejaba de pensar en la extraña mirada de Elrond hacia sus hijos cuando estos se retiraban. Contenía una mezcla de dolor y resignación que le recordaba el día en que Celebrían partiera. Esa tarde el Señor de Imladris había descubierto el amor de los gemelos, una relación que él mismo había ayudado a cubrir más de una vez, fingiendo ignorancia, o haciendo más ruido de la cuenta al avanzar por los terrenos de Rivendel. Pero ¿qué significaba esa mirada?

Tres toques apresurados le sacaron de sus meditaciones. En la puerta estaba Elladan, apenas cubierto con una túnica, el largo pelo trenzado para dormir y los ojos brillantes de miedo.
–Ellohir. –gimió, y todo encajó en la mente del rubio.
Con rápidos movimientos tomó su bolsa de sanador y siguió al joven por los corredores en penumbras.

En la muy iluminada habitación pesaba el olor de la muerte. Ellohir había logrado sentarse entre las almohadas y respiraba de modo entrecortado. Gruesas gotas de sudor hacían brillar su rostro. Se mordía los labios para no gritar.

Glorfindel se acercó a él con rapidez y acarició el rostro congestionado por el dolor. ¡Era tan pequeño! Su pregunta fue clara y el tono no admitía réplica.
–Ellohir, ¿cuándo fue tu última luna?
El elfito se puso más pálido aún por semejante cuestionamiento. Resopló por el nuevo latigazo de dolor y sus palabras fueron dichas entre dientes.
–Cuatro semanas, cuatro semanas y tres días.
El rubio giró hacia Elladan y le interrogó con rapidez.
–¿Lo tomaste en esos días, justo antes de partir hacia Arnor?
El gemelo estaba demasiado asustado como para preguntarse desde cuándo sabía Glorfindel de su incestuosa relación. Solo atinó a asentir, estaba al borde del desmayo ahora que comprendía la gravedad de su hermano y amante.

El rostro del Consejero era una máscara inexpresiva, si tenía algún reproche que hacer, se lo guardó. En verdad, los jóvenes amantes tenían suficiente con la perspectiva de perder su bebé.

–Hay que actuar rápido. Elladan, pon a llenar la bañera con agua bien caliente.
El joven corrió a cumplir la orden. Mientras, el adulto sacó de su morral un frasco y lo acercó a la boca del enfermo.
–¿Qué es eso?
–Dilatará tu esfínter lo suficiente para que pueda meter mi mano en tu interior.
Los ojos marrones de Ellohir se abrieron en una confusa mezcla de asombro y miedo. Glorfindel trató de modular sus siguientes palabras de modo muy suave.
–Tengo que sacarlo, o te perderemos a ti también, ¿entiendes?
El joven asintió en silencio y volvió a llorar. Bebió de un trago la droga que le ofrecía el rubio y volvió la cabeza.

El elfo mayor retiró las mantas que cubrían el tembloroso cuerpo y rasgó los pantalones del pijama. Hizo un tapón de hierbas medicinales y algodón que colocó entre las piernas de Ellohir y lo abrazó. El chico había caído en una actitud pasiva a causa del estupor. Elladan llegó entonces para anunciar que la bañera estaba preparada. Glorfindel levantó al elfito entre sus fuertes brazos y lo llevó de prisa hacia el agua, el otro gemelo le siguió con la bolsa.

Sumergieron a Ellohir y el agua caliente le relajó de manera ostensible. Por desgracia, el leve sangrado pronto tiño el agua, cambiando la idílica imagen en un cuadro macabro.

–Elladan, acerca esa mesa y pon las cosas sobre ella.
En lo que acercaba el mueble, Glorfindel fue a los estantes, sacó toallas que acomodó en la tabla, junto a sus viales. Luego ambos se desnudaron y entraron a la bañera, redonda donde cabían cómodamente cuatro o cinco personas.

Elladan se sentó detrás del hermano, evitando con brazos y piernas que moviera el torso. Glorfidel se ubicó frente a ellos. Suavemente, separó los muslos de Ellohir y los trabó usando los pies del hermano. Enseguida el tapón salió disparado hacia fuera y la sangre brotó con fuerza del estrecho manantial. El agua pasó de rosa a rojo oscuro. Ellohir gimió quejó.

–Está bien, pequeño, esta bien. –la voz del elfo mayor estaba llena de una seguridad que apenas sentía– Pronto acabará.

Continuará...

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