¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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01 septiembre, 2005

EL SECRETO DEL ROBLE 1

Ellohir y Elladan

(Noviembre, año 1520 de la Tercera Edad del Sol)

Elrond no giró cuando sintió los pasos de sus hijos acercarse. No podía. Había demostrado más sangre fría de la que creía poseer al esperar a que los gemelos terminaran de satisfacerse y salieran del baño, abrazados y desnudos, con claras intensiones de continuar los juegos en la ancha cama del mayor.

Ellohir fue el primero en darse cuenta de que no estaban solos. La habitación lucía revuelta, los cajones de escritorio y varios niveles del librero yacían desparramados en la alfombra. ¿Cómo no habían escuchado todo aquel estropicio? Aunque, claro, con la lengua de Elladan en sus pezones…
Apoyado en el buró, como recuperándose de algún golpe, estaba el señor de Rivendel. Entre sus manos pudo reconocer un dibujo a plumilla que Elladan realizara cuando aún tonteaban, sin estar seguros de qué sentían o necesitaban sus cuerpos. Su cara (¿o la de Elladan?) estaba iluminada con una sonrisa pícara y había un gesto de invitación pecaminosa en su cuerpo desnudo y sus piernas abiertas, que dejaban ver el escaso bello y la apretada entrada de un elfito de 1150 años.
Su padre ni siquiera los miró, solo dio varios pasos hacia la puerta con gesto desorientado. A escasos centímetros de la salida se detuvo y habló.

–Olvidaron en la entrada la bolsa con los restos de cerámica y vine a traerlos… lamento haber entrado sin llamar. –los gemelos sintieron que sus corazones se estrujaban, había tanto dolor y decepción en aquellas palabras– Creo que será mejor que hablemos de… –hizo un gesto vago con las manos– esto en el despacho.

Y se fue sin mirarlos ni una vez.

A medida que buscaba por las galerías el camino a su estudio, el paso de Elrond recuperó el ritmo y la fuerza. ¿Cómo podía un padre ser tan ciego? Ahí estaba la razón para que sus hijos jamás se separaran, para que compartieran la misma habitación con baño común de su infancia y ninguno de los dos mostrara interés en los numerosos cortejantes que les habían surgido a lo largo del último siglo.

Entró al escritorio y se dejó caer junto a la ventana. Masajeó sus sienes despacio, tratando de conjurar el dolor de cabeza que se avecinaba. Debía mantener la calma, ellos no eran más que elfitos jugando un juego peligroso, demasiado peligroso. ¿Hasta dónde podían haber llegado las complicaciones si no llega a entrar allí? Mejor no imaginarlo.

Dos toques discretos en la puerta.
–Adelante.

Eran ellos, llegaban con el rostro compungido y las manos tomadas. Prefirió girar y contemplar los delicados dibujos de flores y armas que alegraban la persiana ahora cerrada.

–¿Cuánto tiempo hace?Hablaron completando mutuamente sus frases, y por primera todo el oculto significado de la divertida manía le golpeó.
–En enero serán… –comenzó Elladan.
–… doscientos años –concluyó Ellohir.

Elrond contuvo un gemido. Y él había rechazado más de una petición de mano alegando la extrema juventud de sus hijos. Pero estaba a tiempo, pocas cosas son definitivas a los 1399.
–Entiendo que es un juego.

–No lo es. –afirmaron a coro.
–¡Es un juego! –repitió y trató de ser amigable, después de todo, solo quería ayudarles– Yo también lo jugué de pequeño, pero era distinto.

No pudo verlo, pero los ojos de Ellohir se abrieron mucho y tuvo que morderse los labios para contener el “¿Por qué?” que bailaba en su lengua.

–De cualquier manera –continuó–, el juego va a terminar. Es hora de que se casen, en especial tú, Ellohir. Elladan, te vas de servicio permanente a Fornost. No volverás a cruzar el río hasta que se anuncie la boda de tu hermano.
–Prefiero morir –declaró el menor.
–No me iré sin él –afirmó el mayor.
Elrond se volvió entonces, con los azules ojos muy oscuros de furia. No pudo contener el volumen de su voz pues la poca paciencia que le quedaba se agotó ante tanta desfachatez.
–¡¿Acaso están locos?! No somos salvajes ni avaris, sino eldars, príncipes entre los primeros nacidos.

Su explosión afecto especialmente a Ellohir, él siempre estaba tratando de agradar a su padre, por años había sentido una secreta envidia contra su hermano, que le llevaba cinco minutos de ventaja en el cariño de su Ada. El joven se mantuvo erguido, pero gruesas lágrimas empezaron a deslizarse por sus mejillas. Elladan intervino, extrañado por el desborde sentimental de su gemelo. En ese momento no deseaba saber la razón por la que su hermano estaba tan sensible y hambriento, el sentimiento de protección que lo dominaba lo hizo tratar de desviar el ataque hacia si.

–¡Ada!, por favor. Elrond le miró como a un insecto y su voz resonó como una bofetada.
–¿Ada? ¡Ahora recuerdas que soy tu Ada!
Se acercó a Ellohir y atrapó su delicado rostro entre los dedos pulgar e índice. Una pinza con la fuerza que solo la rabia podía generar. La piel en las mejillas de su hijo empezó a perder el color.
–¿Tu hermano te ha tomado? ¡Dime! –el adolescente asintió, sus lágrimas no hacían más que aumentar la furia del padre– En enero llegarás a los 1400 y dejas que tu hermano te tome. Creí haberte hablado claramente cuando te expliqué tu condición. Ser un Elegido es un Don, Ellohir, exige un comportamiento especialmente honorable y tú…
Sabía que la responsabilidad era compartida, pero no podía dejar de enfadarse de modo especial con el menor.
–¡Ya basta! –Elladan se metió entre los dos sin contemplaciones.
Empujó a su hermano contra uno de los mullidos butacones de la estancia y se enfrentó a Elrond. Trató con todas su fuerzas de que su voz no temblara.
–Ada, nada terrible va a ocurrir. Nosotros tenemos cuidado ¿si? Hablamos con Glorfindel y…
–Pero ¿Glorfindel lo sabe?
–No, no. Solo hablamos con él como si deseáramos ampliar la información. Habló sobre los ciclos de fertilidad y cómo controlarlos mentalmente o enfocar su energía a otros campos. De todas maneras, para cuando lleguemos a los 1500 planeábamos… –enrojeció violentamente– planeábamos cambiar nuestro roles.
–Ya veo –el sarcasmo es patente en la voz de Elrond–, lo tienen todo planeado, ¿no?

Elladan se acercó a su gemelo. Ellohir estaba hecho un ovillo en el amplio asiento y lloraba muy bajito. Le acarició el cabello, como cuando eran pequeños y la oscuridad les asustaba. Bajo su toque, el joven dejó de temblar y la ternura invadió los sentidos del mayor. Deseó inclinarse y besarlo, acariciar sus mejillas y hacerle cosquillas en la barriga, pero se contuvo. La voz de su padre le arrancó de tan placenteros pensamientos.

–Podría estar embarazado justo ahora –su entonación era fría y reflexiva, venenosa–, lo sabes. Es peligroso jugar con la fertilidad de un elfito y eso son ustedes, elfitos. Dudo que tu hermano tenga la concentración suficiente para canalizar su energía antes de ser tomado, por eso debía llegar virgen a los 1600. Por otro lado, si lo han logrado hasta ahora, significa que ha dado mucho de si, tal vez demasiado. Tras doscientos años puede estar, simplemente…–¡Ya sabemos que podría quedar estéril! –Elladan había perdido los estribos y se volvió hacia el padre con su propia ira desatada.

El no deseaba enfrentarse a su padre, pero cada palabra de este breve discurso hería más a Ellohir que garras de orco y nadie podía dañar a Ellohir en su presencia y quedar impune. ¡Al diablo con todo! Las palabras brotaron ahora desde el fondo de su corazón dividido.

–Esto no es lujuria Ada, nunca lo fue. Nos amamos y pasaron bastantes años ante de que pudiéramos reconciliarnos con ese sentimiento. Fue muy difícil comprender que el futuro no traería ninguna mejora a nuestra relación. Pensamos en huir, pero ser gemelos no facilita las cosas. Cuando le hablaste a Ellohir de su condición. ¡Cuánto miedo! Temíamos que ya nuestro bebé estuviera en sus pequeñas entrañas. Leímos como locos e inventamos mil mentiras para que Glorfindel no supiera. No me agrada el sigilo eterno, tener que tragarme mis celos cuando alguno de Arnor se acerca demasiado a él, ni fingir amabilidad e interés frente a las amigas de Arwen. ¡A veces quiero correr lejos, hasta el mar! Pero tenemos una familia, la obligación con los hijos de Elros, la promesa de vengar a mamá…

El joven elfo calló, agotado. Bajo su mano la piel de Ellohir estaba fría y su respiración era apenas perceptible. Cuando volvió a hablar ya no había vehemencia en su voz, tan solo una fuerza reposada y profunda, como su amor.

–Lo que quiero decir con todo esto es que no carecemos de aspiraciones, ni de honor, y nos esforzamos muy duro por no desmerecer a la familia. Pero –y sus ojos brillaron con violencia contenida– no lograrás separarnos Ada, nunca.

A su pesar, Elrond sintió algo de respeto ante su hijo. Esas no eran las palabras de un elfito. Elladan fue a inclinarse para apartar los cabellos del rostro de su gemelo, pero la voz del padre le detuvo, Elrond se había recuperado y volvía a provocarle.

–¿Y si, a pesar de todo, quedara embarazado?Elladan le enfrentó cono ojos fríos.
–Estamos casados ante los ojos de los Valar, Ada, nada más natural que tener hijos. La verdadera pregunta es qué harás tú en esa circunstancia.

No se quedó a esperar una respuesta, simplemente tomó a su amante en brazos y salió de la estancia con la mayor dignidad posible. De regreso a sus habitaciones, depositó a Ellohir en el lecho y esperó, sentado a su lado, a que despertara de su extraño desmayo.

Continuará...

3 comentarios:

benwillis4122 dijo...
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davidsmith5813359844 dijo...
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cheguevara dijo...

interesante.