¿Palabras robadas?

¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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15 julio, 2014

EN BUSCA DE UN SUEÑO 42

–Cariño, ¿por qué no vas a buscar una bebida?

Igor sigue la mirada de Geniev, y comprende que Theodred espera para hablar con el príncipe. El joven asiente y se aparta.

 

Las personas le abren paso y hacen leves reverencias mientras sale de la pista de baile. Siente cómo la turbación le calienta la cara. Debe practicar su expresión facial, definitivamente.

 

Llega a la mesa de bebidas justo al mismo tiempo que su hermana y Jhon. También tiene que practicar su visión periférica.

 

–¿Qué quieres, amor? –pregunta solícito el novio.

–Vodka con naranja.

 

Igor les ignora, se concentra en reconocer los variados contenidos de las elaboradas jarras de cristal soplado. Igual siente la mirada de Ivana sobre su cuerpo: puro odio. No es difícil fingir que ella no es nadie, lleva años jugando ese juego en recepciones parecidas a esta, donde él iba con Boris, e Ivana con alguna de las hermanas de Jhon.

 

Finalmente descubre cuál es el jugo de manzana entre la docena de líquidos dispuestos y se sirve una copa. El gesto la hace explotar.

 

–¿Ya asimilaste todos los gustos de la corte? –comentó mientras revolvía su trago sin delicadeza.

–Estoy trabajando –dos palabras ¿se le estaban pegando las costumbres de la Mansión?

–¿Trabajando? –el tono es que dice la palabra resuma desprecio. –Tenías una invitación como hermano de la novia.

-Él no… -Ivana hace callar a Jhon de una mirada.

 

“Este nunca será Senescal” comprende Igor de golpe. Pero no tiene tiempo para pensar en las implicaciones, porque su hermana lo ataca en ruso.

 

–Marica de mierda, ¿por qué tenías que arruinar la felicidad de papaíto y mamaíta? Venir a exhibirte con el Zarevich, ¡bailar con él! ¿Cómo va a poder papaíto hablar a ese hombre si sabe que tú y él…?

–No pretendas que te interesa papá, él está bien versado en hipocresía –y responde en oestron sin perder la expresión neutra. – Estoy aquí como portador del Anillo de Rúmil, por derecho propio.

–Por abrirte de piernas –acusa Ivana.

–Siempre has querido que te imite –ella se pone pálida, él no le deja recomponerse. –Además, tú y la Senescal quieren que pague la boda, hay que interesarlo en alguna de las dos partes.

–Ese traje debía llevarlo el inútil de Boris, no convertirse en una vergüenza para mi familia –escupe Ivana.

 

¡Oh! Esta confesión tomó por sorpresa a Igor. ¿Ella sabía que Finduilas había ordenado a su sobrino coquetear con Geniev? ¿El inútil de Boris? Esa frase no era de Ivana, no, sino de la Senescal. Se lo habían explicado…

 

A esta deducción siguió otra. Igor comprendió qué veía Jhon en Ivana: el reflejo de su propia madre. ¡Ah! Qué delicia sicoanalítica: el infeliz se había sacado de la competencia por la Silla de los Senescales por buscar a una mujer demasiado parecida a Lady Finduilas. ¿Jhon el Edípico? Sonaba fatal, pero a Geniev le gustaría, estaba seguro.

 

Al mismo tiempo… “una vergüenza para mi familia”, dice. Ahora. Después de las burlas, los maltratos, las exigencias, de seis años de fingir que no existía. Ahora que estaban a un palmo del poder esperaban de él que ¿se comportarse? Debía reírse de semejante pretensión, pero solo sintió tristeza. “El inútil de Igor”, ¿así le llamaban en la casa? Se le ocurrió incluso que la Senescal esperaba que Boris y él se casaran para cerrar el “asunto ruso”. ¡Qué decepcionada debía sentirse la maldita vieja!

 

No podía dejarse llevar por la rabia, así que solo tomó un sorbo de su bebida y sonrió un poco, como si supiera algo de los planes de su amante.

 

–Sabe, señorita Ivana Sergueievich, creo que su Alteza Real Geniev Telcontar Trandulion tiene otros planes para el Príncipe Boris Vorondion.

 

Ella gruñó, un sonido bajo y vicioso que casi le hizo dar un paso atrás. Jhon le puso una mano en el hombro para contenerla. Ivana miró a su prometido, asintió, dio media vuelta y comenzó a bajar hacia la pista de baile.

 

–Honorable Igor –Jhon hizo una leve reverencia.

–Príncipe Jhon –Igor reciprocó el gesto.

 

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Silvia sabía que la conversación no era nada divertida. Por los retazos que entendía en el apresurado oestron de Igor y porque la expresión de Boris se había tornado hermética primero, luego molesta. Como ella, Boris no sabía ocultar sus sentimientos de modo automático. El gruñido final de Ivana le indicó que había perdido la confrontación, de algún modo, pero no renunció a su plan. La cara de su amigo le daba más razones.

 

Cuando la rusa pasó a su lado, ella agitó su abanico. Ivana se detuvo, su rostro aún estaba rosado por la confrontación con Igor, pero no había olvidado las reglas del buen  comportamiento.

 

–Honorable Silvia –hizo una reverencia profunda.

–Señorita Ivana Sergueievich, mis suegros, los señores del Condado de Tarannon, me pidieron le transmitiera la felicitación por sus logros –señaló con el abanico el salón–, y que extendiera a su familia una  cordial invitación a pasarse algunos días en la palacete de la familia, junto al río Lefnui.

Ivana lució convenientemente impresionada y agradecida.

–Eso es muy generoso de su parte. Nunca he sido presentada a su suegro y su suegra.

–No es necesario –sonrió Silvia. –Su hermano, Igor Sergueievich, ha pasado dos veranos con nosotros. El Clan Tarannon está convencido de que un muchacho tan bien educado debe proceder de una familia excelente.

Silvia no le quitó los ojos de encima, disfrutó a fondo el brevísimo instante en que la rabia fue visible en su rostro. Ivana se recompuso enseguida.

–Se lo diré a mis padres. ¿Me permite…?

Silvia asintió y cerró el abanico con un chasquido.

–Por supuesto.

 

Ivana se apartó. Silvia giró un poco, para retomar su charla con Boris y deslizó el tacón derecho por entre los pliegues del vestido de Ivana. La rubia avanzó un par de pasos antes de que la resistencia de su traje la detuviera. Haló la falda, Silvia, que esperaba eso, soltó su presa. Ivana avanzó de nuevo y Silvia volvió a bajar el zapato. Ahora Ivana no pudo evitar el traspié y tuvo que apoyarse en su novio.

 

Silvia ocultó la risa detrás del abanico y subió un par de escalones, al encuentro de Igor. Pero la hebilla de su zapato rozó de nuevo el vestido de Ivana. Esta vez las dos avanzaban con ímpetu, y las dos cayeron al suelo.

 

–¡Coño! –soltó la caribeña en español.

–¿Estas bien cariño? –Jhon se arrodilló junto a su prometida.

 

Ivana solo podía mirar a Silvia, que se había sentado en uno de los escalones con desenfado y zafaba la hebilla de su zapato mientras soltaba quejas y palabrotas en español.

 

–Ivana –la voz de Tatiana Borichina la devolvió a la realidad.

Levantó la cabeza, sus padres y los Yermilov estaban junto a ella. Sintió ganas de llorar.

–Lamento lo sucedido –el acento occidental de Alcar Tarannon de Lefnui era resaltado por su voz de bajo. –Mi esposa también lo lamenta –miró hacia Silvia–, mucho.

–¿Qué? –ella tenía el zapato en una mano y se masajeaba el tobillo. Miró a su esposo y tardó un segundo en comprender lo que le exigía –Claro, claro. No quería que te cayeras Ivana, es muy desagradable, sin dudas. Qué porquería de zapato –les mostró la hebilla deformada por el tirón. –Lo bueno es que no se te rompió el vestido –estudió por un momento sus pies y comenzó a sacarse el otro zapato.  –Creo que sigo la fiesta descalza, total, todo el mundo sabe aquí que soy bajita.

Alcar emitió un gruñido exasperado ante la falta de elegancia de su esposa y trató de cerrar el asunto.

–Señorita Ivana Sergueievich, ¿acepta usted nuestras disculpas?

Ivana miró de nuevo a Silvia, que ya se había levantado y buscaba dónde tirar los zapatos. Detrás de ella, Igor y Boris (mal) fingían completo desinterés en su desgracia.

–Acepto sus disculpas –musitó.

–Príncipe Jhon, ¿acepta usted nuestras disculpas? –porque Alcar era un caballero perfecto.

–Acepto sus disculpas –asintió.

 

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Bailaron en silencio algunos minutos. Inseguro sobre el modo de enfrentar el asunto, los ojos de Theodred buscaron a Eothain, que conversaba con el Ministro de Deportes y el embajador norteamericano. Cosa rara, Theoden no estaba a su lado.

 

–No se va a romper porque lo pierdas de vista –el tono burlón era claro en la voz de Geniev.

–Lo se –suspiró. –Es que los últimos días han sido duros.

–La paranoia es mala para el desempeño deportivo y sexual.

El rohirrim rio, un poco. Se relajó.

–¿Crees que otra boda real en menos de un año sea demasiado para el país?

Geniev dejó pasar un compás completo del vals antes de responder.

–¿Y él será capaz de aceptar sus obligaciones de esposo? –preguntó de vuelta.

 

A Theodred no le sorprendió de que Geniev supiera <i>todo</i> sobre Eothain. ¿Qué no sabía su primo Geniev? Si le sorprendió darse cuenta de que no había pensado en esa implicación del matrimonio: tener descendencia. Como esposo del heredero de Rohan, Eothain debería…, pero la experiencia de tener a Elenya había sido a todas luces traumática.

 

¡Por los Valar! El Ejército del Oeste llevaba ya quinientos años de trabajo en convencer al universo de que toda referencia sobre embarazos masculinos, aparatos voladores y artefactos de telecomunicaciones en el pasado de Arda eran solo mitología, metáfora y magia. Para su novio, aquel embarazo tenía que haber sido como despertar dentro de un libro de Midhiel o Abysm, y desde entonces su hija le mantenía con un pie en el mundo de lo absurdo.

 

–No lo se –admitió.

–Entonces dedícate al asunto de Adanost, que tu hermano también merece ser feliz.

–Pero…

–Nadie va tocar las puntas del cabello a tu prometido o a su hija, tranquilo. Después de todo, él es uno de los nuestros.

Esa afirmación tranquilizó al joven.

–Debes regresar a la casa de la familia –y supo que Geniev no lo sugería. –Vivir allí será bueno para Elenya y Eothain, hará más fácil la transición. Después de que él de su consentimiento, puedes mudarte a donde quieras.

 

Theodred hizo un leve asentimiento, para indicar que aceptaba las condiciones. Pero dudaba que, una vez que regresara a la casa familiar tuviera fuerzas para escapar de nuevo. Geniev le prometía algo que no podría usar. Típico de su primo.

 

Ambos voltearon por el grito de Silvia al caer al suelo y detuvieron el baile para ver el desarrollo de los acontecimientos.

 

–Silvia no debería fingirse tan tonta –se quejó el rohirrim. –Un día de estos la van a descubrir.

–Y Alcar no debería fingirse tan serio –ripostó Geniev. –Imita muy mal a su padre, a quien debo agradecer su ausencia en esta reunión. ¿Crees que Jhon podría conseguir algo mejor que ella?

Theodred no tenía dudas hacía mucho sobre ese particular.

–Tal vez, pero no lo merece –y se atrevió a ir un poco más allá, pues el permiso para su matrimonio lo había puesto excepcionalmente feliz. –Solo hay un candidato serio para la Silla de los Senescales en esta generación.

Geniev dejó de sonreír y asintió.

–Debe dejarme tratar un problema a la vez, su Majestad.

 

TBC…